Por Canuto  

Un borrador interno del Departamento del Tesoro de Estados Unidos advierte que el auge de la inteligencia artificial podría convertirse en una burbuja con efectos sistémicos. El contraste con el discurso público de la administración Trump, que promueve una expansión acelerada del sector, expone una tensión creciente entre el entusiasmo político y los riesgos financieros que ya observan algunos analistas oficiales.

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  • Un informe preliminar del Tesoro compara varios rasgos del boom de la IA con la burbuja puntocom de inicios de los años 2000.
  • Los analistas advierten que una caída del sector afectaría bolsa, crédito privado, chips, centros de datos, nube y utilities.
  • Aunque las grandes firmas de IA son más maduras y rentables que las puntocom, el sistema depende de que cumplan promesas de productividad y monetización.

 


La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes motores narrativos de los mercados globales. En Estados Unidos, ese entusiasmo ha impulsado inversiones masivas en infraestructura, semiconductores, nube y centros de datos.

Sin embargo, un borrador interno del Departamento del Tesoro plantea una lectura mucho menos complaciente. Según un reporte obtenido por NOTUS, los analistas de la agencia creen que el mercado de IA ya presenta riesgos comparables, en varios frentes, con la burbuja puntocom que estalló a comienzos de los años 2000.

La advertencia no equivale a predecir un colapso inmediato. Aun así, sí sugiere que una corrección severa podría sacudir una parte mucho más amplia de la economía que la afectada durante la crisis puntocom.

Ese matiz es importante para inversionistas, reguladores y empresas tecnológicas. También lo es para sectores cercanos al ecosistema digital, como energía, crédito privado, construcción especializada y fabricantes de chips.

El contexto importa porque la IA ya no es solo una apuesta de capital de riesgo. Hoy está entrelazada con mercados públicos, financiamiento privado, expansión eléctrica y expectativas de productividad que influyen sobre valoraciones de empresas de gran tamaño.

Un informe interno que choca con el discurso público

El documento fue preparado por analistas del Tesoro para el secretario Scott Bessent, el presidente de la Junta de la Reserva Federal, Kevin Warsh, y varios reguladores financieros federales. El borrador ya estaría terminado desde hace semanas y espera aprobación formal antes de llegar a su audiencia prevista.

Ese informe ofrece una rara ventana a la discusión interna dentro de la administración Trump. Hacia afuera, la Casa Blanca ha mantenido un tono claramente optimista sobre el desarrollo de la IA y su potencial económico.

Un portavoz del Departamento del Tesoro desestimó los hallazgos del borrador como no verificados y dijo que no representan ni las políticas ni las posturas oficiales de la agencia. Añadió que la posición oficial del secretario y del Tesoro de Estados Unidos es que la IA será un motor clave de una nueva “Edad Dorada” para el país.

Según ese vocero, la tecnología tiene el potencial de ofrecer ganancias de productividad sin precedentes, expandir la oportunidad económica y empoderar a trabajadores y empresas estadounidenses. La respuesta pública, por tanto, contrasta con la prudencia del análisis interno.

La diferencia entre ambos mensajes es relevante porque revela una tensión de fondo. Por un lado, el gobierno promueve crecimiento e inversión acelerada; por el otro, sus propios analistas evalúan si el entusiasmo está elevando un riesgo sistémico.

Por qué el Tesoro ve similitudes con la burbuja puntocom

Los analistas concluyeron que las firmas de IA están más integradas en la economía estadounidense que las compañías puntocom de finales de los noventa. Esa mayor integración hace que una caída del sector pueda irradiar efectos hacia muchas más áreas del sistema financiero y productivo.

El borrador indica que un descenso en el mercado de IA enviaría ondas de choque a lo largo de todo el ecosistema económico. Entre los posibles canales de transmisión menciona bolsas, crédito privado, empresas que financian centros de datos, proveedores de nube, fabricantes de chips y utilities.

La comparación con la era puntocom no significa que ambos episodios sean idénticos. De hecho, el informe subraya que muchas de las grandes empresas de IA son hoy más maduras, más rentables y cuentan con balances más saludables que buena parte de las firmas que dominaron el auge de internet.

Esa diferencia podría amortiguar el golpe si la supuesta burbuja estalla, o incluso si nunca llega a estallar de forma clásica. No obstante, los analistas sostienen que el tamaño del compromiso financiero con la IA ya es lo bastante elevado como para convertirla en una fuente de vulnerabilidad.

