Por Canuto  

Fermi America prometió construir el mayor centro de datos del mundo tras recaudar USD $746 millones en bolsa, pero nuevas imágenes satelitales y reportes financieros muestran un proyecto estancado, sin arrendatario confirmado y con la inesperada salida de su CEO.

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  • Fermi America aseguró que pondría en marcha su primer millón de pies cuadrados para abril de 2026, pero imágenes satelitales indican que aún no inicia la construcción de edificios.
  • La empresa perdió al arrendatario que respaldaba un acuerdo de financiación por USD $150 millones y reconoció que no invertirá capital significativo hasta cerrar un nuevo contrato.
  • El proyecto Project Matador, ubicado en Amarillo, Texas, fue presentado como un campus de hasta 17 GW, pero hoy enfrenta retrasos, presión bursátil y dudas sobre su liquidez.

 


Fermi America, la empresa que salió a bolsa con la promesa de construir el mayor centro de datos del mundo, enfrenta crecientes dificultades para sacar adelante su proyecto insignia en Amarillo, Texas. La compañía recaudó USD $746 millones en su IPO de octubre de 2025 y aseguró a los inversionistas que avanzaría con rapidez en un campus energético y de inteligencia artificial de escala inédita.

Sin embargo, imágenes satelitales recientes y datos revisados por la publicación Distilled muestran que el sitio, conocido ahora como Project Matador, avanza mucho más lento de lo prometido. Aunque la empresa afirmó en su web que la fase inicial de construcción ya estaba completa, el terreno todavía no muestra edificios en desarrollo.

El caso se ha vuelto relevante más allá del sector de centros de datos. También ofrece una señal sobre el choque entre el entusiasmo por la IA, la financiación de mercado y la realidad física de construir infraestructura energética a gran escala. En momentos en que Estados Unidos compite por capacidad computacional, los retrasos de Fermi llaman la atención por su tamaño y por sus conexiones políticas.

El 17 de abril, además, la compañía anunció la salida inmediata de su cofundador y CEO, Toby Neugebauer. La novedad profundizó la presión sobre una empresa que ya venía lidiando con dudas sobre demanda, liquidez y ejecución.

Promesas ambiciosas, obras limitadas

La velocidad era una pieza central del relato de Fermi ante Wall Street. Según su presentación de OPI, la empresa esperaba generar USD $1.500 millones en ingresos por cada 1 GW de capacidad construida. También proyectó tener operativo su primer millón de pies cuadrados para abril de 2026 y alcanzar 1 GW de energía para finales de 2026.

El plan original hablaba de un campus de 11 GW, pero luego la meta fue elevada a 17 GW. Para dimensionar la magnitud, 1 GW equivale a la demanda energética de una ciudad completa. En otras palabras, Fermi no ofrecía un centro de datos convencional, sino un complejo industrial de una escala poco vista incluso en el auge actual de la IA.

Aun así, el contraste entre ese cronograma y el estado real del terreno es evidente. El seguimiento satelital de Cleanview indica que, pese a los anuncios públicos, la compañía todavía no ha iniciado la construcción de sus primeros edificios. El movimiento visible se limita sobre todo a limpieza y preparación del terreno.

En agosto de 2025, un mes antes de presentar sus documentos de OPI, el sitio lucía prácticamente virgen. En octubre, el mismo mes de la salida a bolsa, comenzaron trabajos de despeje. Para febrero de 2026, cuando Fermi dijo que había pausado la construcción, la imagen mostraba un predio intervenido, pero sin progreso vertical. Dos meses después, cuando ya debía estar listo el primer millón de pies cuadrados, el aspecto del lugar seguía siendo esencialmente el mismo.

Despidos, pausa operativa y un permiso clave

Mientras otros desarrolladores de centros de datos en Estados Unidos compiten agresivamente por mano de obra, el panorama en Amarillo fue en sentido contrario. En febrero, The Amarillo Tribune informó sobre rumores de despidos entre trabajadores de construcción del sitio de Fermi.

En respuesta, Toby Neugebauer dijo que la empresa esperaba la resolución de su permiso final de aire limpio. En un comunicado, afirmó que habían completado la primera fase tan rápido que debieron pausar temporalmente la construcción. Más tarde, un portavoz aseguró a KAMR que todavía había 100 trabajadores de construcción en el predio pese a esa pausa.

El 25 de febrero, la empresa anunció que había obtenido el permiso de aire y publicó una foto en su sitio web bajo el mensaje “Primera fase de construcción casi completa”. Sin embargo, las imágenes satelitales sugieren que, desde entonces, no se registró actividad de construcción significativa.

Ese detalle importa porque Fermi vendió a los inversionistas la idea de un proyecto listo para avanzar con rapidez. Si el cuello de botella regulatorio ya fue levantado, pero la obra sigue casi inmóvil, la principal pregunta pasa de los permisos a la ejecución y a la disponibilidad de clientes dispuestos a comprometer capital.

Comparación con Meta, Crusoe y Vantage

El retraso de Fermi resalta aún más cuando se compara con otros desarrollos anunciados desde el auge de ChatGPT. Según el rastreador de Cleanview, más de 70 centros de datos a escala de gigavatios han sido propuestos en Estados Unidos desde entonces, y muchos ya están en construcción.

Meta anunció su campus Hyperion de 5 GW en Richland Parish, Luisiana, en diciembre de 2024. Dos meses después comenzó el despeje del terreno, y seis meses más tarde el avance visible era muy superior al observado en Amarillo durante una ventana similar.

Crusoe, socio de OpenAI, comenzó en junio de 2024 la construcción del campus Stargate de 1,2 GW en Abilene, Texas. En apenas seis meses ya había completado la estructura de su primer edificio y colocaba el techo del segundo. La empresa puso en marcha su primera fase de 980.000 pies cuadrados, equivalente a 200 MW, en septiembre de 2025, solo 15 meses después del inicio de obras.

