Una nueva demanda acusa a Meta de enviar imágenes y audios captados por sus gafas inteligentes a contratistas que podían revisarlos y etiquetarlos para desarrollar sistemas de inteligencia artificial. El caso también incorpora a transeúntes que nunca compraron el dispositivo y cuestiona si las promesas de privacidad de la compañía describen realmente el destino de esos datos.
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- La demanda enmendada incluye a personas grabadas por las gafas sin haberlas comprado ni utilizado.
- Los abogados alegan que imágenes y audios pudieron llegar a contratistas externos para revisión y entrenamiento de IA.
- Meta rechaza las acusaciones y afirma que filtra los datos para eliminar información identificable.
🚨 Meta enfrenta demanda por privacidad por sus gafas inteligentes
Incluye a transeúntes que nunca compraron ni usaron el dispositivo.
Alega que imágenes y audios pudieron llegar a contratistas para entrenar IA.
Meta rechaza las acusaciones y afirma filtrar datos… pic.twitter.com/PBGQGpckPP
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 4, 2026
Meta enfrenta una nueva disputa por privacidad relacionada con sus gafas inteligentes con funciones de inteligencia artificial, poco después de acordar pagar hasta USD 18.000 millones durante la próxima década como parte de un acuerdo sobre seguridad infantil. Una demanda sostiene que la compañía convirtió imágenes captadas mediante esos dispositivos en material potencialmente útil para entrenar sus sistemas de IA, sin explicar de forma suficiente cómo se manejaban las grabaciones. El litigio se desarrolla en un tribunal federal de California y las acusaciones todavía no han sido probadas, indica Fortune.
El caso comenzó con una demanda presentada en marzo y creció el 31 de agosto, cuando los demandantes entregaron una versión enmendada. Esa nueva presentación amplió el grupo involucrado para incluir a personas que nunca compraron ni usaron las gafas, pero que pudieron ser grabadas por ellas sin saberlo. La controversia pone en el centro la distancia entre las promesas comerciales de control sobre los datos y el uso de imágenes, audios e interacciones para mejorar productos de IA.
Una demanda que amplía el alcance de la privacidad
La demanda original cuestionó que Meta promocionara sus gafas como dispositivos diseñados para la privacidad y controlados por el usuario. Según los abogados, cuando una persona activa las funciones de IA, el hardware puede transmitir imágenes y audio a los servidores de la compañía para analizarlos, mientras que esos datos podrían terminar utilizándose en el entrenamiento de modelos. La disputa no se limita a lo que acepta el propietario del dispositivo, sino que examina también los derechos de quienes aparecen en el campo de visión de las cámaras.
La demanda enmendada sostiene que un transeúnte no necesariamente otorga un consentimiento amplio por advertir la presencia de las gafas o aceptar una grabación concreta. Los abogados argumentan que esa persona no habría autorizado la recopilación masiva, el almacenamiento, la explotación ni la inspección visual de sus datos, especialmente cuando el material puede ser revisado por trabajadores en el extranjero. El planteamiento busca convertir a los no compradores y no usuarios en una parte central del litigio, porque pueden quedar registrados sin haber elegido participar en el sistema.
Ryan Clarkson, fundador y socio director de Clarkson Law Firm y abogado coprincipal del caso, describió el conflicto como parte de una presión empresarial para obtener cada vez más señales y contenido con los que mejorar la IA. En declaraciones recogidas por Fortune, Clarkson afirmó que las grandes corporaciones buscan más grabaciones para introducirlas en sus sistemas, una práctica que comparó con alimentar a una bestia. Su crítica conecta el caso específico de Meta con una preocupación más amplia sobre el poder, el dinero y la velocidad de la competencia tecnológica.
El abogado también calificó la combinación de hardware y software como una posible economía de vigilancia, en la que las empresas tecnológicas compiten por capturar información del mundo físico. Desde esa perspectiva, unas gafas con cámaras y micrófonos no solo facilitan consultas sobre objetos o lugares, sino que pueden convertir escenas cotidianas en insumos para servicios automatizados. La demanda intenta determinar si las garantías de privacidad comunicadas al público describieron de manera completa ese flujo de información y los posibles usos posteriores.
