La NASA dio por concluida OSIRIS-REx el 30 de septiembre de 2026, tras recolectar material de Bennu y devolverlo a la Tierra. La muestra impulsa nuevas investigaciones, mientras la nave continúa su viaje para estudiar Apophis.
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- OSIRIS-REx regresó 121,6 gramos de Bennu, más del doble de la cantidad mínima requerida por la misión.
- La superficie del asteroide resultó mucho más irregular y débil de lo previsto, lo que obligó al equipo a adaptarse durante la recolección.
- La nave, ahora llamada OSIRIS-APEX, estudiará Apophis después de su acercamiento a la Tierra en 2029.
🚀 NASA cierra OSIRIS-REx: Bennu entregó 121,6 gramos
La muestra supera el doble del mínimo previsto y ya impulsó más de 200 artículos científicos.
La nave sigue activa como OSIRIS-APEX y estudiará Apophis tras su paso cercano a la Tierra en 2029. pic.twitter.com/F7uiOtlV8m
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La NASA cierra OSIRIS-REx tras traer una muestra histórica de Bennu
La NASA dio por concluida formalmente el 30 de septiembre de 2026 la misión OSIRIS-REx, que visitó el asteroide Bennu, recogió material de su superficie y lo entregó en la Tierra. La sonda devolvió 121,6 gramos de muestra, más del doble de la cantidad mínima que exigía el proyecto, y dejó a los investigadores con material que seguirá examinándose durante años.
El cierre administrativo no significa que termine el trabajo científico ni que la nave haya quedado fuera de servicio. La mayor parte de la muestra se conservará para futuras generaciones de investigadores, mientras la sonda, rebautizada OSIRIS-APEX, continúa su viaje hacia otro asteroide cercano a la Tierra.
Una misión que tuvo que adaptarse a Bennu
OSIRIS-REx, sigla de Origins, Spectral Interpretation, Resource Identification, Security-Regolith Explorer, fue la primera misión estadounidense que recolectó una muestra de un asteroide y la trajo de regreso. Bennu conserva materiales antiguos relacionados con los primeros tiempos del sistema solar, hace más de 4.500 millones de años, entre ellos compuestos orgánicos que pudieron contribuir a los ingredientes de la vida terrestre.
El camino hacia el lanzamiento tampoco fue directo: el proyecto enfrentó dos rechazos de la NASA antes de obtener luz verde en 2011, bajo el programa New Frontiers. El costo total de la misión fue de unos USD 1.080 millones y despegó el 8 de septiembre de 2016 para iniciar un viaje de dos años por el sistema solar interior.
Cuando la nave emprendió el recorrido, Bennu era apenas un punto de luz para los telescopios, y el equipo esperaba encontrar una superficie arenosa y relativamente uniforme. La llegada, a finales de 2018, cambió ese panorama: las imágenes mostraron un cuerpo irregular, cubierto de grandes rocas y con una estructura débilmente cohesionada, lejos del terreno sencillo que los planificadores habían imaginado.
El investigador principal, Dante Lauretta, vinculado a la Universidad de Arizona, reconoció que las expectativas sobre la superficie habían sido equivocadas y que no había un lugar evidente para recoger material. La misión tuvo que identificar cuidadosamente un sitio apropiado, el cráter Nightingale, y preparar una maniobra que permitiera tocar el suelo sin asumir que Bennu se comportaría como una roca sólida.
La recolección y el regreso estuvieron llenos de tensión
Durante la operación en Nightingale, el cabezal de muestreo se hundió unos 51 centímetros en la superficie, que ofreció tan poca resistencia que los científicos describieron su respuesta como más parecida a un fluido que a una costra rocosa. La sonda activó sus propulsores en el momento previsto para apartarse del asteroide y emprender la salida con material a bordo.
La maniobra, sin embargo, produjo una nueva complicación: la tapa del recolector quedó parcialmente abierta porque entró tanto material que no pudo cerrarse por completo. Algunos fragmentos empezaron a escapar, así que el equipo guardó rápidamente el cabezal dentro de la cápsula de retorno para contener la muestra y evitar que se perdiera más carga durante el viaje.
El retorno culminó el 24 de septiembre de 2023, cuando la cápsula aterrizó en el desierto de Utah. Un paracaídas no se desplegó correctamente durante la reentrada y el descenso mantuvo al equipo en vilo, aunque la cápsula llegó al suelo sin que el incidente impidiera recuperar la carga.
La experiencia puso a prueba la capacidad de respuesta de los responsables de la misión en etapas distintas, desde la elección del punto de contacto hasta el cierre del recipiente y el aterrizaje. Lauretta resumió esa experiencia al señalar que una misión de exploración exitosa no es la que evita todas las sorpresas, sino la que puede adaptarse a ellas; añadió que el equipo encontró repetidamente una forma de seguir adelante.
Una muestra que abre nuevas preguntas
Los resultados científicos empezaron antes de que la muestra regresara a la Tierra. OSIRIS-REx llegó a orbitar Bennu, un asteroide de unos 490 metros de ancho, y con ello estableció un récord Guinness como el objeto más pequeño alrededor del cual una nave espacial había entrado en órbita.
Las observaciones remotas también indicaron que la superficie de Bennu contiene compuestos con carbono y que el asteroide habría formado parte de un cuerpo progenitor mucho mayor y rico en agua. Ese cuerpo se fragmentó en una colisión catastrófica en el cinturón principal de asteroides, situado entre Marte y Júpiter, según los hallazgos descritos por el equipo de la misión.
En la Tierra, los 121,6 gramos de muestra superaron más del doble la cantidad mínima establecida para la misión. El material ya ha motivado más de 200 artículos de investigación, y su análisis ha identificado aminoácidos y azúcares que cumplen funciones esenciales para la vida en nuestro planeta.
Los investigadores también encontraron indicios de que el material de Bennu estuvo expuesto al agua líquida, un contexto que pudo permitir interacciones entre esos compuestos. Ese resultado no demuestra que hubiera vida en el asteroide, pero aporta datos para estudiar cómo se formaron y combinaron algunos ingredientes relevantes para la química prebiótica en el sistema solar primitivo.
El cierre de una etapa y el viaje hacia Apophis
La NASA y el equipo de OSIRIS-REx dieron por concluida formalmente la misión el 30 de septiembre de 2026, pero el cierre no agota el valor de lo recolectado. Lauretta expresó orgullo por el trabajo realizado y también tristeza por el final de un recorrido de una década que combinó diseño de ingeniería, resolución de problemas y decisiones bajo presión.
La mayor parte del material permanecerá guardada para que otros científicos puedan estudiarla con instrumentos y preguntas que todavía no existen. Esa reserva importa porque las técnicas de análisis cambian y porque conservar material prístino permite que nuevos equipos revisen los resultados a medida que avanza la investigación.
La nave tampoco se retiró después de liberar la cápsula de retorno. Con el combustible propulsor que le queda, continúa su trayecto bajo el nombre OSIRIS-APEX, sigla de OSIRIS-APophis EXplorer, para estudiar Apophis, otro asteroide cercano a la Tierra y de características distintas a las de Bennu.
La nave tiene previsto encontrarse con Apophis en 2029, después del acercamiento excepcional del asteroide a la Tierra. OSIRIS-APEX estudiará los cambios físicos que ese paso cercano pueda provocar en Apophis. La plataforma seguirá así en servicio después del cierre formal de su primera misión. OSIRIS-REx deja un legado doble: una colección de material antiguo que sostiene nuevas investigaciones y una nave que todavía puede aportar observaciones sobre otro cuerpo rocoso cercano a nuestro planeta.
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