La empresa conjunta de Google y Blackstone, creada para alquilar chips de inteligencia artificial, enfrenta retrasos en Wyoming, Texas y otros posibles sitios mientras la escasez de equipos y la presión regulatoria ponen a prueba su meta de entregar 500 megavatios en 2027.
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- Google reevalúa un desarrollo en Cheyenne, Wyoming, después de que Crusoe pausara o abandonara su participación tras recibir cuestionamientos sobre los costos y el calendario.
- La escasez de transformadores, equipos de conmutación y personal especializado está retrasando la construcción de centros de datos.
- Google y Blackstone identificaron 29 sitios potenciales, pero sus ejecutivos calculan que cada proyecto tiene ahora solo un 50% de probabilidad de cumplir las fechas.
⚠️ Google y Blackstone enfrentan retrasos en su apuesta por la IA
Project Braid tiene trabas en Wyoming y Texas por falta de transformadores, equipos y permisos.
Busca 500 MW en 2027, pero la probabilidad de cumplir fechas cayó de 90% a 50%.
Hay 29 sitios potenciales. pic.twitter.com/Ar4jJzvj0b
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 8, 2026
La empresa conjunta de Alphabet y Blackstone creada para ofrecer capacidad de cómputo para inteligencia artificial enfrenta retrasos en varios de los centros de datos que deberían alojar chips de Google. El proyecto, conocido internamente como Project Braid, busca comenzar a alquilar unidades de procesamiento tensorial a clientes en 2027, pero sus dificultades muestran que la expansión de la IA depende tanto de permisos, electricidad y equipos físicos como de los modelos que impulsan la demanda.
La iniciativa nació con USD $5.000 millones aportados por Blackstone y forma parte del crecimiento de los llamados neoclouds, compañías que arriendan procesadores y capacidad de cómputo a terceros. Según la información publicada por Bloomberg y el anuncio de Blackstone, el negocio pretende poner en línea sus primeros 500 megavatios de capacidad en 2027, aunque varios sitios relevantes todavía no han iniciado su construcción o requieren cambios importantes antes de avanzar.
Wyoming y Texas complican los planes
El primer tropiezo importante ocurrió en Cheyenne, Wyoming, donde Crusoe pausó o salió de un plan para construir instalaciones destinadas a Project Braid. Informes citados por Bloomberg señalaron que Google había expresado preocupaciones sobre los costos y el calendario de construcción bajo la gestión de Crusoe. La información disponible no permite afirmar que Google haya asumido definitivamente el control del desarrollo, pero sí que el papel de Crusoe fue cuestionado y que el proyecto está siendo reevaluado.
El desarrollo de Wyoming había sido planteado con una capacidad de hasta 1,8 gigavatios, de acuerdo con información local, por lo que cualquier modificación tendría un impacto relevante en los planes de expansión. El proyecto también requeriría nuevas gestiones ante las autoridades locales antes de avanzar. Crusoe, conocida por su participación en la instalación Stargate de OpenAI y Oracle en Texas, no respondió a las solicitudes de comentarios, mientras Google declinó pronunciarse y Blackstone remitió a la declaración de la empresa conjunta.
Otro sitio considerado por la alianza resultó inadecuado porque no contaba con los transformadores correctos, según una de las personas consultadas. El problema refleja una limitación extendida en el sector, ya que los constructores de centros de datos enfrentan esperas de casi un año para recibir ese tipo de equipos, de acuerdo con un informe de McKinsey & Co.
Texas también complicó otros planes de Project Braid, en un momento en que el estado revisa el impacto energético de la expansión de los centros de datos. El gobernador Greg Abbott ordenó una auditoría de estos desarrollos y dispuso la suspensión de nuevas interconexiones mientras las autoridades recopilan información sobre la forma en que desarrolladores y empresas tecnológicas pagan la electricidad. La medida añade incertidumbre a las inversiones previstas, aunque su alcance se centra en la revisión y en la cola de interconexión, no necesariamente en la cancelación permanente de todos los proyectos.
La infraestructura se convierte en el cuello de botella
Benjamin Treynor Sloss, director ejecutivo de Project Braid, sostuvo en un comunicado enviado por correo electrónico que los retrasos individuales no representan un cambio en la estrategia general. Afirmó que es habitual que los sitios potenciales avancen a ritmos distintos y que la empresa incorporó esa posibilidad mediante un conjunto diversificado de opciones, mientras mantiene un progreso sólido hacia la entrega de los 500 megavatios previstos para 2027.
La explicación contrasta con la evaluación interna que han hecho ejecutivos vinculados con el proyecto, según la cual cada desarrollo de centro de datos tiene ahora un 50% de probabilidad de cumplir las fechas de entrega. Hace tres años, esa estimación rondaba el 90%, una caída que ilustra cómo la competencia por infraestructura, energía y trabajadores especializados ha elevado el riesgo de las grandes apuestas de IA.
La presión no se limita a los transformadores, pues también existe escasez de equipos de conmutación y de mano de obra calificada. JPMorgan Chase señaló en un informe de mayo que más del 60% de la capacidad de centros de datos prevista para completarse en 2027 todavía no había comenzado su construcción, lo que podría obligar a los operadores a reajustar sus calendarios y compromisos comerciales.
