Por Canuto  

OpenClaw, el asistente de IA de código abierto que se volvió viral esta primavera, ya encontró un nuevo caso de uso: las citas. Desde reels automatizados para atraer mensajes hasta planes de salidas y rupturas generadas por IA, la tendencia mezcla eficiencia, oportunismo y serias dudas sobre privacidad, consentimiento y autenticidad.

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  • Ben Guez dijo haber logrado más de 1 millón de vistas y 200 mensajes directos con reels automatizados ligados a resultados de la Copa del Mundo.
  • Otros usuarios emplean OpenClaw para investigar restaurantes y actividades para citas, aunque algunos rechazan delegar conversaciones reales a la IA.
  • Expertos en seguridad advierten sobre los riesgos de dar a estos agentes acceso amplio a cuentas personales y datos sensibles.

 


La expansión de los agentes de inteligencia artificial (IA) hacia la vida cotidiana ya no se limita al trabajo, la productividad o la atención al cliente. Ahora también alcanza un terreno mucho más íntimo: las citas, el coqueteo y hasta las rupturas sentimentales.

El caso más llamativo lo protagoniza OpenClaw, un asistente de IA de código abierto que se volvió viral esta primavera por su capacidad para automatizar tareas digitales. Según un reportaje de TechCrunch, varias personas ya lo están usando para facilitar interacciones románticas, con resultados tan eficaces como controvertidos.

La historia más extrema es la de Ben Guez, creador de contenido y fundador de startups, quien aseguró tener “una multitud de potenciales esposas internacionales en [sus] DMs”. Según explicó, lo logró mediante un flujo automatizado que combina OpenClaw, Claude y reels de prueba de Instagram.

Guez dijo que el potencial actual de esta clase de herramientas es “increíble”, aunque reconoció que no todos consideran positivo ese uso. Su balance personal, sin embargo, fue directo: “No estoy seguro de que todos lo piensen que sea bueno, pero quiero decir, está funcionando”.

Más allá del tono provocador, el episodio resume una tendencia emergente en el ecosistema de la IA. Herramientas creadas para automatizar procesos digitales ahora se están aplicando a decisiones sociales, afectivas y personales, un cambio que reabre preguntas sobre consentimiento, autenticidad y seguridad.

Cómo OpenClaw terminó involucrado en la búsqueda de pareja

El método descrito por Guez parte de un proceso relativamente simple. OpenClaw rastrea resultados de partidos de la Copa del Mundo y, tras cada juego, activa a Claude para crear y publicar un reel de prueba en Instagram con una plantilla casi idéntica.

En esos videos, Guez aparece mirando por la ventana de un vagón de tren con expresión desalentada. La leyenda cambia según el país derrotado y dice: “No puedo creer que {PAÍS} perdió… Si alguna chica de {PAÍS} necesita apoyo emocional… mis DMs están abiertos”.

De acuerdo con el reportaje, publicó esencialmente el mismo contenido más de una docena de veces, cambiando solo el nombre del país. El detalle clave es que esos reels de prueba no aparecen en la página pública de un creador, por lo que el patrón resulta menos evidente para quien visita su perfil.

Guez aseguró que, desde que activó esta automatización, obtuvo más de 1 millón de visualizaciones y 200 mensajes directos en pocos días. El volumen resulta aún más llamativo porque su perfil aclara que solo responderá a DMs enviados a través de Canary, su aplicación de aprendizaje de idiomas con IA.

Eso significa que las interesadas debían descargar su aplicación para intentar conversar con él. En términos de crecimiento, la estrategia mezcla captación social, marketing de producto y automatización de contenido en una sola operación.

La dimensión ética aparece casi de inmediato. Si las personas contactadas creen que existe un interés genuino en el fútbol o en su contexto nacional, la táctica podría interpretarse como oportunista o engañosa.

Guez rechazó esa lectura y sostuvo que las mujeres no reaccionaban con molestia, sino con admiración. “Ellas no se sienten enojadas, están más impresionadas, como, ‘Oh, estás pensando fuera de la caja, eres un genio’”, afirmó.

También defendió el método con una condición básica de transparencia. “Creo que mientras seas abierto sobre lo que estás haciendo, creo que está bien”, añadió.

