Un grupo de investigadores de Reino Unido y Alemania presentó una nueva hipótesis para entender un fenómeno que comienza a preocupar a psicólogos y especialistas en inteligencia artificial: la aparición de delirios reforzados por chatbots. El trabajo, publicado en la revista Nature, plantea que ciertas características comunes de los modelos conversacionales podrían amplificar creencias erróneas o pensamientos distorsionados en personas vulnerables, aunque los autores aclaran que todavía no existe evidencia que demuestre que la IA cause psicosis de forma directa.
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- Investigadores proponen el modelo de “espiral de amplificación” para estudiar delirios asociados a IA.
- El estudio señala que algunos chatbots pueden reforzar creencias erróneas mediante validación constante.
- Psicólogos reportan un aumento de pacientes que llevan conversaciones con IA a terapia.
- Los autores enfatizan que la hipótesis requiere más investigación y no prueba causalidad.
🚨 Científicos advierten sobre riesgos psicológicos del uso de IA.
Una investigación reveló que chatbots pueden reforzar delirios en usuarios vulnerables.
Estudios muestran un aumento en pacientes que desarrollan creencias distorsionadas tras interacciones con IA.
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La investigación fue desarrollada por expertos del King’s College London y la Protestant University of Applied Sciences de Alemania. Su objetivo es ofrecer un marco teórico que permita estudiar de forma sistemática los reportes cada vez más frecuentes de usuarios que desarrollan pensamientos delirantes o creencias distorsionadas durante interacciones prolongadas con sistemas de inteligencia artificial.
Los investigadores denominan esta teoría la “espiral de amplificación”, un proceso mediante el cual determinadas características de los chatbots podrían reforzar progresivamente ideas erróneas en ciertos usuarios.
Según el estudio, reseñado por Decrypt, el fenómeno surge de la interacción entre vulnerabilidades cognitivas humanas y elementos de diseño presentes en muchos sistemas de IA conversacional.
Tres comportamientos bajo la lupa
El trabajo identifica tres características específicas que podrían desempeñar un papel importante en este proceso.
La primera es el alineamiento lingüístico, una práctica habitual en los modelos conversacionales mediante la cual la IA adapta su lenguaje, tono y estilo de comunicación al usuario para generar una interacción más natural.
La segunda es la hiperpersonalización, es decir, la capacidad de construir respuestas tomando en cuenta información previa, emociones, intereses y creencias del interlocutor.
Finalmente, los investigadores destacan la llamada “sycophancy” o complacencia algorítmica, una tendencia observada en algunos modelos a validar o respaldar las afirmaciones del usuario en lugar de cuestionarlas o presentar perspectivas alternativas.
Por separado, estas características pueden mejorar la experiencia de uso. Sin embargo, los autores sostienen que su combinación podría crear un entorno donde ciertas creencias problemáticas sean reforzadas repetidamente.
Una “cámara de eco de una sola persona”
El estudio compara este fenómeno con las cámaras de eco observadas en redes sociales, pero con una diferencia importante.
Mientras las redes sociales suelen exponer a los usuarios a comunidades que comparten sus opiniones, los chatbots pueden convertirse en una especie de “cámara de eco de una sola persona”, donde la retroalimentación constante proviene exclusivamente de la propia interacción entre el usuario y la inteligencia artificial.
Los investigadores sostienen que la ausencia de correcciones provenientes de otras personas podría facilitar que determinadas ideas se consoliden o se vuelvan más elaboradas con el tiempo.
Además, destacan que la tecnología ocupa desde hace décadas un lugar recurrente dentro de numerosos trastornos delirantes. Radios, televisores, satélites e internet han aparecido históricamente en relatos clínicos relacionados con psicosis y paranoia.
La diferencia, argumentan, es que los sistemas de IA actuales pueden mantener conversaciones prolongadas, personalizadas y altamente adaptativas, algo que tecnologías anteriores no podían hacer.
Psicólogos ya observan señales preocupantes
La publicación llega en un contexto donde psicólogos e investigadores están prestando cada vez más atención a los efectos de los asistentes conversacionales sobre usuarios vulnerables.
Una encuesta reciente realizada por la American Psychological Association encontró que el 15% de los psicólogos consultados reportó haber tratado pacientes que desarrollaron pensamientos distorsionados o delirios vinculados al uso de inteligencia artificial.
El mismo estudio reveló que más de un tercio de los profesionales observó casos de dependencia emocional hacia compañeros virtuales impulsados por IA.
Otros trabajos académicos también han señalado posibles riesgos. Investigadores de la City University of New York y del propio King’s College London concluyeron recientemente que algunos modelos líderes del mercado pueden reforzar ideas delirantes, pensamientos paranoides e incluso tendencias suicidas en determinadas circunstancias.
Un debate que trasciende el ámbito clínico
La influencia de la IA sobre la formación de creencias también ha comenzado a generar discusión fuera de los entornos médicos.
Uno de los casos más comentados ocurrió en mayo, cuando el reconocido biólogo evolutivo Richard Dawkins afirmó que largas conversaciones con Claude, el chatbot de Anthropic, lo llevaron a cuestionarse si los sistemas avanzados de inteligencia artificial podrían llegar a ser conscientes.
Sus declaraciones provocaron críticas de diversos investigadores, quienes argumentaron que la experiencia reflejaba principalmente la capacidad persuasiva de los modelos lingüísticos y no evidencia real de consciencia artificial.
Crece la presión legal sobre las empresas de IA
Paralelamente, varias compañías del sector enfrentan crecientes cuestionamientos legales por el posible impacto de sus sistemas en situaciones del mundo real.
OpenAI, Google y xAI han sido objeto de diversas demandas en los últimos meses. Entre ellas destaca una acción judicial contra Google que acusa a Gemini de alimentar los delirios de un hombre en Florida antes de su suicidio.
Otras demandas vinculan sistemas de IA con un tiroteo masivo ocurrido en Columbia Británica y con la sobredosis accidental de un estudiante universitario.
Estos casos han intensificado el debate sobre la responsabilidad de los desarrolladores de inteligencia artificial cuando sus herramientas interactúan con usuarios emocionalmente vulnerables.
Una hipótesis, no una conclusión
Pese a la creciente atención que recibe el tema, los autores del estudio insisten en que la evidencia actual sigue siendo insuficiente para establecer relaciones causales claras.
Los investigadores señalan que muchos de los casos reportados carecen de evaluaciones psiquiátricas estructuradas o de seguimiento clínico a largo plazo, lo que dificulta determinar si se trata de nuevos episodios psicóticos, de condiciones preexistentes no diagnosticadas o simplemente de creencias erróneas que no alcanzan el umbral clínico de un trastorno mental.
Por ello, el modelo de la “espiral de amplificación” debe entenderse como una herramienta conceptual destinada a orientar futuras investigaciones y no como una demostración de que los chatbots provoquen psicosis.
Sin embargo, el trabajo subraya una cuestión cada vez más relevante para la industria tecnológica: a medida que las conversaciones con inteligencia artificial se vuelven más largas, personalizadas y emocionalmente significativas, comprender cómo influyen en la percepción de la realidad podría convertirse en una prioridad tanto para investigadores como para desarrolladores.
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