Por Canuto  

Anthropic pasó de ser una escisión de OpenAI a convertirse en una de las compañías de IA más influyentes del momento. Su crecimiento, impulsado por Claude y por su ofensiva en herramientas para empresas y programación, ya golpea al sector software y reabre una discusión más incómoda: si la IA promete más productividad, también podría acelerar la desaparición de empleos de oficina.
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  • Anthropic, fundada en 2021 por exintegrantes de OpenAI, fue presentada como una firma centrada en seguridad y hoy ya figura entre las grandes potencias de la IA.
  • El fuerte avance de Claude en programación y herramientas empresariales ayudó a impulsar ingresos, rentabilidad y un duro ajuste de expectativas sobre el software tradicional.
  • Dario Amodei insiste en que la IA puede destruir una parte importante de los empleos de oficina de nivel inicial, aunque sostiene que aún hay margen para evitar ese escenario.


Anthropic, la empresa fundada en 2021 por exintegrantes de OpenAI, dejó de ser hace tiempo un laboratorio alternativo para convertirse en uno de los actores más influyentes de la carrera por la inteligencia artificial. La compañía, dirigida por los hermanos Dario y Daniela Amodei, se presenta como una organización enfocada en desarrollar sistemas potentes, pero también alineados con valores humanos y criterios de seguridad.

Ese discurso, sin embargo, hoy convive con una realidad más compleja. El crecimiento de Anthropic, impulsado por su familia de modelos Claude y por su ofensiva en software empresarial, no solo elevó la valoración de la firma a un nivel cercano al billón de dólares, sino que además contribuyó a profundizar el miedo de los mercados sobre el futuro del sector tecnológico y del trabajo de oficina.

En Inside Anthropic, the $965 Billion AI Juggernaut | The Circuit, de Bloomberg Originals, Dario Amodei resumió el momento con una imagen que, según dijo, ha marcado toda su carrera. Durante mucho tiempo, explicó, parece que no pasa nada; luego, de pronto, todo se acelera. A su juicio, ese “exponencial suave” terminó por explotar y Anthropic ya alcanzó el nivel de ingresos y valoración que esperaba.

De escisión de OpenAI a potencia de la IA

Dario Amodei es hoy una de las voces más visibles del sector, aunque su perfil dista del estereotipo tradicional de celebridad tecnológica. Formado en neurociencia antes de entrar a la IA en Baidu y Google, se ha hecho conocido tanto por sus advertencias sobre riesgos sistémicos como por su papel en el desarrollo de modelos de lenguaje avanzados.

Su hermana Daniela siguió una ruta distinta. Venía de Stripe, con una experiencia más operativa, y terminó complementando el enfoque científico de Dario. Ambos se sumaron a OpenAI en sus primeras etapas, cuando la organización aún defendía una estructura sin fines de lucro y una narrativa centrada en construir superinteligencia segura y ampliamente beneficiosa.

Dentro de OpenAI, Dario tuvo un papel importante en el desarrollo del concepto de “scaling laws”, la idea de que los modelos mejorarían al aumentar datos y capacidad de cómputo, incluso sin modificar sustancialmente el algoritmo subyacente. En ese momento, según relató, no era una postura dominante, pero terminó siendo decisiva para abrir camino a sistemas cada vez más potentes.

La salida de los Amodei de OpenAI se ha convertido en una de las historias más comentadas de Silicon Valley. Dario evitó reconstruir todos los detalles del conflicto, pero fue tajante al explicar la ruptura: dijo que, más allá de desacuerdos válidos sobre seguridad, el problema de fondo apareció cuando sintió que ya no podía confiar en ciertas personas, ni en que sus valores coincidieran con lo que afirmaban públicamente.

Con ese trasfondo, Anthropic nació durante la pandemia con siete cofundadores, de los cuales, según destacó Dario, todos siguen aún en la empresa. El grupo inicial se reunía en Precita Park, en San Francisco, para almorzar y discutir lo que estaban construyendo. Esa continuidad fundacional, sostuvo, es muy poco común en una firma que ya alcanzó una escala tan grande.

La apuesta por una IA “buena” y alineada

Desde sus inicios, Anthropic intentó diferenciarse por su énfasis en la seguridad. El propio nombre de la compañía remite a la palabra griega para “humano”, una referencia explícita a su misión de construir inteligencia artificial responsable y beneficiosa para la humanidad en el largo plazo.

En ese marco surgió Claude, el chatbot de Anthropic, entrenado con un conjunto de principios llamado “Constitution”. La idea es orientar el comportamiento del modelo para que resulte útil, pero también menos dañino o engañoso. Daniela Amodei describió la personalidad de Claude como una mezcla de cercanía y distancia profesional, algo que busca transmitir “calidez profesional”, no amistad artificial.

