Por Canuto  

La votación israelí del 27 de octubre enfrenta a Benjamin Netanyahu con su rival Gadi Eisenkot en una campaña atravesada por el trauma del 7 de octubre, las divisiones sobre el servicio militar y el impacto internacional de las guerras. Sin mayorías parlamentarias aseguradas, el resultado abrirá otra negociación para formar gobierno.
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  • La elección funciona como un examen al liderazgo de Netanyahu tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores.
  • El servicio militar obligatorio y las exenciones para jóvenes ultraortodoxos se convirtieron en un punto de fricción entre los votantes judíos.
  • Los partidos deberán negociar una coalición mayoritaria, mientras el próximo gobierno afrontará tensiones regionales y una imagen internacional deteriorada.


Sumario: Israel vota este martes 27 de octubre en una contienda que pone bajo escrutinio el liderazgo de Benjamin Netanyahu y la respuesta política al ataque del 7 de octubre. El resultado no elegirá directamente al primer ministro: los partidos deberán negociar una coalición mayoritaria, un proceso que podría extenderse durante semanas o meses.

Una votación que también mide el legado de Netanyahu

La elección israelí se desarrolla bajo la sombra del ataque encabezado por Hamás el 7 de octubre de 2023 y de las guerras que siguieron en Gaza y otros frentes. La Associated Press describió la contienda como un referéndum sobre Benjamin Netanyahu, el primer ministro con más años en el cargo en la historia del país, y señaló que las encuestas apuntaban a una carrera reñida frente al exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot.

El impacto del ataque permanece en el centro de la conversación pública, aunque la campaña se concentró especialmente en los fallos de seguridad y en el costo que el conflicto impuso a la sociedad israelí. La situación humanitaria en Gaza, devastada por la guerra, tuvo menos espacio en los debates electorales que las preguntas sobre la protección de Israel y la actuación de sus autoridades.

Un sondeo citado por el Israel Democracy Institute, un centro de investigación con sede en Jerusalén, encontró que alrededor del 68% de los israelíes judíos considera sus actitudes hacia el 7 de octubre un factor central al decidir a qué partido apoyar. La cifra muestra hasta qué punto la memoria del ataque se incorporó a la evaluación electoral, aunque no determina por sí sola qué coalición podrá gobernar.

Netanyahu ha rechazado los llamados a crear una comisión de investigación sobre los acontecimientos del 7 de octubre y ha mantenido una postura de línea dura en distintos frentes, incluido Irán. Sus adversarios le atribuyen responsabilidad política por el colapso de seguridad y cuestionan también sus esfuerzos para conservar las exenciones militares de los jóvenes ultraortodoxos, dos asuntos que atraviesan la discusión sobre su continuidad.

El sistema parlamentario hace decisiva la negociación

Los israelíes no eligen de manera directa a una persona para ocupar la jefatura de gobierno: votan por partidos que luego buscan socios para formar una coalición con mayoría parlamentaria. La Knesset es el parlamento nacional y, según la información de la AP, ningún partido ha logrado por sí solo una mayoría en su historia, por lo que los acuerdos entre fuerzas grandes y pequeñas suelen definir quién puede gobernar.

Por esa razón, la ventaja de un partido en las urnas no basta para anticipar el nombre del próximo primer ministro. Una vez que cierren los centros de votación el martes por la noche, comenzarán las negociaciones entre agrupaciones con intereses y prioridades diferentes, un proceso que podría tomar semanas e incluso meses antes de que se nombre un nuevo jefe de gobierno.

Más de tres docenas de partidos participan en la elección y se espera que aproximadamente una docena obtenga los escaños necesarios para ingresar al parlamento. El número de fuerzas con representación potencial abre espacio para pactos y hace que los partidos menores puedan adquirir influencia en las conversaciones, aunque la fuente no anticipa qué combinaciones terminarán reuniendo los apoyos suficientes.

Netanyahu encabeza el Likud, descrito como el mayor partido del país, y su trayectoria política está directamente en juego. Eisenkot, de 66 años, lidera Yashar, la principal fuerza opositora según la información de la AP, después de incorporarse a la política en 2022 tras cuatro décadas de carrera en el ejército israelí.

Servicio militar, religión y prioridades de campaña

La obligación de servir en el ejército se convirtió en una de las disputas centrales entre los votantes judíos, en un país que continúa en estado de guerra y atraviesa altos el fuego frágiles. Alrededor de una cuarta parte de los votantes judíos consultados por el Israel Democracy Institute ubicó el servicio militar obligatorio entre los factores clave para escoger a qué partido respaldar.