Sin embargo, ese punto quedó sin verificación independiente. La publicación señala que no pudo confirmar de forma autónoma cómo reaccionaron realmente esas mujeres, por lo que esa versión descansa únicamente en el testimonio del propio Guez.

El episodio muestra cómo los agentes de IA no solo automatizan tareas repetitivas, sino que también pueden amplificar comportamientos de escala en redes sociales. Cuando el objetivo es el romance, esa escala puede convertir una interacción supuestamente personal en una campaña semiautomatizada de adquisición de atención.

De organizar una salida a automatizar una ruptura

El uso de OpenClaw para citas no se limita a tácticas de atracción masiva. Otras personas lo están usando como asistente de investigación para tomar decisiones más prácticas, como elegir restaurantes o actividades para una salida.

Jeff Weisbein, fundador de una firma de relaciones públicas tecnológicas, dijo que usa OpenClaw para resolver justamente ese problema. Como conoce mujeres en distintas zonas del sur de Florida, explicó que no siempre domina la oferta de locales o planes en cada vecindario.

Según contó, su bot hace la investigación y prepara un documento con enlaces y justificaciones para cada opción. Su idea no es automatizar el vínculo, sino ahorrar tiempo en una tarea que de otro modo tendría que hacer manualmente.

Cuando conoció el esquema de Guez, reaccionó entre sorpresa y humor. “Supongo que no estoy aprovechando OpenClaw al máximo”, comentó entre risas.

Aun así, sí reivindicó el uso de agentes de IA para facilitar labores previas a una cita. En su visión, pedirle a OpenClaw recomendaciones para una hora feliz en Fort Lauderdale no está tan lejos de hacer una búsqueda convencional en Google sobre los bares más populares del área.

Weisbein tampoco oculta a sus citas que recurre a herramientas de IA, aunque reconoció que la sinceridad no siempre ayuda. Relató que una mujer le respondió de forma tajante: “Odio a los agentes de IA”.

Su límite aparece cuando la tecnología empieza a intervenir en la comunicación directa con otra persona. Dijo haber visto a usuarios crear bots y sistemas para deslizar perfiles usando OpenClaw, pero aseguró que no adoptaría esa práctica.

“He visto personas crear bots y formas de deslizar usando OpenClaw, y yo no haría eso”, explicó. A su juicio, el argumento de que las citas son un juego de números no justifica una estrategia tan impersonal.

Su crítica fue aún más clara al hablar de relaciones reales. “Siento que no deberías delegar tu comunicación cuando estás en una relación con alguien a la IA”, señaló.

Pero no todo el mundo comparte esa frontera. Una trabajadora tecnológica identificada como Cailey dijo que, cuando ya decidió terminar un coqueteo, no le preocupa usar Claude para redactar y enviar mensajes de cierre.

Cailey explicó que creó una automatización para producir mensajes de “ya no deseo verte” a partir de palabras clave sobre la cita. Luego, esos textos se enviaban automáticamente en momentos aleatorios para evitarle la ansiedad de decidir cuándo mandar el mensaje.

Según su relato, el sistema funcionó bien hasta que reveló el mecanismo durante una cita. Más tarde tuvo que usar uno de esos mensajes con esa misma persona, quien le respondió preguntándole si estaba hablando con Claude o con Cailey.

La anécdota resume uno de los dilemas centrales de esta tendencia. Muchas personas toleran o incluso celebran que la IA organice, investigue o sugiera, pero reaccionan distinto cuando perciben que una emoción o una decisión interpersonal fue tercerizada a una máquina.

Privacidad, consentimiento y el debate sobre los límites

El auge de OpenClaw no llegó sin advertencias. Desde que la herramienta explotó en popularidad, especialistas en seguridad vienen alertando sobre el riesgo de entregar a un agente de IA control amplio sobre cuentas, servicios y datos personales.

Ese temor se vuelve más serio cuando el uso se desplaza hacia relaciones personales. En ese escenario, la automatización ya no solo toca calendarios o correos, sino también conversaciones privadas, patrones afectivos y decisiones que pueden afectar a terceros.

