Por Canuto  

Honda comenzó a producir baterías para sistemas de almacenamiento energético y las redirigirá a centros de datos, en un giro estratégico que llega apenas tres meses después de cancelar sus programas de vehículos eléctricos en Estados Unidos.
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  • Honda empezó a fabricar baterías para almacenamiento de energía en una planta de Ohio operada junto a LG Energy Solution.
  • El cambio ocurre tras la cancelación de sus programas de vehículos eléctricos en EE. UU. y en medio de la caída de ventas del sector.
  • El almacenamiento estacionario crece con fuerza y ya ofrece márgenes atractivos, especialmente en centros de datos y proyectos conectados a la red.


Honda comenzó esta semana la producción de baterías destinadas a sistemas de almacenamiento de energía, según reportó TechCrunch con base en un informe de Nikkei Asia. El paso convierte al fabricante japonés en la más reciente automotriz que busca crecer en uno de los segmentos más dinámicos del negocio energético.

El movimiento llega apenas tres meses después de que Honda cancelara sus programas de vehículos eléctricos en Estados Unidos. Las celdas que en principio iban a terminar en autos eléctricos ahora serán enviadas a centros de datos, un mercado cuya demanda eléctrica sigue escalando.

La producción se realiza en una planta de Ohio operada en conjunto con LG Energy Solution. Ese complejo había sido concebido para abastecer la estrategia de electrificación de Honda en el mercado estadounidense.

El cambio no solo revela una adaptación industrial. También muestra cómo la cadena de valor de las baterías empieza a independizarse del automóvil y a encontrar nuevas rutas de rentabilidad en infraestructura crítica.

Para lectores menos familiarizados con este mercado, el almacenamiento estacionario consiste en grandes sistemas de baterías instalados en centros de datos, subestaciones o proyectos renovables. Su función es guardar electricidad y liberarla cuando la red la necesita o cuando una instalación requiere respaldo estable.

Honda reubica su apuesta tras el tropiezo de los vehículos eléctricos en EE. UU.

La decisión de Honda ocurre mientras la demanda de vehículos eléctricos en Estados Unidos continúa debilitada. Ese enfriamiento se acentuó después de que el Partido Republicano eliminara los créditos fiscales que buscaban impulsar tanto la fabricación de autos eléctricos como la de baterías en territorio estadounidense.

Las ventas de nuevos vehículos eléctricos siguen cayendo interanualmente. Parte de esa contracción se explica porque muchos consumidores adelantaron sus compras para aprovechar los incentivos, que desaparecieron en septiembre del año pasado.

Esa incertidumbre empujó a Honda a modificar de forma drástica su estrategia. La empresa canceló tres vehículos eléctricos que estaban destinados específicamente al mercado de Estados Unidos.

El ajuste se produjo en un contexto financiero difícil para la automotriz. Honda registró una pérdida de USD $15.700 millones en el último año fiscal, en parte vinculada a la reestructuración de su hoja de ruta para vehículos eléctricos.

La presión no vino solo desde Norteamérica. Su negocio en China también se está debilitando, justo en un mercado donde los vehículos eléctricos han avanzado con rapidez y donde la competencia es cada vez más agresiva.

En otras palabras, Honda enfrenta una paradoja incómoda. En Estados Unidos tropieza con una demanda más débil, y en China pierde fuerza en un entorno donde la electrificación sí acelera.

Sin embargo, la compañía no rompió su alianza con LG Energy Solution. Ese detalle sugiere que Honda no abandonó la tesis de largo plazo sobre las baterías, sino que reubicó temporalmente el destino comercial de esa capacidad productiva.

La lectura de mercado es clara. Si el automóvil eléctrico ofrece hoy menos visibilidad en Estados Unidos, las baterías todavía pueden monetizarse en otros nichos donde el crecimiento y los márgenes parecen más favorables.

Las baterías estacionarias emergen como negocio propio

Honda no está sola en este giro. Como prácticamente todos los demás fabricantes de automóviles, entre ellos Tesla, Ford y GM, la empresa concluyó que las baterías pueden constituir un gran negocio incluso fuera del vehículo.

El mercado de almacenamiento estacionario ha venido expandiéndose con fuerza. Un informe de SEIA y Benchmark Minerals citado por TechCrunch indicó que este segmento creció 32% interanual.

