Por Canuto  

Un mes antes de entrar en prisión, Elizabeth Holmes y su esposo buscaron que una cámara registrara sus últimos días en libertad. El resultado, según una reseña de TechCrunch, es un documental de Nathan Fielder y Lance Oppenheim que no resuelve la pregunta central: si Holmes realmente cree que no hizo nada malo. A24 anunció su estreno en salas para el 16 de octubre de 2026.

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  • Holmes sostiene que no cometió delitos y niega que su imagen pública refleje quién es, pero la película deja sin respuesta varias preguntas sobre sus declaraciones.
  • Nathan Fielder recurre a Amanda Seyfried, quien interpretó a Holmes en The Dropout, para explorar cómo se construyen y representan distintas versiones de la empresaria.
  • El documental también muestra a Billy Evans, esposo de Holmes, y su avatar de inteligencia artificial, mientras el equipo intenta reconstruir conversaciones ocurridas en prisión.

 


La película de Nathan Fielder y Lance Oppenheim vuelve sobre el caso Theranos sin ofrecer una respuesta sencilla acerca de la imagen que Elizabeth Holmes presenta de sí misma. A24 anunció su estreno en salas para el 16 de octubre de 2026.

Una propuesta que empezó antes de la prisión

Según una reseña publicada por TechCrunch, Elizabeth Holmes y su esposo, Billy Evans, contactaron a A24 un mes antes de que ella se entregara en 2023 para comenzar a cumplir una condena de once años por fraude contra inversores. La pareja propuso que un equipo de filmación documentara los últimos días de Holmes en libertad, en lo que parecía un intento por influir en la percepción pública de una empresaria cuyo caso ya había atraído una atención extraordinaria. El proyecto terminó en manos de Nathan Fielder y el director Lance Oppenheim.

La premisa colocó a Fielder frente a una tarea especialmente difícil: tratar de entender quién es Holmes cuando sus palabras, gestos y declaraciones ya forman parte de una historia pública muy conocida. El comediante suele trabajar en una zona borrosa entre realidad y ficción, y la reseña señala que esa ambigüedad también atraviesa la manera en que el público interpreta sus propios proyectos. En esta ocasión, el dilema no es solo qué cuenta Holmes, sino cómo distinguir una conversación espontánea de una actuación ante las cámaras.

Fielder plantea la contradicción con una pregunta directa, aunque formulada con suavidad: le recuerda a Holmes que hizo un programa televisivo sobre una especie de estafa empresarial y que ella terminó metida en problemas por una estafa empresarial. Holmes responde que nunca había relacionado ambas cosas y considera que se trata de situaciones diferentes. El intercambio establece el tono de una película que no se limita a repasar el caso Theranos, sino que observa cómo sus protagonistas responden cuando alguien pone en duda la versión que sostienen.

La trayectoria de Fielder ayuda a explicar por qué la conversación adquiere un matiz metatextual. En Nathan for You, el comediante interpretaba una versión exagerada de sí mismo que proponía maniobras absurdas a pequeños negocios; uno de sus episodios más conocidos llevó a una cafetería a cambiar su nombre a Dumb Starbucks, con el intento de ampararse en la parodia. Ante Holmes, Fielder bromea con que quizá habría podido evitar problemas legales si hubiera presentado Theranos como un sketch, y ella replica: «Fue real».

El caso Theranos y una defensa que persiste

La reseñaparte de un hecho que la película no puede borrar: Holmes fue condenada por cuatro cargos de fraude contra inversores. Sin embargo, el foco del documental está en una cuestión distinta, más difícil de responder desde afuera: si ella cree de verdad que no hizo nada malo cuando afirma que el mundo sostiene una realidad falsa sobre su persona. La persistencia de esa afirmación resulta especialmente llamativa frente a las pruebas y testimonios que acompañaron el juicio.

Durante el proceso, Holmes escuchó a inversores que perdieron cientos de millones de dólares, a denunciantes que dijeron haber sido silenciados tras señalar que los dispositivos de análisis de sangre de Theranos no funcionaban y a pacientes que actuaron a partir de resultados incorrectos. Según el relato de la reseña, ella no vaciló mientras se exponían esos testimonios. La película retoma esa firmeza, pero no convierte la seguridad con que habla en evidencia de que su relato sea cierto.

La dificultad de leer a Holmes tiene un paralelo en la obra de Fielder. Incluso sus seguidores más fieles pueden preguntarse cuándo está interpretando un papel, cuándo se muestra tal cual es y si él mismo sabe dónde termina una cosa y empieza la otra. La reseña considera que esa incertidumbre hace que ambos resulten comparables ante la cámara: después de años bajo el escrutinio público, sus personajes siguen despertando interés precisamente porque no se dejan descifrar con facilidad.

