Por Canuto  

Morgan Stanley y Goldman Sachs advierten que una prohibición estadounidense a las exportaciones de diésel podría generar el efecto contrario al buscado: reducir la producción de las refinerías y encarecer la gasolina. La medida, respaldada por Donald Trump, divide a su administración mientras los combustibles alcanzan precios récord en medio de la guerra en Irán.
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  • Morgan Stanley calcula que las refinerías podrían reducir su actividad en unos 2 millones de barriles diarios.
  • La producción estadounidense de gasolina podría caer en aproximadamente 650.000 barriles diarios bajo una prohibición.
  • Europa aparece como la región más expuesta, mientras funcionarios de energía discrepan sobre la medida.


Una eventual prohibición estadounidense a las exportaciones de diésel podría terminar encareciendo la gasolina, aunque el objetivo inicial de la medida sería aliviar el costo de los combustibles. Morgan Stanley advirtió que las refinerías tendrían incentivos para reducir su actividad si el diésel se queda en el mercado interno, una reacción que también disminuiría la disponibilidad de gasolina. Goldman Sachs llegó a una conclusión similar al analizar las consecuencias de la propuesta que evalúa la administración de Donald Trump.

El debate ocurre mientras los precios de los combustibles registran fuertes avances en Estados Unidos. El diésel alcanzó USD $6,52 por galón el martes, un máximo histórico, mientras que la gasolina promedió cerca de USD $4,47 el 24 de septiembre, frente a USD $2,98 el 26 de febrero. Entre los factores señalados para explicar la presión aparecen la guerra en Irán y las disrupciones derivadas de los ataques ucranianos contra refinerías rusas, aunque la evolución de los precios no puede atribuirse a un único motivo confirmado.

El salto de los combustibles pone presión sobre Washington

Los datos de la Asociación Estadounidense del Automóvil, citados por Bloomberg, muestran que el diésel aumentó 74% desde el 27 de febrero, la víspera del inicio de la guerra en Irán. El avance ha golpeado a transportistas, empresas agrícolas y otros consumidores que dependen de este combustible, mientras el precio de la gasolina también se aleja de los niveles observados antes del conflicto. La diferencia entre ambos mercados mantiene la presión política sobre la Casa Blanca.

La gasolina registró un incremento aproximado de 50% entre el 26 de febrero y el 24 de septiembre, al pasar de USD $2,98 a unos USD $4,47 por galón. Aunque el diésel concentra el mayor aumento porcentual, el encarecimiento de la gasolina afecta directamente a los conductores y eleva los costos de movilidad para los hogares. En ese contexto, cualquier anuncio sobre exportaciones puede tener consecuencias inmediatas para las expectativas del mercado.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo el martes que el gobierno estudia si bloquear las ventas externas de diésel podría ofrecer alivio dentro del país. Según explicó, las autoridades analizan tanto la capacidad general de refinación como la conveniencia de aplicar una prohibición total o parcial, de modo que todavía no existe una decisión definitiva sobre el diseño de la política.

Trump ha expresado su respaldo a una prohibición de las exportaciones, pero la propuesta no cuenta con consenso dentro de su propio equipo. El secretario del Interior, Doug Burgum, y el secretario de Energía, Chris Wright, se han manifestado en contra de la medida, una división que refleja la dificultad de intervenir en un mercado donde los combustibles se producen conjuntamente.

Por qué el diésel podría arrastrar a la gasolina

Los analistas de Morgan Stanley, incluido Martijn Rats, señalaron que la intervención podría producir un resultado contrario al esperado. En una nota del 23 de septiembre, explicaron que el almacenamiento nacional podría llenarse en cuestión de semanas si el diésel exportable queda dentro de Estados Unidos, obligando a las refinerías a reducir su producción para evitar una acumulación excesiva.

El banco estima que las refinerías estadounidenses podrían recortar aproximadamente 2 millones de barriles diarios bajo una prohibición. Incluso si los procesadores intentaran orientar una mayor parte de su producción hacia la gasolina, el resultado neto sería una caída de unos 650.000 barriles diarios en la producción de ese combustible, debido a la menor actividad total de las plantas.

