Por Canuto  

Reid Hoffman lanzó una de sus críticas más duras contra las ambiciones de IA de Elon Musk al asegurar que SpaceX no es una empresa de inteligencia artificial y que xAI es un “desastre completo”. Sus comentarios también encendieron alarmas sobre la presión regulatoria contra Anthropic, mientras defendió que OpenAI y Anthropic aún tienen amplio margen para crecer al mismo tiempo.
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  • Reid Hoffman dijo que SpaceX “no es una empresa de IA” y calificó a xAI como un “desastre completo” en su desarrollo de modelos fundamentales.
  • El cofundador de LinkedIn criticó la orden del gobierno de EE. UU. que obligó a Anthropic a retirar Fable y Mythos, al considerarla impredecible y “muy subóptima”.
  • Hoffman sostuvo que OpenAI y Anthropic no compiten en un juego de suma cero y pidió a la Generación Z adoptar la IA como herramienta laboral.


Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn e inversionista en Anthropic y OpenAI, ofreció su evaluación pública más dura hasta ahora sobre la estrategia de inteligencia artificial asociada a Elon Musk. En una conversación con Rana el Kaliouby en el podcast Pioneers of AI, sostuvo que SpaceX no debe considerarse una empresa de IA.

Hoffman fue más allá al describir a xAI como “un desastre completo” en la forma en que construye modelos fundamentales y otras áreas del negocio. También subrayó que la compañía va por su “tercer reinicio” y que todos sus fundadores ya abandonaron la firma.

El comentario no pasó inadvertido porque Hoffman ha seguido el sector desde varias posiciones de poder. Ha sido fundador, gran inversor y miembro de la junta de Microsoft durante una década, por lo que su crítica fue recibida como un juicio de alto peso dentro de Silicon Valley.

La discusión llega en un momento delicado para el mercado de IA, donde las valoraciones, las adquisiciones y la regulación se mezclan con gran intensidad. También expone una disputa más amplia sobre qué debe contar realmente como una empresa de inteligencia artificial y qué solo representa infraestructura o marketing financiero.

Además de cuestionar a SpaceX y xAI, Hoffman defendió la idea de que OpenAI y Anthropic pueden prosperar de forma simultánea. Para él, la narrativa de que solo una sobrevivirá simplifica en exceso una industria que todavía está en plena expansión.

La crítica de Hoffman a SpaceX y el caos de xAI

Hoffman resumió su postura con una frase directa: “SpaceX no es una empresa de IA”. A su juicio, presentar la historia de la compañía bajo esa etiqueta no demuestra capacidad propia en modelos, sino más bien la intención de comprar acceso a la relevancia del sector.

El empresario comparó esa estrategia con la lógica de IAC, el conglomerado de la era de internet asociado a Barry Diller. Según su lectura, SpaceX usa su capitalización de mercado para adquirir compañías de IA e intentar acelerar una legitimidad que no habría construido orgánicamente.

Ese análisis cobró fuerza tras la salida a bolsa de SpaceX el 12 de junio. La IA ocupó un lugar central en la narrativa de la IPO, y pocos días después la empresa anunció la compra de Cursor, una herramienta de codificación impulsada por inteligencia artificial.

Para Hoffman, esa compra no prueba que la empresa domine el segmento. Su interpretación fue la opuesta: si necesita adquirir piezas visibles del ecosistema, es porque carece de una posición central propia en el desarrollo de modelos o productos distintivos.

También atacó el negocio principal de computación e infraestructura que SpaceX ha promovido como parte de su historia de IA. En particular, cuestionó que el arrendamiento de infraestructura a actores como Anthropic pueda leerse como confirmación de una identidad nativa en inteligencia artificial.

“Eres un CoreWeave a precio premium”, afirmó Hoffman al describir esa operación. En otras palabras, sugirió que el mercado estaría premiando como empresa de IA a una firma cuya actividad se parece más al alquiler de capacidad computacional que al liderazgo técnico en modelos.

Su visión sobre xAI fue todavía más severa. Dijo que, tal como el propio Elon Musk la habría descrito, la empresa es “un desastre completo” en la construcción de modelos fundamentales y en otros aspectos de ejecución.

La crisis interna de xAI, según el relato citado, ya era visible por la salida de sus cofundadores. Para mayo de 2026, los 11 cofundadores originales habían dejado la compañía, en un proceso que se aceleró con fuerza desde febrero.

Tony Wu, descrito como uno de los cofundadores más operativos, anunció su renuncia en ese período. Musk reestructuró los equipos de xAI como respuesta, pero las salidas continuaron después de ese intento de reorganización.

