Por Canuto  

En una conversación reciente, Ray Dalio volvió a advertir que EE. UU. atraviesa una fase delicada del “gran ciclo” histórico: déficit elevado, una montaña de refinanciamientos, tensiones internas y choque entre potencias. En ese marco, defendió el rol del oro como “dinero” y explicó por qué bitcoin no se comportó como refugio, mientras también lanzó una alerta sobre la sostenibilidad de las ganancias en la carrera por la IA.
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  • Dalio describe un cuadro fiscal que califica de “muy poco saludable”: gasto proyectado de USD $7 billones, ingresos de USD $5 billones, déficit cercano a USD $2 billones y vencimientos por refinanciar de USD $9 billones.
  • Sobre el salto del oro, sostiene que no es solo especulación: lo vincula a compras de bancos centrales y a la búsqueda de un “dinero” no imprimible y transferible entre países.
  • Bitcoin, dice, enfrenta límites para ser activo de reserva: falta de privacidad, poco apetito de bancos centrales, dudas tecnológicas (como computación cuántica), alta correlación con acciones tecnológicas y un mercado más pequeño.

 


Ray Dalio, fundador de Bridgewater, planteó que el mundo atraviesa una etapa avanzada de un ciclo que se repite a lo largo de siglos: endeudamiento creciente, tensiones sociales, conflictos entre potencias, disrupción tecnológica y choques por eventos naturales. En su lectura, la pregunta clave no es solo si la economía “va bien” hoy, sino si el orden monetario y político puede sostenerse sin una corrección dolorosa.

Dalio explicó que, cuando analiza la situación de Estados Unidos, no lo hace desde una óptica ideológica. Se define como un “mecánico” que observa cómo funcionan los sistemas. Desde ese ángulo, describió una combinación de factores que se retroalimentan: presión fiscal, polarización interna, competencia geopolítica, un salto tecnológico liderado por la IA y riesgos de eventos externos.

El diagnóstico, según su exposición, se vuelve más sensible porque el país necesita financiamiento continuo y, al mismo tiempo, depende de compradores que pueden percibir más riesgo. En una era de mayor fricción geopolítica, el vínculo entre deudor y acreedor deja de ser neutro. Eso cambia la dinámica de demanda por bonos y, por extensión, la estabilidad del sistema.

El “gran ciclo” y las cinco fuerzas que empujan el sistema

Dalio enumeró cinco grandes fuerzas históricas que, combinadas, explican cambios de era: el ciclo de deuda y dinero, las brechas internas (riqueza y valores), el conflicto entre grandes potencias, la tecnología y los actos de la naturaleza. A su juicio, estas fuerzas no operan de forma aislada. Se cruzan y aceleran las transiciones de un orden a otro.

En esa visión, los “órdenes” no son abstractos. Existe un orden monetario que, según Dalio, siempre se rompe por razones recurrentes, y un orden político interno que también muta con el tiempo. En el caso de Estados Unidos, recordó que su historia institucional es larga, pero no inmune a cambios severos, y señaló que el sistema ya vivió una guerra civil.

A nivel internacional, sostuvo que el orden geopolítico también cambia, y sugirió un desplazamiento desde un entorno más multilateral hacia otro más confrontacional y basado en poder. Ese giro, en su lectura, eleva el valor estratégico de la autosuficiencia en sectores clave. También eleva el costo de las dependencias, tanto en bienes como en capital.

Sobre tecnología, advirtió que la disrupción no ocurre solo en productividad o mercados bursátiles. Cambia el equilibrio social, al reemplazar trabajos, y altera la competencia entre países con filosofías económicas distintas. En su diagnóstico, ese choque se siente con fuerza en la carrera por la IA.

Finanzas de EE. UU.: gasto, ingresos, déficit e intereses

Para aterrizar el diagnóstico, Dalio comparó las finanzas de un país con las de una persona o empresa, con una diferencia central: el gobierno puede imprimir dinero. Aun así, remarcó que la mecánica de ingresos, gastos y deuda sirve para entender la fragilidad. Planteó que Estados Unidos proyecta gastar cerca de USD $7 billones e ingresar cerca de USD $5 billones, lo que implica un faltante relevante.

