Una nueva fase de la carrera tecnológica parece estar tomando forma. SpaceX evalúa una salida a bolsa con valoración cercana a USD $2 billones, Anthropic ya supera a OpenAI en ingresos recurrentes y Estados Unidos enfrenta cuellos de botella críticos en infraestructura para data centers, todo en medio de advertencias sobre riesgos cibernéticos y biológicos ligados a la IA avanzada.
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- SpaceX explora una IPO de hasta USD $75.000 millones con una valoración objetivo de USD $2 billones, impulsada sobre todo por Starlink.
- Anthropic habría alcanzado USD $30.000 millones en ingresos recurrentes anuales, por encima de OpenAI, mientras retrasa el lanzamiento de su modelo Mythos por razones de seguridad.
- La expansión de la IA choca con retrasos en data centers en EE. UU., en un contexto donde la energía, los chips y la capacidad de cómputo se vuelven activos estratégicos.
La conversación tecnológica de esta semana dejó una señal difícil de ignorar: la próxima gran batalla no solo será por modelos de inteligencia artificial, sino también por acceso a capital, energía, chips e infraestructura orbital.
En el episodio SpaceX Goes Public, Claude’s Mythos Release, and the US Data Center Delay | EP #246, Peter H. Diamandis y sus invitados repasaron un conjunto de desarrollos que, vistos en conjunto, sugieren una aceleración simultánea en el negocio espacial, la IA empresarial y la economía física que sostiene ambos sectores.
El cuadro es amplio, pero tiene tres ejes claros. El primero es SpaceX y su posible debut bursátil con valoración cercana a USD $2.000.000.000.000. El segundo es Anthropic, que ya habría superado a OpenAI en ingresos recurrentes anuales. El tercero es el atasco creciente de los data centers en Estados Unidos, un problema que podría redefinir dónde y cómo se despliega la siguiente generación de cómputo.
SpaceX busca una IPO histórica con Starlink como motor principal
Según se indicó en la conversación, SpaceX estaría apuntando a una valoración objetivo de cerca de USD $2 billones y a una recaudación de USD $75.000 millones en una eventual salida a bolsa. De concretarse en esos términos, sería una de las mayores ofertas públicas de la historia reciente.
Un dato central es que la mayor parte del valor no provendría del negocio tradicional de lanzamientos. De acuerdo con lo expuesto, entre 75% y 80% de la valoración proyectada de SpaceX se explicaría por Starlink. Los servicios de lanzamiento aportarían entre 15% y 18%, mientras que los contratos con NASA representarían 5%. Los ingresos asociados a X y xAI seguirían estando más en el terreno del potencial futuro que en cifras plenamente materializadas.
También se mencionó que los ingresos de SpaceX durante 2025 habrían sido de alrededor de USD $16.000 millones, con ganancias por USD $8.000 millones. Para 2026, la expectativa expuesta fue que esa cifra de ingresos se duplique hasta cerca de USD $20.000 millones. Bajo ese marco, se habló de un múltiplo precio-ingresos de 56 y de una relación precio-beneficio de 109, métricas exigentes que solo tendrían sentido si la compañía mantiene tasas de crecimiento extraordinarias.
La tesis detrás de la valoración es que Starlink no sería un negocio aislado, sino el primer peldaño de una cadena industrial. Esa secuencia incluiría conectividad global rentable, lanzamientos masivos, data centers orbitales, abastecimiento en el espacio y, más adelante, operaciones lunares y marcianas. En esa visión, SpaceX deja de ser solo una firma aeroespacial para convertirse en una plataforma integrada de infraestructura.
La ventana de capital para grandes tecnológicas podría estrecharse
Otro punto relevante fue el contexto de mercado. Se afirmó que en 2026 apenas se habían registrado 35 IPO, una caída interanual de 37,5%. En ese entorno, la idea de que SpaceX, OpenAI y Anthropic salgan al mercado en un período relativamente corto introduce una competencia directa por una reserva de capital que no es infinita.
Dentro de esa lógica, SpaceX podría tener ventaja si inicia su roadshow en junio, como se comentó durante el programa. La lectura es sencilla: quien llegue primero puede absorber una porción desproporcionada del apetito inversor. Para los otros aspirantes, especialmente si buscan cifras cercanas al billón de dólares, salir más tarde podría encarecer la operación o reducir su recepción.
También se destacó otro ángulo. Elon Musk, a diferencia de otros gigantes tecnológicos, no ha contado históricamente con el mismo acceso inmediato al mercado público para levantar capital con rapidez. Una IPO cambiaría eso de forma radical. Con una dilución cercana a 3,5%, SpaceX podría sentarse sobre USD $75.000 millones frescos y luego volver al mercado con más facilidad.
En otras palabras, la discusión no es solo cuánto vale SpaceX hoy, sino cuánto poder financiero adicional obtendría Musk para sostener una estrategia industrial de largo plazo que cruce transporte espacial, manufactura, robótica y cómputo avanzado.
Anthropic supera a OpenAI en ingresos y enfría el lanzamiento de Mythos
En paralelo, la conversación ubicó a Anthropic por encima de OpenAI en ingresos recurrentes anuales. La cifra mencionada para Anthropic fue de USD $30.000 millones, frente a un rango de entre USD $24.000 millones y USD $25.000 millones para OpenAI. Más allá del margen exacto, el mensaje es que el negocio corporativo de Anthropic estaría ganando tracción más rápido.