El desempeño de los modelos Grok tampoco ayudó a calmar las dudas. La empresa ha enfrentado críticas persistentes por quedar rezagada frente a competidores como Anthropic y OpenAI en pruebas comparativas de rendimiento.

Anthropic, la regulación y el nuevo riesgo político

Si el tono de Hoffman sobre SpaceX fue escéptico, su reacción ante el tratamiento regulatorio de Anthropic fue mucho más cercana a la alarma. El gobierno de Estados Unidos obligó a la empresa a retirar del mercado sus modelos Fable y Mythos mediante una orden de control de exportaciones emitida el 11 de junio.

Esa directiva suspendió todo acceso a ambos modelos para nacionales extranjeros. El detonante, de acuerdo con reportes citados por la prensa especializada, fue que el CEO de Amazon, Andy Jassy, elevó preocupaciones por una vulnerabilidad detectada en Fable 5.

Anthropic ya estaba trabajando para corregir esa falla cuando llegó la intervención oficial. Aun así, varios expertos en ciberseguridad consideraron que la respuesta del gobierno fue desproporcionada y mal enfocada frente al problema concreto.

Hoffman coincidió en gran parte con ese diagnóstico. Dijo que no parecía haber un principio claro, ni una forma predecible de navegar el proceso con estado de derecho y reglas consistentes para las empresas afectadas.

Su crítica fue tajante cuando describió la lógica de la medida. Afirmó que daba la impresión de que, tras interacciones contenciosas previas con la empresa, las autoridades simplemente decidieron “golpearlos con un palo” sin una explicación suficientemente fundamentada.

El inversionista calificó ese enfoque como “autocrático al azar” y “muy subóptimo”. Al mismo tiempo, reconoció que podría existir una base legítima de ciberseguridad detrás de la intervención, aunque consideró preocupante la forma en que se aplicó.

La mayor inquietud de Hoffman fue la asimetría del castigo. Anthropic resultó penalizada mientras OpenAI no recibió un trato equivalente, pese a que la primera incluso había señalado internamente preocupaciones de seguridad sobre esos modelos.

Ese punto resulta relevante para inversionistas y analistas porque Anthropic se perfila para una potencial IPO que podría estar entre las mayores de la historia. Un entorno donde la intervención regulatoria parece impredecible crea una nueva categoría de riesgo que ahora ya no es teórica.

Para el mercado, el episodio de Fable y Mythos deja una advertencia mayor. En sectores de frontera como la IA, la regulación puede alterar valoraciones, cronogramas de lanzamiento y acceso a mercados globales con una velocidad que muchos inversionistas aún no incorporan plenamente.

En ese contexto, la crítica de Hoffman no solo fue política. También fue financiera, porque apuntó a un tipo de incertidumbre que puede redefinir qué empresas capturan capital y cuáles quedan expuestas a choques regulatorios de alto impacto.

OpenAI y Anthropic no libran una guerra de suma cero

Hoffman rechazó de forma explícita la idea de que OpenAI y Anthropic se encuentren en una pelea donde una debe destruir a la otra. A su juicio, el mercado suele narrar estas disputas como “combates en jaulas”, pero la realidad económica del sector es más amplia.

Su tesis es que ambas pueden “ganar increíblemente” al mismo tiempo. Esa postura no resulta menor, dado que él mantiene inversiones en las dos compañías y conoce de cerca las dinámicas competitivas que dominan la capa más visible del mercado de modelos generativos.

Según su descripción, Anthropic muestra fortaleza particular en código y se está expandiendo hacia diseño y legal. OpenAI, en cambio, opera con ChatGPT más como una interfaz de búsqueda para consumidores y posee en Codex un activo que considera insuficientemente discutido.

La comparación también incluyó un comentario sobre Cursor, la plataforma de codificación adquirida por SpaceX. Hoffman sugirió que su mejor momento tal vez ya pasó y que su brillo de hace unos meses parece desvanecerse en el horizonte.

Esa observación refleja una competencia que se ha endurecido desde comienzos de 2026. Cursor ha enfrentado presión creciente a medida que Claude Code y Codex ganaron terreno entre desarrolladores, quienes empiezan a cuestionar si un IDE independiente conserva valor premium.

Hoffman no ignoró que su lectura puede estar atravesada por interés económico. Aun así, su marco central fue que la magnitud potencial de la inteligencia artificial permite imaginar a varios ganadores estructurales, del mismo modo que ocurrió con otras tecnologías generales de propósito amplio.