Las coaliciones encabezadas por Netanyahu han dependido durante años de partidos ultraortodoxos que reclaman exenciones del servicio militar para jóvenes dedicados a estudios religiosos. Esa política ha generado malestar entre sectores más amplios de la población, en particular mientras persisten los conflictos y crece la carga del servicio sobre quienes sí son llamados a filas.

Eisenkot prometió poner fin a esas exenciones de facto, una postura que conecta su propuesta electoral con el debate sobre la distribución de responsabilidades durante la guerra. El exjefe militar también tiene una experiencia personal marcada por el conflicto: perdió a su hijo y a dos sobrinos en combate en Gaza, un dato que da un peso particular a su intervención en este tema.

La contienda reúne a dirigentes con perfiles y posiciones distintas, desde el ex primer ministro Naftali Bennett, de 54 años, hasta el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir, de 50. Bennett formó una lista conjunta con su socio centrista Yair Lapid, mientras Ben-Gvir lidera un partido ultranacionalista de extrema derecha que integra la coalición actual; el exgeneral Yair Golan, de 64 años, encabeza los Demócratas, de centroizquierda, que apoyan la creación de un Estado palestino.

El conflicto palestino y las consecuencias internacionales

La difícil situación de los palestinos ocupó titulares en el exterior, pero tuvo una presencia limitada en las campañas israelíes, en un contexto en que la mayoría de los israelíes se opone a un Estado palestino. Netanyahu acusó a sus rivales de querer establecerlo con el lema “Derecha o Palestina”, aunque la información de la AP indica que ningún candidato importante defendió un retorno al proceso de paz, paralizado desde hace tiempo.

Algunos opositores sí se pronunciaron contra la violencia de grupos de colonos en Cisjordania, pero el conflicto israelí-palestino más amplio no dominó la agenda electoral. Mansour Abbas, dirigente árabe palestino que encabeza Ra’am, centró su campaña en la delincuencia en las comunidades árabes y no en la búsqueda de una solución general al conflicto.

Ra’am fue el primer partido dirigido por árabes en incorporarse a una coalición de gobierno, en 2021, y Abbas designó como adjunto a un político judío de la corriente principal para presentarse como posible socio de una nueva alianza. Esa estrategia refleja cómo las negociaciones de coalición pueden involucrar a fuerzas que buscan influir en asuntos internos concretos, incluso cuando los principales temas de campaña se concentran en seguridad y guerra.

La votación también tendrá consecuencias más allá de Israel, en un momento en que la alianza de larga data con Estados Unidos enfrenta tensiones por la ofensiva que ambos países lanzaron contra Irán el 28 de febrero, según la información proporcionada por la AP. Las conversaciones regionales continúan mientras muchas personas en Irán temen un posible regreso a una guerra abierta, y el presidente Donald Trump respaldó la reelección de Netanyahu la semana previa a los comicios.

Un gobierno ante la tarea de recomponer relaciones

La política israelí también aparece en la campaña de las elecciones de mitad de período de Estados Unidos, previstas para la semana posterior a la votación israelí. El trato a los palestinos y la conducta de Israel durante la guerra en Gaza se han convertido en temas visibles en el debate estadounidense, lo que agrega presión internacional al próximo gobierno, sea cual sea la coalición que finalmente se forme.

La posición de Israel ha caído en picada en buena parte del mundo a raíz de la guerra en Gaza. La Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad; se trata de acusaciones, no de una condena. Grupos de derechos humanos y funcionarios de Naciones Unidas han acusado a Israel de cometer genocidio, acusación que el país rechaza de manera rotunda; es importante distinguir estas denuncias y alegaciones de una determinación judicial definitiva.

El próximo gobierno deberá responder a una sociedad que aún procesa el ataque del 7 de octubre, afrontar las diferencias internas sobre el servicio militar y gestionar las repercusiones de las guerras regionales. La elección, por tanto, no resolverá automáticamente esas disputas: la composición de la coalición y los compromisos que acuerden sus integrantes determinarán qué prioridades podrán convertirse en políticas.

La formación de esa alianza será también una prueba para la capacidad de los partidos de conciliar posiciones sobre seguridad, religión, relaciones con los palestinos y vínculos internacionales. Como ningún partido ha obtenido históricamente una mayoría por sí solo, los resultados abrirán una negociación cuyo desenlace puede prolongarse y definir quién ocupará el cargo de primer ministro durante el próximo período.


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