Por Canuto  

Un pacto sin precedentes entre Estados Unidos y Japón para intervenir en el mercado del yen ha sacudido a los especuladores. Con apoyo explícito de Washington, Tokio lanzó compras masivas de yenes y el Banco de Japón aceleró su endurecimiento monetario. Este artículo revela los preparativos, las negociaciones secretas y las implicaciones para la política monetaria global.
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  • Estados Unidos y Japón coordinaron intervenciones conjuntas para frenar la caída del yen.
  • El secretario del Tesoro, Scott Bessent, mostró notas manuscritas sobre compras de yenes por miles de millones.
  • El Banco de Japón subió las tasas al 1% y los mercados anticipan otro aumento en septiembre.
  • La intervención se preparó durante meses con reuniones bilaterales y apoyo verbal de Washington.


La semana pasada, Estados Unidos y Japón ejecutaron una intervención conjunta en el mercado de divisas para frenar la especulación contra el yen, una acción inédita que marcó un giro en la política cambiaria global. El movimiento, coordinado con meses de anticipación, incluyó compras masivas de yenes y una comunicación agresiva del Banco de Japón sobre futuras subidas de tasas.

Según reportó Reuters, el pacto surgió tras una rara alineación de intereses entre Washington y Tokio. Para Japón, la debilidad de su moneda encareció las importaciones y dañó la popularidad del gobierno. Para Estados Unidos, un yen débil reducía la ventaja comercial de los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump.

Preparativos discretos y reuniones secretas

El apoyo de Estados Unidos a la intervención japonesa se consideró desde enero, cuando la Reserva Federal de Nueva York realizó chequeos de tasas para ayudar a Tokio a combatir las caídas del yen. Así lo reveló un funcionario del gobierno japonés con conocimiento de los preparativos.

La ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, reveló que mantuvo conversaciones regulares con el secretario del Tesoro, Scott Bessent. “Incluidas reuniones en línea, hemos hablado unas 10 veces sobre tipos de cambio”, declaró el lunes. Cuando Bessent visitó Japón en mayo, “hablamos durante tres horas y media, incluida la cena”, añadió.

Ese encuentro en Tokio se produjo tras una intervención japonesa que no logró revertir la tendencia bajista del yen. Katayama y Bessent acordaron “coordinar muy de cerca” en el intercambio de divisas. Esta cooperación sin precedentes fue vista como un nuevo capítulo en las relaciones económicas bilaterales.

Bessent, por su parte, afirmó que los fundamentos de Japón son “fuertes y resilientes, y eso se reflejará en el tipo de cambio”. También presionó por un aumento más rápido de las tasas del Banco de Japón (BOJ), señalando su preocupación por la inflación.

Un mes después, el BOJ subió las tasas al 1%, el nivel más alto en 31 años, en un paso histórico de normalización monetaria. Sin embargo, el movimiento no dio un impulso duradero al yen, ya que los costos reales de endeudamiento en Japón siguen siendo profundamente negativos.

El cambio de táctica de Japón

Con el yen en mínimos de cuatro décadas, el principal diplomático de divisas de Japón, Atsushi Mimura, decidió cambiar de estrategia. En lugar de emitir advertencias verbales diarias contra los especuladores, se centró en trabajar tras bambalinas con sus contrapartes estadounidenses.

Este enfoque más discreto mantuvo a los mercados adivinando sobre la posibilidad de intervención. Mimura, quien tiene la autoridad para decidir cuándo intervenir, eligió mantener un perfil bajo incluso durante la reunión en línea de Katayama y Bessent a finales de junio.

La necesidad de acción se intensificó en julio, cuando la preocupación sobre la política fiscal y monetaria de la primera ministra Sanae Takaichi llevó al yen a niveles mínimos recientes. Esto aumentó el costo de las importaciones y perjudicó la aprobación del gobierno.

El Tesoro de EE. UU. también estaba lidiando con la inflación creciente y los rendimientos del Tesoro, lo que aumentó el incentivo para apoyar a Tokio. El informe semestral de divisas del Tesoro del 24 de julio resonó con la advertencia japonesa contra la volatilidad excesiva del yen.

El informe se comprometió a continuar “consultas cercanas” con Japón sobre asuntos de tipo de cambio. Las reuniones de política de la Fed y del BOJ de la semana pasada se consideraron ventanas vulnerables, ya que los inversores se posicionaron según las señales sobre futuras subidas de tasas.

La intervención coordinada

La campaña de intervención fue coordinada estrechamente con el BOJ, según personas familiarizadas con el asunto. Mimura dio luz verde para comprar yenes por dólares la noche del 30 de julio, usando un altavoz con un puñado de personal del departamento de divisas.