La razón está en la forma en que operan las refinerías: la gasolina y el diésel suelen salir juntos de un mismo proceso, aunque existe cierto margen para modificar las proporciones. Si el precio del diésel interno cae por el exceso de oferta, las empresas tendrían menos incentivos para mantener sus instalaciones funcionando a plena capacidad, y esa decisión reduciría también el suministro de gasolina.

La consecuencia probable sería una disminución del precio del diésel dentro de Estados Unidos, acompañada por un aumento de los costos en los mercados extranjeros. Morgan Stanley identificó a Europa como la región con mayor exposición, porque una menor disponibilidad de diésel estadounidense podría intensificar la competencia por cargamentos alternativos y elevar los precios fuera del país.

Goldman Sachs advierte sobre el mismo efecto

Goldman Sachs emitió una advertencia parecida mientras el gobierno analiza las restricciones. Daan Struyven, copresidente de investigación de materias primas del banco, sostuvo en Bloomberg Television que un diésel más barato reduciría el atractivo económico de producir, porque las refinerías no tendrían la misma posibilidad de colocar el combustible en mercados internacionales.

Struyven explicó que la gasolina y el diésel se producen habitualmente como un paquete, con una flexibilidad limitada para cambiar la mezcla. Por eso, una reducción en la actividad de las refinerías podría traducirse en una menor disponibilidad de gasolina, incluso si la regulación se presenta como una respuesta dirigida exclusivamente al diésel.

El analista también señaló que los detalles de la política serían determinantes para su impacto. Una prohibición total, una cuota de exportación o un sistema con incentivos para mantener operativas las refinerías producirían resultados distintos, por lo que el efecto sobre los precios dependerá tanto del objetivo anunciado como de los mecanismos utilizados para alcanzarlo.

La administración todavía debe resolver si la medida sería viable desde el punto de vista de la capacidad de refinación y si realmente aliviaría a los consumidores. Mientras el debate continúa, Morgan Stanley no considera la prohibición su escenario base, aunque espera que los precios del petróleo permanezcan volátiles, particularmente por la incertidumbre geopolítica y las posibles decisiones regulatorias.

Una decisión con consecuencias dentro y fuera de EE. UU.

La propuesta también se inserta en un mercado internacional alterado por la guerra en Irán y por los ataques de Ucrania contra refinerías rusas. CNBC informó que esas ofensivas llevaron a Moscú a imponer su propia prohibición sobre las exportaciones de diésel, restringiendo aún más la oferta disponible para compradores internacionales y aumentando la sensibilidad de los precios ante nuevas interrupciones.

Para Estados Unidos, el desafío consiste en equilibrar el alivio inmediato para quienes compran diésel con la necesidad de conservar una producción suficiente de gasolina. Una política que reduzca el precio de un combustible, pero disminuya la oferta del otro, podría trasladar el problema de una bomba a otra sin resolver la presión general sobre los consumidores.

La exposición europea añade una dimensión comercial al debate, ya que los compradores de esa región podrían competir por suministros alternativos si desaparecen parte de los cargamentos estadounidenses. Ese desplazamiento puede elevar los costos internacionales, aunque el efecto final dependerá de la duración de la restricción, del volumen afectado y de la respuesta de otros productores.

Por ahora, Trump respalda la idea, Bessent confirma que el gobierno estudia su viabilidad y Burgum junto con Wright expresan su oposición. La diferencia entre esas posiciones muestra que la decisión aún se encuentra en fase de evaluación, mientras los mercados intentan anticipar si Washington elegirá una prohibición total, una cuota o algún mecanismo de incentivo para preservar la operación de las refinerías.

La advertencia central de los bancos de inversión es que intervenir en una cadena integrada puede desencadenar efectos inesperados. Si las refinerías reducen su actividad para afrontar un exceso de diésel, los conductores estadounidenses podrían terminar pagando más por la gasolina, precisamente el resultado que la política buscaría evitar.


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