En otras palabras, el riesgo no depende solo de valoraciones exuberantes. También depende de que gran parte del sistema esté apostando a que la IA entregará las mejoras de productividad y rentabilidad que hoy justifican su expansión.

El informe añade que una explosión de la burbuja de IA probablemente causaría un colapso menos inmediato que el vivido por la economía estadounidense tras el estallido puntocom. Pero incluso con una trayectoria menos abrupta, los analistas prevén recortes empresariales, pérdida de confianza inversora y un crecimiento económico más lento.

Los puntos críticos: infraestructura, deuda y monetización

Una de las advertencias centrales del borrador es que el sector de IA depende cada vez más de grandes desembolsos para centros de datos y otra infraestructura crítica. Si se agotan los fondos para esos proyectos o se incumplen las expectativas de crecimiento, la fragilidad del modelo podría hacerse evidente.

Los analistas señalan que la industria está cada vez más concentrada en un grupo reducido de empresas. Además, muchas de ellas dependen en gran medida del financiamiento del mercado privado y están fuertemente expuestas al costo de construir la infraestructura física que sostiene sus modelos.

En ese punto, la discusión ya no es puramente tecnológica. La IA se apoya en cadenas de suministro complejas, acceso a chips avanzados, disponibilidad de electricidad, capacidad de utilities y cronogramas de construcción para centros de datos de gran escala.

El borrador menciona de forma explícita problemas de cadena de suministro, tensiones geopolíticas, cuellos de botella eléctricos, déficits en utilities y otras preocupaciones como factores capaces de frenar el impulso del sector. Si alguno de esos puntos críticos se endurece, la trayectoria de crecimiento podría desviarse con rapidez.

Otra variable clave es la monetización de los productos. Aunque las compañías de IA generan más ingresos que muchas firmas de la era puntocom, el informe sostiene que siguen en riesgo si no crecen tan rápido como prometen o si no logran convertir el uso de sus herramientas en ganancias sostenibles.

Ese punto resulta crucial para los mercados de capitales. Las valoraciones actuales descansan menos en una adopción marginal y más en la idea de que la IA transformará productividad, costos y márgenes en múltiples sectores de la economía.

Qué sectores sufrirían si el ciclo se revierte

El informe advierte que los efectos de una decepción con la IA se sentirían en todo el sistema financiero. Los analistas mencionan desde grandes bancos y fondos de cobertura hasta acreedores privados, lo que sugiere una exposición transversal y no limitada al venture capital.

Esa observación tiene peso porque los mercados privados han financiado una parte relevante del crecimiento reciente en infraestructura. Si la confianza se erosiona, la presión podría trasladarse al costo del capital, a la refinanciación de proyectos y a la liquidez disponible para seguir expandiendo capacidad.

Las empresas de IA más grandes, además, están interconectadas entre sí y con distintos mercados. Esa interconexión amplifica el riesgo de contagio si disminuye la demanda, se enfrían las expectativas o se seca la inversión.

El borrador también resalta que hoy hay menos inversionistas minoristas detrás del fenómeno que en la manía puntocom. En consecuencia, una caída sostenida golpearía con mayor fuerza a inversionistas institucionales, cuyo papel es mucho más sensible para la estabilidad económica general.

Eso cambia la naturaleza del riesgo. En lugar de una fiebre especulativa limitada a pequeños operadores, el problema potencial estaría anclado en balances corporativos, carteras institucionales y grandes proyectos físicos ligados al despliegue de IA.

Para lectores del ecosistema cripto y de memestocks, la analogía puede resultar familiar. La diferencia es que aquí el apalancamiento narrativo no se concentra en tokens o acciones ultraespeculativas, sino en una red de actores con peso estructural dentro de la economía real.

Optimismo oficial, competencia con China y presión política

Scott Bessent ha sido una de las voces más visibles en favor de la expansión del sector. En un discurso pronunciado el 25 de junio en Nueva York, elogió a las grandes empresas tecnológicas por invertir USD $750.000 millones en el desarrollo de IA durante este año.

En esa intervención, comparó favorablemente el momento actual con el auge puntocom y preguntó si la IA podría al menos replicar, o incluso superar, aquellas metas de productividad. Su énfasis público ha estado puesto en acelerar el liderazgo estadounidense, no en frenar el ritmo del mercado.

