Por Canuto  

El fuerte repunte del petróleo ha favorecido a las family offices que entraron al sector cuando muchos fondos institucionales se alejaban por presión ESG. Ahora, con el crudo por encima de USD $94 y nuevas tensiones geopolíticas, estas firmas familiares aparecen como ganadoras de una estrategia contraria basada en flujo de caja, cobertura inflacionaria y visión de largo plazo.

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  • El petróleo ha subido cerca de 30% desde finales de febrero, impulsado por la guerra con Irán.
  • Family offices aprovecharon la retirada de capital institucional y compraron activos energéticos a múltiplos de dos a tres veces flujo de caja.
  • Abogados e inversionistas advierten que el rally actual puede ser temporal y que precios demasiado altos también elevan el riesgo de recesión.

 


Los family offices, firmas que administran el patrimonio de familias ultrarricas, están viendo resultados positivos tras haber tomado posiciones en petróleo y gas cuando buena parte del capital institucional se estaba retirando del sector. El reciente salto de los precios del crudo reforzó esa apuesta y reactivó el interés por un segmento que, durante varios años, perdió atractivo frente a la presión ambiental, social y de gobernanza.

De acuerdo con CNBC, la guerra con Irán llevó el precio del petróleo por encima de USD $94 por barril, un aumento cercano al 30% desde que comenzó el conflicto a finales de febrero. Ese movimiento dio un impulso directo al valor de los activos energéticos y a las expectativas de flujo de caja de quienes ya estaban posicionados.

Para lectores menos familiarizados con este mercado, los family offices operan con una lógica distinta a la de fondos tradicionales, endowments universitarios o grandes gestores institucionales. Al no tener accionistas externos ni tantos mandatos públicos de desinversión, suelen moverse con más libertad y asumir apuestas de largo plazo en sectores impopulares si ven valor en los fundamentales.

Ese fue precisamente el caso del petróleo y el gas. Tras la pandemia, fondos de capital privado y otros inversionistas institucionales redujeron su exposición al sector, en parte por presiones ESG. Ese vacío de capital abrió la puerta para que oficinas familiares compraran activos a valoraciones más bajas y con perspectivas de retorno que hoy lucen más favorables.

Una estrategia contraria en medio de la salida institucional

Keith Behrens, responsable de banca de inversión en energía y energía limpia en Stephens, afirmó que los family offices actuaron como jugadores contrarios. Según explicó, muchos inversionistas salieron del sector por razones no fundamentales, incluyendo la presión que enfrentaron algunos fondos patrimoniales universitarios por protestas estudiantiles.

En ese contexto, Behrens dijo que las familias adineradas detectaron una oportunidad clara. A su juicio, la huida de capital generó condiciones de entrada atractivas y permitió invertir con múltiplos de flujo de caja bastante razonables. En otras palabras, compraron cuando otros estaban vendiendo por motivos ajenos al desempeño operativo de los activos.

La lógica financiera detrás de esa decisión es relativamente simple. Si un activo productivo mantiene capacidad de generar caja, pero el mercado lo castiga por factores reputacionales o políticos, un inversionista paciente puede obtener una rentabilidad superior si el entorno mejora o si el descuento fue excesivo desde el inicio.

Además, los family offices suelen tener horizontes de inversión mucho más largos. Eso les da margen para tolerar caídas temporales en el precio del crudo, retrasos en operaciones o ciclos de menor actividad en fusiones y adquisiciones, algo que no siempre es compatible con la estructura de vencimientos de un fondo tradicional.

Jeff Peterson, de Gillon Capital, señaló que esa es una de las principales ventajas del capital familiar frente al private equity. Un fondo, recordó, por lo general solo puede conservar un negocio durante la vida útil del vehículo de inversión, mientras que un family office puede pensar en décadas e incluso generaciones.

Peterson añadió que su enfoque es respaldar equipos capaces de construir negocios a largo plazo, porque allí está la verdadera diferenciación de este tipo de capital. Esa flexibilidad temporal les permite mirar más allá de los ciclos inmediatos del petróleo y apostar por la resiliencia estructural de la demanda energética.

Operaciones millonarias y foco en la cuenca del Pérmico

Peterson gestionó inversiones para descendientes del magnate petrolero H.L. Hunt durante 14 años. Hace unos cinco años, A.G. Hill Partners, una de las firmas de inversión personal de la familia, reforzó su exposición a petróleo y gas para aprovechar valoraciones que consideraba atractivas.

Según Peterson, los múltiplos del sector suelen ubicarse entre dos y tres veces el flujo de caja. Ese nivel, bajo comparación con otros segmentos del mercado privado, ayudó a justificar el aumento de apuestas en una industria con activos tangibles, producción mensurable y retornos que pueden distribuirse en efectivo.

Ahora como director de inversiones de Gillon Capital, un family office surgido de A.G. Hill Partners hace un año, Peterson dijo que la familia encabezó operaciones importantes en el sector. Entre ellas destacó la formación de un consorcio de family offices y algunos fondos de capital privado para adquirir al productor de gas natural PureWest Energy por USD $2.000 millones.

También indicó que la familia es inversionista ancla en un fondo de minerales y regalías que ha recaudado cerca de USD $500 millones en capital. Ese vehículo mantiene una posición sustancial en la cuenca del Pérmico, la zona petrolera de mayor producción en Estados Unidos y uno de los territorios más codiciados por operadores energéticos.

