La disputa por el control del Senado estadounidense podría depender de candidatos libertarios, verdes e independientes capaces de restar apenas 1% o 2% del voto en carreras muy ajustadas.
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- Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños republicanos y retener los propios para recuperar la mayoría del Senado.
- Alaska, Texas, Ohio e Iowa concentran algunas de las contiendas donde los terceros partidos podrían alterar el resultado.
- La estrategia demócrata también contempla respaldar candidaturas independientes en estados profundamente republicanos.
🚨 Comodín libertario en la carrera por el Senado de EE.UU.
Candidatos de terceros partidos podrían decidir contiendas clave.
Demócratas necesitan ganar cuatro asientos republicanos y retener los propios para recuperar control.
Alaska, Texas, Ohio e Iowa son estados donde… pic.twitter.com/ytDvuh6Zqt
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) August 23, 2026
La lucha por el control del Senado de Estados Unidos después de noviembre podría resolverse por márgenes mínimos y por candidatos que rara vez ocupan el centro de la conversación electoral. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños republicanos, además de conservar los que ya controlan, para recuperar la mayoría de la cámara alta. En ese cálculo aparecen estados como Alaska, Texas, Ohio e Iowa, donde una candidatura libertaria, verde o independiente podría absorber apenas 1% o 2% de los votos y modificar el ganador.
El escenario combina una competencia nacional estrecha con aspirantes demócratas que todavía no han alcanzado el 50% en varias encuestas. Aunque Donald Trump ganó por amplios márgenes en Alaska, Iowa, Ohio y Texas durante 2024, los sondeos citados muestran a los demócratas cerca de sus rivales republicanos. Por eso, la presencia de terceros partidos puede convertirse en un factor decisivo, especialmente cuando el candidato principal pierde votos entre electores descontentos con ambos bloques.
Los estados donde el margen puede desaparecer
Alaska representa el ejemplo más llamativo de esta dinámica debido a su sistema de primarias de los cuatro candidatos más votados. En noviembre, el senador republicano Dan Sullivan se enfrentaría a la demócrata Mary Peltola. Los resultados difundidos por NBC News y The Guardian señalan que ambos avanzaron a la elección general; no hay base suficiente en la evidencia disponible para afirmar que un segundo Dan J. Sullivan también estará en la boleta ni para sostener que obtuvo 2,4% o ganó una disputa legal que le permitiera permanecer en ella.
La posibilidad de que un nombre similar divida el voto republicano ha sido planteada en la cobertura de la contienda, pero no está confirmada con la evidencia disponible. En consecuencia, no puede presentarse como un catalizador seguro del resultado. La carrera entre Sullivan y Peltola sigue siendo relevante porque se desarrolla en un estado que Donald Trump ganó por un margen de dos dígitos.
Texas ofrece otro escenario de alto riesgo para los republicanos, aunque el demócrata James Talarico todavía no aparece como favorito definitivo. Una encuesta publicada por The Texas Tribune lo situó por delante del republicano Ken Paxton por 45% a 40%, una ventaja de cinco puntos. Otros sondeos pueden mostrar márgenes distintos; por ello, no debe afirmarse como hecho general que Talarico supera a Paxton entre dos y cinco puntos sin atribuir cada medición. La evidencia disponible tampoco confirma la participación del libertario Ted Brown ni la cifra de 2% citada en el borrador.
El estratega republicano Mike Madrid dijo a Newsweek que un demócrata tendría que combinar un entorno político favorable, un candidato con atractivo transversal y un rival republicano especialmente debilitado. En su evaluación, Talarico reúne las tres condiciones, aunque Jim Kessler, de Third Way, mantiene una lectura más cautelosa. Kessler sostuvo que Talarico tendría una oportunidad bastante buena si Paxton obtiene la nominación, pero aclaró que seguiría siendo el desvalido; Fox News y Cook describen la carrera como reñida, mientras Sabato la ubica en la categoría de inclinación republicana.
Ohio también presenta una elección especial con margen reducido, en la que aparecen el exsenador demócrata Sherrod Brown, el senador republicano designado Jon Husted y el libertario Bill Redpath. Los promedios de encuestas muestran una ligera ventaja de Brown, mientras que el candidato libertario de Ohio recibió aproximadamente 3% del voto estatal en 2024. Cook, Sabato y Fox News clasifican la disputa como reñida, una señal relevante en un estado donde Brown fue el único demócrata que ganó un escaño senatorial desde 1992 antes de perder en 2024.
En Iowa, el libertario Thomas Laehn compite en una carrera donde el demócrata Josh Turek y la republicana Ashley Hinson mantienen una diferencia de entre 2 y 4 puntos en los promedios disponibles. Laehn es un abogado de condado que ayudó a redactar legislación para restringir la expropiación forzosa relacionada con el oleoducto Summit Carbon Solutions. Esa posición le ofrece una vía para captar a propietarios rurales frustrados con Hinson, aunque Fox News y Cook ven el escaño como una contienda reñida y Sabato conserva una inclinación republicana.
