La Universidad Estatal de Arizona (ASU) lanza un grado en creación de contenido que exige a los estudiantes construir una audiencia medible antes de graduarse, mientras la economía de creadores muestra grietas profundas y las plataformas endurecen sus requisitos.
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- Grado universitario en influencers: ASU presenta su programa de creación de contenido, cuyo requisito final es lograr un crecimiento medible de seguidores en una plataforma.
- Doble discurso: Los documentos del programa prometen carreras en comunicación y marketing, pero el plan de estudios apunta a formar creadores de contenido, una profesión que no aparece en las estadísticas laborales.
- Mercado incierto: Mientras las instituciones apuestan por esta formación, la industria de creadores pierde empleos, las plataformas suben los requisitos de monetización y los ingresos van a las marcas, no a los creadores.
Un título para la era de los influencers
La Universidad Estatal de Arizona (ASU) ha puesto en marcha un programa académico que ha generado revuelo en el mundo educativo: un grado en creación de contenido dentro de su Escuela de Periodismo y Comunicación Masiva Walter Cronkite. La primera cohorte de estudiantes se matriculará este otoño, según informó The Next Web. El programa fue aprobado mediante la moción 2026-076 del Senado universitario, tras lecturas realizadas el 2 y el 30 de marzo, y en ella se deja claro que los graduados deberán trabajar como influencers y creadores de contenido en áreas como transmisiones en vivo, podcasting, videografía y medios inmersivos.
La novedad más llamativa del plan de estudios es su requisito final: los estudiantes deben construir una audiencia en una plataforma de su elección y demostrar un crecimiento medible antes de graduarse, tal como reportó Net Influencer. Este requisito contrasta con el resto de asignaturas, que en su mayoría se solapan con la carrera de comunicación masiva y estudios de medios que ya ofrecía ASU, incluyendo optativas de podcasting, producción de estudio y presencia frente a cámara. El coste de la matrícula tampoco se sale de lo habitual: unos USD $12.000 anuales para residentes de Arizona, mientras que el costo total de asistencia puede superar los USD $37.000, y los estudiantes de otros estados pagan más de USD $35.000 en matrícula, con un total cercano a los USD $60.000 antes de becas.
Sin embargo, los documentos del programa muestran una contradicción que no pasa desapercibida. La moción del Senado define explícitamente que el destino de los egresados es el de creadores de contenido e influencers, pero la página oficial del grado enumera cinco carreras con salarios medios tomados de la Red de Información Ocupacional: especialista en comunicaciones, asociado de marketing, gerente de marketing, gerente de relaciones públicas y especialista en relaciones públicas. La palabra “influencer” no aparece en esa lista, y los sueldos oscilan entre USD $74.750 para un especialista en relaciones públicas y USD $166.790 para un gerente de marketing. Además, la entrada de asociado de marketing muestra una demanda que se reduce en un 2,2%, una brecha que revela que el mercado no es tan prometedor como se pinta.
La brecha entre la promesa y la realidad del mercado
El grado de ASU se presenta como una puerta de entrada a una industria que mueve grandes sumas de dinero, pero los analistas advierten que las cifras globales no se traducen en beneficios para los creadores individuales. La consultora Emarketer pronosticó que los ingresos de creadores de redes sociales en EE. UU. superarán los USD $20 mil millones este año, un dato que suena como un argumento a favor del programa. No obstante, Max Willens, analista principal de Emarketer, explicó a AP que “la abrumadora mayoría de ese dinero no va a los bolsillos de los creadores”, sino que las marcas gastan más en distribuir y amplificar el contenido que en pagar a quienes lo crean. Willens fue directo al evaluar el grado: “La idea de que convertirá repentinamente a las personas en máquinas de contenido viral merece una pequeña verificación de la realidad”.
Brooke Erin Duffy, profesora de comunicación en la Universidad de Cornell, ve estos programas como un punto de inflexión para la academia, pero también es clara sobre la naturaleza del trabajo. “Es un trabajo que consume mucho tiempo, es intensivo en trabajo y a menudo no paga bien, al menos al principio”, afirmó la académica, quien además señaló que el estereotipo del influencer como “una joven que se toma selfies y cosecha enormes recompensas por aparentemente no hacer nada” impide ver la realidad. Duffy sugiere que las universidades, al competir por una población estudiantil en disminución, están cortejando a padres que buscan carreras rentables, aunque no siempre lo sean.
El contexto es especialmente adverso para los nuevos aspirantes: mientras los campus abren programas de este tipo, las plataformas digitales están subiendo las barreras de entrada. YouTube duplicó los umbrales de su Programa de Socios, que ahora exige 1.000 suscriptores y 8.000 horas de visualización pública válidas para el formato largo (antes 4.000), y 20 millones de vistas en 90 días para Shorts, frente a los 10 millones anteriores. Este cambio entra en vigor el 1 de febrero de 2027, justo durante el primer año de la primera cohorte de ASU, por lo que los estudiantes se enfrentarán a un listón más alto del que se les prometió inicialmente. Los socios existentes mantienen su estatus, lo que significa que el endurecimiento recae por completo sobre quienes aún no han empezado, es decir, el público objetivo de este grado.
