Por Canuto  

La carrera por la inteligencia artificial entró en una fase más agresiva. Andrew Yang sostiene que los despidos masivos en Oracle, la inversión récord en centros de datos y la enorme valoración de OpenAI apuntan a un nuevo equilibrio corporativo en el que los salarios humanos pierden prioridad frente a la infraestructura computacional.
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  • Oracle despidió a 30.000 trabajadores, cerca del 18% de su plantilla global, mientras planea invertir USD $50.000 millones en infraestructura de IA este año.
  • OpenAI recaudaría USD $122.000 millones con una valoración de USD $852.000 millones, aunque USD $110.000 millones provendrían de Amazon, Nvidia y SoftBank.
  • Andrew Yang advierte que la IA podría acelerar más despidos, elevar la concentración del mercado y convertir a OpenAI en una empresa demasiado grande para caer.


La expansión de la inteligencia artificial está tomando un cariz más duro para el empleo y más riesgoso para la estructura corporativa del sector tecnológico. Esa es la lectura central que plantea Andrew Yang al revisar dos movimientos ocurridos la semana pasada: el despido masivo en Oracle y la ronda récord de financiamiento atribuida a OpenAI.

El argumento de Yang apunta a un cambio de prioridades dentro de las grandes compañías. En lugar de asignar capital a oficinas, nómina y expansión tradicional, el dinero estaría fluyendo hacia centros de datos, chips y capacidad de cómputo. Para el exaspirante presidencial y empresario, el mensaje de fondo es directo: menos salarios humanos, más infraestructura para IA.

El comentario aparece en The AI Bet Just Got Bigger, donde Yang interpreta estos hechos como señales de una nueva etapa. No se trata solo de entusiasmo financiero por la IA, sino de una reorganización material de la economía tecnológica, con efectos sobre empleo, competencia y estabilidad de mercado.

Para lectores nuevos en este debate, el contexto es importante. La industria de IA vive una fase de inversión extrema, impulsada por la necesidad de entrenar y operar modelos cada vez más costosos. Eso ha empujado a las empresas a destinar sumas crecientes a servidores, energía, redes y semiconductores, incluso cuando el retorno económico de muchos productos todavía está en evaluación.

Oracle recorta personal y aumenta su gasto en IA

Según Yang, Oracle despidió a unos 30.000 trabajadores, equivalentes a aproximadamente el 18% de su fuerza laboral global. Al mismo tiempo, la compañía planea invertir USD $50.000 millones en el desarrollo de infraestructura de IA solo este año.

La comparación que subraya es contundente. Esos 30.000 empleados costaban cerca de USD $8.000 millones al año. Bajo esa lógica, el ahorro laboral luce pequeño frente al tamaño del nuevo gasto en centros de datos y capacidad tecnológica.

Yang define el cambio como tectónico. A su juicio, las granjas de servidores están ocupando el lugar que antes tenían los espacios de trabajo tradicionales. De hecho, señala que la cantidad de dinero gastada recientemente en construir centros de datos superó por primera vez la destinada a edificios de oficinas.

La frase con la que resume esa transformación es una de las más duras del texto: “La granja de servidores es el nuevo humano”. Más que un eslogan, la idea sugiere que el capital empieza a considerar la infraestructura digital como un activo más estratégico que buena parte del trabajo asalariado.

En términos económicos, esta visión encaja con una tendencia más amplia. Las empresas tecnológicas buscan sostener productividad y márgenes en un entorno donde la IA promete automatizar tareas, reducir costos futuros y reforzar posiciones competitivas. El problema es que esa transición puede trasladar una parte importante del ajuste al mercado laboral.

La megarronda de OpenAI y la dependencia de tres gigantes

El segundo gran punto del análisis se centra en OpenAI. La semana pasada, la firma anunció que estaba recaudando USD $122.000 millones con una valoración de USD $852.000 millones, lo que Yang describe como la mayor recaudación para una empresa privada en la historia.

A primera vista, el dato parece una señal de confianza masiva en el negocio de OpenAI. Sin embargo, Yang sostiene que una revisión más detallada cambia la lectura. De los USD $122.000 millones, unos USD $110.000 millones provinieron de solo tres compañías.

Esas empresas serían Amazon con USD $50.000 millones, Nvidia con USD $30.000 millones y SoftBank con USD $30.000 millones. Todas, además, ya son grandes inversionistas y socios de OpenAI, por lo que el incentivo a mantener viva la narrativa de crecimiento sería especialmente alto.

El monto procedente de otras entidades e individuos habría sido de apenas USD $12.000 millones. Yang incluye allí a Microsoft, que ya ha invertido miles de millones de dólares en OpenAI en años previos.