Para explicar la lógica de las valoraciones, dijo que es incorrecto asegurar que todo el mercado está loco, aunque aceptó que algunas valuaciones sí podrían estar desconectadas. El verdadero desafío, según él, es identificar cuáles compañías justifican el optimismo y cuáles no.

Su analogía para OpenAI y Anthropic fue especialmente ambiciosa. Si la IA se vuelve tan omnipresente como la electricidad, ambas podrían terminar funcionando como dos de las principales utilidades de esa nueva infraestructura económica.

En esa visión, el modelo de ingresos no necesita estar completamente definido hoy. Hoffman recordó que la teoría temprana de monetización de Google se centraba en servidores empresariales, antes de que apareciera AdWords, al que llamó “el mejor modelo de negocio inventado en la historia humana” hasta ahora.

El comentario captura una idea clave para mercados de capitales y tecnología. En momentos de transición, los grandes ganadores no siempre presentan desde el inicio el esquema definitivo de monetización, pero sí acumulan capacidades, distribución y productos capaces de convertirse en estándar.

El mensaje a la Generación Z y el cierre de una etapa en Microsoft

Hoffman también dedicó parte de la conversación al impacto laboral de la IA y a cómo los jóvenes deberían responder. Dijo incluso que ha pensado en escribir un ensayo sobre el error que cometen muchos graduados universitarios al abuchear o despreciar esta tecnología.

Su consejo a la Generación Z fue claro. Sostuvo que tienen la oportunidad de convertirse en “la generación IA” y entrar al mercado laboral con la capacidad de ayudar a las organizaciones a transformarse en entidades nativas de inteligencia artificial.

La recomendación contrasta con un entorno de datos poco alentador para trabajadores jóvenes. Goldman Sachs publicó en abril de 2026 un rastreador semirregular que encontró que la IA ya estaba eliminando aproximadamente 16.000 empleos netos por mes en Estados Unidos.

A comienzos de este mes, esa misma medición ubicó la cifra en 11.000 empleos netos mensuales. La Generación Z ha soportado una parte desproporcionada del golpe, ya que los puestos de conocimiento de nivel inicial figuran entre los más expuestos al desplazamiento.

Investigaciones separadas mostraron que el desempleo entre graduados subió de 3,6% en 2019 a 5,6% en 2026. Para mediados de 2026, además, el 35% de las ofertas de trabajo de entrada exigían al menos tres años de experiencia.

Otro dato citado indica que el 45% de las empresas usaban sistemas automatizados de descarte en etapas tempranas de contratación. En conjunto, esos números describen un mercado laboral más hostil para quienes intentan acceder a su primer empleo profesional.

Hoffman planteó una interpretación distinta del origen de ese dolor. Argumentó que buena parte del deterioro se atribuye de forma errónea a la IA, cuando en realidad influyen más la turbulencia global, la dificultad empresarial para planificar inversiones y la sobrecontratación ocurrida durante la pandemia.

También mencionó el experimento del trabajo remoto. Señaló que muchas compañías descubrieron que hacerlo funcionar de forma efectiva es bastante difícil, y que esa complejidad organizacional explica una parte del ajuste actual más que la automatización por sí sola.

Su receta, alineada con su libro Superagency, fue adoptar una mentalidad de agencia. Según esa visión, la IA debe entenderse como una herramienta, un compañero o un vehículo para navegar la carrera profesional, no como una amenaza totalizante.

En la parte final, Hoffman habló de su salida de la junta de Microsoft. Decidió no presentarse a la reelección, aunque seguirá hasta final de año, cerrando una etapa que incluyó facilitar la compra de LinkedIn, impulsar la adquisición de GitHub y ayudar a construir confianza entre Microsoft y OpenAI.

Dijo que prefiere ser fundador antes que figura de gobernanza. Aun así, aclaró que mantiene conversaciones de estrategia con Satya Nadella y que ambos hablaron por teléfono ese mismo día.

Su próximo foco será el descubrimiento de medicamentos con Manas AI, empresa que desarrolla junto a los cofundadores Ujjwal y Sid. Según explicó, la compañía ya está generando propuestas de moléculas pequeñas que sus químicos computacionales consideran genuinamente prometedoras.

Hoffman reveló además que el pitch deck de Manas AI la describe como “una fábrica de descubrimiento de fármacos de IA para crear monopolios”. Matizó que esa formulación es legalmente permisible porque la propiedad intelectual farmacéutica funciona como un monopolio sancionado por diseño.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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