La UNCTAD advierte que una interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz podría golpear con mayor fuerza a las pequeñas empresas y expulsarlas de las cadenas de valor globales, incluso después de que el comercio se recupere.
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- Las micro, pequeñas y medianas empresas representan alrededor del 90% de las compañías del mundo y concentran hasta el 70% del empleo.
- Las pymes enfrentan mayores costos de importación, energía y financiamiento que las grandes empresas.
- La UNCTAD pide proteger su liquidez y vigilar sus conexiones comerciales durante las crisis.
🚨 UNCTAD alerta: Ormuz pone en riesgo a las pymes
Una interrupción prolongada elevaría fletes, energía y crédito, y podría expulsarlas de las cadenas globales.
Representan el 90% de las empresas y hasta el 70% del empleo. UNCTAD pide proteger su liquidez. pic.twitter.com/Ee3tcjNh56
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 9, 2026
Una interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz podría causar un daño que no aparecería de inmediato en las estadísticas generales del comercio. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, UNCTAD, advierte que las pequeñas empresas corren el riesgo de quedar fuera de las cadenas de valor globales, incluso si los volúmenes comerciales vuelven posteriormente a sus niveles anteriores.
Una amenaza desigual para las empresas
El problema no consiste únicamente en cuánto comercio atraviesa una ruta estratégica, sino en quién puede absorber el aumento de los costos cuando esa ruta se altera. Según el análisis de la UNCTAD, las micro, pequeñas y medianas empresas representan alrededor del 90% de las empresas del mundo, generan hasta el 70% del empleo y aportan cerca del 50% del producto interno bruto global, por lo que su salida tendría consecuencias que superarían el balance de compañías individuales.
La UNCTAD describe esta posibilidad como un efecto de exclusión, porque las compañías más pequeñas tienen menos capacidad para repartir el impacto entre distintos proveedores, mercados y fuentes de financiamiento. Una empresa grande puede negociar con más contrapartes o trasladar parte del incremento a diferentes operaciones, mientras una pyme suele depender de una red comercial mucho más estrecha y vulnerable a una interrupción repentina.
El estrecho de Ormuz conecta áreas fundamentales para el transporte internacional de energía y, por esa razón, cualquier alteración puede repercutir en combustible, fletes, seguros y tiempos de entrega. Para las pequeñas empresas, esos aumentos no llegan como una sola factura, sino como una acumulación de gastos que reduce sus márgenes y limita las decisiones de producción, contratación e inversión.
El riesgo también puede mantenerse después de una crisis inmediata, porque perder un proveedor, un cliente o una línea de crédito deteriora relaciones comerciales construidas durante años. En ese escenario, la recuperación de los flujos globales no garantiza que cada empresa recupere su lugar, especialmente si durante la interrupción otra compañía ocupó su mercado o si la pyme dejó de cumplir contratos.
Importaciones, energía y deuda presionan a las pymes
Las diferencias de costos ya existían antes de una eventual interrupción en Ormuz y podrían amplificarse bajo condiciones de estrés logístico. En las economías en desarrollo, las pequeñas empresas destinan en promedio el 19,4% del valor de sus importaciones a aranceles aduaneros, pagos a intermediarios y otros requisitos, frente al 14,7% que desembolsan las empresas grandes.
La brecha también aparece en la electricidad, un insumo que afecta tanto a los negocios manufactureros como a los comercios y proveedores de servicios. Una de cada cuatro pequeñas empresas en economías en desarrollo paga más del 4,2% de sus ventas por energía, mientras que la proporción correspondiente a las grandes empresas se ubica en el 3,7%, una diferencia que puede volverse decisiva cuando suben los costos asociados al transporte y los combustibles.
El financiamiento representa otro punto de presión para las compañías con menor escala. Cerca del 48% de las pequeñas empresas en economías en desarrollo considera que el acceso al crédito constituye un obstáculo, en comparación con el 38% de las grandes empresas, que suelen contar con más activos, historial financiero y capacidad para negociar condiciones.
La diferencia se refleja en el costo de endeudarse: los préstamos para pymes en esas economías rondaron en promedio el 15,8%, frente al 10,3% para prestatarios más grandes. Cuando aumentan simultáneamente el transporte, la energía y los intereses, una empresa pequeña puede verse obligada a reducir su producción, postergar inversiones o abandonar el mercado antes de que las estadísticas generales registren una contracción prolongada.
La pandemia ofrece una advertencia
La experiencia de la pandemia de COVID-19 muestra que las pequeñas empresas suelen recibir un golpe más intenso durante las crisis globales. En las economías en desarrollo, el 88% de las pequeñas empresas informó caídas en sus ventas, frente al 81% de las grandes, según los datos recogidos en el análisis, y la diferencia aumentó cuando se midió la profundidad de esas pérdidas.
Las ventas de las pequeñas empresas cayeron en promedio un 57%, mientras que las compañías grandes registraron una reducción promedio del 47%. Esa brecha ayuda a explicar por qué una recuperación agregada puede ocultar daños persistentes: el comercio puede reactivarse, pero algunas pymes ya habrán perdido trabajadores, clientes, inventario o acceso al crédito necesario para reiniciar sus operaciones.
La advertencia resulta especialmente relevante para las economías en desarrollo, donde las empresas pequeñas suelen sostener una parte importante del empleo y de la actividad local. Si abandonan las cadenas de valor, el impacto puede extenderse al desempleo, los ingresos de los hogares y la vulnerabilidad social, con efectos que no se capturan al observar únicamente el volumen total de mercancías movilizadas.
La agencia recomienda que los gobiernos protejan el acceso de las pymes al financiamiento comercial, la liquidez y el capital de trabajo durante una crisis. También plantea vigilar si las empresas pequeñas conservan sus conexiones de mercado, en lugar de limitar la evaluación a los flujos comerciales y las ventas, porque esos indicadores pueden mejorar mientras miles de negocios quedan permanentemente excluidos.
El desafío para las políticas públicas
El informe sostiene que las autoridades deben tratar el tamaño empresarial como una variable central de la resiliencia económica y no como una nota al pie de las estadísticas comerciales. Esta perspectiva obliga a preguntar qué compañías soportan los costos de una interrupción y cuáles disponen de reservas suficientes para esperar una normalización del transporte, la energía o el crédito.
Las medidas de apoyo tendrían que concentrarse en evitar que una falta temporal de liquidez se convierta en una salida definitiva del mercado. Para una pequeña empresa, mantener el capital de trabajo puede determinar si conserva a sus empleados y proveedores o si rompe los vínculos que le permiten participar en una cadena internacional.
António Guterres, secretario general de la ONU, declaró que las micro, pequeñas y medianas empresas son fundamentales para el futuro de cada país por su papel como motores de creación de empleo. Su observación conecta el riesgo comercial con una preocupación social más amplia, pues la desaparición de estos negocios afecta ingresos familiares y oportunidades laborales, no solo balances corporativos.
La conclusión de la UNCTAD apunta a una desigualdad estructural: las compañías que menos pueden diversificar sus operaciones son las que enfrentan los mayores costos relativos. Si una perturbación en Ormuz se prolonga, la recuperación del comercio mundial podría llegar demasiado tarde para las pymes que hayan reducido su producción, aplazado inversiones o perdido definitivamente sus mercados.
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