La larga disputa entre Elon Musk y Sam Altman entra en su fase más decisiva. El juicio por la transformación de OpenAI y su giro hacia una estructura con fines de lucro podría redefinir responsabilidades, gobernanza y poder dentro del negocio de la inteligencia artificial.
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- El juicio entre Elon Musk y Sam Altman comienza el lunes en Oakland con la selección del jurado.
- Musk reclama hasta USD $134.000 millones y acusa a OpenAI de traicionar su promesa de operar sin fines de lucro.
- El caso coincide con planes de mercado de alto perfil para SpaceX y con una posible salida a bolsa de OpenAI.
La batalla legal entre Elon Musk y Sam Altman entra en una etapa decisiva la próxima semana, cuando ambas partes comparezcan en un tribunal federal del norte de California. El caso enfrenta a dos de las figuras más influyentes del sector tecnológico y gira en torno a una pregunta central: si OpenAI incumplió su misión original al evolucionar hacia una estructura capaz de generar beneficios.
La disputa no solo importa por el peso de los protagonistas. También llega en un momento en que la inteligencia artificial (IA) concentra capital, poder corporativo y atención regulatoria, mientras compañías privadas buscan nuevas rondas de financiación y eventuales debuts bursátiles. En ese contexto, el juicio podría influir en la forma en que inversores, reguladores y el público interpretan la gobernanza de los laboratorios de IA.
Según informó CNBC, la selección del jurado en el caso Musk v. Altman comenzará el lunes en Oakland, al otro lado del Bay Bridge desde San Francisco, donde OpenAI tiene su sede. Musk sostiene en su demanda que OpenAI, Altman y el presidente de la compañía, Greg Brockman, violaron la promesa de mantener al laboratorio como una organización sin fines de lucro de forma permanente.
En esa demanda, el empresario reclama hasta USD $134.000 millones. También pide que el tribunal ordene devolver todas las supuestas “ganancias mal habidas” a la organización sin fines de lucro de OpenAI, no a él personalmente. Además, busca la remoción de Altman y Brockman de sus cargos y que se revierta la conversión y reestructuración con fines de lucro de OpenAI.
Una alianza fundacional que terminó en rivalidad abierta
Musk y Altman no siempre fueron adversarios. Ambos formaron parte del grupo de tecnólogos que fundó OpenAI en 2015, impulsados por la preocupación común sobre el poder potencial de la inteligencia artificial y por la idea de desarrollarla en beneficio de la humanidad.
Esa relación se deterioró con el paso de los años. La disputa se remonta a 2018, cuando Musk dejó la junta directiva de OpenAI luego de desacuerdos con Altman y Brockman sobre el rumbo de la empresa. Entre esos desacuerdos figuró un intento fallido de fusionar la startup con Tesla, según el reporte.
Tras la salida de Musk, OpenAI estableció una subsidiaria con fines de lucro, una estructura que le permitió captar capital externo con mayor facilidad. Esa transición se convirtió en el corazón del conflicto actual, porque Musk alega que fue “manipulado diligentemente” y “engañado” por promesas de que la compañía seguiría un camino más seguro y abierto que el de los gigantes tecnológicos guiados por la rentabilidad.
La rivalidad empresarial se agudizó aún más cuando Musk lanzó xAI en 2023 como competidor directo de OpenAI. Más recientemente, xAI fue fusionada con SpaceX en un acuerdo que valora a la entidad combinada en USD $1,25 billones, lo que elevó todavía más el nivel de la confrontación entre ambos bandos.
Lo que OpenAI, Microsoft y Musk se juegan en tribunales
El proceso judicial llega en un momento especialmente delicado para las compañías involucradas. Musk se prepara para sacar a bolsa a SpaceX en lo que podría convertirse en una oferta pública inicial récord. OpenAI, por su parte, apunta a un posible debut bursátil en el cuarto trimestre del año, mientras sigue fortaleciendo su posición en el mercado de IA.
OpenAI ya reconoció ante potenciales inversores que el litigio con Musk representa un riesgo para su negocio. En documentos distribuidos a comienzos de año, la startup incluyó el pleito como uno de los factores que podrían afectar su desempeño, una señal de que el caso no es solo una disputa personal o ideológica, sino también un frente con consecuencias financieras y corporativas concretas.
La empresa ha rechazado repetidamente las acusaciones. A comienzos de abril describió la demanda de Musk como “infundada” y la calificó como una “campaña de acoso impulsada por el ego, los celos y el deseo de frenar a un competidor”. En paralelo, el cruce verbal entre Musk y Altman ha escalado durante meses en declaraciones públicas.
Musk escribió en agosto que “Scam Altman miente tan fácilmente como respira”. Altman respondió en febrero que estaba “muy emocionado por interrogar a Elon bajo juramento en unos meses” y remató con la frase “¡Navidad en abril!”. Ese tono muestra hasta qué punto el choque entre ambos ha dejado de ser solo estratégico para convertirse también en una enemistad pública de alto perfil.