La empresa reconoce que definir qué es un modelo “bueno” nunca es sencillo. Daniela explicó que no existe un estándar universal de ayuda o inocuidad, pero defendió el uso de referencias históricas como la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU para moldear el carácter del sistema. Añadió que también han iniciado conversaciones con líderes religiosos sobre valores compartidos que trascienden visiones particulares.

La compañía admite, además, que los modelos pueden mentir o inventar información, lo que suele llamarse alucinaciones. También ha investigado casos en los que un sistema puede intentar engañar deliberadamente. Por eso, según Daniela, parte del trabajo central consiste en impedir que esos comportamientos lleguen a productos desplegados para clientes.

Incluso esa tarea de ajuste fino ha tenido momentos extraños. Daniela recordó que algunas versiones tempranas de Claude, en la era de Claude 2, podían ser excesivamente moralizantes o protectoras, al punto de sonar “nannyish”. El desafío, dijo, era mover con precisión un dial muy sensible para encontrar un equilibrio entre utilidad, amabilidad y contención de riesgos.

Claude Code, empresas y el golpe al software tradicional

En el último año, la expansión comercial de Anthropic se aceleró con fuerza. La empresa se volvió rentable por primera vez, impulsada en gran medida por productos orientados a clientes empresariales, en especial Claude Code y Claude Cowork. Ambos fueron diseñados para automatizar tareas de ingeniería de software y trasladar ese poder a otros perfiles laborales.

Dario sostuvo que esta preferencia por herramientas corporativas no responde solo a una oportunidad de negocio. Según explicó, también es una decisión de diseño institucional. En su visión, construir sobre modelos basados en publicidad y maximización de tiempo de atención tiende a reproducir incentivos problemáticos ya vistos en redes sociales y en ciertas aplicaciones de video generativo.

Para Anthropic, en cambio, trabajar con empresas abre la puerta a usos que considera más alineados con su misión, como investigación biomédica, desarrollo farmacéutico, energía más eficiente o colaboración con grupos académicos. En palabras de Dario, elegir un modelo de negocio que choque con los propios valores termina obligando a traicionarlos o a quedar fuera del juego.

La rapidez del impacto financiero ya se sintió en el mercado. Poco después del lanzamiento de Claude Cowork, desaparecieron USD $285.000 millones en valor de mercado en una sola jornada, en un episodio que operadores bautizaron como “SaaSpocalypse”. La idea de fondo era clara: si la IA sigue mejorando a esta velocidad, una parte del software tradicional podría volverse prescindible o necesitar una reinvención abrupta.

Dario cree que el sector, en términos agregados, podría hacerse más grande y no más pequeño, aunque con perdedores muy visibles. Algunas empresas podrían reducirse, otras perder valor y unas cuantas incluso desaparecer si no identifican a tiempo sus ventajas defensivas. El mensaje no es que el software muera, sino que su estructura competitiva está cambiando muy rápido.

Ingenieros aumentados por IA y una productividad difícil de ignorar

Uno de los nombres más relevantes en esta etapa reciente de Anthropic es Boris Cherny, el ingeniero detrás de Claude Code y Claude Cowork. Cuando la empresa lo contrató en 2024, vivía en una zona rural de Japón, con una rutina mucho más pausada, mercados de agricultores y la elaboración de miso como hobby. Todo cambió cuando probó por primera vez un chatbot de IA y sintió, según dijo, que tenía que formar parte de ese momento.

Cherny explicó que el mercado de herramientas de programación asistida por IA era todavía bastante básico. En muchos casos se limitaba a autocompletar palabras o líneas. Su apuesta fue mucho más ambiciosa: construir un agente de codificación capaz de encargarse de una porción mucho más amplia del trabajo.

Su descripción del uso actual de Claude dentro de Anthropic ilustra hasta qué punto cambió el oficio. Dijo que ahora conversa con un Claude para escribir código, mientras habla con otro para resolver otra parte de la tarea, y que en ciertos momentos puede tener desde unos pocos hasta miles de instancias ejecutándose en paralelo. En su propio equipo, aseguró, la herramienta escribe casi todo el código y, en su caso personal, el 100% desde hace al menos seis meses.

La demostración pública que hizo durante el reportaje fue simple, pero reveladora. En pocos minutos, Claude Code creó una aplicación de recetas capaz de sugerir comidas semanales y detallar preparaciones, una tarea que antes podía llevar horas o días. No fue el ejemplo más espectacular imaginable, pero sí uno suficiente para mostrar por qué muchas empresas y analistas ven una oportunidad enorme en esta clase de automatización.

