Wall Street entra en una semana decisiva con dos grandes pruebas de inflación, resultados de Delta Air Lines y un mercado petrolero cada vez más tensionado por la guerra con Irán. El telón de fondo combina un informe laboral mejor de lo esperado, gasolina por encima de USD $4 por galón y crecientes dudas sobre el rumbo de las tasas de interés en Estados Unidos.
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- El índice PCE de febrero y el CPI de marzo serán las referencias centrales para medir el impacto del alza del petróleo sobre la inflación en EE. UU.
- Delta Air Lines, Levi Strauss y Constellation Brands entregarán señales sobre costos, combustible y fortaleza del consumo durante el conflicto.
- El crudo ha subido más de 50% en cinco semanas y los mercados ya descuentan una posible escalada en Oriente Medio.
📈💥 Inflación y costo del petróleo: ¡semana clave para Wall Street!
Se esperan indicadores cruciales: el PCE y el CPI, que medirán el impacto del crudo a $4 el galón.
Delta Air Lines reportará resultados que marcarán la presión sobre los costos.
Las tasas de interés en la… pic.twitter.com/zLZY9zl18g
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) April 6, 2026
La semana arranca con una mezcla de alivio y tensión en los mercados estadounidenses. Por un lado, los inversionistas recibieron un reporte laboral de marzo mejor de lo esperado. Por otro, el aumento del petróleo por la guerra con Irán amenaza con trasladarse a los precios al consumidor y complicar el panorama para la Reserva Federal.
En ese contexto, Wall Street se prepara para una serie de datos y resultados corporativos que podrían redefinir las expectativas sobre inflación, consumo y tasas de interés. El foco estará puesto en el índice de precios de gasto de consumo personal, conocido como PCE, y en el índice de precios al consumidor, o CPI, además de los reportes de aerolíneas y compañías ligadas al gasto de los hogares.
De acuerdo con Yahoo Finance, la semana pasada cerró con saldo mayormente positivo para los grandes índices, pese a la fuerte volatilidad causada por el discurso nacional del presidente Donald Trump el miércoles por la noche y por la intensificación del conflicto con Irán. El S&P 500 logró terminar la semana con un alza de 1,6%, mientras el Dow Jones subió 1,2%. El Nasdaq Composite avanzó 2,2% en el período.
Aun así, las pérdidas acumuladas en 2026 siguen presentes. El S&P 500 retrocede 3,8% en lo que va de año y el Dow cae 3,2%, aunque ambos han recortado descensos más profundos. Ese contexto explica por qué los próximos datos macroeconómicos serán observados con tanta atención.
Inflación y consumo bajo la lupa
Los inversionistas tendrán el jueves una lectura del PCE de febrero, una métrica especialmente seguida por la Reserva Federal. El consenso espera un avance mensual de 0,4% y una lectura interanual de 2,8%. En la versión subyacente, que excluye alimentos y energía, el mercado proyecta 0,4% mensual y 3% interanual.
Un día después llegará el CPI de marzo, que podría mostrar de forma más clara el impacto inicial del encarecimiento de la energía. Las previsiones apuntan a un salto mensual de 1% en el índice general, frente al 0,3% previo. En tasa interanual, se espera 3,4% frente al 2,4% anterior. Para el CPI subyacente, el mercado estima 0,3% mensual y 2,7% anual.
Estas cifras importan porque los mercados intentan determinar hasta qué punto el shock petrolero derivado del conflicto en Oriente Medio puede contaminar la inflación más amplia. Si el alza del crudo empieza a sentirse con fuerza en transporte, bienes y expectativas de precios, la Reserva Federal podría tener menos margen para recortar tasas.
Andy Schneider, economista sénior para Estados Unidos en BNP Paribas, afirmó en una nota reciente a clientes que la disrupción en el Estrecho de Ormuz llega mientras el traslado de los aranceles aún continúa y la inflación avanza hacia su sexto año por encima del objetivo. A su juicio, la primera etapa del traslado de los precios del petróleo ya habría aparecido en marzo.
Además, los consumidores ya enfrentan precios más altos en el surtidor. Según AAA, la gasolina en estaciones de servicio de Estados Unidos superó la semana pasada los USD $4 por galón a nivel nacional. Ese movimiento se suma a una inflación general que venía aumentando de forma constante y que, según el analista de Goldman Sachs Ben Shumway, contribuye a deteriorar aún más la confianza del consumidor desde niveles ya bajos.
No obstante, no todos ven un riesgo inflacionario descontrolado. Manuel Abecasis, economista de Goldman para Estados Unidos, considera que el riesgo de un impacto significativo sobre las medidas subyacentes más importantes del CPI y del PCE sigue siendo limitado. Según explicó, tanto el tamaño como la amplitud del actual shock de oferta lucen menos preocupantes que en episodios anteriores.
El empleo sorprende, pero no cambia por completo el guion
El reporte laboral de marzo dio un respiro a los mercados al mostrar que la economía estadounidense añadió 178.000 nóminas no agrícolas. La cifra implicó un giro frente a la pérdida de 92.000 empleos del mes anterior y además superó con amplitud las expectativas de los economistas, que apuntaban a una creación de 65.000 puestos.
El dato también reflejó la irregularidad que ha marcado al mercado laboral en meses recientes. En los últimos 10 informes, las nóminas han oscilado entre lecturas positivas y negativas. Si se promedian enero, febrero y marzo, con 160.000 empleos creados, luego una pérdida de 133.000 y ahora una ganancia de 178.000, el resultado es un promedio de 68.000 empleos por mes.