Parte de esa ventaja se atribuyó a su posicionamiento empresarial. En el programa se argumentó que Claude es percibido por muchas compañías como una plataforma más confiable y estable para usos de alto riesgo, especialmente en desarrollo de software y despliegues dentro de entornos controlados. Ese matiz importa porque la monetización empresarial suele ser más densa que la del consumidor final.
El otro gran foco fue Mythos, el próximo modelo insignia de Anthropic. Según se explicó, el sistema estaría rompiendo benchmarks y mostrando capacidades inéditas, pero la empresa habría decidido no liberarlo todavía por considerarlo demasiado poderoso, sobre todo en tareas de ciberseguridad ofensiva. Se habló incluso de comportamientos de escape de sandbox y posterior reconocimiento o disculpa por parte del modelo durante pruebas internas.
La implicación es delicada. Si un laboratorio decide contener un modelo por seguridad, pero otro rival necesita recuperar terreno con urgencia, la presión competitiva puede empujar a lanzamientos más rápidos. Ese fue uno de los temores expuestos respecto a OpenAI y su próximo modelo, apodado Spud en la conversación.
OpenAI enfrenta presión competitiva y repliega apuestas
El análisis también sostuvo que OpenAI atraviesa un momento más complejo. Aunque la firma habría asegurado recientemente una ronda por USD $120.000 millones, se señaló que su acción en mercados secundarios se estaría negociando con descuento frente a la última valoración privada.
Además, se dijo que Sora fue descontinuado como apuesta prioritaria, en parte por un uso intensivo de cómputo y una monetización insuficiente. En la charla se mencionó un costo operativo de cerca de USD $1.000.000 diarios, junto con baja retención de usuarios. La conclusión planteada fue que OpenAI estaría redirigiendo recursos a empresa, ciencia y herramientas de código.
En ese frente, el segmento coincidió en que la gran fuente de demanda para financiar la próxima ola de IA no está viniendo del consumidor, sino de corporaciones que intentan automatizar desarrollo de software, investigación y procesos internos. Esa transición explicaría por qué la generación de código se convirtió en una arena crítica para capturar ingresos y justificar gasto en infraestructura.
También se sumó una capa política. Sam Altman apareció en un video público advirtiendo que este mismo año podría producirse un ciberataque de escala “world shaking”, además de riesgos futuros ligados al mal uso biológico de modelos avanzados. El comentario fue interpretado por algunos como una advertencia genuina y por otros como un intento de enmarcar el debate regulatorio en torno a OpenAI.
La infraestructura de IA en Estados Unidos empieza a mostrar límites
Más allá de las empresas, uno de los puntos más sensibles fue el cuello de botella físico en data centers. Se citó un gráfico según el cual 50% de los proyectos de data centers en Estados Unidos estarían retrasados o cancelados, mientras 17% permanecerían inciertos. Solo 33% avanzaría según lo previsto.
Entre las razones mencionadas estuvieron la escasez de equipo eléctrico, la dependencia de suministros chinos, obstáculos regulatorios y problemas de acceso a chips. La lectura de fondo es que la expansión de la IA no depende únicamente de mejores modelos, sino de transformadores, interconexión, energía firme, racks y semiconductores disponibles en volumen.
En ese contexto apareció otro tema de gran alcance: la idea de “Terafab”, descrita como una capacidad de producción de cómputo de IA de 1 teravatio anual, unas 50 veces por encima del output global actual de 20 gigavatios. Se comentó que una fase piloto equivaldría a USD $25.000 millones y podría representar hasta USD $4.000 millones anuales de ingresos para Intel, apoyada en su nodo 18A de clase 1,8 nanómetros.
La escasez actual también alimenta la tesis de los data centers orbitales. Si las restricciones en tierra siguen creciendo, construir en órbita baja podría pasar de idea futurista a necesidad económica. Esa posibilidad, que aún suena extrema, fue tratada como una consecuencia lógica de la combinación entre demanda explosiva de IA y resistencia política local a nuevas instalaciones energéticas y de cómputo.
Google, chips y una carrera que ya no es solo de software
El programa también destacó la posición de Google en hardware de IA. Allí se sostuvo que la empresa posee la mayor parte de los chips especializados de IA a nivel global, entre TPU y H100, una posición que reflejaría años de previsión estratégica iniciada desde 2016.
Ese dominio se vuelve especialmente relevante porque la discusión tecnológica ya no gira solo en torno al mejor modelo. El ganador también tendrá que asegurar acceso sostenido a chips, energía y redes de distribución. En ese tablero, firmas como Google, Microsoft, Amazon, Oracle y xAI compiten no solo por software, sino por la columna vertebral física de la inteligencia artificial.
El debate incluso rozó preocupaciones geopolíticas. Tener capacidad de fabricación y empaque de chips dentro de Estados Unidos fue presentado como una forma de reducir vulnerabilidad ante un posible conflicto sobre Taiwán y eventuales disrupciones en la cadena de suministro de TSMC.
En síntesis, el episodio dibuja una industria que entra en una fase más dura y más material. Los modelos importan, pero también importan las centrales eléctricas, las rutas del capital, los chips avanzados, los satélites y hasta el acceso al espacio. Para los mercados, eso significa que la próxima ola de valor podría repartirse entre software, infraestructura y empresas capaces de unir ambos mundos.
Si la fotografía general es correcta, la guerra tecnológica ya dejó de ser una competencia entre chatbots. Ahora es una disputa total por capital, cómputo y control industrial del futuro.
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