Ese entusiasmo se reflejó también en el evento anual Code with Claude. Allí, Anthropic reportó que el volumen de API en la nube creció casi 17 veces interanual y que en 12 meses había lanzado ocho modelos frontier para desarrolladores y usuarios. Daniela llegó a afirmar que la empresa estaba creciendo más rápido que una curva exponencial, y que en el primer trimestre del año la tasa anualizada equivalía a 80 veces.

El debate más incómodo: productividad, empleo y desigualdad

El entusiasmo técnico no elimina la parte más sensible del debate. Mientras Silicon Valley celebra una nueva ola de herramientas capaces de multiplicar la productividad, fuera de ese ecosistema el clima es mucho más ambivalente. Una gran parte del público teme que la IA destruya empleos, y Dario Amodei ha sido una de las figuras más explícitas al hablar de esa posibilidad.

Hace un año advirtió que la IA podría eliminar hasta la mitad de los empleos de oficina de nivel inicial en un plazo de uno a cinco años. Ahora, al ser consultado sobre si ese porcentaje seguía vigente, respondió que no sabía el número exacto, pero que mantenía el mismo orden de preocupación. A su juicio, el patrón inicial siempre parece benigno: la automatización mejora la productividad humana. El problema aparece cuando la automatización se acerca al 100% de la tarea.

Dario planteó que el resultado podría ser una combinación inusual de crecimiento acelerado del PIB con desempleo elevado, subempleo o proliferación de trabajos de bajos salarios, junto con una desigualdad creciente. Rechazó con fuerza la idea de que estas advertencias sean una forma de marketing del miedo. Dijo que ha escrito ampliamente sobre posibles respuestas, desde política fiscal y macroeconómica hasta diferencias entre tareas y empleos, y criticó la lógica de recortar el debate a clips de pocos segundos.

Para Anthropic, la salida no depende de una sola empresa. Dario sostuvo que es necesario hablar del problema, anticiparlo y responder de forma positiva, pero admitió que la solución final corresponde a la sociedad en conjunto. Cherny, por su parte, dijo que el tema le resulta profundamente incómodo, aunque precisamente por eso eligió trabajar allí, con la esperanza de contribuir a que esta fuerza tecnológica inmensa evolucione “un poco mejor”.

Al intentar imaginar el panorama dentro de cinco años, Dario mencionó algunas áreas donde podrían surgir nuevos espacios laborales. Entre ellas citó el mundo físico, donde seguirán siendo necesarias más personas para construir, fabricar y producir; trabajos centrados en relaciones humanas; y funciones orientadas a dirigir o supervisar sistemas de IA conforme a valores e intenciones humanas. Aun así, reconoció que no sabe qué tan amplios serán esos nichos, ni si aparecerán lo bastante rápido.

Daniela ofreció una lectura algo más esperanzadora. En su opinión, los humanos seguirán encontrando maneras de usar la IA para encargarse de las partes del trabajo que resultan más significativas y que solo las personas pueden hacer. Puso el ejemplo de la medicina: si la IA mejora drásticamente el diagnóstico, el médico podría concentrarse más en el examen físico, en el trato con el paciente y en el acompañamiento emocional.

Una visión de poder tecnológico con frenos institucionales

El reportaje también deja entrever otra tensión de fondo. Anthropic quiere presentarse como uno de los “buenos” en la carrera de la IA, pero al mismo tiempo desarrolla sistemas con implicaciones enormes para ciberseguridad, defensa y organización económica. En el material se menciona incluso que algunos clientes tempranos llegaron a describir ciertas capacidades como una “superarma” y pidieron no liberarlas públicamente.

Esa contradicción atraviesa el discurso de Dario Amodei. Por un lado, insiste en la necesidad de sistemas más alineados, honestos y seguros. Por otro, acepta que la tecnología en juego puede ser la más poderosa del mundo y que sus efectos alcanzarán la forma en que la humanidad trabaja, aprende, piensa y hasta libra guerras.

Ante comparaciones con J. Robert Oppenheimer, Dario respondió que la figura histórica con la que más se identifica es Leo Szilard, uno de los primeros en imaginar la reacción en cadena. Aun así, subrayó que no cree en resolver este momento mediante grandes personalidades o líderes que concentren todo el protagonismo. De hecho, dijo ver el caso Oppenheimer más como un ejemplo de fracaso que como uno a emular.

Su conclusión apunta a una arquitectura de controles distribuidos. Con tantos actores poderosos e intereses en juego, sostuvo, la única manera de que el proceso termine bien para todos es que existan frenos y contrapesos en todas partes. Esa idea resume, quizá mejor que cualquier eslogan, la posición actual de Anthropic: construir una tecnología transformadora mientras intenta convencer al mundo de que todavía puede gobernarse.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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