Holmes resume su posición con una afirmación tajante: «El mundo cree una realidad sobre mí que no es verdad», seguida de «Sé que no cometí ningún crimen». Fielder no presenta esas palabras como una absolución ni la película pretende borrar la condena. En cambio, la tensión entre la convicción que ella expresa y los hechos descritos durante el juicio se convierte en el centro del retrato, sin que el documental ofrezca una fórmula definitiva para determinar qué piensa Holmes en privado.

Las versiones de Holmes dentro y fuera de cámara

Una parte de la historia gira alrededor de un perfil de Holmes publicado por The New York Times durante el rodaje, que recibió críticas por permitir que se la presentara como una madre inocente privada de la oportunidad de ver crecer a sus hijos. Pese a esa representación, Holmes y Evans se mostraron molestos con el artículo. La disputa se concentra en una cita sobre The Dropout, la miniserie de Hulu en la que Amanda Seyfried interpretó a la empresaria.

En el perfil, Holmes habría dicho que la actriz no la estaba interpretando a ella, sino a un personaje que Holmes había creado. Ella y Evans sostienen que la frase se sacó de contexto y que Holmes dijo, en realidad, que Seyfried interpretaba a un personaje creado por «ellos». Esa diferencia cambia el sentido de la declaración: una versión parece reconocer que Holmes construyó una identidad pública, mientras que la otra atribuye esa construcción a terceros.

Fielder pide a Evans varias veces que comparta pruebas para demostrar que la cita fue reproducida de manera incorrecta, pero, según la reseña, Evans nunca las presenta. El documental deja así visible una afirmación que se repite sin que el espectador pueda verificarla dentro de la película. La ausencia de ese respaldo no demuestra por sí sola qué palabras pronunció Holmes, pero sí mantiene abierta la pregunta sobre cómo se reconstruyen los hechos cuando los protagonistas discuten incluso el registro de una conversación.

La presencia de Seyfried añade otra capa a esa disputa, porque la actriz vuelve a encontrarse con Holmes desde el papel que ya había interpretado en The Dropout. Fielder le muestra un fragmento de una visita en la que intenta ver la serie junto a la propia Holmes. Cuando aparece una escena tensa relacionada con Sunny Balwani, expareja de Holmes y antiguo socio de Theranos, ella no consigue continuar mirándola y se da vuelta llorando; Balwani también está en prisión, de acuerdo con la reseña.

Una película sobre personas que también actúan

El momento encierra varias representaciones superpuestas: Holmes observa a Seyfried interpretando una versión de ella, mientras la actriz mira a Holmes reaccionar ante esa interpretación. A la vez, la propia Seyfried construye un personaje a partir de una persona real, y el público sabe que la conversación ocurre ante una cámara. Para la reseña, el documental no es una ventana neutral a la intimidad, sino un encuentro en el que todos los participantes pueden estar ajustando su conducta al hecho de ser filmados.

Evans suma otra imagen a ese conjunto al crear un avatar hiperrealista de inteligencia artificial de su esposa. La figura digital aparece atrapada en una gran pantalla vertical que él lleva hasta la mesa para que parezca sentarse con él y sus hijos. La reseña describe la escena como parte de una constelación de versiones de Holmes: la persona ausente, su representación artificial y la interpretación de una actriz conviven sin que ninguna sustituya de manera concluyente a la mujer real.

El comportamiento de Evans también complica la lectura del documental. La reseña lo describe como escandalosamente desagradable y plantea, sin afirmar que sea así, que podría estar interpretando deliberadamente el papel de villano para despertar simpatía hacia su esposa. Él sabe que Fielder y Oppenheim no están convencidos de la inocencia de Holmes; aun así, su conducta podría llevar a algunos espectadores a verla como una víctima de su expareja y no como una participante responsable de las mentiras asociadas a Theranos.

Cuando Holmes entra en prisión, Fielder ya no puede llevar dispositivos de grabación durante sus visitas. Para conservar las conversaciones, trata de reconstruirlas de memoria en forma de guion, consciente de que cada palabra puede cambiar el sentido de lo que ella dijo. La película muestra luego a Seyfried retomando su papel para ensayar esas líneas con él, mientras ambos revisan el lenguaje y la entonación que Fielder recuerda.

En una de esas escenas, Seyfried lee como Holmes que la gente cree que el programa de Amanda es un documental y que la tratan peor en prisión por la manera en que la retrató. Después rompe la interpretación y responde: «Yo no hice eso. Ella se lo hizo a sí misma». La frase no resuelve el misterio sobre lo que Holmes cree ni transforma la condena en una discusión abstracta; resume, más bien, el problema que recorre la película: las versiones pueden multiplicarse, pero no todas tienen el mismo peso frente a los hechos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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