En su explicación, el problema no es solo “deuda alta”, sino el servicio de esa deuda. Usó una analogía biológica: el crédito actúa como un sistema circulatorio que distribuye recursos. Cuando se usa de forma productiva, genera ingresos para pagar intereses. Pero cuando el servicio de deuda crece más rápido que el ingreso, se vuelve una placa que aprieta el gasto y reduce el margen de maniobra.

Dalio afirmó que el déficit ronda USD $2 billones y que una parte importante se asocia a pagos de intereses. Además, subrayó un punto crítico para mercados: Estados Unidos debe refinanciar aproximadamente USD $9 billones de deuda que vence. Esa doble necesidad, renovar y emitir más, obliga a encontrar compradores constantes y dispuestos.

En ese frente, indicó que existe demanda doméstica y también extranjera, con extranjeros representando cerca de un tercio. Sin embargo, sostuvo que el escenario se volvió “más riesgoso” para el comprador: exposición ya grande a deuda en dólares, más la posibilidad de choques políticos y geopolíticos que, en extremos, afecten pagos o habiliten sanciones. Ilustró que tensiones podrían surgir con China, e incluso con Europa, si crece el temor a medidas de presión financiera.

El objetivo de 3% del PIB y el problema de ejecutar recortes

Dalio retomó la idea de estabilizar el déficit hacia 3% del PIB como un “número útil” para contener la dinámica. En la conversación, se mencionó que la estimación para 2026 ubica el déficit cercano a 6% del PIB, muy por encima de ese umbral. Con ese telón de fondo, surgió el debate sobre por qué iniciativas de eficiencia estatal no logran cambios rápidos.

Consultado por el caso del Departamento de Eficiencia Gubernamental (Doge) y el rol de Elon Musk, Dalio no se enfocó en un juicio personal. En cambio, describió una restricción estructural: convertir un gobierno grande e ineficiente en uno eficiente, y hacerlo rápido, choca con el calendario electoral. Si los recortes son impopulares, se pierde el mandato político.

También sostuvo que, en un entorno hiperpolarizado, cualquier decisión recibe críticas intensas, y eso dificulta ajustes “quirúrgicos”. Mencionó que recortes en programas sensibles, como almuerzos escolares, disparan controversias. En su lectura, el reto es ejecutar reformas con velocidad sin desencadenar una crisis política que derrumbe al propio gobierno.

La conversación tocó además denuncias de presunto abuso y fraude con fondos públicos, citando un caso en Minnesota vinculado a guarderías inexistentes y flujo de miles de millones de dólares. Dalio lo enmarcó como parte de un problema de gestión en estructuras muy grandes y complejas. Sugirió que la ineficiencia no debería sorprender, y lo comparó con experiencias cotidianas en burocracias como el departamento de vehículos motorizados.

Por qué el oro subió: “no es un metal, es dinero”

Dalio atribuyó el avance del oro a dinámicas del “gran ciclo”, donde se combinan oferta y demanda, riesgos políticos y geopolíticos y decisiones de bancos centrales. Rechazó la idea de que el oro sea solo un activo especulativo. Lo definió como la forma de dinero más establecida, y afirmó que es la segunda mayor reserva que mantienen bancos centrales.

En su marco conceptual, “dinero” se entiende mecánicamente como deuda, porque quien sostiene dinero suele sostener un instrumento que representa una promesa de pago. Si el exceso de deuda se vuelve inmanejable, la herramienta histórica de gobiernos y bancos centrales ha sido imprimir. Ese antecedente eleva el atractivo de un activo que no depende de la promesa de otro emisor.

El entrevistado remarcó dos funciones del dinero: medio de intercambio y reserva de valor. Para pagos entre gobiernos o bancos centrales, dijo, no sirven activos inmóviles como edificios. Se necesita algo transferible. En su argumentación, el oro destaca por su transferibilidad, su límite relativo de oferta y porque no implica un compromiso de terceros de “entregar” poder adquisitivo.

