Irak y Emiratos Árabes Unidos están acelerando proyectos de oleoductos para reducir su dependencia del Estrecho de Ormuz, cuyo cierre efectivo ha golpeado con fuerza el comercio energético regional. La crisis expone vulnerabilidades logísticas, riesgos geopolíticos y límites físicos que podrían seguir tensando al mercado petrolero global.
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- Irak aprobó acelerar exportaciones por la red Kurdistán-Turquía, con un aumento previsto de 220.000 a 770.000 barriles por día.
- EAU apura su nuevo oleoducto Oeste-Este hacia Fujairah, un proyecto que según lo previsto entrará en operación en 2027.
- Las rutas alternativas siguen bajo amenaza, con ataques reportados contra infraestructura saudita y operaciones afectadas en Fujairah.
🚨 Irak y EAU aceleran oleoductos tras cierre de Ormuz 🚨
El comercio petrolero se desploma en la región.
Irak aumenta sus exportaciones a través de Kurdistán de 220.000 a 770.000 barriles por día.
Emiratos acelera oleoducto Oeste-Este hacia Fujairah, proyectado para 2027.
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Irak y los Emiratos Árabes Unidos están acelerando planes para ampliar oleoductos alternativos, en un intento por sustituir la capacidad perdida tras el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz. La presión ha aumentado a medida que la guerra altera el tránsito marítimo en uno de los corredores energéticos más importantes del planeta.
Para dimensionar la magnitud del problema, conviene recordar que por Ormuz transitaban cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos petroquímicos antes del conflicto. Ese volumen convertía al estrecho en un cuello de botella central para la seguridad energética de Oriente Medio y para la estabilidad del mercado global.
La situación afecta de forma desigual a los productores de la región. En el caso iraquí, la dependencia geográfica de esta vía es particularmente alta, lo que ha dejado a su economía en una posición mucho más delicada que la de otros exportadores del Golfo.
La semana pasada, el gabinete de Irak aprobó planes para acelerar las exportaciones de crudo a través de la red de oleoductos Kurdistán-Turquía. Según los planes oficiales, esta ruta más que triplicará sus envíos actuales de 220.000 barriles por día hasta 770.000 barriles por día.
Ese corredor ofrece una salida alternativa a través de Kurdistán hacia el puerto mediterráneo turco de Ceyhan. Si alcanza su capacidad plena, debería aportar algo de alivio a la economía iraquí, que sigue altamente expuesta al petróleo.
El Banco Mundial estimó que el crudo aportó el 53% del PIB real de Irak en 2025. Ese dato ayuda a entender por qué cualquier interrupción prolongada en las exportaciones energéticas tiene implicaciones inmediatas sobre ingresos fiscales, actividad económica y estabilidad financiera.
Irak, el más expuesto al cierre de Ormuz
Datos exclusivos mostrados por QuantCube Technology revelan que las exportaciones generales de Irak prácticamente se han agotado desde el inicio de la guerra. El indicador de la firma mide el volumen de tonelaje muerto que sale de los puertos de Irak y EAU, como una estimación del peso de la carga transportada por los buques.
Alan Lemangnen, economista senior de QuantCube, dijo a CNBC que Irak está en una situación mucho más complicada porque la mayor parte, si no todo, su petróleo transita por Ormuz. La observación resume el principal problema estructural del país: la falta de capacidad inmediata para redirigir grandes volúmenes por otras rutas.
Irak informó en una conferencia de prensa el 16 de mayo que había exportado 10 millones de barriles de petróleo a través del Estrecho de Ormuz en abril. Antes de la guerra, la cifra había sido de 93 millones de barriles, una contracción que ilustra la severidad del golpe.
Más allá de la caída en el volumen, el problema es también logístico. Crear o ampliar rutas terrestres para compensar pérdidas marítimas exige grandes inversiones, coordinación política y plazos que rara vez son cortos.
En muchos casos, estos desarrollos requieren acuerdos transnacionales cuando los oleoductos atraviesan varios territorios. Eso añade capas de complejidad regulatoria y de seguridad, justo en un momento en que la región enfrenta una escalada militar y una elevada incertidumbre geopolítica.
