La caída del petróleo alivió una vieja preocupación inflacionaria en Estados Unidos, pero la Reserva Federal observa ahora otro posible foco de presión: la construcción masiva de infraestructura para inteligencia artificial, desde chips hasta centros de datos y energía.
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- Economistas y funcionarios de la Fed advierten que la fase inicial de inversión en IA puede ser inflacionaria.
- La demanda de chips, energía y mano de obra ya estaría elevando costos en electrónica, construcción y otros sectores.
- Aunque la IA podría mejorar la productividad más adelante, varios miembros de la Fed creen que hoy no justifica recortes de tasas.
🚨 La Fed enfrenta un nuevo reto inflacionario: la inteligencia artificial 🚨
La caída del petróleo ha aliviado preocupaciones pasadas, pero el auge en la inversión de IA genera presión en costos de chips y energía.
Se estima que las grandes tecnológicas gastarán USD $745 mil… pic.twitter.com/KxApIVorIu
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 28, 2026
La caída de los precios del petróleo, favorecida por la reapertura del estrecho de Ormuz, redujo un riesgo que hasta hace poco preocupaba a los mercados y a la Reserva Federal. Sin embargo, ese alivio podría estar siendo reemplazado por otra fuente de presión sobre los precios: el auge de la inteligencia artificial.
La nueva preocupación gira en torno al gasto masivo de las grandes tecnológicas para levantar la infraestructura que requiere la IA. Eso incluye millones de chips especializados, centros de datos con refrigeración líquida y una creciente demanda de electricidad, materiales y trabajadores.
Para los lectores menos familiarizados con el debate monetario, la Fed busca mantener la estabilidad de precios sin frenar demasiado la economía. Cuando surge un shock de demanda en sectores clave, el banco central debe evaluar si mantener, recortar o incluso subir las tasas de interés.
Según reportó Yahoo Finance, esa discusión ya está avanzando dentro de la Fed y entre economistas del sector privado. La conclusión provisional es incómoda: la IA puede ser desinflacionaria a largo plazo, pero en su fase de construcción está actuando como un factor inflacionario.
Ese matiz importa para inversionistas, tecnológicas y mercados financieros. También importa para industrias relacionadas con hardware, energía y cadenas de suministro, que podrían enfrentar costos más altos mientras la carrera por la infraestructura de IA gana velocidad.
La inversión en IA entra al radar de la Reserva Federal
Gigantes tecnológicos como Amazon y Google compiten por construir la base física y computacional de la inteligencia artificial. Esa carrera exige compras masivas de semiconductores y obras de infraestructura que ya están tensionando la oferta disponible.
TD Cowen estima que los principales hiperescaladores gastarán USD $745.000 millones este año. Además, prevé otro USD $1 billón en 2027 y 2028.
Con base en esos cálculos, el gasto de estos grandes actores subiría a cerca del 3% del PIB el próximo año. Eso representaría un salto importante frente a menos del 0,5% registrado en 2020.
Los efectos ya empiezan a aparecer en los datos de inflación y en la demanda de trabajadores de la construcción. La presión no se limita a un nicho tecnológico, porque los insumos utilizados para la IA también abastecen otros mercados de consumo masivo.
Los chips de memoria y almacenamiento demandados por sistemas de IA también se usan en videojuegos, automóviles y teléfonos inteligentes. Esa superposición hace que el encarecimiento de componentes se traslade a otras categorías de bienes.
Apple anunció la semana pasada que estaba aumentando los precios de iPads y MacBooks por mayores costos de memoria y almacenamiento. Ese ejemplo ilustra cómo el impulso inversor de la IA ya estaría filtrándose al consumidor final.
Por qué la fase inicial puede ser inflacionaria
Oscar Muñoz, jefe de economía de TD Securities, resumió el problema con una idea central. A su juicio, la fase inicial de infraestructura de IA será inflacionaria porque la demanda está presionando una oferta fija antes de que aparezcan los beneficios de productividad.
Muñoz sostuvo que luego la historia podría cambiar. Una vez que la economía amplíe su capacidad productiva, ese mismo proceso podría convertirse en un impulsor de desinflación en los próximos años.
En el corto plazo, sin embargo, esa expansión de gasto tiene otra implicación para la política monetaria. Según Muñoz, la tasa neutral es ahora más alta, es decir, el nivel de tasas que no acelera ni desacelera el crecimiento habría subido.
Eso significa que la Fed debe decidir si reacciona con una postura más restrictiva. Muñoz dijo que las grandes necesidades de capital de la IA elevan la tasa neutral a corto plazo, incluso si después resultan desinflacionarias a mediano plazo.
Su diagnóstico plantea un desafío directo para la autoridad monetaria. Si la inflación actual responde a una fase de construcción que todavía no produjo ganancias amplias de productividad, la Fed no puede asumir que el alivio llegará de inmediato.
La tensión es evidente porque el banco central debe lidiar con señales mixtas. Por un lado, baja la energía; por el otro, suben componentes, salarios ligados a construcción y necesidades eléctricas asociadas a los centros de datos.
El debate sobre productividad y tiempos de adopción
Este escenario choca parcialmente con una narrativa que había ganado fuerza en meses recientes. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, y otros habían sugerido que la IA elevaría la productividad, reduciría la inflación y abriría espacio para recortes de tasas.