La relevancia del Pérmico no es menor. Para inversionistas que buscan exposición a hidrocarburos con escala, infraestructura consolidada y perfiles productivos relativamente predecibles, esa cuenca representa uno de los principales centros de interés. Por eso, la presencia allí suele verse como un indicador de convicción estratégica y no solo como una apuesta táctica.

Más allá de familias históricamente vinculadas al negocio energético, el interés se está ampliando hacia patrimonios construidos en otros sectores. Esa expansión del perfil de inversionista sugiere que la narrativa ya no gira únicamente alrededor del petróleo como commodity, sino de la energía como activo real generador de caja.

Cobertura inflacionaria y diversificación de portafolios

Doug Prieto, de Tailwater Capital, dijo que el sector recibe cada vez más atención de family offices sin vínculos previos con la energía. Él dirige fondos upstream, enfocados en exploración y producción de petróleo y gas, dentro de una firma de capital privado del middle market.

Prieto explicó que esos fondos han levantado alrededor de USD $500 millones de family offices sin experiencia energética. Incluso comentó que la semana pasada recibieron un compromiso de un family office construido a partir de una fortuna generada en negociación de opciones, un dato que ilustra cómo capitales de otros nichos están entrando al sector.

Para estos nuevos inversionistas, el atractivo principal es la diversificación. Los activos petroleros y gasíferos no siempre se mueven en sincronía con acciones y bonos, lo que ayuda a reducir correlación dentro del portafolio. Además, Prieto señaló que el petróleo y el gas funcionan como cobertura frente a la inflación.

Esa visión importa especialmente en un entorno donde muchos patrimonios buscan proteger poder adquisitivo y estabilizar retornos reales. Cuando la inflación sube, los activos físicos que generan ingresos pueden ganar protagonismo frente a instrumentos financieros más sensibles a cambios de tasas o a deterioro macroeconómico.

Ellen Conley, abogada y copresidenta del grupo de práctica de financiación energética de Haynes Boone, dijo que los esfuerzos de la administración Trump para priorizar petróleo, gas y energía nuclear por encima de la energía limpia también dieron más confianza a los inversionistas del sector.

Conley añadió que el potencial de dividendos en efectivo es otro imán para los family offices. En su lectura, estas firmas no están viendo la energía como una apuesta meramente especulativa por una materia prima, sino como exposición a activos reales, especialmente en Texas, capaces de ofrecer flujo de caja repetible y modelos más predecibles.

Más interés, pero con advertencias sobre el ciclo

Según Conley, el interés por la energía ya venía aumentando incluso antes del último salto del petróleo. Sin embargo, los titulares sobre el alza de precios asociada a la guerra con Irán aceleraron las consultas de family offices que ahora buscan entrar al mercado.

Vicki Odette, presidenta global del grupo de práctica de gestión de inversiones de Haynes Boone, sostuvo que ese ruido mediático incrementó el apetito reciente. Aun así, quienes llegan tarde enfrentan una limitación importante: capturar el rally actual no es tan simple como comprar una narrativa, porque los tiempos operativos del sector son extensos.

Peterson advirtió que un inversionista que inicie hoy un programa de perforación difícilmente verá producción dentro de este año calendario. En su explicación, eso significa que el beneficio inmediato del precio actual solo podría aprovecharse de forma realista mediante coberturas, no mediante nueva producción desarrollada desde cero.

Ese matiz es clave. En los mercados energéticos, una subida fuerte del commodity no se traduce de manera automática en ganancias instantáneas para todos los participantes. Hay demoras entre la decisión de invertir, el despliegue de capital, la perforación y la entrada efectiva en producción comercial.

Además, los analistas esperan que el pico actual sea temporal. Si bien los precios altos favorecen a quienes ya poseen activos productivos, también complican el cierre de nuevos acuerdos. Un vendedor buscará fijar un precio basado en el máximo reciente, mientras el comprador tenderá a recordar que hace apenas tres meses el barril estaba en torno a USD $60.

Behrens resumió esa tensión al señalar que el vendedor querrá cerrar en la fecha más reciente y al precio más alto posible, mientras el comprador cuestionará si un barril en USD $115 refleja una nueva realidad o solo un repunte pasajero. Esa divergencia puede congelar transacciones o retrasar negociaciones.

Prieto agregó que también existe el riesgo de un exceso de optimismo. Si el petróleo se mantiene demasiado alto durante demasiado tiempo, crece la posibilidad de que se generen impactos adversos sobre la economía y aumente el riesgo de recesión. Para su firma, un rango entre USD $75 y USD $85 por barril sería más saludable.

En su opinión, cuando el crudo supera los USD $100, comienzan a aparecer efectos negativos que no benefician a nadie. Esa advertencia introduce un punto importante para los mercados: el petróleo caro puede impulsar retornos privados en el corto plazo, pero también deteriorar demanda, consumo y estabilidad macroeconómica si el alza persiste.

En suma, el repunte actual del petróleo está validando la tesis de quienes compraron activos energéticos durante la retirada institucional. Pero también recuerda que este es un negocio profundamente cíclico, influido por geopolítica, política pública y economía real. Para los family offices, la gran ventaja sigue siendo la misma: paciencia, flexibilidad y capacidad para mirar más allá del titular del día.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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