La inflación preferida por la Reserva Federal se mantuvo elevada en febrero y mostró que las presiones sobre los precios seguían vivas incluso antes del reciente repunte de la energía. El dato refuerza la idea de que el banco central podría tardar más en recortar las tasas de interés.
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- El índice PCE subyacente subió 0,4% mensual y 3% interanual en febrero, en línea con lo esperado.
- La inflación general avanzó 0,4% en el mes y 2,8% frente a un año antes, sin cambios respecto a enero.
- El informe llega antes del IPC de marzo, que sería el primero en reflejar el impacto del alza de la gasolina por la guerra con Irán.
La inflación en Estados Unidos volvió a dar señales de resistencia en febrero, según el índice de precios de los gastos de consumo personal, o PCE, el termómetro que la Reserva Federal (FED) usa como referencia principal para seguir la evolución de los precios.
Los nuevos datos mostraron que tanto la inflación general como la subyacente avanzaron 0,4% frente a enero. En la comparación interanual, la lectura general se ubicó en 2,8%, mientras que la subyacente, que excluye alimentos y energía, quedó en 3%.
El dato confirma que las presiones inflacionarias ya estaban presentes antes del reciente salto de los precios de la gasolina asociado a la guerra con Irán. Ese punto es clave para los mercados, porque sugiere que el encarecimiento de la energía llegó sobre una base de inflación que todavía no convergía al objetivo de la Fed.
Para los inversionistas, el reporte también funciona como una señal de advertencia. Si la inflación sigue por encima del objetivo de 2%, el banco central tendría menos espacio para bajar las tasas en el corto plazo, algo que afecta desde bonos y acciones hasta activos de riesgo como bitcoin y el resto del mercado cripto.
Qué mostró el indicador seguido por la Fed
El Departamento de Comercio informó que el PCE subyacente subió 3% en febrero en términos ajustados estacionalmente. Esa cifra estuvo en línea con el consenso de Dow Jones y fue 0,1 puntos porcentuales menor que la lectura de enero, que había sido de 3,1%.
La medición general de todos los artículos, por su parte, también coincidió con las previsiones. El avance interanual fue de 2,8%, el mismo nivel registrado en enero, lo que indica que el proceso de desinflación no mostró progreso adicional en ese mes.
En términos mensuales, ambas lecturas subieron 0,4%. Aunque el descenso anual de la inflación subyacente puede parecer una mejora, el ritmo mensual sigue siendo demasiado alto para una Fed que busca consolidar la inflación alrededor de 2%.
CNBC señaló que la Reserva Federal considera la medida subyacente como un mejor termómetro de las tendencias de largo plazo, precisamente porque elimina los componentes más volátiles. Sin embargo, el dato de febrero sugiere que incluso al excluir alimentos y energía, la dinámica de precios seguía siendo incómoda para la autoridad monetaria.
Para lectores menos familiarizados con estos indicadores, el PCE ocupa un lugar central en la estrategia del banco central estadounidense. A diferencia del índice de precios al consumidor, o IPC, el PCE captura cambios en los hábitos de gasto y suele tener un peso mayor en el análisis de la Fed.
Eso explica por qué una lectura de 3% en la inflación subyacente no pasa desapercibida. Aunque no se trata de un salto sorpresivo frente a las expectativas, sí reafirma que la economía estadounidense seguía conviviendo con una inflación por encima del objetivo oficial.
Un dato previo al impacto del conflicto con Irán
Uno de los elementos más relevantes del informe es el momento en que fue publicado. Las cifras corresponden a febrero, es decir, antes de que la guerra con Irán impulsara al alza los precios de la gasolina y añadiera presión extra al panorama inflacionario.
La agencia de noticias Associated Press destacó que el reporte del jueves quedó retrasado por el atasco de informes económicos generado por el cierre del gobierno durante seis semanas en el otoño pasado. Aun con ese desfase, la lectura ofrece una fotografía útil de cómo estaba la inflación justo antes del nuevo shock energético.