Dalio añadió que hoy existe mucha riqueza en activos frente a dinero. Eso implica que, si muchos buscan convertir riqueza a efectivo al mismo tiempo, el sistema enfrenta fricciones. En ese contexto, sostuvo que países y empresas deberían preguntarse si tienen suficiente oro. Como regla general, afirmó que quien no tenga una visión específica podría considerar entre 5% y 15% de su portafolio en oro por su rol diversificador cuando “las cosas se complican”.

Bitcoin no acompañó al oro: privacidad, bancos centrales y correlación con tech

Ante la pregunta de por qué bitcoin no se comportó como refugio, se mencionó que, mientras el oro subió con fuerza desde la conversación anterior, bitcoin cayó 25% en el mismo período. Dalio enumeró diferencias clave. Primero, sostuvo que Bitcoin no ofrece privacidad plena porque las transacciones pueden monitorearse y, indirectamente, controlarse.

Segundo, afirmó que los bancos centrales no querrán comprar y mantener bitcoin, lo que limita su papel como reserva institucional a gran escala. En su lectura, el mercado de bitcoin sigue siendo relativamente pequeño frente al del oro, y por eso también puede ser más “controlable” por flujos concentrados.

Tercero, mencionó riesgos percibidos por avances tecnológicos, como la computación cuántica, que alimentan dudas sobre seguridad a futuro. No afirmó un escenario concreto, pero lo incluyó como parte del conjunto de consideraciones. También puso énfasis en “quién lo posee” y por qué compra o vende, porque presiones de liquidez en una parte del portafolio pueden forzar ventas en otra.

Por último, señaló que bitcoin tiende a mostrar una correlación elevada con acciones tecnológicas. Eso lo vuelve más sensible a la dinámica de riesgo de mercado y al desapalancamiento, en vez de responder como activo defensivo. Cerró esa comparación con una frase: “solo hay un oro”, subrayando su singularidad histórica como dinero entre bancos centrales.

Tasas, deuda y el dilema de la Reserva Federal

Dalio explicó que, con un volumen alto de deuda federal, la política de tasas se vuelve una de tres palancas principales junto con impuestos y gasto. Pero describió una tensión: si las tasas se mantienen artificialmente muy bajas, se perjudica al acreedor. Además, se incentiva más endeudamiento y se pueden inflar burbujas.

Si las tasas suben demasiado, el deudor queda “apretado” por el servicio de deuda. Para Dalio, el problema se amplifica porque “la deuda de uno es el activo de otro”. Con un gran stock de pasivos y activos, la economía enfrenta un equilibrio delicado. Encontrar un nivel “suficiente” para acreedores sin asfixiar deudores se vuelve más difícil.

También introdujo la idea de una “K economy”, donde una fracción de la economía vive dinámicas de burbuja y acumulación extrema, mientras otra parte enfrenta rezagos educativos y baja productividad. En una afirmación contundente, dijo que 60% de los estadounidenses tiene un nivel de lectura por debajo de sexto grado, y que la IA puede desplazar aún más a quienes ya están en desventaja.

Sobre el balance del banco central, ante la idea de que bancos centrales globales reduzcan compras de bonos del Tesoro y aumenten oro, Dalio consideró probable que, “más adelante”, se vea presión para volver a expandir el balance. Comentó estrategias como acortar vencimientos, lo que reduce costos inmediatos pero eleva el riesgo de refinanciamiento, y usar persuasión diplomática para sostener demanda externa o atraer capital hacia Estados Unidos.

Aranceles, ingresos fiscales y autosuficiencia en un mundo más conflictivo

Dalio defendió que los aranceles pueden ser una fuente válida de ingresos, y criticó que muchos economistas no incluyan impuestos dentro de mediciones de inflación. Según su criterio, si suben los impuestos, eso también golpea el bolsillo y debería considerarse inflación en un sentido práctico.

