Por Canuto  

Un informe de 69 páginas de OpenAI, publicado el 11 de agosto, revela que no existe correlación estadísticamente significativa entre el uso de la inteligencia artificial y los ingresos por empleado en las empresas que adoptan ChatGPT. A pesar de la narrativa optimista de la compañía, los datos sugieren que el ROI de la IA sigue siendo una incógnita, y los ejecutivos son quienes menos la utilizan. Este artículo analiza los detalles ocultos del estudio, la reestructuración en OpenAI y el contexto de la carrera corporativa por la IA.
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  • OpenAI publicó un informe que admite la falta de correlación entre uso de IA y ingresos por empleado, contradiciendo su narrativa de la ‘brecha de frontera’.
  • Los ejecutivos son el grupo que menos utiliza ChatGPT, mientras que los empleados en inicio de carrera lideran la adopción.
  • Las ventas empresariales de OpenAI se mantuvieron planas entre octubre y diciembre de 2025, coincidiendo con el auge de Claude Code de Anthropic.


La promesa de la inteligencia artificial generativa como motor de productividad y rentabilidad empresarial recibió un golpe inesperado esta semana. En un informe de 69 páginas publicado el 11 de agosto sobre la adopción empresarial de ChatGPT, OpenAI reveló un dato que contradice su propio discurso: no encontró una correlación estadísticamente significativa entre el uso de la IA y los ingresos por empleado en las compañías analizadas. El hallazgo, que pasó desapercibido en una tabla de la página 35, admite que “los ingresos por empleado no están asociados de manera significativa con los tokens de salida por empleado ni con los mensajes por usuario activo una vez que se incluyen otros controles”, según el texto citado por la periodista Emily Forlini en Fortune.

La noticia llega en un momento en que la industria de la IA atrae inversiones multimillonarias: Anthropic planea una OPV de USD $2 billones, OpenAI reemplazó a su directora de ingresos tras menos de un año, y las valoraciones de startups como Lovable se disparan. Pero si el dinero fluye con relativa alegría, la pregunta sobre el retorno de inversión (ROI) para las empresas que adoptan IA sigue sin respuesta clara. El propio informe de OpenAI intenta presentar una historia de crecimiento exponencial del uso de la herramienta en todos los niveles jerárquicos, acuñando el término “brecha de frontera” para dividir a las empresas que adoptan la tecnología de las que no lo hacen. Sin embargo, la letra pequeña del estudio revela matices incómodos.

El tabú de los ingresos

El estudio, que mide el uso de ChatGPT en empresas de distintos sectores, encontró que las compañías más lucrativas suelen ser las más propensas a adoptar la IA como primeras en implementarla. No obstante, esto no equivale a probar que la IA genere más dinero: quizás solo refleja que esas empresas tienen más presupuesto para experimentar con tecnología. La correlación entre el uso intensivo de tokens y los ingresos por empleado desaparece al aplicar controles estadísticos, lo que sugiere que el entusiasmo por la productividad podría ser prematuro.

Forlini destacó que las cifras de ingresos utilizadas en el informe corresponden al período anterior a que los empleados comenzaran a usar ChatGPT, lo que impide medir el impacto real en el flujo de caja posterior a la adopción. La propia OpenAI no ha divulgado si está realizando un seguimiento a largo plazo de los resultados financieros de sus clientes tras implementar la herramienta, una omisión que deja la pregunta más relevante para el mundo corporativo sin respuesta. “Quizás simplemente son las que más tienen para gastar en ella”, ironiza la autora, reflejando la incertidumbre que persiste en el sector.

El hallazgo llega en un contexto donde los precios de las acciones de las grandes tecnológicas dependen cada vez más de las promesas de la IA, y donde los directores financieros exigen métricas concretas de retorno. El hecho de que OpenAI no pueda demostrar un vínculo directo entre uso y rentabilidad alimenta el escepticismo de analistas como los consultados por Fortune, quienes señalan que el hype podría estar superando a la evidencia. Mientras tanto, la compañía continúa su expansión agresiva hacia el mercado empresarial, con un nuevo director de ingresos y una reorganización interna orientada a acelerar la adopción.

Los ejecutivos, los que menos usan la IA

Otra joya escondida en el informe es el perfil de uso por nivel jerárquico. Aunque las empresas tienen naturalmente menos ejecutivos que empleados, los datos de la página 29 muestran una tendencia clara: los cargos de mayor rango utilizan ChatGPT con menor intensidad, con el promedio de mensajes semanales más bajo. Los empleados en inicio de carrera, en cambio, dominan la adopción, lo que ha llevado a la directora financiera de OpenAI, Sarah Friar, a sugerir que la ventaja competitiva proviene de quienes están más cerca de las tareas operativas. “Escúchenlos, aprendan de ellos y ayuden al resto de la organización a ponerse al día”, escribió en LinkedIn.

Esta disparidad tiene implicaciones profundas para las empresas que buscan maximizar su inversión en IA. Si los responsables de tomar decisiones no utilizan la herramienta, difícilmente entenderán su potencial ni podrán evaluar correctamente su impacto. La falta de correlación entre uso e ingresos podría explicarse parcialmente porque la alta dirección no está integrando la IA en los procesos estratégicos, mientras que los empleados de base la utilizan para tareas concretas que quizás no afectan directamente los resultados financieros.

