Una profesora de la Harvard sostiene que la guerra con Irán podría costarle a los contribuyentes de EE. UU. hasta USD $1 billón en la próxima década, muy por encima de las cifras oficiales divulgadas hasta ahora por el Pentágono. El análisis apunta a un problema mayor: no solo el gasto militar inmediato, sino también el peso de la reposición, la reconstrucción, los beneficios por discapacidad y los intereses de una deuda pública que ya supera los USD $31 billones.
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- El Pentágono reportó USD $11.300 millones en los primeros seis días de la operación, pero Linda Bilmes cree que el costo real se acerca más a USD $16.000 millones.
- La académica proyecta gastos de unos USD $2.000 millones por día durante 40 días de conflicto activo.
- Según su estimación, el costo total podría escalar hasta USD $1 billón al sumar reconstrucción, reabastecimiento, discapacidad e intereses de la deuda.
La guerra con Irán podría terminar siendo mucho más costosa para Estados Unidos de lo que sugieren los reportes oficiales de corto plazo. Esa es la advertencia de Linda Bilmes, profesora de políticas públicas en la Harvard Kennedy School, quien estima que la factura total para los contribuyentes estadounidenses podría alcanzar USD $1 billón durante la próxima década.
La evaluación adquiere relevancia en un momento en que el conflicto sigue abierto en términos estratégicos. Aunque hubo un alto el fuego temporal anunciado el 8 de abril, la tregua sigue siendo frágil y los intentos por alcanzar un acuerdo duradero no han prosperado. De hecho, las fuerzas estadounidenses iniciaron el lunes un bloqueo de los puertos iraníes tras el fracaso de las conversaciones de paz del fin de semana.
Según la información presentada por el Pentágono al Congreso, los primeros seis días de la operación conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada el 28 de febrero, acumularon costos por USD $11.300 millones. Sin embargo, Bilmes sostiene que esa cifra no refleja con precisión el gasto real de la guerra.
La profesora afirmó que está segura de que el costo total llegará a USD $1 billón. Su investigación, publicada dos días antes del anuncio del cese al fuego temporal, plantea que el impacto financiero no se limitará a las operaciones militares inmediatas, sino que se extenderá por años a través de nuevos compromisos presupuestarios y mayores intereses sobre la deuda.
Por qué el costo real sería superior al reportado
De acuerdo con un reportaje de CNBC, Bilmes estima que los costos iniciales y de corto plazo rondan USD $2.000 millones por día durante 40 días de conflicto activo. Ese cálculo incluye el precio de municiones, despliegue de tropas y daños a activos militares, entre ellos el derribo de tres cazas F-15 por fuego amigo desde Kuwait.
Uno de los puntos centrales de su análisis es que el Pentágono reporta muchos de estos costos usando el valor histórico del inventario. En la práctica, eso significa que los números oficiales no capturan el precio real de reemplazar hoy esos equipos y sistemas, que suele ser considerablemente más alto.
Por esa razón, Bilmes considera que los USD $11.300 millones divulgados por el Departamento de Defensa están más cerca de USD $16.000 millones cuando se ajustan a costos de reposición actuales. A su juicio, esa diferencia revela una brecha persistente entre lo que el Pentágono informa en tiempo real y lo que la guerra termina costando de verdad.
La académica también destacó el problema de la asimetría de costos. Explicó que los grandes contratos plurianuales con Lockheed Martin y Boeing para interceptores y misiles implican un gasto de reabastecimiento mucho mayor para Washington. Cada interceptor, señaló, cuesta USD $4 millones, mientras que los drones lanzados desde Irán pueden producirse por apenas USD $30.000.
Ese desequilibrio ilustra un aspecto que suele ser decisivo en conflictos prolongados: no basta con medir el costo de lanzar una respuesta militar, también importa cuánto cuesta sostenerla y reconstruir inventarios. Cuando el material militar sofisticado debe reponerse a precios actuales, la presión sobre el presupuesto federal se multiplica.
Los gastos de largo plazo que elevan la factura
El análisis de Bilmes va más allá de las semanas iniciales del conflicto. Según su proyección, los costos de largo plazo crecerán por la reconstrucción de instalaciones e inventario dañados, no solo de los activos militares estadounidenses en la región, sino también de infraestructura perteneciente a aliados de Washington en el Golfo.
A eso se suma un componente humano que históricamente ha tenido un peso fiscal importante en guerras anteriores: los beneficios por discapacidad de por vida para militares desplegados. En este caso, Bilmes menciona a unos 55.000 soldados destacados en la región, expuestos a toxinas y peligros ambientales.
Ese tipo de obligaciones no suele figurar con claridad en los balances iniciales de guerra, pero puede extenderse durante décadas. En experiencias previas de Estados Unidos, el gasto asociado a atención médica, compensaciones e incapacidad permanente ha seguido creciendo mucho después de terminadas las operaciones militares.
Por ello, la profesora considera que concentrarse solo en el desembolso diario ofrece una imagen incompleta. La verdadera dimensión del conflicto aparece cuando se incorporan la reposición de equipos, la reconstrucción regional y los compromisos sociales y médicos derivados del despliegue militar.
Más presión sobre el presupuesto y la deuda de Estados Unidos
La advertencia llega además en un contexto de expansión potencial del gasto en defensa. La Casa Blanca ha pedido al Congreso elevar el presupuesto militar de Estados Unidos hasta USD $1,5 billones, lo que representaría la mayor ampliación del gasto de defensa desde la Segunda Guerra Mundial.
Esa cifra, además, no incluye otros USD $200.000 millones que el Pentágono ha solicitado reservar para la guerra con Irán. Bilmes sostuvo que, incluso si el Congreso no aprueba la totalidad del incremento propuesto, es muy probable que al menos USD $100.000 millones por año se sumen al presupuesto base de defensa y que ese aumento no habría sido aprobado en ausencia de esta guerra.
En términos fiscales, el problema es especialmente sensible porque Estados Unidos parte hoy de una posición mucho más frágil que en conflictos anteriores. Bilmes comparó el escenario actual con la guerra de Irak, cuyo costo total fue de USD $2 billones, en una etapa en la que la deuda en manos del público era inferior a USD $4 billones.
Hoy esa deuda supera los USD $31 billones, y una parte importante proviene, precisamente, de las guerras de Irak y Afganistán. Según la académica, eso implica que Washington está financiando un nuevo conflicto con tasas más altas y sobre una base de endeudamiento muy superior.
La consecuencia directa es que los costos por intereses también crecerán y añadirán miles de millones de dólares al saldo final de la guerra. Bilmes remarcó que, a diferencia de muchos costos iniciales, esos intereses representan una carga que se traslada de forma explícita a la próxima generación.
Para los mercados, este punto es relevante porque conecta el frente geopolítico con la sostenibilidad fiscal de la mayor economía del mundo. Un gasto militar prolongado, financiado con mayor deuda y tipos de interés elevados, puede influir sobre bonos del Tesoro, inflación, apetito por riesgo y la percepción global sobre la trayectoria fiscal estadounidense.
La historia reciente muestra que el costo de una guerra rara vez se agota en el campo de batalla. En este caso, la discusión ya no gira solo en torno a cuánto se ha gastado en los primeros días, sino a cuánto terminará comprometiendo el presupuesto federal durante años. Si la proyección de Bilmes se cumple, la guerra con Irán podría convertirse en otro capítulo billonario en la larga secuencia de conflictos que han redefinido la deuda pública de Estados Unidos.
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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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