Por Canuto  

La música generada por inteligencia artificial ya no es una rareza experimental. En apenas dos años pasó a inundar plataformas de streaming, disparar el spam y reabrir un debate incómodo para la industria: si los usuarios no la buscan y los artistas la rechazan, ¿por qué sigue ganando espacio en catálogos, algoritmos y regalías?

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  • Deezer asegura que ya recibe 75.000 pistas diarias creadas con IA, mientras Spotify eliminó más de 75 millones de canciones spam en 12 meses.
  • Aunque las subidas se disparan, el consumo sigue siendo bajo: la música generada por IA representó solo el 1% de las reproducciones en Deezer durante abril.
  • Encuestas citadas en el reporte muestran rechazo del público, pero la mayoría de plataformas evita prohibir o desmonetizar totalmente este contenido.

 


La música generada con inteligencia artificial (IA) pasó en pocos años de ser una curiosidad técnica a convertirse en un problema operativo para las grandes plataformas de streaming. El fenómeno ya no se limita a experimentos artísticos o pruebas de laboratorio.

Ahora implica decenas de miles de canciones nuevas cada día, presión sobre los sistemas de recomendación y una disputa creciente por regalías, autenticidad y transparencia.

El reporte publicado por The Verge describe una industria que no parece dispuesta a prohibir de forma amplia esta clase de contenido, pero tampoco a abrazarlo sin reservas. Esa posición intermedia ha derivado en un escenario ambiguo.

Las plataformas etiquetan, prueban detectores, afinan políticas contra el spam y prometen transparencia, mientras el volumen de pistas creadas por máquinas sigue aumentando.

Para los lectores menos familiarizados con el tema, la discusión no gira solo en torno a si una canción “suena bien” o no. El punto central es que las nuevas herramientas permiten fabricar música completa a partir de simples instrucciones de texto. Eso reduce drásticamente la barrera de entrada y facilita la producción masiva de catálogos enteros diseñados para captar reproducciones, manipular algoritmos o absorber parte de los pagos que antes iban a artistas humanos.

La etapa inicial de esta tendencia tuvo un carácter más experimental. El artículo recuerda que álbumes como I AM AI de Taryn Southern, lanzado en 2018, y Proto de Holly Herndon, publicado en 2019, usaron IA de forma significativa dentro de procesos creativos todavía controlados por artistas. En ese momento predominaba la exploración, muchas veces apoyada en herramientas como Google Magenta o en modelos entrenados por los propios músicos.

El salto llegó después con la aparición de Suno, en diciembre de 2023, y Udio, en abril de 2024. Ambas plataformas democratizaron la generación musical instantánea. A partir de un prompt simple, cualquier usuario podía producir composiciones completas sin experiencia técnica avanzada. Ese cambio abrió la puerta a una entrada masiva de contenido automatizado en los servicios de streaming.

Una avalancha de pistas y un negocio cada vez más difícil de controlar

Las cifras que expone el reporte ayudan a dimensionar el problema. En septiembre de 2025, Deezer indicó que el 28% de la música subida a su servicio era totalmente generada por IA. Para finales de ese mismo año, esa cantidad había superado las 50.000 pistas diarias, equivalentes al 34% de las cargas recibidas por la plataforma.

La situación siguió empeorando. Según los datos más recientes citados en el artículo, Deezer ya enfrenta 75.000 subidas diarias de contenido generado con IA, un volumen que amenaza con superar al de la música hecha por humanos. Spotify, por su parte, eliminó más de 75 millones de pistas spam en solo 12 meses, una cifra que ilustra hasta qué punto el problema ya desbordó la moderación tradicional.

El impacto no es solo estético o cultural. Artistas y usuarios han denunciado que esta inundación diluye playlists, dificulta el descubrimiento de música legítima y desvía millones en regalías. En otras palabras, la fricción no surge únicamente porque existan canciones creadas con IA, sino porque el entorno favorece el fraude, la repetición y el contenido de baja calidad diseñado para explotar el sistema.

Deezer fue la primera gran plataforma en desplegar un sistema que detecta y etiqueta contenido generado por IA. Además, evita que su algoritmo lo recomiende y desmonetiza el 85% de sus reproducciones. El CEO de la empresa, Alexis Lanternier, afirmó en un comunicado que la música generada por IA ya está muy lejos de ser un fenómeno marginal y pidió que todo el ecosistema musical actúe para proteger los derechos de los artistas y promover la transparencia para los fans.