El foco ahora se desplaza hacia el informe del viernes sobre el índice de precios al consumidor de marzo. Ese documento será el primero de mayor perfil en reflejar el impacto del alza del combustible derivada del conflicto y podría mostrar una aceleración mucho más visible.
De acuerdo con las previsiones citadas, los economistas esperan que el IPC aumente 0,9% solo en marzo frente a febrero. En la comparación interanual, la inflación pasaría a 3,4%, un fuerte salto desde 2,4% en febrero.
Si esa proyección se confirma, el mercado tendría una señal más clara de que la energía vuelve a contaminar el proceso desinflacionario. Pero el punto de fondo es que el problema ya existía antes de ese repunte, porque el PCE de febrero mostró costos cotidianos todavía elevados incluso sin contar el nuevo impulso de la gasolina.
Ese contexto resulta importante para los activos financieros. Cuando la inflación persiste, los rendimientos de los bonos suelen reaccionar al alza y la expectativa de una política monetaria más dura golpea a sectores sensibles a las tasas, incluidos tecnología, acciones de crecimiento y muchas criptomonedas.
Por qué el mercado ve menos probable un recorte de tasas
La Reserva Federal tiene un mandato dual que combina estabilidad de precios y máximo empleo. En el frente inflacionario, su objetivo formal es 2%, por lo que una inflación general de 2,8% y una subyacente de 3% siguen estando claramente por encima de esa meta.
Más aún, los aumentos mensuales de 0,4% son consistentes con una trayectoria anualizada que superaría con holgura ese objetivo si se mantuviera durante varios meses. Esa es una de las razones por las que el mercado interpreta el informe como una barrera para recortes rápidos de tasas.
Associated Press indicó que el posible gran salto de la inflación en marzo intensificará las preocupaciones dentro de la Fed. En su reunión más reciente del mes pasado, algunos funcionarios incluso respaldaron abrir la puerta a posibles alzas de tasas si la inflación no mostraba señales de mejora.
Esa posibilidad no es menor. Durante buena parte del último ciclo, los mercados apostaron a que el siguiente movimiento del banco central sería un recorte. Pero si la inflación vuelve a acelerarse, la discusión podría cambiar desde cuándo bajar tasas hacia si será necesario mantenerlas altas por más tiempo o incluso considerar nuevas subidas.
En términos prácticos, una Fed más restrictiva encarece el crédito, enfría el consumo y eleva la exigencia para los mercados de riesgo. Para el ecosistema cripto, eso suele traducirse en un entorno menos favorable para la especulación, aunque también puede reforzar narrativas sobre cobertura frente al deterioro macroeconómico y la pérdida de poder adquisitivo del dólar.
Por ahora, el reporte de febrero no alteró de forma radical el guion, pero sí confirmó que la batalla contra la inflación está lejos de terminar. La moderación de 0,1 % en la lectura subyacente anual no alcanza para cantar victoria cuando el ritmo mensual sigue tan firme.
Lo que deja el dato de febrero
El balance del informe es claro. La inflación en Estados Unidos no dio una sorpresa positiva relevante en febrero y se mantuvo en una zona elevada antes de que el shock energético complicara aún más el panorama.
La lectura general de 2,8% interanual y la subyacente de 3% estuvieron en línea con lo esperado, pero esa misma estabilidad también implica que el avance hacia el objetivo de la Fed se estancó. Para la autoridad monetaria, eso limita el margen de maniobra.
En las próximas horas, el mercado se concentrará en el IPC de marzo para medir el efecto inicial de la gasolina. Si el salto proyectado se materializa, las apuestas a un alivio monetario cercano podrían seguir perdiendo fuerza.
En suma, febrero dejó una advertencia incómoda para la Fed y para Wall Street: la inflación ya era pegajosa antes del conflicto, y marzo podría demostrar que el camino hacia la normalización será más largo y más volátil de lo que muchos esperaban.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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