Lazer Cohen, cofundador de NanoClaw, una alternativa a OpenClaw centrada en seguridad, subrayó precisamente ese punto. Aunque su empresa promociona la planificación de citas como caso de uso potencial, insistió en que debe existir supervisión humana dentro del proceso.

Siempre que le des a un agente acceso a información personal y cuentas, necesitas aprobación de un humano en el proceso”, afirmó Cohen. Para él, esa salvaguarda no es un detalle técnico, sino una condición básica para evitar abusos y errores graves.

Cohen también mencionó ejemplos que ilustran los peligros de dejar a estos agentes operar sin frenos. Dijo que ya circulan historias sobre OpenClaw creando perfiles de citas para personas sin su conocimiento o consentimiento.

Además, advirtió sobre sistemas de coaching amoroso que terminan filtrando a otros grupos que también están siendo usados como entrenadores de citas. En otras palabras, una automatización pensada para optimizar la vida social puede terminar exponiendo datos y comportamientos de personas que jamás aceptaron ese uso.

Ese tipo de escenarios conecta con debates más amplios en inteligencia artificial. No se trata solo de si una IA puede hacer una tarea, sino de quién autorizó el acceso, qué información procesa, cómo la almacena y qué pasa cuando actúa en nombre de una persona.

En el plano cultural, el fenómeno también refleja una tensión entre eficiencia y autenticidad. La promesa de “trabajar de forma más inteligente, no más dura” resulta atractiva en negocios y productividad, pero genera más resistencia cuando se aplica a emociones, vínculos y vulnerabilidad humana.

La propia publicidad de estos productos revela esa ambigüedad. Una promoción de NanoClaw describe al sistema como “el primer asistente de IA personal que admite enjambres de agentes”, una formulación que proyecta capacidad y conveniencia, pero que también sugiere un nivel de delegación considerable.

La adopción en la vida íntima de Cohen es muy distinta a la de Guez. Según explicó, él y su esposa usan a Rosie, el asistente NanoClaw, para gestionar las agendas de sus cinco hijos. Cohen añadió una frase con tono de broma para cerrar esa idea. Dijo que las “garras” son muy utilizadas para ayudar a las parejas a llegar a la fase de criar hijos.

La diferencia entre coordinar una agenda familiar y producir contenido romántico automatizado es sustancial. Aun así, ambos casos muestran el mismo movimiento de fondo: los agentes de IA están saliendo del escritorio para entrar en la organización concreta de la vida personal.

Una frontera tecnológica que apenas empieza a definirse

Lo que hoy parece anecdótico puede convertirse pronto en un mercado más amplio de herramientas sentimentales asistidas por IA. La combinación de redes sociales, automatización, modelos generativos y asistentes con acceso a cuentas crea un entorno fértil para nuevos servicios, pero también para nuevos abusos.

La historia de OpenClaw en el mundo de las citas no presenta todavía una conclusión cerrada. Más bien muestra un experimento social en tiempo real, donde algunos usuarios celebran la eficiencia y otros ven señales claras de deshumanización.

En ese sentido, el caso de Guez funciona como un extremo útil para observar el debate. Su sistema convierte resultados deportivos en ganchos emocionales, los transforma en contenido repetible y los redirige hacia una aplicación propia, todo con mínima intervención manual.

El ejemplo de Weisbein ocupa una zona intermedia. Allí la IA actúa como asistente logístico, no como sustituto directo de la voz o la intención de una persona.

Cailey, por su parte, representa otra frontera delicada. Su automatización elimina la ansiedad de enviar un rechazo, pero también reduce un momento emocionalmente difícil a un flujo programado con palabras clave y horarios aleatorios.

Para el público interesado en IA, el tema va más allá del morbo o la curiosidad. Obliga a pensar cómo se diseñarán los permisos, qué estándares de transparencia serán exigibles y hasta dónde debería permitirse que un agente actúe en nombre de un usuario.

También deja una pregunta cultural abierta. Si la asistencia algorítmica se vuelve normal en el romance, la línea entre apoyo técnico y manipulación podría volverse cada vez más difusa.

Por ahora, lo único claro es que OpenClaw ya salió del terreno de la productividad clásica. El paso hacia las citas confirma que la próxima gran discusión sobre agentes de IA no será solo qué pueden hacer, sino qué deberían hacer.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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