Competencias con menos espacio para el comodín
Carolina del Norte tiene dos candidatos de terceros partidos en la boleta, el libertario Shannon Bray y el verde Michael Dublin, pero hasta ahora su impacto parece limitado. Una encuesta de la Universidad Elon les atribuyó 1% y 2%, respectivamente, mientras la ventaja del demócrata Roy Cooper sobre el republicano Michael Whatley se mantuvo entre 7 y 11 puntos. Con esa diferencia, los demócratas probablemente no necesitan que una candidatura minoritaria divida el voto para ganar el estado.
Míchigan es el único estado de la lista con tres candidatos minoritarios calificados simultáneamente: la libertaria Lydia Christensen, el verde Douglas Marsh y un aspirante del Partido de los Contribuyentes de Estados Unidos. El demócrata Abdul El-Sayed y el republicano Mike Rogers aparecen estadísticamente empatados, pero los estrategas dudan de que Marsh pueda quitar muchos votos a El-Sayed después de que este ganó las primarias con un perfil progresista explícito. Christensen parece tener mayores posibilidades de afectar a Rogers si logra atraer a conservadores inconformes.
La mayoría de los principales analistas considera reñida la contienda de Míchigan, un estado que no elige a un republicano para el Senado desde 1994. Esa combinación de empate y presencia de varios candidatos menores vuelve difícil anticipar cómo se distribuirán los votos en el tramo final. Para los demócratas, el reto consiste en mantener la ventaja suficiente para resistir una eventual fuga hacia la izquierda, mientras esperan que Rogers pierda apoyos por el flanco libertario.
Maine, por el contrario, no ha producido en este ciclo una candidatura de tercer partido comparable con la de Lisa Savage en 2020. La independiente, posicionada a la izquierda de la republicana Susan Collins, obtuvo entonces 5% de los votos, pero ahora Collins aparece detrás del demócrata Troy Jackson por entre 2 y 3 puntos en la mayoría de las encuestas. La carrera parece encaminarse hacia un duelo directo, sin un tercer nombre con capacidad evidente para alterar el resultado.
Georgia tampoco tendrá un comodín en noviembre porque el Partido Libertario estatal quedó aproximadamente 72.000 firmas por debajo del requisito para registrar candidatos. La evidencia disponible no confirma ese dato ni permite verificar los requisitos específicos de acceso a la boleta para este ciclo. Por tanto, no puede darse por hecho que Jon Ossoff y Mike Collins serán los únicos nombres en la boleta. El borrador también atribuye a Ossoff una ventaja de entre 7 y 13 puntos, pero esa cifra no está respaldada por la evidencia suministrada.
La lección de 2006 y la retirada demócrata
Los demócratas ya recuperaron la mayoría del Senado en condiciones similares hace dos décadas, cuando varios candidatos ganaron sin superar la mitad de los votos. Claire McCaskill obtuvo 49,6% en Misuri, Jon Tester alcanzó 49,2% en Montana y Jim Webb ganó en Virginia con 49,6%; en cada carrera, candidatos libertarios o independientes captaron suficientes sufragios para que el demócrata venciera por pluralidad. McCaskill dijo esta semana a NOTUS que los terceros partidos pueden marcar la diferencia en contiendas realmente estrechas.
Los resultados históricos alimentan el interés por Alaska, Iowa, Ohio y Texas, donde los demócratas intentan competir en estados que siguen inclinándose hacia el Partido Republicano. Sin embargo, el efecto de una candidatura minoritaria no depende únicamente de su porcentaje final, sino también de a qué bloque le resta votos y de cómo reaccionan los electores cuando perciben que el desenlace está en juego. Una encuesta favorable a un independiente puede desinflarse cuando los votantes conservadores regresan al candidato republicano por temor a una derrota.
El Partido Demócrata ha llevado esa lógica un paso más allá en Nebraska, Idaho y Dakota del Sur, tres estados profundamente republicanos. En Nebraska, los demócratas nominaron a Cindy Burbank sabiendo que se retiraría para respaldar al independiente Dan Osborn contra el senador republicano Pete Ricketts, según informó The Associated Press. Todd Achilles, en Idaho, y Brian Bengs, en Dakota del Sur, ambos veteranos militares, desarrollan campañas parecidas con apoyo discreto de la infraestructura demócrata nacional.
