El presidente Donald Trump aseguró que la inteligencia artificial podría convertirse en una industria “más grande que Internet” y defendió una regulación que permita a Estados Unidos mantener su ventaja frente a China. El mandatario también respaldó la acelerada construcción de centros de datos y nuevas plantas eléctricas, pese a la creciente resistencia de comunidades preocupadas por el impacto sobre la electricidad, el agua y el medioambiente.
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- Trump considera que la IA podría ser “más grande que Internet” y quiere regulaciones que no frenen su desarrollo.
- China continúa siendo el principal competidor de Estados Unidos y la IA podría entrar en la agenda de la visita de Xi Jinping prevista para el 24 de septiembre.
- Amazon, Google, Meta, Microsoft, OpenAI, Oracle y xAI se comprometieron a financiar nueva generación eléctrica e infraestructura para sus centros de datos.
- Al menos 75 proyectos de centros de datos valorados en unos USD $130.000 millones enfrentaban oposición local durante el primer trimestre de 2026.
El presidente Donald Trump volvió a colocar la inteligencia artificial en el centro de su estrategia tecnológica para Estados Unidos, asegurando que la industria podría terminar siendo “más grande que Internet, más grande que cualquier cosa que alguien haya visto”.
Durante un encuentro en la Casa Blanca con ejecutivos tecnológicos, representantes de la industria cripto y reguladores financieros, Trump defendió la necesidad de establecer reglas para la IA, pero advirtió que estas no deberían impedir que las compañías estadounidenses continúen avanzando rápidamente, detalla Decrypt.
“Queremos regular, pero queremos tener una regulación en la que puedan continuar liderando”, afirmó Trump. “Esa regulación no va a asfixiar una industria muy importante”.
Las declaraciones reflejan uno de los ejes de la política tecnológica de su administración: acelerar el desarrollo de modelos e infraestructura de inteligencia artificial para preservar la ventaja estadounidense frente a China, incluso cuando el enorme consumo energético de la industria comienza a provocar tensiones en diferentes partes del país.
China y la carrera por dominar la inteligencia artificial
Trump identificó nuevamente a China como el rival más cercano de Estados Unidos en IA y adelantó que la tecnología probablemente formará parte de las conversaciones cuando el presidente chino Xi Jinping visite el país el próximo 24 de septiembre.
La competencia entre ambas potencias ya no gira únicamente alrededor de quién desarrolla los modelos más avanzados. También comprende los semiconductores necesarios para entrenarlos, centros de datos, redes eléctricas, generación energética y el capital necesario para financiar una infraestructura cuyo costo se mide cada vez más en cientos de miles de millones de dólares.
Para la administración Trump, facilitar esa construcción se ha convertido en una cuestión estratégica.
El presidente defendió específicamente que las compañías de IA construyan sus propias centrales eléctricas para abastecer los gigantescos centros de datos, reduciendo así su dependencia de una red estadounidense que calificó como “vieja, cansada y débil”.
“Están construyendo algunas de las mejores plantas eléctricas del mundo”, afirmó, añadiendo que algunas instalaciones podrían incluso entregar su electricidad excedente a la red.
En marzo, Amazon, Google, Meta, Microsoft, OpenAI, Oracle y xAI firmaron el Ratepayer Protection Pledge de la Casa Blanca, comprometiéndose a financiar la nueva generación eléctrica y la infraestructura necesaria para sus centros de datos en lugar de trasladar esos costos directamente a otros consumidores.
Trump quiere que estados y ciudades reciban los centros de datos
El presidente también hizo un llamado a gobernadores y alcaldes para que faciliten la llegada de estos proyectos, argumentando que generan grandes inversiones, empleos durante su construcción y nuevos ingresos fiscales.
“Si fuera alcalde de una ciudad o gobernador de un estado y tuviera la oportunidad de conseguir una gran planta, una planta de IA o un centro de datos, definitivamente la querría”, sostuvo Trump.
Pero el espectacular crecimiento de esta infraestructura está comenzando a encontrar resistencia. Trump reconoció que la industria “podría necesitar un poco de ayuda de relaciones públicas”, una referencia a la creciente oposición comunitaria provocada por preocupaciones sobre precios de electricidad, consumo de agua, ruido, ocupación de terrenos e impacto ambiental.
La dimensión del conflicto ya resulta significativa. Al menos 37 personas han sido arrestadas durante protestas contra centros de datos este año, mientras legisladores de 15 estados han considerado algún tipo de moratoria sobre su desarrollo. Solo durante el primer trimestre de 2026, al menos 75 proyectos valorados conjuntamente en unos USD $130.000 millones enfrentaban oposición local.
Pensilvania ofrece un ejemplo de la presión política emergente. El gobernador Josh Shapiro firmó esta semana una orden ejecutiva que establece nuevos requisitos para los grandes centros de datos, buscando que sus desarrolladores asuman los costos adicionales que generan sobre la infraestructura eléctrica.
La IA también se convierte en una carrera por la energía
Las declaraciones de Trump ilustran cómo la carrera por la inteligencia artificial está evolucionando hacia algo mucho más amplio que una competencia entre modelos. La disponibilidad de electricidad, chips, terrenos, centros de datos y financiación se está convirtiendo en una condición fundamental para determinar qué compañías —y qué países— pueden seguir escalando la tecnología.
La estrategia de la Casa Blanca consiste en eliminar obstáculos para acelerar esa expansión mientras las propias tecnológicas financian una mayor parte de la infraestructura energética que necesitan.
Pero precisamente ahí aparece una de las grandes contradicciones del auge de la IA. Estados Unidos quiere construir rápidamente la infraestructura necesaria para dominar una industria que Trump considera potencialmente mayor que Internet, mientras comunidades, gobiernos estatales y financiadores comienzan a preguntarse quién asumirá finalmente los costos económicos y ambientales de esa expansión.
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