Qué captan las gafas y quién podría revisarlo
Las gafas de Meta combinan cámaras y micrófonos con funciones que permiten hacer preguntas sobre lo que observa el usuario, identificar objetos y lugares, traducir información y tomar fotografías o videos sin utilizar las manos. El sitio web del producto indica que un LED de captura se ilumina cuando la cámara está grabando, mientras que el usuario puede administrar o eliminar fotografías, videos e interacciones de voz mediante el software de la compañía. Para los demandantes, sin embargo, esos controles individuales no resuelven lo que ocurre con las personas que aparecen en las grabaciones.
La acusación sostiene que, al utilizar Meta AI, determinados datos pueden viajar a los servidores de Meta para ser procesados y eventualmente contribuir al desarrollo de sus modelos. El argumento no afirma que cada grabación se utilice automáticamente con ese propósito, sino que cuestiona si la empresa informó con claridad suficiente sobre esas posibilidades. También plantea dudas sobre la intervención de terceros que podrían acceder al material para etiquetarlo o revisarlo durante procesos de mejora de los sistemas.
Las alegaciones cobraron fuerza después de una investigación publicada en febrero de 2026 por los periódicos suecos Svenska Dagbladet y Göteborgs-Posten. Ese trabajo incluyó entrevistas con trabajadores de Sama, una empresa de subcontratación con sede en Kenia que realizaba tareas de anotación de datos para Meta. Según los reportes citados en la demanda, algunos empleados describieron la revisión de imágenes captadas por gafas Ray-Ban Meta, incluidas escenas con contenido altamente íntimo.
La investigación mencionada por los demandantes afirmó que el material podía mostrar a personas cambiándose de ropa, utilizando baños o realizando actividades íntimas, además de exponer información financiera y otros datos personales visibles. La demanda original utilizó esos reportes para argumentar que la publicidad centrada en la privacidad no revelaba la existencia de una revisión humana. También alegó que algunos trabajadores pudieron observar rostros identificables, pese a las supuestas medidas de anonimización aplicadas por Meta.
La respuesta de Meta y lo que sigue
Meta rechazó las acusaciones y adelantó que las combatirá en el proceso judicial. Un portavoz de la compañía declaró que las gafas permiten utilizar la IA sin manos para responder preguntas sobre el mundo que rodea al usuario, y sostuvo que los datos pueden revisarse para mejorar los productos y las experiencias de las personas, de una manera similar a la de otras empresas. La respuesta no elimina el conflicto, pero establece la posición de la compañía frente a la interpretación de los demandantes.
El portavoz añadió que Meta adopta medidas para filtrar los datos, eliminar información identificable y proteger la privacidad de las personas. Esa afirmación será relevante para el caso, porque una de las controversias consiste en determinar si las salvaguardas anunciadas funcionan como la empresa sostiene y si fueron comunicadas con suficiente claridad. También deberá examinarse qué tipo de datos se transmiten, quién puede acceder a ellos y con qué finalidad concreta se conservan o procesan.
La disputa refleja un reto particular de los dispositivos que conectan el entorno físico con sistemas de IA. A diferencia de una aplicación que recibe información introducida directamente por su usuario, unas gafas pueden registrar a terceros que no conocen sus capacidades, no pueden consultar sus políticas de datos y quizá ni siquiera advierten que una cámara está activa. Por eso, el desenlace podría influir en la discusión sobre consentimiento, señalización visible, revisión humana y entrenamiento de modelos con información obtenida en espacios cotidianos.
Por ahora, el litigio continúa y ninguna de las acusaciones ha sido confirmada por un tribunal. El caso seguirá dependiendo de la evidencia sobre las prácticas de Meta, el alcance de sus avisos de privacidad y la relación entre las grabaciones, los contratistas externos y el desarrollo de sus sistemas de inteligencia artificial. Mientras tanto, la controversia vuelve a plantear una pregunta decisiva para la expansión de estos dispositivos: quién conserva el control de una imagen cuando la cámara pertenece a una persona, pero el encuadre incluye a muchas otras.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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