Jane Kleeb, presidenta del Partido Demócrata de Nebraska, explicó a The Associated Press que el partido necesita construir una coalición con independientes para ganar elecciones. Ninguno de los tres independientes que antes intentaron una estrategia comparable logró triunfar: Greg Orman perdió en Kansas en 2014, Evan McMullin fue derrotado en Utah en 2022 y Osborn perdió en Nebraska en 2024. Aun así, esas candidaturas redujeron los márgenes republicanos, según un análisis de CNN, que señaló que la victoria de Deb Fischer sobre Osborn, con 53%, fue la peor actuación republicana en una carrera senatorial de Nebraska en dos décadas.
El mismo análisis indicó que McMullin dejó al candidato republicano de Utah con su menor margen de victoria en una elección al Senado desde 1976. Esos resultados no prueban que los independientes puedan ganar, pero sí muestran que pueden obligar a los partidos grandes a gastar más recursos y defender territorios que antes parecían seguros. La incertidumbre aumenta porque los independientes suelen rendir mejor en las encuestas que en las urnas, cuando los votantes conservadores perciben que su decisión puede definir la elección.
El costo político de los terceros partidos
La discusión sobre estos candidatos arrastra una larga historia de reproches entre demócratas y republicanos. Los demócratas han sostenido durante un cuarto de siglo que la candidatura verde de Ralph Nader perjudicó a Al Gore en 2000, porque sus aproximadamente 97.000 votos en Florida superaron ampliamente los 537 sufragios de diferencia con los que George W. Bush ganó el estado decisivo. Los republicanos, a su vez, han culpado a la candidatura independiente de Ross Perot por afectar la reelección de George H. W. Bush en 1992.
El debate reapareció en 2016, cuando los votos de la candidata del Partido Verde Jill Stein en Wisconsin, Míchigan y Pensilvania superaron los márgenes con los que Trump derrotó a Hillary Clinton en esos tres estados. Stein rechazó esa interpretación, y los politólogos todavía discuten cuántos de sus electores habrían votado por alguno de los candidatos principales. El problema central es que el simple contraste entre votos de terceros partidos y margen de victoria no revela automáticamente cómo se habrían comportado esos votantes en una elección de dos opciones.
Las reglas de financiamiento electoral son ahora más flexibles que en 2006, y los super PAC pueden impulsar a candidatos de terceros partidos mediante mecanismos que entonces no existían. Los republicanos de Alaska ya acusaron a los demócratas de aplicar esa táctica con el segundo Dan Sullivan, una afirmación que los señalados niegan. McCaskill advirtió que una operación de ese tipo puede volverse contra la campaña acusada si aparecen huellas visibles que permitan atribuirle la maniobra.
La exsenadora también sostuvo que su triunfo de 2006 no necesitó manipulación, porque la fragmentación del voto ocurrió de forma orgánica. En Misuri, casi 48.000 sufragios fueron para un libertario, una cifra cercana al margen de aproximadamente 49.000 votos con el que McCaskill superó al republicano Jim Talent; en Montana, Tester ganó por unos 3.500 votos mientras un libertario más conservador recibió más de 10.000. Ese mapa es el que los estrategas demócratas estudian al observar las carreras de noviembre.
El bloque independiente gana peso
La estrategia adquiere mayor relevancia porque los independientes constituyen el bloque político individual más grande de Estados Unidos. Gallup reportó que 45% de los adultos estadounidenses se identificaron como independientes políticos en 2025, por encima del 43% registrado en cada uno de los tres años anteriores y la proporción más alta desde que la firma empezó a medir la afiliación partidista en 1988. Demócratas y republicanos quedaron empatados con 27% cada uno.
El aumento de la identificación independiente no comenzó con Trump, ya que Gallup ubica el cambio aproximadamente dos décadas atrás y señala que esa categoría salió de su rango histórico alrededor de 2010. No obstante, ambos partidos han perdido terreno desde sus propios máximos: los demócratas retrocedieron 9 puntos desde 2008 y los republicanos 7 puntos desde 2004. La consecuencia es un electorado más amplio dispuesto a castigar a uno de los partidos, abstenerse o escoger una alternativa menor.
Para los demócratas, esa realidad abre una oportunidad, pero también los obliga a administrar riesgos reputacionales y electorales. Una candidatura independiente puede quitar votos al republicano en un estado favorable, aunque también puede dividir al electorado demócrata o desaparecer en las últimas semanas. En carreras como Texas, Alaska, Ohio e Iowa, el resultado dependerá tanto de los márgenes nacionales como de la capacidad de cada candidato menor para conservar visibilidad y credibilidad.
El control del Senado, por tanto, podría depender de aspirantes sin posibilidades claras de ocupar un escaño, pero capaces de cambiar la aritmética con unos pocos puntos porcentuales. La experiencia de 2006 demuestra que una victoria por pluralidad puede ser suficiente, mientras los comicios recientes recuerdan que las encuestas y los votos finales de terceros partidos no siempre coinciden. En noviembre, el llamado comodín no necesitará ganar para convertirse en protagonista.
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