EAU acelera su apuesta por Fujairah
En paralelo, Abu Dhabi está acelerando la construcción del nuevo oleoducto Oeste-Este hacia Fujairah. El objetivo es expandir su capacidad de exportación de petróleo sin depender del paso por el Estrecho de Ormuz.
De acuerdo con los planes actuales, el proyecto entrará en operación en 2027 y duplicará la capacidad exportadora de ADNOC. La iniciativa refuerza la estrategia emiratí de desviar flujos hacia una terminal ubicada fuera del Golfo Pérsico más vulnerable al bloqueo.
El 15 de mayo, el príncipe heredero de Abu Dhabi, Sheikh Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan, pidió acelerar la entrega del oleoducto. Su mensaje apuntó a la necesidad de responder a una demanda energética mundial creciente, incluso en medio del conflicto.
A diferencia de Irak, los Emiratos todavía pueden exportar crudo mediante otros terminales, lo que reduce parte del impacto del cierre de Ormuz. Esa flexibilidad operativa no elimina el riesgo, pero sí ofrece un margen de maniobra mayor.
Lemangnen señaló que está claro que Irak, por su ubicación y su incapacidad para desviar flujos, enfrenta una situación mucho más complicada que EAU o Arabia Saudita. También subrayó que los Emiratos aún cuentan con la terminal de Fujairah y, al menos en teoría, con la infraestructura y los buques necesarios para exportar una gran cantidad de petróleo.
Las rutas alternativas también están bajo amenaza
El alivio que ofrecen estas infraestructuras no es absoluto. Incluso las alternativas existentes se encuentran bajo presión por los ataques vinculados a Irán y por la creciente militarización de la región.
En abril, el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita fue atacado por Irán. Fujairah también ha sido blanco de drones iraníes, lo que interrumpió operaciones de carga de petróleo en su terminal de exportación de crudo.
Según la Agencia Internacional de Energía, el oleoducto saudita Este-Oeste y el oleoducto de EAU hacia el puerto de Fujairah tienen una capacidad combinada estimada de entre 3,5 y 5,5 millones de barriles por día. Arabia Saudita, sin embargo, dijo en marzo que su oleoducto está bombeando 7 millones de barriles por día.
Aun si se toma la cifra saudita más alta, los flujos siguen claramente por debajo de los aproximadamente 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos petroquímicos que cruzaban por Ormuz antes de la guerra. Eso significa que las alternativas actuales no compensan por completo la pérdida del corredor marítimo.
El resultado es un mercado regional más frágil, donde una parte relevante de la oferta depende de infraestructuras vulnerables o aún en expansión. Para los operadores energéticos, esto eleva el riesgo de interrupciones y la sensibilidad ante cualquier nuevo ataque.
Tráfico marítimo deprimido y riesgos políticos para los buques
Los tránsitos de barcos a través de Ormuz continúan significativamente por debajo de los niveles previos a la guerra. Lloyd’s List indicó que el tráfico por esta ruta cayó en mayo al punto más bajo de todo el conflicto con Irán.
Los buques atrapados en el Golfo enfrentan el riesgo de ser atacados por fuerzas iraníes, salvo que reciban la aprobación de Teherán para transitar por una ruta designada a través de Ormuz. Este tipo de condicionamiento agrega un componente político muy sensible al comercio energético.
Al mismo tiempo, esas embarcaciones también corren el riesgo de sanciones de Estados Unidos si cooperan con Irán. En la práctica, los navieros y operadores comerciales se encuentran ante una disyuntiva compleja entre seguridad física, cumplimiento regulatorio y continuidad operativa.
Para los mercados, el trasfondo es claro: la crisis no se limita a un problema de oferta puntual. También expone lo difícil que resulta reemplazar, en poco tiempo, una arteria energética tan crítica con infraestructura terrestre, acuerdos regionales y terminales que además permanecen bajo amenaza.
En ese contexto, la aceleración de los oleoductos en Irak y EAU representa una respuesta estratégica urgente, pero no una solución inmediata ni exenta de riesgo. Mientras el Estrecho de Ormuz siga operando muy por debajo de su capacidad previa a la guerra, la región continuará navegando un equilibrio precario entre exportación, seguridad y geopolítica.
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