Por Canuto  

Las mujeres superaron nuevamente a los hombres en el número de empleos de nómina en Estados Unidos, pero la ventaja cuantitativa convive con una brecha salarial que aparece desde el primer sueldo y se profundiza con la maternidad, la edad y la concentración en sectores peor pagados.
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  • Las mujeres ocuparon más empleos de nómina que los hombres por tercera vez en la historia de Estados Unidos, sin que mediara una recesión.
  • Las graduadas de 2023 ganaron en promedio USD $59.778 frente a USD $72.190 de sus compañeros, según NACE.
  • La maternidad, la concentración en empleos de bajos salarios y la menor presencia femenina en STEM y finanzas mantienen la desigualdad.


Las mujeres ocupan más empleos de nómina que los hombres en Estados Unidos por tercera vez en la historia, un cambio que esta vez no apareció después de una recesión. El cruce refleja una transformación del mercado laboral posterior a la pandemia, pero no representa una victoria completa: los hombres todavía reciben salarios más altos en casi todas las etapas de sus carreras, incluso desde el primer día posterior a la graduación.

Más empleos no significan mejores ingresos

Un estudio de la National Association of Colleges and Employers, conocida como NACE, encontró que las mujeres que obtuvieron una licenciatura en 2023 comenzaron con un salario promedio de USD $59.778. Los hombres de la misma generación y con el mismo nivel de estudios recibieron USD $72.190, una diferencia que deja a las graduadas con aproximadamente 83 centavos por cada dólar ganado por sus compañeros antes de que sus trayectorias profesionales comenzaran formalmente.

La mayoría femenina en los empleos de nómina solo había aparecido en dos ocasiones anteriores. Ocurrió brevemente durante la Gran Recesión, alrededor de 2010, y volvió a registrarse poco antes de la pandemia, a comienzos de 2020, cuando las recesiones eliminaron especialmente puestos dominados por hombres en la construcción y la manufactura.

El episodio actual se diferencia porque no coincide con una recesión. Según los datos citados de la Oficina de Estadísticas Laborales, durante los últimos 12 meses el número de mujeres empleadas aumentó en más de 870.000, mientras los hombres perdieron casi 1,5 millones de puestos, una divergencia que apunta a cambios más profundos en la composición sectorial del trabajo.

Los campos con alta presencia femenina, como la salud, la educación y la hospitalidad, han registrado avances constantes en un mercado laboral ajustado. En el informe de agosto, las mujeres ocuparon 158.000 de los 162.000 empleos añadidos, mientras los hombres representaron apenas cerca del 2% de las nuevas posiciones, una distribución que ayuda a explicar el reciente dominio femenino en el conteo bruto de empleos.

Un retroceso masculino que parece estructural

El aumento de la participación femenina ocurre al mismo tiempo que disminuye la presencia de los hombres en el lugar de trabajo estadounidense. Hoy hay aproximadamente 7 millones menos de hombres empleados que en la década de 1990, y la tasa de participación laboral masculina entre las personas de 20 años o más se ubicó en 69,4% en agosto de 2026, frente a 75,8% en agosto de 2006.

Las explicaciones sobre ese descenso no son uniformes. Algunas voces sostienen que los videojuegos forman parte de una supuesta crisis del hombre estadounidense y contribuyen a su repliegue del mercado laboral, mientras otros economistas consideran que la causa está en las oportunidades disponibles y en la percepción que desarrollan los trabajadores jóvenes sobre sus perspectivas.

Remy Levin y Daniela Vidart, economistas de la Universidad de Connecticut, sostienen que los hombres jóvenes que llegan a la adultez en un mercado marcado por el desempleo elevado y los salarios débiles pueden volverse pesimistas sobre su futuro. Desde esa perspectiva, algunos optan por abandonar completamente el trabajo, no como respuesta temporal a una contracción, sino como consecuencia de expectativas deterioradas.

Laura Ullrich, directora de investigación económica de Indeed Hiring Lab y ex economista regional sénior del Banco de la Reserva Federal de Richmond, describió el fenómeno como un declive de largo plazo. En declaraciones citadas por Fortune, afirmó que ese deterioro parece haber producido un cambio más permanente, o al menos semipermanente, en quiénes ocupan los lugares de trabajo estadounidenses.