Bessent también ha sostenido que el principal riesgo de la IA no es interno, sino geopolítico. En una referencia a una reunión reciente del G7, dijo que discrepó con líderes que enfocaban los peligros en seguridad y pérdida de empleos.

Según su declaración, el mayor riesgo es que China avance más rápido que Estados Unidos. Esa visión ha servido como argumento para deshacer esfuerzos regulatorios que, a juicio de la administración, podrían obstaculizar el crecimiento del sector.

Donald Trump, por su parte, ha planteado la posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos adquiera participaciones en empresas de IA. La idea, según se reportó, sería permitir que el público estadounidense se beneficie del crecimiento de esas compañías.

El reporte también indica que la Casa Blanca comenzó recientemente a intervenir en los productos que pueden lanzar firmas de IA como Anthropic. Esa combinación de impulso político, intervención selectiva y ambición geoestratégica complica aún más la evaluación del riesgo regulatorio.

Las alertas ya llegaron a Wall Street, al Congreso y a bancos centrales

Los temores sobre una burbuja de IA no están confinados a un borrador interno del Tesoro. En el último año, esas preocupaciones también han crecido en Capitol Hill, entre observadores de Wall Street, ejecutivos, grupos de reflexión e incluso dentro de las filas de actores importantes del propio sector.

Economistas e instituciones relevantes han expresado reservas similares. Entre ellas aparecen el Banco de Inglaterra, que es el banco central del Reino Unido, y la directora del Fondo Monetario Internacional, ambos citados en el contexto de preocupaciones por sobrevaloración y riesgo sistémico.

La discusión ya alcanzó además al Congreso estadounidense. A comienzos de este año, la senadora Elizabeth Warren, demócrata por Massachusetts y principal figura de su bancada en el Comité Bancario del Senado, junto con otros senadores demócratas, pidió al Tesoro exigir datos no públicos para estudiar los riesgos de una burbuja de deuda asociada a la IA.

El mes pasado, esos legisladores propusieron un proyecto de ley para obligar a firmas financieras a divulgar información al Tesoro. La meta sería mapear de forma más precisa las distintas vías por las que el sistema financiero está expuesto a las construcciones de IA.

Warren afirmó que las compañías de IA y Big Tech dependen cada vez más de formas opacas de deuda y de “magia contable” para financiar construcciones de IA valoradas en múltiples billones. Sostuvo que su propuesta daría a reguladores y al Congreso la información necesaria para identificar riesgos temprano y evitar otra crisis financiera.

El portavoz del Tesoro respondió que la agencia seguirá trabajando con reguladores y sector privado para asegurar que el marco regulatorio se mantenga al día con la innovación. También dijo que ese marco debe apoyar una adopción responsable de la IA que fortalezca al sistema financiero estadounidense.

Lo que esta advertencia significa para mercados, tecnología y capital

La principal conclusión del borrador no es que la IA carezca de valor económico. De hecho, el propio análisis admite que existen diferencias fundamentales con el ciclo puntocom y que algunas empresas del sector son más sólidas que las firmas especulativas de aquella época.

Lo que sí cuestiona es la escala de la apuesta colectiva. Cuando bolsas, crédito privado, utilities, fabricantes de chips, proveedores de nube y constructores de centros de datos dependen de un mismo relato de crecimiento, cualquier decepción pasa a tener efectos de segunda y tercera ronda.

Para el mundo cripto, la lección es doble. Primero, que las narrativas tecnológicas pueden absorber enormes cantidades de capital antes de demostrar monetización sostenible; segundo, que el riesgo sistémico suele aparecer cuando la historia deja de ser marginal y se vuelve infraestructura.

También hay un ángulo político que vale seguir de cerca. Si Washington continúa impulsando una carrera por liderazgo frente a China mientras sus propios técnicos piden cautela, es probable que aumente la tensión entre competitividad, supervisión financiera y estabilidad macroeconómica.

Por ahora, el informe sigue sin aprobación formal y el mensaje oficial del gobierno mantiene el optimismo. Pero el simple hecho de que el Tesoro haya elaborado este análisis sugiere que las dudas ya no pertenecen solo a críticos externos o pesimistas del mercado.

La pregunta de fondo no es únicamente si la IA está cara. La pregunta es cuánto del crecimiento esperado en Estados Unidos, y cuánta infraestructura financiera y física, depende ya de que esa promesa se cumpla sin tropiezos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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