Los bonos gubernamentales recuperaron terreno en varios mercados clave luego de que los inversionistas comenzaran a priorizar el riesgo de una desaceleración global sobre el temor inmediato a más inflación. El repunte coincide con un nuevo salto del petróleo y con una guerra en Medio Oriente que sigue elevando la ansiedad sobre energía, tasas y crecimiento.
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- Los rendimientos de los bonos de EE. UU., Reino Unido, Alemania y Japón bajaron ante una renovada búsqueda de refugio.
- El mercado ahora teme que el alza del petróleo y la guerra con Irán terminen golpeando el crecimiento económico global.
- Gestoras y bancos como Pimco, Goldman Sachs y Morgan Stanley alertan sobre un riesgo mayor de desaceleración.
Los bonos soberanos repuntaron en distintos mercados este lunes, en un movimiento que reflejó un cambio importante en el ánimo de los inversionistas. Tras semanas en las que la preocupación dominante giraba en torno a inflación más alta y posibles nuevas alzas de tasas, el foco comenzó a desplazarse hacia el deterioro del crecimiento económico global.
Ese cambio de narrativa ocurrió en medio de la guerra en Medio Oriente y de un nuevo ascenso del petróleo, factores que reactivaron la demanda por deuda pública. En términos simples, cuando el mercado percibe un entorno más frágil para la actividad económica, suele volver a instrumentos considerados refugio, incluso si la inflación sigue siendo una amenaza relevante.
Según reportó Bloomberg, los bonos del Tesoro de Estados Unidos avanzaron junto con la deuda gubernamental del Reino Unido y Japón. La lectura del mercado es que el fuerte encarecimiento del crudo podría no ser un shock temporal, sino la antesala de una escasez de combustible más persistente a escala global.
La reacción es significativa porque, hasta hace poco, la deuda pública venía sufriendo presión vendedora. En ese tramo previo, el temor predominante era que el petróleo caro alimentara nuevas tensiones inflacionarias y forzara a los bancos centrales a mantener o incluso endurecer sus políticas monetarias.
Ahora, parte del mercado cree que el golpe sobre el crecimiento podría terminar pesando más que la inflación adicional. Si esa lectura gana fuerza, las expectativas de una política monetaria agresivamente restrictiva podrían moderarse, lo que ayuda a explicar por qué los rendimientos retrocedieron en varias economías desarrolladas.
Caen los rendimientos en EE. UU., Europa y Japón
En Estados Unidos, los rendimientos de las notas del Tesoro a dos años, que suelen reaccionar con especial sensibilidad a cambios en las perspectivas de tasas, bajaron cinco puntos básicos hasta 3,86%. El viernes previo ya habían retrocedido siete puntos básicos, lo que subraya la rapidez con la que cambió la percepción del riesgo.
En la parte larga de la curva, el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años cayó seis puntos básicos hasta 4,37%. Ese descenso refuerza la idea de un mercado que empieza a valorar más seriamente la posibilidad de una economía menos dinámica y de una respuesta menos dura por parte de la Reserva Federal.
En Europa también hubo movimientos similares. Los rendimientos a 10 años del Reino Unido y Alemania descendieron dos puntos básicos cada uno, hasta 4,96% y 3,07%, respectivamente. En Japón, el equivalente a 10 años retrocedió un punto básico hasta 2,37%.
Para lectores menos familiarizados con la dinámica de renta fija, conviene recordar que cuando el precio de un bono sube, su rendimiento baja. Por eso, las caídas en los rendimientos observadas este lunes son consistentes con una mayor demanda por deuda soberana en medio de la incertidumbre internacional.
Garfield Reynolds, estratega de Markets Live de Bloomberg, señaló que la tendencia de bull-steepening probablemente se extenderá. Con esa expresión se describe un escenario en el que los rendimientos caen, pero lo hacen con más fuerza en algunos tramos de la curva, a medida que los inversionistas giran desde una preocupación por inflación hacia una mayor inquietud por desaceleración económica.
La guerra con Irán y el petróleo alteran la visión del mercado
El conflicto, que ya entró en su segundo mes, no muestra señales claras de resolución. Incluso después de que Estados Unidos extendiera un plazo para que Teherán aceptara reabrir el estrecho de Ormuz, la situación siguió siendo lo bastante tensa como para sostener una prima de riesgo importante sobre el mercado energético.