Las plataformas responden, pero ninguna ofrece una solución definitiva

Tras Deezer, Qobuz también implementó un sistema de detección y publicó una carta sobre IA. La empresa prometió que nunca usaría inteligencia artificial para su contenido editorial o de curaduría. Aunque no prohibió este tipo de música, dejó clara su posición al afirmar que el corazón de Qobuz es y seguirá siendo humano.

Apple avanzó poco después con un sistema de etiquetado, pero el mecanismo presenta una debilidad evidente. Depende del autorreporte. Apple Music exige que sellos y creadores agreguen voluntariamente etiquetas de transparencia en sus metadatos. Sin embargo, cuando se le consultó cómo aplica ese requisito o qué sanciones enfrenta quien no etiquete contenido generado con IA, la empresa se negó a comentar y remitió a un boletín de la industria de inicios de marzo.

Spotify adoptó una vía similar. La compañía lanzó recientemente créditos de IA para identificar pistas hechas con herramientas generativas. También trabaja con el grupo de estándares DDEX para impulsar un estándar de la industria que permita etiquetar contenido de IA con mayor detalle, incluyendo si la IA participó en la letra, las voces o la música de acompañamiento.

Los primeros despliegues de ese esfuerzo comenzaron a mediados de abril, con DistroKid como primer socio. Sin embargo, el reporte advierte que no todos los miembros de DDEX están alineados con el enfoque de Spotify, pese a que entre ellos figuran pesos pesados como Amazon, Google, Meta, Apple, Songtradr, Pandora, BMI, Universal Music Group, Sony Music Entertainment y Warner Music Group.

Spotify ha recibido críticas por su gestión del llamado AI slop y por los llamados ghost artists. En respuesta, ha intentado resaltar sus iniciativas de transparencia y reforzar su combate contra spam y suplantación. Incluso lanzó la insignia Verified by Spotify, que supuestamente garantiza que detrás de un perfil de artista hay un ser humano.

Sam Duboff, jefe global de Marketing & Policy de Spotify for Artists, dijo al medio citado que la empresa está probando herramientas de detección de terceros, pero que estas aún producen una cantidad material de evaluaciones incorrectas. Esa limitación técnica ayuda a explicar por qué muchas plataformas prefieren avanzar con etiquetas voluntarias en lugar de aplicar exclusiones automáticas más agresivas.

Google también exige que el contenido generado por IA sea etiquetado, tanto en su plataforma de video como en su servicio musical. Aunque no explica en detalle cómo combate el AI slop, la empresa asegura que aprovecha sistemas ya establecidos para combatir spam, clickbait y contenido repetitivo o de baja calidad. También advirtió que no revelar esa información puede derivar en eliminación de contenido o suspensión del programa de socios.

El público desconfía de la música con IA, pero la industria no quiere cerrarle la puerta

Más allá de las políticas de las plataformas, el mayor obstáculo para la expansión de la música generada por IA parece ser la falta de entusiasmo del público. Una encuesta de Deezer e Ipsos citada en el reporte encontró que el 51% de los encuestados cree que la IA conducirá a la creación de más música de baja calidad y sonido genérico.

Otra encuesta, elaborada por The Hollywood Reporter y la Frost School of Music, halló que el 66% de las personas nunca escucha conscientemente música generada por IA. Además, el 52% afirmó que ni siquiera querría escuchar música de su artista favorito si supiera que fue hecha con ayuda de inteligencia artificial.

Investigadores de Singapur también detectaron un sesgo negativo significativo frente al contenido generado por IA. Según el artículo, los autores atribuyen esa reacción al papel central de la emoción en la forma en que las personas se relacionan con la música. En su argumento, la falta de intención expresiva hace que estas composiciones parezcan menos capaces de transmitir emoción auténtica o construir conexiones significativas con los oyentes.

Aun así, solo Bandcamp ha optado por una prohibición directa. Su política indica que no se permite música o audio generados total o sustancialmente por IA. Pero la aplicación de esa norma sigue siendo limitada. La plataforma no escanea de manera proactiva las subidas, sino que depende de reportes manuales de usuarios para identificar contenido sospechoso.

El problema es que una prohibición tajante no resulta simple en una industria donde el uso de IA ya se está mezclando con procesos creativos convencionales. De hecho, varias empresas dudan en castigar estas herramientas porque esperan que terminen convirtiéndose en parte estándar de la producción musical, igual que otros softwares de edición o síntesis.

