El juicio entre Elon Musk y Sam Altman sigue revelando detalles incómodos sobre los orígenes de OpenAI. Ahora, testimonios y correos muestran que Demis Hassabis, jefe de Google DeepMind, ocupaba un lugar central en los temores de Musk y otros directivos, hasta el punto de influir en debates sobre control, financiamiento y una posible integración con Tesla.
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- Greg Brockman declaró que Musk mencionaba a Demis Hassabis “muchísimas, muchísimas veces” en los primeros años de OpenAI.
- Correos del proceso muestran que Musk veía a Google DeepMind como una amenaza existencial y llegó a concluir que OpenAI tenía un 0% de opciones sin cambios drásticos.
- Shivon Zilis pidió personalmente a Musk “frenar” a Hassabis, mientras Andrej Karpathy y otros planteaban que solo Tesla podía dar la escala necesaria para competir.
El juicio entre Elon Musk y Sam Altman sobre el futuro de OpenAI sigue dejando al descubierto cómo se tomaron algunas de las decisiones más importantes en los primeros años del laboratorio. Una de las figuras que más aparece en los testimonios y documentos, aunque no sea parte central del litigio, es Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind.
Lo que surge de correos y declaraciones es que Hassabis no era visto solo como un competidor más. Para Musk y parte del entorno de OpenAI, representaba la posibilidad de que Google concentrara demasiado poder en la carrera por la inteligencia artificial avanzada, un escenario que alimentó temores estratégicos, roces internos y hasta propuestas de reorganización total.
De acuerdo con la cobertura de The Verge sobre la audiencia, Greg Brockman dijo en el estrado que Musk habló de Hassabis “muchísimas, muchísimas veces” durante los primeros años de OpenAI. También lo describió como alguien “muy constante y obsesionado” con el ejecutivo de DeepMind.
Ese dato ayuda a entender mejor el contexto en el que nació OpenAI. Aunque hoy la firma es identificada con ChatGPT, alianzas corporativas y productos comerciales, su origen estuvo marcado por la idea de crear un contrapeso frente a Google. Musk dijo que su impulso para cofundar OpenAI estuvo influido por una conversación con Larry Page, en la que, según su versión, el cofundador de Google minimizó el riesgo de que la IA pudiera acabar con la humanidad.
Una rivalidad que empezó desde la fundación de OpenAI
Demis Hassabis fundó DeepMind como una startup independiente en 2010 y la vendió a Google cuatro años después. Según lo citado en el juicio, la operación se habría cerrado por entre USD $400 millones y USD $650 millones. Desde entonces, Hassabis se convirtió en una de las figuras más relevantes de la investigación en IA dentro del gigante tecnológico.
Su trayectoria posterior reforzó esa percepción. Hassabis ha estado detrás de avances relevantes como AlphaFold y más adelante quedó al frente de Google Gemini, del equipo antes conocido como Google Brain y también de Isomorphic Labs, la escisión con fines de lucro de DeepMind. En otras palabras, para Musk y OpenAI no era solo un ejecutivo rival, sino el arquitecto del principal laboratorio interno de IA de Google.
Brockman relató además una escena que ilustra la intensidad de esa preocupación. En una cena sobre inteligencia artificial en la que participaron Altman y Musk, lo primero que recordaba que preguntó el empresario fue: “¿Demis Hassabis es malvado?”. La frase resume el tono con el que Musk percibía a quien, en esos años, parecía llevar la delantera en la carrera por la IA general.
Esa preocupación aparece muy temprano en la evidencia del juicio. En enero de 2016, cuando Musk promovía públicamente la naturaleza “abierta” de OpenAI, reenvió a Altman y a Ilya Sutskever un mensaje que había recibido de Hassabis. En ese texto, el directivo de Google objetaba que Musk y sus cofundadores estuvieran “ensalzando las virtudes de hacer open source la IA”. Según el mensaje, eso era “en realidad muy peligroso”.
Hassabis agregó una observación aún más directa: “Supongo que se dan cuenta de que esto no es una especie de panacea que de algún modo resolverá mágicamente el problema de la IA, ¿verdad?”. La cita muestra que la discusión entre apertura y control no solo dividía a la industria, sino que también aparecía como una diferencia sustancial entre la visión de OpenAI y la de DeepMind.
Meses después, Brockman le transmitió a Musk que personas del área de políticas públicas de Google querían hablar con él. La inquietud era que OpenAI construyera una narrativa pública según la cual sería incorrecto desarrollar cualquier IA de código cerrado. Musk, según los documentos, se interesó especialmente en saber quién, en concreto, había hecho ese contacto desde Google.
Del miedo competitivo al debate sobre control y estructura
Hacia mediados de 2016 y durante 2017, la inquietud dejó de ser solo filosófica y se transformó en un problema de ejecución. En mensajes enviados a sus asociados de Neuralink, Musk escribió que DeepMind se estaba moviendo “muy rápido” y que OpenAI no parecía estar encaminada a alcanzarla. En ese contexto, llegó a plantear que haberla estructurado como organización sin fines de lucro quizá había sido un error.
Su diagnóstico era que la urgencia interna no era suficiente. Esa idea encaja con tensiones que luego marcarían la evolución de OpenAI y que hoy son centrales en el juicio: qué tipo de estructura era necesaria para competir en una industria que exige enormes cantidades de capital, talento e infraestructura computacional.
