Por Canuto  

Estados Unidos dejó expirar las sanciones contra Eritrea, una decisión que modifica la política de Washington hacia Asmara mientras aumenta la importancia estratégica del Mar Rojo.
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  • El Tesoro estadounidense informó que expiró la emergencia nacional que justificaba las sanciones contra Eritrea.
  • Las medidas, impuestas en 2021, apuntaban a fuerzas eritreas y al partido del presidente Isaias Afwerki por su papel en la guerra de Tigray.
  • Asmara celebró el levantamiento, mientras la seguridad del Mar Rojo y del estrecho de Bab al-Mandeb adquiere mayor relevancia regional.


Estados Unidos dejó expirar las sanciones contra Eritrea después de que su gobierno no renovara la medida adoptada en 2021, cuando Washington acusó a tropas eritreas de cometer atrocidades durante la guerra en la región etíope de Tigray. El Departamento del Tesoro indicó que la emergencia nacional utilizada para justificar las restricciones había expirado. El cambio modifica la posición formal de Washington hacia Asmara, aunque la información disponible no demuestra por sí sola que el levantamiento responda exclusivamente a intereses estratégicos en el Mar Rojo.

La decisión llega en un momento de creciente importancia estratégica para el Mar Rojo, una ruta asociada al transporte de petróleo y conectada con el estrecho de Bab al-Mandeb. La zona enfrenta nuevas presiones por los avances de los hutíes en Yemen y por el deterioro de la seguridad marítima, un escenario que vuelve más relevante la ubicación de Eritrea en el Cuerno de África.

Según la información citada por Reuters, el levantamiento fue celebrado por el gobierno eritreo, que sostuvo que las sanciones habían causado un daño significativo al país. La medida no borra las acusaciones relacionadas con el conflicto de Tigray, pero modifica la posición formal de Washington hacia Asmara en un entorno donde la seguridad marítima y el acceso a rutas energéticas pesan cada vez más en la política exterior.

Una sanción vinculada a la guerra de Tigray

La administración de Joe Biden impuso las sanciones en noviembre de 2021, en pleno desarrollo de la guerra en Tigray, una región del norte de Etiopía que se enfrentó al gobierno federal de Adís Abeba. Las restricciones apuntaron a las fuerzas eritreas, al Frente Popular por la Democracia y la Justicia, partido del presidente Isaias Afwerki, y a otros actores estatales relacionados con la participación de Eritrea en el conflicto.

Washington acusó a las tropas eritreas de haber cometido atrocidades mientras respaldaban al ejército federal etíope contra los rebeldes de Tigray. El gobierno federal etíope y el Frente de Liberación Popular de Tigray acordaron un cese de hostilidades en noviembre de 2022, un pacto que redujo los combates, aunque la implementación posterior ha sido desigual y la región continúa enfrentando consecuencias humanitarias y políticas.

La guerra dejó una crisis humanitaria de gran escala y, según estimaciones citadas en reportes sobre el conflicto, alrededor de 600.000 civiles murieron. El enfrentamiento también provocó desplazamientos masivos, por lo que el levantamiento de las sanciones no equivale a una declaración estadounidense de que todas las consecuencias del conflicto hayan quedado resueltas.

Las sanciones se renovaban cada año mediante una declaración presidencial que mantenía vigente la figura de emergencia nacional. La administración de Donald Trump había renovado esa medida el año pasado, pero el aviso publicado el viernes por el Tesoro estableció que la emergencia había expirado, eliminando la base formal para mantener las restricciones bajo ese mecanismo.

El cálculo estratégico detrás del levantamiento

El Departamento de Estado explicó que Estados Unidos considera llegado el momento de ajustar su política exterior y trabajar con Etiopía y Eritrea para promover sus intereses regionales. Esa formulación vincula el cambio con una evaluación geopolítica más amplia. No obstante, la evidencia disponible no permite afirmar que el levantamiento haya sido causado únicamente por la ubicación de Eritrea o por la situación del transporte marítimo.

(a) Contexto confirmado: el Mar Rojo y el estrecho de Bab al-Mandeb enfrentan presiones de seguridad relacionadas con los hutíes y con la navegación comercial. Esa situación aumenta la importancia geopolítica del Cuerno de África, pero no prueba por sí sola que haya sido el motivo determinante de la decisión estadounidense.

(b) Explicación plausible: la ubicación de Eritrea frente a una ruta marítima crítica puede ofrecer a Washington un incentivo para mantener una relación más flexible con Asmara. La información disponible no indica que Estados Unidos haya anunciado nuevos acuerdos económicos o militares con el gobierno eritreo.

El Mar Rojo se ha convertido en una vía especialmente sensible para el transporte de petróleo, mientras los combates y los avances hutíes en Yemen elevan el riesgo para las operaciones marítimas. Bab al-Mandeb funciona como un paso relevante entre el mar Rojo y el golfo de Adén, por lo que cualquier deterioro de la seguridad en la zona puede afectar las rutas comerciales y energéticas.

Eritrea ocupa una posición frente a esa ruta y forma parte del espacio geopolítico del Cuerno de África, una región donde las decisiones de seguridad tienen efectos sobre comercio, energía y relaciones internacionales. El levantamiento de las sanciones puede facilitar un mayor margen de maniobra diplomático para Asmara, aunque la información disponible no indica que Washington haya anunciado una normalización completa de las relaciones.

El ministro de Información de Eritrea, Yemane Gebremeskel, dijo a Reuters que las sanciones unilaterales impuestas por la administración de Biden hacía cinco años no estaban justificadas y celebró las acciones correctivas de la administración de Trump. La declaración refleja la lectura de Asmara, que considera que las restricciones provocaron un daño incalculable, mientras Washington las presenta como una política que dejó de responder a la situación regional vigente.

Qué cambia para Eritrea y la región

El anuncio retira la herramienta de sanciones asociada a la emergencia nacional, pero no modifica por sí mismo los hechos documentados sobre la guerra de Tigray ni las acusaciones estadounidenses contra las fuerzas eritreas. Tampoco elimina la crisis humanitaria heredada del conflicto, que mantiene a numerosas personas desplazadas y conserva una dimensión política sensible para Etiopía, Eritrea y los actores internacionales involucrados.

Para Asmara, el gesto representa el reconocimiento de que la política de presión aplicada desde 2021 ya no coincide con las prioridades de Washington. El gobierno eritreo puede presentar la decisión como una reivindicación diplomática, aunque todavía deberá enfrentar las consecuencias internas y regionales de su participación en una guerra que produjo cientos de miles de muertes.

Para Estados Unidos, la medida abre la posibilidad de una relación más flexible con un país situado junto a una ruta marítima crítica. El Departamento de Estado no anunció en la información citada una normalización completa de las relaciones ni detalló nuevas iniciativas, pero sí dejó claro que busca colaborar con Etiopía y Eritrea bajo una política ajustada a las realidades actuales.

El siguiente foco estará en la evolución de la seguridad en Bab al-Mandeb y en la capacidad de los acuerdos de paz de Tigray para sostener una reducción duradera de las tensiones. Mientras el transporte petrolero siga expuesto a conflictos y las posiciones militares en Yemen continúen cambiando, Eritrea conservará una importancia que trasciende sus fronteras. Esa relevancia constituye una explicación plausible del interés de Washington, pero no un motivo oficialmente confirmado como causa exclusiva del levantamiento.


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