Microsoft también figura como demandado en el caso. Los abogados de Musk la acusan de ayudar e instigar la supuesta conducta indebida de OpenAI. La relación entre OpenAI y Microsoft ha sido central en la expansión comercial del laboratorio, por lo que el caso añade presión adicional sobre una de las alianzas más importantes del sector tecnológico.
Un expediente que cambió con el tiempo
El alcance de la demanda se ha ido estrechando en los últimos meses. De las 26 reclamaciones que Musk presentó en noviembre de 2024 contra OpenAI, Altman y Brockman, solo cuatro permanecen activas: enriquecimiento injusto, fraude, fraude implícito y violación de fideicomiso benéfico.
Sin embargo, incluso ese grupo podría reducirse antes del juicio. Los abogados de Musk buscan desestimar dos de esas reclamaciones, fraude y fraude implícito, con el argumento de “agilizar el caso”. OpenAI respondió el miércoles señalando que las maniobras del equipo legal de Musk constituyen “tácticas evasivas”.
En una presentación judicial reciente, los abogados de OpenAI afirmaron que el juicio comienza en cinco días pero que el demandante todavía se niega a aclarar con precisión qué reclamaciones seguirá persiguiendo y qué remedios solicitará. Ese detalle refleja una de las complejidades del proceso: no solo se juzga lo ocurrido en OpenAI, sino también la consistencia del planteamiento legal de Musk.
Además, este no es el único litigio que Musk mantiene contra OpenAI. En 2025, la red social X, junto con xAI, demandó a OpenAI y Apple por presunto comportamiento anticompetitivo. Una audiencia de ese caso está programada para mayo en Texas. Por otra parte, en febrero un juez federal en California desestimó una demanda separada de xAI que acusaba a OpenAI de robar secretos comerciales.
Cómo se desarrollará el juicio
La jueza Yvonne Gonzalez Rogers, nombrada en 2011 para el Tribunal para el Distrito Norte de California, supervisará el caso. Se trata de una magistrada con experiencia en disputas tecnológicas de alto perfil, incluido el proceso antimonopolio entre Epic Games y Apple.
El jurado estará compuesto por nueve personas y no habrá suplentes. La jueza decidió dividir el juicio en dos partes. Primero se desarrollará una fase de responsabilidad, destinada a determinar si existió alguna conducta irregular. Luego vendrá una fase de remedios, en la que se evaluarán daños y posibles medidas correctivas.
El papel del jurado será limitado a la fase de responsabilidad, y su veredicto tendrá carácter consultivo. Eso significa que Gonzalez Rogers conservará la decisión final tanto en esa etapa como en la fase de remedios. Si se determina responsabilidad, los argumentos sobre medidas y daños comenzarían el 18 de mayo.
La fase de responsabilidad se espera hasta mediados de mayo. El tribunal sesionará de lunes a jueves entre las 8:30 a. m. y la 1:40 p. m., hora del Pacífico. Tras la selección del jurado, se abrirá espacio para los alegatos iniciales.
La jueza concedió unas 20 horas por lado a los abogados de Musk y de OpenAI para presentar sus argumentos. Microsoft contará con cinco horas, de acuerdo con las presentaciones judiciales. Entre los posibles testigos aparecen el propio Musk, Altman, Brockman y el CEO de Microsoft, Satya Nadella.
Gonzalez Rogers también advirtió sobre un punto procesal clave. Si el jurado concluye que Musk no presentó su acción dentro del plazo de prescripción, es muy probable que el tribunal adopte esa conclusión y falle a favor de los demandados. Ese factor podría definir el destino del caso incluso antes de entrar a valorar a fondo las acusaciones sobre la misión original de OpenAI.
El trasfondo corporativo de OpenAI
OpenAI exploró brevemente en 2024 la posibilidad de transformarse por completo en una empresa con fines de lucro. Ese plan habría quitado el control a la organización sin fines de lucro y la habría dejado como un brazo separado. Sin embargo, la compañía revirtió esa idea tras enfrentar presión de líderes cívicos y exempleados, entre ellos Musk.
Más adelante, en octubre, completó una recapitalización que consolidó su estructura como una organización sin fines de lucro con una participación de control en su negocio con fines de lucro. Ese antecedente será observado de cerca durante el juicio, porque constituye parte del esfuerzo de OpenAI por mostrar que no abandonó del todo su marco fundacional.
Hoy la empresa está valorada en más de USD $850.000 millones, una cifra que ayuda a explicar por qué el caso despierta tanta atención en Silicon Valley y en los mercados. No se trata solo de una discusión sobre principios. También es una disputa sobre control, legitimidad y acceso a uno de los negocios más valiosos de la economía digital.
Para el ecosistema tecnológico, el proceso ofrece una señal importante. A medida que más laboratorios de IA combinan ideales fundacionales con necesidades de capital, la tensión entre misión pública y expansión comercial se vuelve cada vez más visible. El juicio entre Musk y Altman pone esa tensión en el centro del escenario.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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