El movimiento fortaleció el yen de inmediato, desde 162.80 hasta 157.80 por dólar. Cuando uno de los empleados le informó que el yen volvía a caer hacia 158, Mimura respondió: “Sí, reunámonos mañana”. Posteriormente, el viernes, se produjo otra intervención, esta vez con acompañamiento de Washington.

El Tesoro de EE. UU. informó a varios bancos que podría intervenir en el mercado del yen y que debían “estar listos para futuras acciones”, según una fuente. Bessent tenía un bloc de notas en una reunión del gabinete con la frase “Por hacer”, seguida de “Comprar yen japonés (JPY) $5-10 mil millones”, mostró una foto de Reuters.

La coordinación fue visible en las declaraciones públicas. Bessent dijo en una publicación en X: “Apoyamos firmemente los decisivos pasos de mercado y monetarios de Japón para corregir la sustancial subvaluación del yen”. También enfatizó su apoyo a tasas más altas del BOJ.

Mimura, por su parte, afirmó que el gobierno alineará su política de divisas con la política monetaria del BOJ para abordar la debilidad del yen. Esta postura fue interpretada como una señal de que un aumento de tasas podría llegar pronto.

El papel del Banco de Japón

La comunicación del BOJ la semana pasada fue la más agresiva hasta la fecha. En su conferencia de prensa, el gobernador Kazuo Ueda leyó cuidadosamente un guion preparado y enfatizó la necesidad de vigilancia “más que nunca” contra los riesgos de precios al alza.

Los analistas interpretaron estas palabras como una confirmación casi explícita de una subida de tasas en septiembre. La referencia a la línea del informe del Tesoro estadounidense, que decía que “la normalización monetaria ayudaría a reducir la volatilidad excesiva del tipo de cambio”, fue crucial.

Bessent también anunció que se reuniría con Ueda en una reunión de líderes de finanzas del G20 a finales de agosto, antes de la próxima reunión del BOJ del 17 y 18 de septiembre. Este anuncio aumentó las expectativas del mercado sobre un movimiento inminente.

Los mercados ahora ven la reunión de septiembre como activa. Yuki Kimura, estratega de bonos en Okasan Securities, dijo: “Dado que Japón se movió para prevenir caídas del yen con la cooperación de EE. UU., hay una pregunta de si el BOJ puede permitirse el lujo de abstenerse de aumentar tasas en septiembre”.

Naomi Muguruma, estratega principal de bonos en Mitsubishi UFJ Morgan Stanley Securities, considera un aumento en septiembre casi seguro. “La intervención solo tiene un efecto temporal en la desaceleración de los movimientos de la moneda. Es probable que se necesiten aumentos de tasas más rápidos para establecer un piso duradero en el yen”, señaló.

Muguruma añadió: “Siento que un aumento de tasas en septiembre es un hecho. No tendría sentido que el BOJ esperara hasta octubre y causara otra ronda de caídas del yen”. Estas declaraciones reflejan la creciente presión sobre el banco central para actuar.

Implicaciones para los mercados globales

La intervención conjunta marca un precedente significativo en la política cambiaria. Históricamente, Estados Unidos se había mostrado reacio a apoyar intervenciones en el mercado de divisas, considerándolas una distorsión del libre mercado. Sin embargo, la actual administración parece dispuesta a usar todos los medios para mantener la competitividad comercial.

El pacto también podría influir en las decisiones de otros bancos centrales, especialmente en economías con monedas débiles. La coordinación entre el Tesoro y el BOJ envía una señal de que las grandes potencias están dispuestas a tomar medidas contundentes contra los especuladores.

Para los inversores, la noticia subraya la importancia de vigilar de cerca las declaraciones de los funcionarios y las reuniones del G20. El mercado de divisas, ya volátil, podría enfrentar más intervenciones si el yen muestra debilidad renovada.

Además, el aumento de tasas del BOJ podría tener efectos en los mercados de bonos japoneses y en el carry trade, un mecanismo que había sido fuente de presión para el yen. Si el banco central acelera su endurecimiento, podría revertir por completo la tendencia de depreciación.

Todo apunta a que la cooperación entre EE. UU. y Japón no es un evento aislado, sino parte de una estrategia más amplia para estabilizar los mercados en un contexto de tensiones comerciales y deuda global. La próxima reunión del G20 será clave para entender los próximos pasos.

En resumen, el pacto representa un cambio de era en la política monetaria internacional. Con el apoyo de Washington, Tokio ha logrado algo que no había conseguido en años: poner un piso temporal al yen mientras se prepara un aumento de tasas más agresivo.

La atención ahora se centra en el BOJ y en las señales que dará Ueda en los próximos días. Si cumple con las expectativas, el yen podría encontrar un equilibrio más sólido. Si no, los especuladores podrían volver a la carga.


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