Las cifras que esconde la economía de los creadores
La economía de los creadores no atraviesa su mejor momento, y los despidos son una prueba palpable. Patreon, una de las plataformas más importantes para monetizar contenido, recortó el 20% de su personal en julio, lo que equivale a 93 puestos de trabajo. En paralelo, el contenido automatizado generado por inteligencia artificial está saturando la oferta, y las purgas de material de IA en YouTube han atrapado incluso a creadores humanos que nunca mostraron su rostro. Este patrón se extiende más allá de los creadores: las ofertas de prácticas tecnológicas han caído un 30% desde 2023, según datos citados por AP, mientras las empresas delegan el trabajo de nivel inicial a la IA.
Sin embargo, hay un contrapeso que vale la pena analizar: los datos de Estonia sobre 2.000 asociaciones de marcas revelan que los creadores nano y micro, es decir, con audiencias pequeñas pero muy comprometidas, superan en rendimiento a aquellos con alcance masivo. Esto sugiere que el objetivo viral que persiguen muchos grados como el de ASU podría ser el equivocado, ya que las marcas valoran más la autenticidad y la cercanía que el número bruto de seguidores. Aun así, el plan de estudios de ASU no parece orientado a formar a esos creadores nicho, sino a la búsqueda de fama que critica Duffy.
La propia universidad no ha querido dar explicaciones: ASU rechazó una solicitud de entrevista sobre el nuevo grado, según reportó AP. Este silencio contrasta con la ambición del proyecto, que pretende posicionar a sus estudiantes en un mercado que, según las propias estadísticas que maneja, se reduce en algunas áreas. La moción senatorial 2026-076 habla de un futuro como influencers, pero el prospecto vende trabajos de comunicación tradicional, una dualidad que Estados Unidos está empezando a cuestionar. Mientras tanto, Europa ya tiene un precedente: la Universidad Tecnológica del Sudeste (SETU) en Irlanda imparte desde hace tiempo un curso de honor de cuatro años en creación de contenido y redes sociales, que incluye estudios de influencers como materia y cuya lista de carreras sí menciona abiertamente la palabra “influencer”, junto con gestor de contenido, periodista y especialista en comunicaciones. Allí el acceso se realiza por el sistema de puntos irlandés con un rango que va de 308 a 432, lo que lo convierte en un curso de nivel medio y no en una rareza.
¿Qué pasará con los que apuestan por esta carrera?
No todos los intentos de crear grados de influencers han prosperado. La Universidad de East Carolina anunció una alianza de acreditación con MrBeast, uno de los youtubers más famosos del mundo, pero el programa nunca se lanzó. Columbia College Chicago fue más allá y terminó revirtiendo: integró su especialización en redes sociales en un grado genérico de marketing, una decisión que revela las dificultades para mantener una carrera tan específica en un entorno cambiante. Aun así, otras instituciones siguen apostando por este campo: Siracusa abrió un Centro para la Economía de los Creadores en septiembre de 2025, gestionado conjuntamente con su escuela de negocios y abierto como menor para cualquier especialización, con un decano, Mark Lodato, que pasó 14 años en la Escuela Cronkite de ASU antes de mudarse. Quinnipiac y Colorado State ofrecen menores, y St Bonaventure anunció una especialización el invierno pasado.
Los estudiantes, por su parte, no parecen tan ingenuos como podría pensarse. Aiesha Beasley, una creadora a tiempo completo en Phoenix desde hace tres años, después de más de una década publicando, argumenta que el grado va más allá de la fama: “Tener una presencia digital y una marca personal es muy importante hoy en día”, dijo a AP. Sammy Cristerna, quien se graduó de ASU esta primavera en sociología y ciencias políticas, habría tomado las clases de creación de contenido por la negociación de acuerdos de marca y la monetización, pero él mismo reconoció un límite: conectar frente a cámara requiere buena energía, y “eso es difícil de enseñar”. Estas declaraciones apuntan a que los estudiantes ven un valor práctico, pero también saben que el éxito no se garantiza con un título.
Lo que realmente resolvería el debate, según el análisis de los expertos citados en este artículo, se reduce a tres aspectos. Primero, la transparencia en los datos del proyecto culminante: ASU debería publicar cuántos estudiantes alcanzan el crecimiento medible exigido, ya que ese número diría más que cualquier folleto promocional. Segundo, la actualización de las tablas de carreras: si algún día la ocupación de creador de contenido aparece con un salario medio en las estadísticas laborales, entonces las cifras habrán puesto al día con la realidad. Y tercero, la supervivencia del propio programa: Columbia College Chicago ya integró uno de estos grados en marketing, que es también hacia donde apuntan las propias cifras salariales de ASU, como reconoció la nota original. Mientras tanto, la brecha entre la promesa universitaria y la volatilidad del mercado seguirá siendo el mayor desafío para quienes decidan estudiar esta carrera.
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