Gina Bolvin, presidenta de Bolvin Wealth Management Group, resumió esa dinámica con una idea de equilibrio. A su juicio, una contratación más fuerte reduce la urgencia de recortes de tasas, pero no altera la tendencia más amplia de enfriamiento económico.
Michael Feroli, economista jefe para Estados Unidos en JPMorgan Chase, escribió el viernes que, aunque siempre existen matices en las cifras de empleo, el informe no mostró defectos suficientes como para invalidar el mensaje general favorable. En su opinión, el dato ofrece algo más de confianza en que el crecimiento económico puede resistir el shock persistente de precios de la energía sin demasiado daño duradero.
Petróleo por encima de USD $100 y menos fe en una desescalada
Detrás de la discusión sobre inflación está la evolución del petróleo. Los futuros de referencia, tanto en Estados Unidos como a nivel internacional, acumulan un alza superior a 50% desde que comenzó la guerra hace cinco semanas. Ese movimiento ha cambiado el tono de los mercados y ha elevado la sensibilidad frente a cualquier novedad geopolítica.
En los días previos al discurso de Trump, el petróleo había retrocedido e incluso llegó a colocarse por debajo de USD $100. Sin embargo, sus comentarios del miércoles por la noche, incluidas amenazas de bombardear a Irán “hasta devolverlo a la edad de piedra”, empujaron de nuevo al crudo claramente por encima de ese umbral.
Daniela Hathorn, analista de Capital.com, sostuvo que los mercados ya no operan con la esperanza de una desescalada, sino con la probabilidad de una escalada. Según explicó, el mensaje de Trump pudo buscar tranquilidad en el frente interno, pero para los inversionistas elevó los riesgos del conflicto.
A comienzos de la semana habían aparecido señales de una posible salida negociada. Trump dijo a los reporteros que esperaba que la participación de Estados Unidos concluyera en un plazo de dos a tres semanas. A la vez, el presidente iraní Masoud Pezeshkian señaló que Irán tiene la voluntad necesaria para terminar la guerra. Pese a ello, el mercado sigue asignando más peso a un deterioro del escenario.
El principal punto de tensión sigue siendo el Estrecho de Ormuz, uno de los cuellos de botella energéticos más importantes del planeta. El tráfico por esa vía continúa cerca de cero, mientras las rutas alternativas solo pueden cubrir una parte del déficit aproximado de 15 millones de barriles. Esa limitación aumenta el riesgo de que los altos precios del crudo se prolonguen.
Paola Rodriguez-Masiu, analista jefe de petróleo en Rystad Energy, señaló en una nota reciente que durante casi cuatro semanas los mercados mostraron una resiliencia notable frente a la disrupción. Esa resistencia se apoyó en una combinación de superávit previo a la guerra, crudo en tránsito y barriles aportados por políticas públicas. Según su evaluación, esa fase ya está terminando.
Delta y otras empresas pondrán a prueba al consumidor
En el frente corporativo, el reporte más seguido será el de Delta Air Lines, previsto para el miércoles. La publicación será relevante porque las aerolíneas figuran entre los sectores más expuestos a movimientos en el combustible para aviones. En otras palabras, sus cifras pueden ofrecer una medida indirecta del daño que el alza del petróleo está causando a costos, márgenes y demanda.
Si Delta muestra una presión importante en sus gastos o una caída en reservas, el mercado podría interpretar que el shock energético ya golpea con fuerza a la economía real. Si, por el contrario, logra sostener márgenes o trasladar parte de los costos, el mensaje sería más constructivo para el resto del sector.
También reportarán Levi Strauss y Constellation Brands. Ambas compañías servirán como termómetro de cómo evoluciona el gasto del consumidor en medio de la guerra y de un contexto de precios altos. La lectura será especialmente útil para evaluar si los hogares siguen consumiendo o empiezan a ajustar compras ante la pérdida de poder adquisitivo.
Para quienes siguen activos de riesgo, incluidas acciones tecnológicas y segmentos especulativos como memestocks o criptomonedas, esta combinación de inflación, energía y consumo tiene implicaciones directas. Una inflación más alta y tasas elevadas por más tiempo suelen reducir el apetito por activos más volátiles.
Calendario económico de una semana cargada
El lunes se conocerá el índice ISM de servicios de marzo, con una expectativa de 54,9 frente a 56,1 previo. También se publicarán los componentes de precios pagados, nuevos pedidos y empleo. Son cifras útiles para medir el pulso del sector servicios, una parte central de la economía estadounidense.
El martes llegará la variación semanal del empleo ADP para la semana terminada el 21 de marzo, junto con la lectura preliminar de pedidos de bienes duraderos de febrero, para la que se espera una caída de 1%. Ese mismo día se divulgarán además las expectativas de inflación a un año de la Reserva Federal de Nueva York.
El miércoles se publicarán las solicitudes de hipotecas MBA y las actas de la reunión del FOMC finalizada el 18 de marzo. Ese documento podría ofrecer pistas sobre cómo los responsables de política monetaria están evaluando la mezcla entre desaceleración, empleo e inflación energética.
El jueves, además del PCE, se conocerán datos de ingreso personal, gasto personal, solicitudes iniciales de subsidio por desempleo y la cifra anualizada del PIB del cuarto trimestre, estimada en 0,7%. El viernes se completará el panorama con el CPI, pedidos de fábrica y la lectura preliminar de abril del sentimiento del consumidor de la Universidad de Michigan, esperada en 52 frente a 53,3 anterior.
Con ese calendario, la semana no solo pondrá a prueba la resistencia de Wall Street. También ofrecerá una lectura temprana de si la economía de Estados Unidos puede absorber un nuevo shock energético sin que se descarrilen la desinflación, el consumo y las expectativas sobre tasas.
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