Por Canuto  

Gary Cohn, exasesor económico de Donald Trump, anticipa que Kevin Warsh imprimirá un estilo más ortodoxo, agresivo y menos predecible a la Reserva Federal, con cambios que podrían alterar la relación del banco central con Wall Street.
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  • Gary Cohn afirmó que Kevin Warsh será un presidente de la Fed “fundamentalista” y enfocado en el mandato central del banco.
  • Según Cohn, Warsh podría acelerar la reducción del balance de la Fed y limitar su involucramiento en temas climáticos y sociales.
  • También prevé una comunicación menos frecuente y mayor capacidad de sorpresa en decisiones de tasas e intervención de mercado.


La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal podría marcar un cambio importante en la forma en que el banco central de Estados Unidos se relaciona con los mercados. Esa es la lectura de Gary Cohn, exdirector del Consejo Económico Nacional durante la primera administración de Donald Trump y antiguo ejecutivo de Goldman Sachs.

En declaraciones recogidas por Yahoo Finance, Cohn describió a Warsh como un dirigente “fundamentalista” en materia monetaria. Con ello, apuntó a una conducción más apegada al mandato tradicional de la Fed, centrado en estabilidad de precios, empleo y funcionamiento del sistema financiero, con menos énfasis en agendas periféricas.

Para los lectores menos familiarizados con el tema, la Reserva Federal no solo fija tasas de interés. También administra un gigantesco balance, compuesto por activos adquiridos durante distintas etapas de estímulo monetario, y orienta a los mercados con su comunicación pública, conferencias de prensa y señales de política futura.

Según Cohn, bajo Warsh podrían cambiar justamente esos dos frentes: la velocidad con la que la Fed reduzca su balance y la manera en que comunique sus decisiones. Ambos asuntos son sensibles para Wall Street, porque afectan la liquidez, el costo del dinero y las expectativas de inversionistas, bancos y empresas.

Un enfoque más agresivo sobre el balance de la Fed

Cohn sostuvo que Warsh probablemente será más “agresivo” que otros presidentes de la Reserva Federal a la hora de reducir la cartera de varios billones de dólares del banco central. La Fed ya venía disminuyendo sus activos de forma gradual, pero el exasesor considera que el nuevo presidente buscará acelerar ese proceso sin alterar a los mercados.

Ese punto, explicó, exige un equilibrio delicado. Una reducción demasiado rápida del balance puede endurecer las condiciones financieras, elevar la volatilidad y tensar los mercados crediticios. Pero mantener durante demasiado tiempo una huella excesiva del Estado en esos mercados también alimenta críticas sobre distorsiones de precios y dependencia de la liquidez oficial.

En esa línea, Cohn sugirió que Warsh intentará aumentar la velocidad de la reducción para disminuir la presencia del gobierno en el crédito. No planteó cifras concretas ni un calendario específico, pero sí dejó claro que espera una postura más decidida que la vista en años recientes.

La importancia de ese balance no es menor. Tras la crisis financiera de 2008 y luego durante otros episodios de tensión, la Reserva Federal expandió fuertemente sus compras de activos para sostener la estabilidad del sistema. Deshacer esa expansión sin provocar sobresaltos se ha vuelto una de las tareas más complejas de cualquier presidente de la Fed.

Menos temas ajenos al mandato central

Más allá del balance, Cohn afirmó que el banco central se ha involucrado demasiado en lo que definió como actividades no tradicionales durante los últimos ocho años. Entre ellas mencionó la política climática y las iniciativas sociales como diversidad, equidad e inclusión, conocidas por las siglas DEI.

Su argumento fue directo: esos asuntos no forman parte del mandato de la Reserva Federal. Por eso, anticipó que con Warsh se impondrá una visión más acotada, concentrada en los temas que sí pertenecen al núcleo institucional del banco central.

“Kevin será en gran medida un fundamentalista al hablar de los temas que están directamente en el mandato central de la Fed”, dijo Cohn. La frase resume la idea de una autoridad monetaria menos expansiva en su discurso político y más ortodoxa en su agenda regulatoria y macroeconómica.