A unas 50 millas al norte de Abilene, Vantage Data Centers también construye el segundo campus Stargate para OpenAI, otro proyecto de 1,2 GW. Esa obra comenzó en septiembre de 2025 y, seis meses después, mostraba un nivel de desarrollo material claramente superior al de Fermi. El contraste debilita el argumento de que el retraso sea solo una cuestión normal de tiempos industriales.

Un ascenso meteórico con respaldo político

Fermi America llegó al mercado con nombres políticamente influyentes. La empresa fue cofundada por Toby Neugebauer, hijo del excongresista republicano Randy Neugebauer, cuyo antiguo distrito incluye el área de Amarillo donde se ubica Project Matador. También figura como cofundador Rick Perry, exgobernador de Texas y primer secretario de Energía de Donald Trump.

Cuando Fermi salió a bolsa en octubre de 2025, la participación de 2,5 % de Perry valía cerca de USD $540 millones. La de Neugebauer, de 28 %, alcanzaba alrededor de USD $6.000 millones. Desde el inicio, la empresa destacó su cercanía con la Casa Blanca como una ventaja competitiva.

Neugebauer llegó a decir que si el presidente de Estados Unidos quería moverse rápido y necesitaba un proyecto listo para excavar en muy corto plazo, Project Matador era su primera, segunda y tercera gran opción. Incluso el nombre provisional del campus incluyó una referencia directa al presidente: President Donald J. Trump Advanced Energy and Intelligence Campus.

En su primera llamada de resultados, Neugebauer también reveló que el secretario de Energía Chris Wright y el secretario del Interior Doug Burgum intervinieron personalmente para ayudar a Fermi a conseguir turbinas de Siemens durante negociaciones comerciales con Alemania. Según su relato, Siemens quería confirmación de que el acuerdo haría feliz a Estados Unidos y la empresa recibió un gran impulso oficial para cerrarlo.

Además, en julio de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva que designaba centros de datos de IA en instalaciones del Departamento de Energía como infraestructura de defensa crítica. La medida beneficiaba de forma directa al sitio de Fermi, ubicado junto a la planta de armas nucleares de Pantex.

El golpe del arrendatario perdido y la presión financiera

La historia empezó a complicarse poco después de la OPI. En noviembre, Fermi anunció un acuerdo de financiación por USD $150 millones con un arrendatario no identificado, descrito como de grado de inversión. Neugebauer dijo a Business Insider que el arrendatario era Amazon, aunque después la empresa emitió un comunicado negando categóricamente esa afirmación.

En la primera presentación para inversionistas tras ese anuncio, la última diapositiva mostraba que las negociaciones con el arrendatario iban por detrás del calendario. Cuando un analista pidió más detalles, Neugebauer respondió que solo llevaban tres semanas de retraso y que recuperarían el tiempo.

Tres semanas más tarde venció la ventana de exclusividad del acuerdo. Dos días después, el arrendatario se retiró formalmente. Las acciones de la empresa cayeron de inmediato 34 %, un golpe severo para una compañía cuya tesis dependía de demostrar demanda concreta por parte de clientes de primer nivel.

En enero se presentó una demanda colectiva que acusa a Fermi de exagerar la demanda de arrendatarios y de no revelar hasta qué punto el proyecto dependía del compromiso financiero de un único inquilino. La disputa legal añadió un nuevo frente de riesgo mientras el avance físico del campus seguía siendo limitado.

La segunda llamada de resultados, celebrada el 30 de marzo, confirmó que la empresa aún no había conseguido un nuevo arrendatario. El CFO dijo que no invertirían capital significativo en construcción hasta cerrar ese contrato. También advirtió a los inversionistas que Fermi podría verse obligada a entregar garantías para preservar la liquidez.

Eso abrió la posibilidad de vender parte de las turbinas de Siemens que, según Neugebauer, fueron obtenidas con ayuda de dos secretarios del gabinete estadounidense. Cuando un analista de Cantor Fitzgerald pidió precisiones, el CEO suavizó la idea y respondió que desprenderse de esas turbinas no era su intención. Incluso afirmó que subastaría antes a sus dos hijos que dejar ir uno de esos grupos electrógenos.

Dos semanas y media después de esa llamada, la empresa anunció su salida inmediata. En operaciones posteriores al cierre, las acciones llegaron a caer hasta 31 %, reflejando la incertidumbre que rodea a la compañía.

Un retraso de al menos un año

Fermi todavía tiene un largo camino antes de generar ingresos reales. Primero debe conseguir un arrendatario que permita reactivar la construcción y asegurar la financiación del proyecto. Después, deberá demostrar que puede ejecutar una obra de tamaño excepcional dentro de un mercado ya presionado por escasez de mano de obra y alta demanda energética.

La comparación con Crusoe vuelve a ser útil. El primer campus Stargate en Abilene tardó 13 meses desde el inicio de la construcción vertical hasta su entrada en funcionamiento, y eso con trabajos las 24 horas. Ese plazo correspondió a una fase inicial de 200 MW, una fracción del objetivo inicial de 1.000 MW que Fermi prometió para su primera etapa relevante.

Si Fermi consiguiera un arrendatario este mismo mes y replicara la velocidad de Crusoe, recién pondría en línea sus primeros edificios en mayo de 2027. Eso implicaría un retraso de un año completo respecto del cronograma presentado en la OPI.

En un sector donde la narrativa de crecimiento suele adelantarse a la infraestructura, el caso de Fermi se perfila como una prueba importante. No solo mide el apetito del mercado por la IA, sino también la distancia entre promesas financieras, apoyo político y la ejecución concreta de un megaproyecto industrial.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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