En septiembre de 2017, Brockman y Sutskever respondieron a Musk con un argumento que usaba precisamente a Google como ejemplo de lo que había que evitar. Le dijeron que, así como a él le preocupaba que Hassabis pudiera crear una “dictadura de AGI”, a ellos también. Por eso, sostenían que sería una mala idea crear una estructura en la que el propio Musk pudiera convertirse en un dictador si así lo decidía.
Ese intercambio revela una paradoja importante. Mientras Musk insistía en que OpenAI debía fortalecerse para enfrentar a Google, otros cofundadores temían que concentrar más poder en sus manos reprodujera el mismo tipo de riesgo que buscaban evitar en DeepMind. La competencia externa, en ese sentido, agravó el conflicto sobre gobernanza interna.
La idea de integrar OpenAI en Tesla
A comienzos de 2018, los correos muestran un tono todavía más alarmado. Musk escribió en enero de ese año que OpenAI iba “en un camino de fracaso seguro en relación con Google” y que hacía falta una acción “inmediata y drástica” o todos, excepto Google, quedarían condenados a la irrelevancia.
La posibilidad de que solo una compañía con gran escala pudiera seguir el ritmo de Google llevó a una propuesta radical. Musk y el cofundador de OpenAI Andrej Karpathy consideraron integrar OpenAI dentro de Tesla para dotarla de más recursos. El punto central no era solo organizativo, sino financiero y operativo.
Karpathy escribió después que no estaba claro si una empresa podía “alcanzar” la escala de Google sin una fusión. También dijo que no veía otra entidad con el potencial de alcanzar un capital sostenible a escala de Google en una década. La observación refleja hasta qué punto el tamaño de la infraestructura se había vuelto parte esencial de la carrera por la IA.
La preocupación no se limitó a Musk y Karpathy. Shivon Zilis, que entonces formaba parte del consejo de OpenAI, envió un mensaje personal a Musk pidiéndole que “frenara” a Hassabis. Zilis, quien ahora comparte cuatro hijos con Musk, escribió que había una probabilidad muy baja de un buen futuro si nadie detenía a Demis.
Su mensaje fue especialmente enfático. “Frenarlo es la única acción netamente buena e innegociable que puedo ver”, escribió. Luego añadió que, aunque no era una persona maliciosa, en ese caso le parecía “fundamentalmente irresponsable” no encontrar una forma de detenerlo o alterar su trayectoria.
Musk respondió que podían hablarlo por teléfono esa noche, pero también dejó ver un tono más pesimista. “Dudo que pudiera hacerlo de una manera significativa”, escribió. Esa reacción sugiere que, incluso dentro de su urgencia competitiva, empezaba a asumir que Google DeepMind tenía una ventaja muy difícil de revertir.
Zilis insistió después con nuevas advertencias y compartió rumores que atribuía a Altman y a otras personas. Según escribió, algunos miembros del grupo interno mantenían conversaciones secretas por mensajes directos porque no confiaban en que Demis no espiara su correo electrónico y sus chats. También afirmó que parte del grupo se reunía en una cafetería de Londres sin teléfonos móviles para hablar lejos de él. No se aportan más detalles sobre esas afirmaciones en lo conocido del juicio.
Musk perdió la fe en OpenAI como contrapeso
En noviembre de 2018, la correspondencia muestra un quiebre más nítido. Musk escribió que había “perdido por completo la confianza” en que OpenAI pudiera servir como un contrapeso efectivo para vencer a Hassabis y DeepMind. Su plan, según ese correo, pasaba entonces por intentar esa misión desde Tesla.
Allí destacó que Tesla contaba con un flujo de caja del orden de miles de millones de dólares al año para construir hardware que, con suerte, tuviera al menos una posibilidad remota de mantener a Google bajo control. La frase conecta la disputa por la IA no solo con modelos y talento, sino con chips, infraestructura y capacidad industrial.
Pocas semanas después, su diagnóstico fue todavía más duro. Musk escribió que la probabilidad de que OpenAI fuera relevante frente a DeepMind y Google sin un cambio drástico en ejecución y recursos era del 0%. También lamentó que, a su juicio, el futuro de la humanidad estuviera en manos de Demis.
La última referencia a Hassabis en la evidencia del juicio, al menos hasta ahora, data de marzo de 2019. En ese momento, Sam Altman envió a Musk un breve mensaje indicándole que tenía “algunas leves novedades sobre Demis” para compartir. No se conocen más detalles de ese intercambio, más allá de que Musk aceptó hablar por teléfono.
El conjunto de correos, testimonios y frases citadas en audiencia ayuda a reconstruir una parte importante de la historia temprana de OpenAI. Más allá del choque actual entre Musk y Altman, la documentación sugiere que el laboratorio fue moldeado desde el inicio por una mezcla de ambición, miedo competitivo y ansiedad frente al ascenso de Google en inteligencia artificial.
También deja una lectura útil para quienes siguen la industria tecnológica y los mercados asociados a la IA. La batalla por modelos fundacionales no solo depende de ideas o talento, sino de estructuras legales, recursos computacionales, acceso a capital y control corporativo. En esa ecuación, DeepMind y Hassabis funcionaron durante años como la referencia que OpenAI quería alcanzar, y como la amenaza que Musk sentía que no podía ignorar.
Fuente: The Verge.
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