Ese posible regreso a lo básico podría tener implicaciones relevantes para los mercados. Una Fed enfocada casi exclusivamente en inflación, tasas, liquidez y estabilidad financiera tiende a enviar menos señales sobre objetivos sociales o climáticos, lo que para algunos inversionistas reduce ruido y para otros limita la capacidad institucional de responder a riesgos estructurales.

Una comunicación menos frecuente y más sorpresiva

Otro de los cambios anticipados por Cohn tiene que ver con la forma de hablarle al público. En su visión, la etapa de sobrecomunicación de la Reserva Federal podría estar llegando a su fin con Warsh al mando.

Cohn dijo esperar transparencia, pero no una transparencia sometida a un calendario rígido. A su juicio, la Fed se ha vuelto demasiado predecible, al punto de que los mercados asumen que el banco no puede mover tasas ni modificar su orientación si no hay una conferencia de prensa ya programada.

“Creo que Kevin va a comunicar menos”, afirmó. Para el exasesor, esa previsibilidad ha terminado por sofocar a la institución y le ha quitado margen de maniobra en momentos en que debería conservar flexibilidad táctica.

También defendió la idea de una Fed con “máxima flexibilidad”. Si el banco central necesita intervenir o sorprender al mercado para lograr un objetivo de política monetaria o de estabilidad, argumentó, no debería verse obligado a anticiparlo de antemano. Esa perspectiva apunta a una institución más discrecional y menos guiada por la expectativa diaria de Wall Street.

La comparación implícita es con la llamada “era Greenspan”, un período en el que la Reserva Federal preservaba más ambigüedad estratégica. Para Cohn, recuperar parte de ese factor sorpresa ayudaría a disciplinar a los mercados y devolvería herramientas de acción a la autoridad monetaria.

La experiencia de 2008 como referencia

Cohn conoce a Warsh desde la crisis financiera de 2008, cuando ambos trabajaron de cerca en medio del colapso del sistema bancario. En ese entonces, Warsh era gobernador de la Fed y Cohn presidía Goldman Sachs.

Al recordar esa etapa, describió al ahora presidente de la Fed como alguien “imperturbable” y “sin inmutarse” frente al caos del mercado. Incluso mientras se derrumbaban grandes bancos de inversión como Bear Stearns y Lehman Brothers, Warsh, según su relato, se mantuvo concentrado en proteger activos y sostener el funcionamiento del sistema financiero.

Cohn añadió que Warsh se mostraba muy abierto a lo que llamó ideas únicas. Con ello aludió a soluciones creativas de liquidez pensadas para evitar el colapso del sistema bancario en uno de los momentos más críticos para las finanzas globales.

Ese antecedente es importante porque ofrece una pista sobre cómo podría responder Warsh ante futuras tensiones. La imagen que proyecta Cohn no es la de un doctrinario rígido incapaz de actuar, sino la de un dirigente ortodoxo en prioridades, pero pragmático cuando la estabilidad del sistema está en juego.

Lo que podría significar para los mercados

Si esa visión se materializa, la presidencia de Warsh podría traducirse en una Fed menos conversadora, más enfocada en su misión tradicional y potencialmente más dura con la reducción de su balance. Para los mercados, eso implicaría adaptarse a una autoridad monetaria más difícil de anticipar.

En la práctica, una menor orientación previa puede elevar la volatilidad de corto plazo. Sin embargo, quienes respaldan ese modelo creen que también puede fortalecer la credibilidad del banco central, al reducir la dependencia de señales constantes y devolver valor a las decisiones efectivas, no solo al discurso.

Hasta ahora, las declaraciones de Cohn constituyen una valoración política y profesional de alguien que trabajó con Warsh en una etapa crítica. No equivalen a un programa oficial de la Fed ni detallan medidas formales ya anunciadas. Aun así, ofrecen una señal relevante sobre la filosofía que algunos aliados cercanos esperan ver en esta nueva etapa.

Con una economía global todavía sensible a inflación, tasas altas, tensiones de liquidez y riesgos geopolíticos, cualquier ajuste en el tono o en la estrategia de la Reserva Federal tiene impacto más allá de Estados Unidos. Por eso, el posible giro hacia una Fed más “fundamentalista” ya empieza a atraer la atención de inversionistas, operadores y analistas de todo el mundo.


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