Mucho ruido en el catálogo, poco impacto real en la escucha

El reporte señala un matiz clave. Aunque las subidas de música generada por IA han crecido casi un 40% en el último año, ese aumento no ha venido acompañado de una explosión comparable en reproducciones. Manuel Moussallam, director de investigación de Deezer, afirmó que el consumo, una vez eliminado el fraude, no está ganando mucho impulso y sigue muy concentrado en unas pocas pistas virales.

Durante abril, la música generada por IA representó apenas el 1% de las reproducciones en Deezer. A comienzos de noviembre, la cifra rondaba el 0,5%. El crecimiento existe, pero sigue siendo modesto frente al torrente de nuevas canciones que entra al sistema cada día. Eso refuerza la idea de que el fenómeno responde más a una dinámica de producción masiva que a una demanda genuina de los oyentes.

Más revelador todavía es el componente fraudulento. Según los datos citados, la proporción de reproducciones fraudulentas de música con IA en Deezer pasó de hasta el 70% a 85% en ese periodo. El patrón sugiere que buena parte de este contenido no busca tanto conectar con audiencias reales como aprovechar vacíos en la monetización y en la arquitectura de descubrimiento digital.

Esto también podría indicar que el factor novedad ya empieza a desgastarse. Si la gente busca menos música generada por IA de forma deliberada, el incentivo económico para inundar plataformas dependerá cada vez más de prácticas abusivas o de automatización pensada para manipular ingresos, no para construir una relación con fans.

Jack Malon, gerente de comunicaciones de políticas de Google, dijo al medio citado que la empresa participa activamente en el desarrollo de nuevos estándares de la industria para divulgaciones de IA en créditos musicales. Sin embargo, evitó confirmar si existe una colaboración específica con Apple o Spotify.

El artículo también recuerda que Google tuvo un papel relevante en la creación de C2PA, un estándar de autenticación de contenido que ha sido criticado por su implementación inconsistente, su potencial de abuso y por generar una falsa sensación de seguridad. Esa referencia muestra que incluso los intentos técnicos de certificar origen o manipulación aún están lejos de ofrecer garantías plenas.

La próxima batalla podría ser el filtro total

Ni Google ni Spotify parecen listos para desmonetizar por completo la música generada por IA o expulsarla de sus motores de recomendación. Duboff sostuvo que, con el tiempo, el uso de IA en música será más un espectro que una categoría binaria. Es decir, habrá obras con distintos grados de asistencia algorítmica y será difícil separarlas en bloques simples de “IA” o “no IA”.

Esa visión coincide con lo que ya ocurre en estudios y sesiones de composición. El reporte menciona que la IA se ha abierto paso en sesiones de Nashville y que ha reemplazado al sampling en ciertos flujos de trabajo de productores de hip-hop. También recoge la postura de Diplo, quien considera que los creativos necesitan adaptarse a este cambio.

Spotify dice escuchar constantemente a artistas, compositores y productores de primer nivel que están incorporando IA a sus procesos creativos. Por eso, incluso al lanzar Verified by Spotify, la plataforma dejó abierta la puerta a actos de IA al señalar que el concepto de autenticidad artística es complejo y evoluciona rápidamente.

Sin embargo, la presión de los usuarios podría forzar una línea más dura. El estudio de Deezer e Ipsos encontró que al 45% de las personas les gustaría poder filtrar toda la música generada por IA dentro de su biblioteca de streaming. Ninguna gran plataforma se ha comprometido todavía con una herramienta así, pese a que para muchos usuarios esa sería la respuesta más clara y directa.

Implementarla no sería sencillo. Haría falta un estándar de etiquetado consistente en toda la industria y sistemas de detección sólidos y fiables. Aun así, la demanda parece lógica en un mercado donde algunos oyentes aceptan que exista esta oferta, pero no quieren verla mezclada con la música que consumen a diario.

En el fondo, la industria enfrenta una contradicción difícil de resolver. La música generada por IA produce enormes cantidades de contenido, pero no evidencia todavía una adopción orgánica equivalente. Las plataformas no quieren cerrarle la puerta a una tecnología que podría integrarse a la producción musical tradicional. Al mismo tiempo, tampoco pueden ignorar el rechazo de artistas y usuarios, el auge del fraude y el deterioro de la confianza en sus catálogos y recomendaciones.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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