Solo en el primer trimestre de este año se instalaron 9,7 gigavatios-hora de sistemas de almacenamiento de energía. Esa cifra equivale a la capacidad necesaria para construir aproximadamente 120.000 vehículos eléctricos.

La comparación ilustra un cambio estructural. Una parte de la producción de baterías ya no depende de cuántos autos se vendan, sino de cuánta infraestructura energética necesita una economía más electrificada y digitalizada.

Las previsiones también apuntan a una expansión sostenida. Para finales de la década, el informe estima que cada año se instalarán 110 gigavatios-hora de almacenamiento de energía.

Esa proyección implica casi triplicar el tamaño del mercado actual. Para fabricantes con exceso de capacidad o con planes EV revisados, se trata de una válvula de escape con lógica industrial y financiera.

La relevancia de este punto va más allá del sector automotor. En muchos mercados, las baterías están dejando de verse como un simple componente del coche para convertirse en un activo estratégico dentro del sistema eléctrico.

Eso ayuda a explicar por qué la competencia se ha intensificado. A medida que bajan los precios de las celdas, aumenta el número de actores dispuestos a vender almacenamiento como producto independiente.

Centros de datos, red eléctrica y márgenes más altos

Una parte importante de estas baterías estacionarias se ha instalado en centros de datos. La razón es simple: esas instalaciones consumen grandes volúmenes de energía y necesitan continuidad operativa casi absoluta.

Para un centro de datos, una batería puede actuar como respaldo inmediato y como herramienta para gestionar picos de demanda. En un entorno donde la inteligencia artificial y la computación en la nube presionan la infraestructura, esa función gana valor.

Pero no todo el almacenamiento termina dentro de recintos tecnológicos privados. Una gran porción de estas baterías se conecta directamente a la red eléctrica.

En ese papel, las baterías ayudan a estabilizar el sistema y complementan instalaciones eólicas y solares. Eso vuelve más predecibles fuentes de generación que por naturaleza son variables.

La caída de precios ha sido decisiva para abrir este nicho. Con costos más bajos, el almacenamiento ha logrado consolidarse como una herramienta útil tanto para operadores eléctricos como para grandes consumidores industriales.

El atractivo no solo radica en el crecimiento. También pesa la rentabilidad, y allí Tesla ha ofrecido una referencia importante para todo el sector.

La compañía aseguró que obtiene márgenes brutos de 30% en sus Megapacks y Powerwalls. Ese nivel equivale aproximadamente al doble del margen que la empresa consigue en sus vehículos.

Para fabricantes tradicionales, esa diferencia es difícil de ignorar. Si vender baterías a centros de datos o a la red deja más margen que vender autos, el incentivo para diversificar se vuelve inmediato.

Qué revela el movimiento de Honda sobre la transición energética

El giro de Honda sugiere que la transición energética no seguirá una línea recta. Incluso compañías comprometidas con la electrificación pueden verse obligadas a cambiar de carril cuando la política pública, la demanda o la competencia alteran los cálculos iniciales.

En este caso, la eliminación de incentivos en Estados Unidos golpeó la ecuación económica del vehículo eléctrico. La respuesta de Honda fue preservar capacidad industrial y redirigirla a un mercado adyacente con mejores perspectivas inmediatas.

Eso no implica que la empresa haya renunciado por completo a la electrificación. Más bien indica que quiere seguir participando en la transición energética, aunque por ahora desde el lado del almacenamiento y no desde el automóvil.

El caso también muestra una convergencia entre industrias antes separadas. Automotrices, operadores de red, desarrolladores renovables y empresas tecnológicas compiten ya por el mismo insumo estratégico: baterías de iones de litio.

Para los mercados financieros, este cruce es relevante porque redistribuye valor entre sectores. Parte del crecimiento que antes se asignaba casi exclusivamente a fabricantes de autos eléctricos podría desplazarse hacia infraestructura energética y centros de datos.

También deja una señal para la cadena global de suministro. Quien controle capacidad de fabricación de celdas podrá reasignarla entre movilidad, energía o computación según cambien los incentivos y los márgenes.

Honda puede no tener hoy una respuesta definitiva para el mercado estadounidense de vehículos eléctricos. Lo que sí parece claro es que no quiere quedarse fuera del negocio energético que se está formando alrededor de las baterías.

Ese matiz importa. En lugar de retirarse, la empresa está reformulando su posición dentro de una transición que sigue avanzando, aunque no siempre en la dirección que las automotrices habían previsto al inicio.


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