Para explicar el punto, recurre a un viejo chiste de negocios: si alguien debe USD $1.000.000, el problema es del deudor; si debe USD $1.000.000.000, el problema también es del acreedor. Su lectura es que Microsoft, Nvidia y SoftBank están tan expuestos al éxito de OpenAI que ya no pueden permitirse que fracase.

Ese matiz importa porque sugiere una dependencia recíproca entre la empresa de IA y varios de los actores más poderosos de la infraestructura tecnológica global. En otras palabras, no sería solo OpenAI la que necesita capital, sino también sus socios estratégicos quienes necesitan que la tesis de crecimiento se mantenga en pie.

Sora, TBPN y el control de la narrativa

Yang también cuestiona algunas decisiones operativas recientes de OpenAI. Asegura que la empresa abandonó su promocionada oferta de video con IA Sora, pese a sus asociaciones de alto perfil con Disney y otras empresas de medios.

De acuerdo con su explicación, no existía tanta demanda como se esperaba. Al mismo tiempo, los costos de recursos computacionales para Sora eran de al menos USD $1.000.000 al día. Por esa razón, afirma que el proyecto fue desconectado.

En reemplazo de esa apuesta, Yang destaca que OpenAI adquirió la tecnología del programa TBPN, vinculado a figuras presentes en X y otras plataformas. El propio Yang comenta que apareció en TBPN hace unos meses para hablar sobre Noble Mobile.

La pregunta que plantea es por qué una empresa de inteligencia artificial compraría un canal de nuevos medios por cientos de millones de dólares. A su entender, la respuesta aparente es intentar moldear la narrativa entre tecnólogos alrededor de la IA y de OpenAI.

Yang considera que esa no es una práctica empresarial normal. Sostiene que, en un mundo ordinario, comprar un altavoz mediático no parece una decisión natural para una compañía cuyo negocio central es la IA. Aunque admite que una empresa valorada en USD $852.000 millones puede gastar unos cientos de millones sin dificultad, dice que la operación abre más preguntas de las que resuelve.

Ingresos, competencia y presión por crecer

Otro de los datos que menciona es el crecimiento de ingresos de OpenAI, que la compañía habría promocionado hasta USD $2.000 millones al mes. ChatGPT seguiría siendo dominante entre los usuarios no empresariales, incluso mientras la firma intenta ganar más tracción dentro del segmento corporativo.

En paralelo, Yang indica que Anthropic, rival de OpenAI, se prepara para salir a bolsa en una de las mayores ofertas públicas iniciales de la historia. Añade además una observación del mercado laboral y empresarial: personas de su entorno ya usan “Claude” como abreviatura para referirse a un colega demoledor en ambientes de oficina.

La observación no es menor. Sugiere que el verdadero terreno de disputa ya no es solo el consumidor masivo, sino la productividad interna de las empresas. Y es justamente allí donde OpenAI, según Yang, quiere consolidarse.

Para justificar una valoración de USD $852.000 millones, advierte, OpenAI tendría que aumentar sus ingresos en decenas de miles de millones de dólares adicionales. Eso lo lleva a una conclusión incómoda: o la empresa reemplazará una enorme porción de la fuerza laboral, o no alcanzará las proyecciones actuales. También contempla la posibilidad de que ocurran ambas cosas.

Una empresa demasiado grande para caer

La última derivación de Yang es la más delicada desde el punto de vista sistémico. A su juicio, OpenAI se está convirtiendo en la nueva empresa “demasiado grande para caer”, en una comparación explícita con los grandes bancos durante el colapso hipotecario.

La analogía remite a una lógica conocida en los mercados financieros. Cuando una entidad acumula suficiente tamaño, interconexión e importancia estratégica, su eventual crisis deja de ser un problema corporativo y pasa a amenazar al sistema en conjunto.

Yang recuerda que, en aquel episodio, los bancos terminaron con el gobierno federal como red de respaldo. Por eso advierte que, si OpenAI alguna vez necesitara intervención del gobierno federal, el mercado estaría en serios problemas.

Su conclusión general es pesimista. No considera que estas señales sean buenas noticias y anticipa tiempos extraños y duros para la gente en el futuro. Más allá del tono personal del texto, la reflexión resume una preocupación cada vez más presente en el debate sobre IA: la tecnología promete ganancias enormes, pero su costo social y su concentración financiera podrían ser igual de grandes.

Para los sectores que siguen de cerca tecnología, mercados e innovación, el mensaje es claro. La nueva fase de la IA no solo trata sobre productos más capaces, sino sobre quién absorbe el costo de esa transición, quién controla la infraestructura y qué ocurre si los supuestos de crecimiento dejan de sostenerse.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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