La oposición organizada a nuevos complejos tecnológicos también está llevando a los responsables políticos a examinar con mayor rigor sus efectos sobre las redes eléctricas y las comunidades locales. Además, los centros de datos se han convertido en un asunto con peso electoral antes de las elecciones legislativas de este año, porque sus beneficios económicos compiten con preocupaciones sobre tarifas, consumo energético y uso del suelo.
Google busca ampliar el mercado de sus chips
Project Braid tiene importancia estratégica para Google porque la compañía intenta llevar sus unidades de procesamiento tensorial a una base más amplia de clientes. Estos chips compiten por espacio en un mercado dominado por los procesadores de Nvidia, y una red de neoclouds podría ayudar a Alphabet a construir un ecosistema de hardware más amplio.
Muchos de los principales neoclouds, entre ellos CoreWeave, operan principalmente con chips de IA de Nvidia, por lo que Google necesita aumentar su propia capacidad de centros de datos y encontrar socios capaces de alojar sus procesadores. El acuerdo con Blackstone ofrece una vía para hacerlo sin asumir directamente todo el costo y el riesgo de construir instalaciones nuevas en múltiples mercados.
Alphabet proyecta hasta USD $205.000 millones en gastos de capital este año, una cifra que refleja la magnitud de la carrera por la infraestructura de IA. La empresa conjunta permite trasladar parte del desembolso y de los riesgos operativos fuera del balance de Google, mientras Blackstone busca reforzar su posición como uno de los mayores financiadores mundiales de infraestructura digital.
El retraso, por tanto, no elimina la demanda de capacidad de cómputo, pero sí complica la velocidad con la que esa demanda puede transformarse en ingresos. Para Google, disponer de chips competitivos no basta si los centros que deben alojarlos carecen de permisos, conexión eléctrica o transformadores; para Blackstone, cada aplazamiento prolonga el tiempo necesario para recuperar una inversión inicial de USD $5.000 millones.
Más sitios para reducir el riesgo
Los responsables de Project Braid han respondido ampliando la búsqueda de ubicaciones, en lugar de depender de un número reducido de desarrollos. La empresa conjunta identificó 29 sitios potenciales para centros de datos y sostiene que está expandiendo activamente su cartera debido a una demanda de capacidad de cómputo mayor de la esperada.
En las últimas semanas, Google pidió ayuda a ejecutivos de otros neoclouds con los que trabaja para localizar nuevas alternativas, según una de las personas familiarizadas con el proceso. Blackstone, por su parte, recurrió a consultores y aliados para encontrar ubicaciones que puedan cumplir requisitos de energía, permisos, conectividad y equipamiento especializado.
La estrategia será una prueba para BXN1, la nueva división de Blackstone dedicada a inversiones en inteligencia artificial, surgida de un negocio que antes se enfocaba en apuestas de capital de crecimiento. El gestor de activos alternativos también diversifica su exposición mediante una alianza con otras firmas que se comprometieron a trabajar con Nvidia y gastar miles de millones de dólares en infraestructura de IA.
Treynor Sloss insistió en que la compañía mantiene un conjunto diversificado de opciones y que los proyectos no avanzan de forma uniforme, una defensa que busca separar los problemas de sitios específicos del objetivo general. La capacidad de entregar 500 megavatios en 2027 dependerá ahora de cuántas de las 29 ubicaciones puedan superar simultáneamente los obstáculos técnicos, regulatorios y políticos.
Una expansión con mayores riesgos
La situación de Project Braid muestra que el auge de la IA está chocando con límites físicos que no pueden resolverse únicamente mediante más inversión o mejores modelos. Los centros de datos requieren años de planificación, equipos fabricados por cadenas de suministro especializadas y acceso estable a electricidad, mientras las comunidades y los gobiernos revisan con mayor atención el costo de esa expansión.
La reevaluación del proyecto en Wyoming, la falta de transformadores y la pausa regulatoria sobre nuevas interconexiones en Texas no constituyen necesariamente el abandono de la iniciativa, pero sí obligan a Google y Blackstone a revisar sus expectativas. La caída de una probabilidad estimada de cumplimiento desde 90% hasta 50% sugiere que los calendarios anunciados por la industria deben interpretarse con mayor cautela.
Para Alphabet, el desafío consiste en convertir la ventaja de sus unidades de procesamiento tensorial en una oferta accesible para clientes externos, sin dejar que los retrasos favorezcan a proveedores que ya cuentan con instalaciones operativas. Para Blackstone, el reto es demostrar que su capital y sus redes pueden compensar la escasez de equipos, permisos y capacidad eléctrica que está frenando a buena parte del sector.
La alianza todavía afirma que avanza hacia su objetivo, pero su próxima etapa estará determinada por hechos concretos: nuevas solicitudes de permisos, selección de sitios viables y disponibilidad de transformadores. En la carrera por la infraestructura de IA, la ambición tecnológica puede ser enorme, aunque el calendario final seguirá dependiendo de obras, cables y equipos que no se pueden acelerar con una presentación corporativa.
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