Por Canuto  

El mercado de bonos de Estados Unidos empezó a reescribir sus expectativas sobre la Reserva Federal tras la llegada de Kevin Warsh. Con la inflación repuntando por la guerra con Irán, una economía todavía firme y el impulso inversor en IA, los operadores ya descuentan como casi seguro un aumento de tasas antes de que termine 2026.
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  • Los operadores pasaron de apostar por recortes de tasas a ver prácticamente segura una subida para diciembre.
  • El rendimiento del Tesoro a 2 años subió a 4,14%, mientras el de 30 años tocó brevemente 5,2%, nivel no visto desde 2007.
  • Christopher Waller afirmó que el próximo movimiento de la Fed ahora tiene la misma probabilidad de ser una subida.


El mercado de bonos de Estados Unidos comenzó a perfilar lo que algunos operadores ya describen como la era Kevin Warsh en la Reserva Federal. La expectativa dominante no es un giro inmediato hacia tasas más bajas, sino la posibilidad de que el nuevo presidente del banco central priorice la credibilidad antiinflacionaria por encima de la presión política para abaratar el crédito.

Según reportó Bloomberg, ese cambio de lectura se consolidó mientras la guerra con Irán alimenta el mayor repunte inflacionario desde 2023. En ese contexto, los inversores descuentan como prácticamente seguro que la Fed empiece a subir las tasas para diciembre, una reversión marcada frente a lo que se esperaba apenas tres meses atrás.

El viraje del mercado es relevante porque, hasta hace poco, predominaba la idea de recortes más profundos. Ahora, la combinación de turbulencia geopolítica en Oriente Medio, una economía estadounidense resiliente y un fuerte ciclo de inversión en inteligencia artificial ha reforzado el temor de que la inflación permanezca por encima del objetivo de 2% durante más tiempo.

Para los lectores menos familiarizados con este mercado, los bonos del Tesoro funcionan como uno de los principales termómetros de las expectativas monetarias. Cuando sus rendimientos suben con fuerza, suele reflejar que los inversores creen que las tasas oficiales podrían mantenerse altas o incluso aumentar.

Los rendimientos muestran el cambio de narrativa

Durante una semana marcada por alta volatilidad, los rendimientos de los bonos del Tesoro a 2 años, que suelen reaccionar con especial sensibilidad a la política de la Fed, escalaron hasta 4,14% el viernes. Ese nivel representa el más alto en más de un año y se ubicó casi 40 puntos básicos por encima del extremo superior del rango objetivo de la tasa de referencia del banco central.

El tramo largo de la curva también reflejó tensión. Los rendimientos a 30 años llegaron brevemente a 5,2% la semana pasada, una cota vista por última vez en 2007, antes de retroceder a 5,06%.

Ese comportamiento sugiere que el mercado no solo teme una respuesta más dura de la Fed en el corto plazo. También revela dudas sobre cuánto tiempo podría persistir un entorno de inflación elevada y costos financieros restrictivos en la economía de Estados Unidos.

En términos prácticos, un aumento de estos rendimientos encarece el financiamiento para hogares, empresas y para el propio gobierno. Por eso, el movimiento es seguido de cerca por participantes de otros mercados, incluidos acciones, divisas, materias primas y activos de riesgo vinculados al ecosistema cripto.

Warsh asume con una Fed menos inclinada a flexibilizar

La llegada de Warsh coincide con un momento en el que más funcionarios de la Reserva Federal parecen abandonar el sesgo hacia la flexibilización monetaria. Ese cambio de tono se volvió más visible con las declaraciones recientes del gobernador Christopher Waller, designado por Donald Trump.

Waller, que a comienzos de año había defendido recortes de tasas para proteger al mercado laboral, dijo el viernes que el próximo movimiento de la Fed ahora tiene la misma probabilidad de ser una subida. Esa afirmación reforzó la sensación de que el piso político e institucional para mantener una postura dura frente a la inflación está aumentando.

También está previsto que varios responsables de política monetaria hablen esta semana. Entre ellos figuran el vicepresidente Philip Jefferson y el presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, cuyas intervenciones podrían ofrecer pistas sobre cómo se está reordenando el consenso dentro del banco central.

Cuando Warsh juró el cargo el viernes, Trump, quien ha presionado repetidamente a la Fed para que reduzca los costos de endeudamiento, afirmó que quiere que Warsh dirija el banco central de manera independiente. Esa declaración fue observada con atención por los operadores, dado el historial de críticas públicas del presidente hacia la institución.

Qué están viendo ahora los inversores

Algunos gestores empiezan a detectar valor en los bonos del Tesoro de corto plazo precisamente porque los rendimientos ya subieron y el mercado ha incorporado un escenario más agresivo. Esa visión no implica que todos esperen una subida inmediata, sino que el ajuste en precios podría haber avanzado más rápido que la propia reacción final de la Fed.

Entre quienes expresaron esa postura está Chitrang Purani, gestor de cartera en Capital Group. El ejecutivo señaló que, aunque el umbral para una subida sigue siendo razonablemente alto, Warsh y la Fed podrían preferir actuar con paciencia antes de dar el siguiente paso.

Purani dijo: “Sí creo que el umbral para subir las tasas sigue siendo razonablemente alto porque esta Fed y Warsh quizá quieran ser un poco más pacientes antes de dar ese siguiente paso para comprender plenamente cómo la inflación se está trasladando a los mercados laborales y a las condiciones financieras”.

También añadió: “Personalmente no creo que la función de reacción de la Fed ante los datos económicos vaya a ser materialmente diferente bajo Warsh de lo que fue en el pasado”. Su lectura apunta a continuidad metodológica, incluso si el mercado intenta descifrar un nuevo liderazgo al frente del banco central.

La semana clave para datos, discursos y subastas

Además de las señales procedentes de los funcionarios de la Fed, el mercado de bonos vigilará esta semana varias subastas de deuda del Tesoro. Están programadas emisiones de notas a 2, 5 y 7 años, que servirán para medir con mayor claridad cuál es el apetito de los inversores en medio del nuevo contexto inflacionario y monetario.

En el frente macroeconómico, la agenda incluye una batería de indicadores que podrían alterar nuevamente las apuestas sobre tasas. Entre ellos se encuentran el índice de actividad nacional de la Fed de Chicago, la confianza del consumidor del Conference Board y los indicadores manufactureros de Dallas y Richmond.

La atención será especialmente alta el 28 de mayo, cuando se publicarán ingreso y gasto personal, el índice de precios PCE, solicitudes iniciales de subsidio por desempleo, órdenes de bienes duraderos, la segunda lectura anualizada del PIB trimestral, ventas de viviendas nuevas y permisos de construcción. Ese mismo calendario corrige la fecha del dato de ADP weekly employment change, ubicado el 27 de mayo.

En paralelo, habrá presentaciones de Neel Kashkari, Lorie Logan, Lisa Cook, Philip Jefferson, Austan Goolsbee, John Williams, Alberto Musalem, Tom Barkin, Mary Daly, Jeff Schmid, Michelle Bowman y Anna Paulson. Para un mercado tan sensible al lenguaje de la Fed, cualquier matiz en torno a inflación, empleo o condiciones financieras podría mover con fuerza los rendimientos.

Para los mercados financieros en general, la lectura es clara. La llegada de Warsh no ha sido interpretada como una garantía de tasas más bajas, sino como el inicio de una etapa en la que la credibilidad antiinflacionaria vuelve a pesar con fuerza. En un entorno de guerra, presión sobre precios y euforia inversora ligada a la IA, esa combinación podría seguir dominando la conversación monetaria durante los próximos meses.


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