Además, el informe revela que el uso total de OpenAI en las empresas se mantuvo completamente plano desde aproximadamente octubre de 2025 hasta diciembre de 2025, un período en el cual Claude Code de Anthropic estaba ganando terreno como la plataforma preferida en muchas compañías. A partir de enero de 2026, la curva de tokens se dispara exponencialmente, lo que la compañía atribuye tanto a nuevos clientes como a una mayor profundización de uso por parte de los existentes. El momento coincide con una reestructuración interna en OpenAI, que incluye el despido de su directora de ingresos y el ascenso de Dali Rajic como nuevo responsable comercial.

La reestructuración en OpenAI

OpenAI anunció esta semana que Denise Dresser, quien ocupó el cargo de directora de ingresos (CRO) durante menos de un año, deja la posición para buscar otras oportunidades, según informó la compañía. En su lugar asume Dali Rajic, cuyo enfoque será acelerar la adopción de los clientes y ayudar a las empresas a medir el impacto de la IA en sus operaciones. La salida se interpreta como un movimiento agresivo de Sam Altman, quien ha reorganizado la empresa en torno a las ventas empresariales y ha eliminado proyectos considerados “side quests”, como la aplicación de video Sora.

La medida se produce en vísperas de una posible OPV de OpenAI, que históricamente ha sido una de las startups más valiosas del mundo. La presión por demostrar resultados comerciales tangibles se intensifica a medida que la competencia de Anthropic se fortalece, con rumores de una salida a bolsa por USD $2 billones en octubre, la más grande en la historia. Los inversores creen que el run rate de ingresos anuales de Anthropic alcanzará entre USD $100.000 y USD $120.000 millones a finales de año, según reporta The Financial Times.

El cambio en la cúpula comercial de OpenAI refleja una preocupación por la evolución de sus ventas empresariales, que se estancaron temporalmente en el último trimestre de 2025 mientras competidores como Claude Code ganaban terreno. Los analistas como el capitalista de riesgo citado por Fortune mencionan que el run rate de OpenAI en 2026 “ha sido bastante increíble”, lo que sugiere una recuperación reciente del impulso. Aun así, la pregunta de fondo persiste: ¿están las empresas obteniendo un retorno real de su inversión en IA?

La transparencia académica en entredicho

El informe, que se presenta como una investigación independiente sobre la adopción de ChatGPT, incluye entre sus autores a dos académicos reconocidos: David Holtz de Columbia Business School y Prasanna Tambe de Wharton. Sin embargo, una nota al pie revela que ambos contribuyeron al trabajo en calidad de “contratistas remunerados de OpenAI”. Este conflicto de intereses pone en tela de juicio la imparcialidad del estudio, especialmente porque los investigadores no han publicado los datos completos ni han sometido los resultados a una revisión por pares como se haría en un artículo académico convencional.

Forlini señala que la participación de académicos normalmente aportaría credibilidad, pero aquí “las aguas están un poco más turbias”. La falta de transparencia adicional, como las bases de datos anónimas o los cuestionarios estandarizados, impide verificar si los resultados son sólidos o si están sesgados a favor de los intereses comerciales de OpenAI. Este episodio recuerda que las métricas de productividad relacionadas con la IA deben interpretarse con cautela, especialmente cuando provienen de una empresa con incentivos económicos en juego.

La ausencia de una correlación clara entre el uso de IA y los ingresos por empleado no implica que la tecnología carezca de valor, pero sí sugiere que la adopción corporativa aún no se traduce en beneficios financieros medibles a corto plazo. Las empresas que invierten en herramientas como ChatGPT necesitan definir indicadores propios para evaluar el retorno, en lugar de confiar en narrativas optimistas provenientes de los propios proveedores. Como concluye Forlini, “tendrás que medir el impacto de la IA basándote en tu propia experiencia de primera mano, no en el hype”.

Mientras tanto, los movimientos corporativos no se detienen: Lovable, una startup de “vibe coding” con sede en Estocolmo, duplicó su valoración hasta los USD $13.300 millones tras recaudar USD $400 millones, todo en solo tres años de existencia. La empresa planea expandirse, incluido el crecimiento de su plantilla y el fortalecimiento de su base de clientes en América Latina. Este contraste entre el optimismo inversor y la falta de evidencia clara sobre el ROI subraya la incertidumbre que domina la industria de la IA en 2026.

Finalmente, otro episodio curioso marcó la semana: Google proclamó por error que el CEO de OpenAI, Sam Altman, había muerto, añadiendo una fecha de defunción falsa a su panel de búsqueda. El fallido algoritmo se basó en una vandalización de Wikipedia que afirmaba que Altman fue asesinado en Seattle, y que fue corregida 41 minutos después, en un guiño a la supuesta edad de Altman. Google respondió en redes sociales que “cuando la gente vandaliza fuentes de información pública, esto puede afectar la información que aparece en la Búsqueda”, un recordatorio de la fragilidad del ecosistema informativo digital.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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