Ese punto es clave. El estrecho de Ormuz es una vía crítica para el comercio mundial de crudo. Cualquier amenaza sobre su operatividad suele repercutir de forma inmediata en los precios de la energía, en la inflación y en las proyecciones de actividad de múltiples economías.
El crudo Brent subía más de 2% en las operaciones del lunes, hasta ubicarse alrededor de USD $115 por barril, y se encaminaba hacia un aumento mensual récord. Un movimiento de esa magnitud no solo impacta a productores y consumidores de energía, también reconfigura las expectativas sobre crecimiento, márgenes empresariales y política monetaria.
Donald Trump afirmó en una publicación en redes sociales que la administración está en “conversaciones serias” con el régimen iraní. Al mismo tiempo, advirtió sobre la posibilidad de más ataques a la infraestructura petrolera y eléctrica de Irán si no se alcanza un acuerdo, lo que añadió otra capa de tensión al escenario.
Gareth Berry, estratega de Macquarie Group Ltd., dijo que el mercado está dejando volar su imaginación sobre cómo podría verse el mundo dentro de un mes si no hay una resolución de la guerra. También señaló que ya se están trazando paralelismos con la pandemia, pero esta vez bajo el riesgo de economías que podrían apagarse por falta de combustible.
Grandes gestores y bancos advierten sobre una desaceleración
Algunos de los fondos de bonos más grandes de Estados Unidos, entre ellos Pacific Investment Management Co., consideran que los mercados financieros están subestimando el riesgo de que la guerra con Irán desencadene una desaceleración severa. Esa advertencia es relevante porque llega desde actores con fuerte presencia en deuda soberana y crédito global.
Goldman Sachs Group Inc. también ajustó sus cálculos. La entidad dijo que la probabilidad de una caída durante el próximo año aumentó a alrededor de 30%, una cifra que refleja un deterioro en la evaluación del panorama macroeconómico frente a semanas anteriores.
Matthew Hornbach, jefe global de estrategia macro de Morgan Stanley, recomendó comprar bonos del Tesoro a cinco años y apostar por una curva de rendimientos más empinada entre los vencimientos a siete y 30 años. En una nota publicada el viernes, sostuvo que si los precios de la energía continúan subiendo, los riesgos bajistas para el crecimiento deberían incrementarse aún más.
Desde otra perspectiva, el veterano de Wall Street Ed Yardeni afirmó que los llamados vigilantes de los bonos se han movilizado globalmente desde el inicio del conflicto. A su juicio, esa reacción produjo un pesimismo excesivo en algunas áreas del mercado de deuda, especialmente en el tramo corto de la curva estadounidense.
Yardeni escribió que esa parte de la curva está descontando una respuesta de endurecimiento monetario que él y su equipo dudan que llegue a materializarse. Por eso, consideran que los bonos del Tesoro de corto plazo lucen sobrevendidos, un argumento que encaja con el rebote observado al comienzo de la semana.
Por qué importa este giro en los bonos
Más allá de la deuda soberana, el comportamiento del mercado de bonos suele funcionar como una señal temprana sobre el estado de la economía y sobre las expectativas de política monetaria. Cuando los inversionistas priorizan refugio y crecimiento débil por encima de inflación persistente, eso puede influir en acciones, divisas, materias primas e incluso activos de riesgo como bitcoin y otras criptomonedas.
Para el ecosistema financiero más amplio, un descenso de los rendimientos puede aliviar ciertas condiciones de liquidez. Sin embargo, si esa baja responde al temor de una desaceleración global, el efecto neto sobre los mercados puede ser ambiguo, porque la mejora en valuaciones convive con una mayor aversión al riesgo.
Lo que muestra esta sesión es un cambio de énfasis. El petróleo caro sigue siendo inflacionario, pero el mercado empieza a considerar que un shock energético prolongado podría enfriar tanto la actividad que termine reduciendo la necesidad de más endurecimiento por parte de los bancos centrales.
En ese contexto, la deuda pública vuelve a ocupar el centro de la conversación. El repunte en bonos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Japón sugiere que los inversionistas están recalibrando con rapidez sus apuestas, en un entorno donde guerra, energía y crecimiento han pasado a estar estrechamente conectados.
Por ahora, la señal dominante es clara: la preocupación por una desaceleración económica global está volviendo a hacer atractivos a los bonos gubernamentales, incluso después de uno de los periodos recientes más difíciles para la renta fija internacional.
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