Sin embargo, en su conferencia de prensa del 17 de junio, Warsh no insistió en esa idea como una certeza inmediata. Se limitó a señalar que la Fed todavía tiene trabajo pendiente en materia de estabilidad de precios y que ese sigue siendo el foco.
Greg Daco, economista jefe de EY, argumentó que existe un malentendido frecuente sobre las revoluciones tecnológicas. Afirmó que sí pueden elevar la productividad y bajar precios, pero no antes de generar una primera ola inflacionaria.
Daco explicó que la fase uno de cualquier revolución tecnológica es intensiva en capital. Esa etapa inicial produce presiones sobre recursos escasos, porque mucha demanda persigue una oferta limitada.
En una entrevista, Daco dijo que mientras la economía siga en la fase de inversión, esas presiones continuarán presentes. También anticipó que durante el próximo uno o dos años esas tensiones inflacionarias podrían trasladarse gradualmente a los consumidores y luego moderarse.
La segunda fase sería distinta. Cuando la infraestructura, el talento y la integración de la tecnología en procesos empresariales estén más maduros, comenzaría a verse un impulso real sobre la productividad.
Daco subrayó que ese tránsito requiere tiempo. Las empresas deben adoptar la tecnología, integrarla a procesos existentes, crear otros nuevos y contar con personal adecuado antes de capturar mejoras relevantes de eficiencia.
Muñoz coincidió en que ambas narrativas pueden ser correctas. Según su planteamiento, la IA puede ser inflacionaria ahora y desinflacionaria más adelante, solo que en cronogramas muy distintos.
Funcionarios de la Fed endurecen el tono
La preocupación no se limita a economistas externos. Varios funcionarios de la Reserva Federal ya han empezado a describir el auge de la IA como un factor que complica el panorama inflacionario actual.
El presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, dijo la semana pasada en una sesión de preguntas y respuestas que pasó de pensar en un recorte de tasas este año a contemplar un aumento. Entre las razones, mencionó la inversión masiva en centros de datos y la inflación esperada que podría derivarse de ella.
Kashkari afirmó que la construcción de centros de datos puede tener efectos desinflacionarios a largo plazo. No obstante, añadió que hoy está ejerciendo presión sobre los precios en algunos sectores de la economía.
Su descripción fue directa. Dijo que cualquier actividad que toque esos sectores está viendo dispararse los precios en esas partes de la economía.
Por su parte, el presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, señaló esta semana que la fuerte demanda de ciertos componentes tecnológicos usados en el auge inversor de la IA es uno de los tres factores principales que están impulsando la inflación en este momento.
Esa observación refuerza la idea de que el fenómeno ya no pertenece solo a la categoría de tendencia futura. Para la Fed, estaría operando como una presión observable dentro de la economía real y de las lecturas actuales de precios.
El gobernador Michael Barr también rechazó la tesis de que la IA garantice un rápido salto de productividad capaz de justificar recortes de tasas. En un discurso de febrero advirtió que el auge de la IA podría ser inflacionario, entre otras cosas por la oferta limitada de electricidad frente al aumento de demanda de los centros de datos.
Barr fue explícito al afirmar que, por todas esas razones, espera que el auge de la IA probablemente no sea una razón para reducir las tasas de política. Esa frase resume la cautela que ahora domina la discusión monetaria.
Mercados, energía y el nuevo mapa de riesgos
La imagen emergente es la de una Fed obligada a enfrentar una fuerza nueva y difícil de calibrar. La inteligencia artificial promete transformar la economía, pero primero puede recalentar áreas sensibles de oferta, inversión y energía.
Para los mercados, esto altera una expectativa importante. Si la caída del petróleo no basta para suavizar la inflación subyacente y la infraestructura de IA mantiene alta la demanda por insumos críticos, los recortes de tasas podrían retrasarse o perder fuerza.
El caso de la electricidad merece atención especial. Los centros de datos de nueva generación consumen enormes cantidades de energía, y la red puede enfrentar restricciones si la expansión de capacidad no acompaña el ritmo del despliegue tecnológico.
Eso no solo tiene implicaciones macroeconómicas. También afecta a empresas de energía, proveedores industriales, fabricantes de hardware y sectores que compiten por los mismos componentes que hoy absorben los proyectos de IA.
Desde una perspectiva más amplia, el fenómeno recuerda que las revoluciones tecnológicas no suelen ser lineales. Antes de abaratar procesos, suelen requerir grandes desembolsos, obras físicas y cuellos de botella que presionan precios y obligan a reajustar expectativas.
Kashkari lo resumió con una advertencia sobria. Dijo que ese mundo ideal tardará mucho más en llegar de lo que pronostican algunos analistas, y que probablemente ya está elevando las tasas de interés en toda la economía ahora y durante los próximos años.
En otras palabras, la IA podría convertirse en un nuevo eje del debate macroeconómico en Estados Unidos. Ya no solo se discute su impacto sobre productividad, sino también su capacidad inmediata para alterar inflación, tasas y asignación de capital.
Para una audiencia interesada en tecnología, blockchain y mercados, la lección es clara. La infraestructura que sostiene la próxima ola digital puede impulsar valor y crecimiento, pero también introducir tensiones macro que modifiquen el entorno financiero en el corto y mediano plazo.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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