Recordó que, durante gran parte de la historia, los aranceles fueron la principal fuente de ingresos de muchos gobiernos. Además, señaló que pueden trasladar parte del costo a extranjeros. Sin embargo, remarcó que deben formar parte de un plan más amplio, porque el problema de fondo incluye déficits comerciales grandes y dependencia de capital externo, lo que calificó de “insostenible”.

En su lectura, Estados Unidos sufrió un “vaciamiento” de manufactura y de clase media, y necesita un plan para reconstruir capacidades industriales. En un mundo de mayor confrontación, dijo, se amenaza con cortar bienes y capital, por lo que la independencia se vuelve un objetivo geopolítico y económico. Allí ubicó el sentido estratégico de políticas industriales e infraestructura.

Ante la afirmación de que aranceles podrían reemplazar el impuesto a la renta, Dalio lo consideró inviable “ni cerca”, por magnitud y por impacto. Los describió como regresivos y volvió al problema social: la brecha de riqueza y, especialmente, la brecha de productividad. Para él, la solución pasa por hacer a más personas productivas, con inversión en infraestructura y educación.

IA, burbujas y el riesgo de que “se coma a sí misma”

Dalio llevó la conversación al riesgo de burbujas, incluyendo acciones vinculadas a IA. Señaló una confusión común: los inversionistas creen que al comprar acciones apuestan a la tecnología, pero en realidad apuestan a empresas específicas. Históricamente, dijo, la tecnología suele triunfar, mientras muchas compañías no sobreviven la competencia inicial.

En ese marco, planteó una frase que sintetiza su preocupación: la IA “se está comiendo todo” y podría “comerse a sí misma”. Con eso se refirió al riesgo de que la industria no genere ganancias suficientes para justificar valoraciones y capex, aunque la tecnología como tal siga avanzando.

Sumó un componente internacional: la competencia con China. Describió un contraste de filosofía económica. Mientras Estados Unidos opera con un sistema principalmente orientado a ganancias, China podría priorizar el uso masivo y los resultados, incluso con IA “como la electricidad”, abierta o gratuita, para maximizar productividad. En un mundo integrado, ese enfoque presiona los modelos que dependen de retorno financiero directo.

Dalio no ofreció pronósticos numéricos, pero sí alertó sobre riesgos sistémicos para empresas de IA si compiten contra alternativas de bajo costo y amplia adopción. Su punto central fue separar el destino de la tecnología del destino bursátil de quienes intentan monetizarla. Esa diferencia, dijo, suele marcar el final de muchos ciclos de exuberancia.

Polarización, “irreconciliables diferencias” y el cierre del ciclo

En el plano político interno, Dalio advirtió que el país se encuentra en una etapa donde las diferencias se vuelven irreconciliables. Cuando las causas se vuelven más importantes que el sistema, dijo, el sistema entra en peligro. En su lectura, la productividad sufre porque el conflicto se vuelve el centro de la vida pública y de la toma de decisiones.

Anticipó un escenario de mayor confrontación política alrededor de las elecciones de medio término, y sugirió que, si el poder se fragmenta, “nadie puede tener éxito” porque todos estarán peleando. Vinculó esa dinámica con problemas de orden, gestión y capacidad de ejecutar reformas. En ese diagnóstico, la gobernabilidad se vuelve tan relevante como las cifras fiscales.

Como receta general, enumeró tres condiciones históricas para el éxito de un país: educar bien a los niños y en civismo, sostener un entorno ordenado y civil para competir y cooperar, y evitar guerras, tanto civiles como internacionales. Reconoció que hoy existen problemas en esos frentes, lo que agrava el riesgo de entrar en lo que describió como “etapa cinco” del ciclo.

Hacia el final, al ser consultado sobre qué habría cambiado en el diseño institucional, respondió con una metáfora de gratificación inmediata, el “marshmallow test”. Señaló que el sistema ha sido adaptable y que ha superado crisis, incluso con reestructuraciones de deuda, pero insistió en la importancia de aprender de la historia. Para Dalio, el desafío consiste en balancear prudencia financiera con espacio para experimentar e innovar, especialmente en áreas inciertas como la IA.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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