La diferencia entre cantidad de empleos y calidad de los ingresos resulta central para interpretar el dato. Las mujeres pueden liderar el número de puestos disponibles y, al mismo tiempo, permanecer concentradas en ocupaciones con menor remuneración, menos posibilidades de ascenso o mayores interrupciones profesionales, de modo que el avance estadístico no elimina por sí solo la desigualdad económica.

Por qué la brecha salarial permanece

Los mismos sectores que sostienen buena parte de los informes mensuales de empleo suelen ofrecer salarios más bajos. Las mujeres representan dos tercios de los trabajadores en empleos de bajos salarios, superan a los hombres en la docencia por una proporción de tres a uno y en la enfermería por ocho a uno, mientras continúan subrepresentadas en finanzas, construcción y áreas STEM.

La diferencia también aparece dentro del reparto de la fuerza laboral científica. Las mujeres representan menos de un tercio de los trabajadores de ciencia e ingeniería, dos campos que suelen asociarse con ingresos más elevados y mejores oportunidades de crecimiento, aunque la concentración ocupacional no constituye por sí sola una explicación completa de todas las diferencias salariales.

La maternidad se convierte en un factor decisivo a medida que las carreras avanzan. La economista Claudia Goldin, cuya investigación recibió el Premio Nobel, encontró que las brechas salariales al comienzo de la vida laboral son relativamente pequeñas y tienden a ampliarse después de que una mujer tiene su primer hijo.

De acuerdo con esa investigación, los ingresos de las mujeres caen después del nacimiento del primer hijo y nunca vuelven a crecer al mismo ritmo que los de los hombres que también se convierten en padres. La diferencia persiste incluso cuando ambos tienen profesiones y niveles educativos similares, lo que vincula la brecha con la distribución del cuidado y no únicamente con la formación académica.

El costo acumulado durante la vida laboral

Los hombres, como regla general, continúan asumiendo una porción menor de la crianza. Las mujeres suelen apartarse del trabajo o reducir su disponibilidad para cuidar a los hijos, una decisión que puede frenar la progresión profesional, limitar los aumentos salariales y reducir la acumulación de experiencia en los años en que normalmente se consolidan los ingresos.

Los mandatos de regreso a la oficina posteriores a la pandemia también han afectado de manera desproporcionada a las madres que actúan como cuidadoras principales. Cuando una empresa exige presencia física sin ofrecer alternativas suficientes, quienes cargan con la mayor parte de las responsabilidades familiares enfrentan más dificultades para conservar el ritmo profesional de sus colegas.

La brecha acumulada alcanza dimensiones considerables. A lo largo de una carrera típica de 40 años, las mujeres ganarían USD $542.800 menos que los hombres, mientras las mujeres de color soportan el impacto más severo y pueden perder más de USD $1 millón durante ese mismo periodo, según las cifras recogidas en la información de origen.

Por eso, el nuevo récord de empleo femenino llega acompañado de un asterisco importante. Ullrich advirtió que la reacción de celebrar el aumento de contrataciones debe matizarse, porque liderar el número de puestos no equivale a controlar los salarios ni a obtener una mejora general para todas las mujeres.

La imagen que emerge combina dos tendencias que avanzan en direcciones opuestas. Las mujeres ganan peso en sectores que están creando empleo, mientras los hombres pierden participación en un mercado que parece reconfigurarse de manera duradera; sin embargo, esa ventaja numérica convive con una brecha salarial de aproximadamente 83 centavos por cada dólar masculino que puede ampliarse con la edad.

El caso muestra por qué las estadísticas de empleo requieren una lectura más amplia que el simple conteo de puestos. Para medir el progreso laboral también importan el salario inicial, la estabilidad, la posibilidad de ascenso, el reparto del cuidado y la presencia en industrias de mayor remuneración, variables que pueden mantener una desigualdad profunda incluso cuando cambia quién ocupa la mayoría de los empleos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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