El líder del Partido Verde británico, Zack Polanski, pidió congelar las aprobaciones de grandes centros de datos en Inglaterra, mientras crece la preocupación por su consumo de agua, energía y sus emisiones en plena sequía.
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- Zack Polanski reclamó una pausa en la aprobación de nuevos grandes centros de datos en Inglaterra y propuso retirarles su estatus de infraestructura crítica.
- El debate enfrenta estimaciones distintas sobre el consumo de agua y las emisiones de instalaciones proyectadas en Buckinghamshire y Bedfordshire.
- El Gobierno británico advierte que una moratoria afectaría el empleo y la seguridad nacional, en un conflicto similar al que vive Estados Unidos.
El líder del Partido Verde del Reino Unido, Zack Polanski, pidió al Gobierno británico congelar las aprobaciones de nuevos grandes centros de datos en Inglaterra, en momentos en que una sequía de verano intensifica la presión sobre el agua y la energía. Su propuesta busca frenar la expansión de instalaciones asociadas con la computación en la nube y el desarrollo de inteligencia artificial, una estrategia que el Gobierno laborista considera relevante para la economía y la seguridad nacional.
Polanski también planteó retirar a los centros de datos la categoría de infraestructura nacional crítica, una designación adoptada por el Gobierno en 2024. Según la explicación oficial, estos centros son esenciales para buena parte de la actividad económica y de los servicios públicos. El dirigente sostiene que, durante una escasez, esas instalaciones no deberían tener prioridad sobre los hogares para acceder al agua y la electricidad, mientras sus críticos advierten que una pausa podría desviar inversiones y aumentar la dependencia británica de servicios informáticos extranjeros.
El reclamo del Partido Verde británico
La oposición de los Verdes se concentra en el tamaño y la intensidad de recursos que requieren los centros de datos modernos. Estas instalaciones mantienen servidores funcionando de manera continua y utilizan sistemas de refrigeración que pueden demandar grandes volúmenes de agua, además de una provisión eléctrica estable para sostener cargas relacionadas con servicios digitales, almacenamiento y aplicaciones de inteligencia artificial.
Polanski declaró a la BBC, desde el lugar propuesto para un centro de datos en el este de Londres, que el Gobierno debería pisar el freno en la aprobación de grandes proyectos. En lugar de una expansión sin límites, propuso permitir instalaciones pequeñas que atiendan principalmente a las comunidades donde operan, una idea que conecta la infraestructura digital con las necesidades inmediatas de los residentes.
En declaraciones a LBC, el líder del Partido Verde afirmó que los datos deben servir a las personas y no al revés. También acusó a los ministros de pasar por encima de los habitantes de las zonas afectadas al ignorar, según su argumento, sus opiniones durante los procesos de planificación, una crítica que coloca la disputa en el terreno de la participación local y no solamente en el de la política tecnológica.
El Partido Verde cuestiona desde hace tiempo la decisión adoptada en 2024 para elevar los centros de datos a la categoría de infraestructura nacional crítica. Sus integrantes temen que esa designación facilite el apoyo estatal a nuevos desarrollos y termine inclinando las decisiones públicas a favor de instalaciones con fuertes necesidades de agua y energía, incluso cuando los hogares enfrenten restricciones o incertidumbre sobre el suministro.
Agua y emisiones, en el centro de la disputa
La discusión se complica porque las cifras sobre el consumo de agua dependen de la fuente y del criterio utilizado. Los operadores de centros de datos no están obligados a reportar ese uso en el Reino Unido, lo que deja a autoridades, organizaciones ambientales y empresas trabajando con estimaciones diferentes para medir la presión real sobre los recursos hídricos.
El Water Research Centre estimó en febrero que los centros de datos representan aproximadamente 0,2% del mercado no residencial de Inglaterra y consumen cerca de 1.900 millones de litros de agua potable al año. Los Verdes, en cambio, citan una investigación de la organización benéfica Global Action Plan, según la cual una sola instalación grande puede utilizar hasta 1,5 millones de litros diarios, una cifra que ilustra el impacto potencial de los proyectos de mayor escala.
Los actores de la industria responden que otras actividades representan un desperdicio de agua más significativo, entre ellas los centros de ocio, los campos de golf y las fugas en las redes. Esa comparación no elimina la preocupación de los críticos, pero muestra por qué el debate se ha vuelto polarizante: cada sector selecciona indicadores distintos para demostrar que el problema principal está dentro o fuera de los centros de datos.
El consumo energético y las emisiones añaden otra dimensión al conflicto. Un análisis de la organización sin fines de lucro Foxglove, reportado por The Guardian, identificó los proyectos propuestos en Wapseys Wood, Buckinghamshire, y Quest Park, Bedfordshire, como posibles fuentes de más de 4,5 millones de toneladas de emisiones de carbono anuales cuando operen a plena capacidad, con una demanda conjunta estimada de 1,3 GW.
Proyectos bajo presión climática
La estimación de Foxglove supera las 3,9 millones de toneladas atribuidas a toda la operación de ExxonMobil en el Reino Unido durante 2023, de acuerdo con el grupo de análisis Ember. La comparación no equivale a una medición idéntica de actividades, pero sirve para dimensionar la escala que los críticos atribuyen a dos proyectos de centros de datos cuando alcancen su funcionamiento completo.
Caroline Lucas, exlíder del Partido Verde, calificó las emisiones proyectadas de absolutamente aterradoras. Su reacción refleja la preocupación de quienes creen que la carrera por ampliar la infraestructura para inteligencia artificial puede entrar en conflicto con los objetivos climáticos británicos, sobre todo si la electricidad utilizada por los servidores no procede de fuentes consideradas limpias.
El diputado laborista Toby Perkins, presidente de una investigación de la Cámara de los Comunes sobre el sector, afirmó que los hallazgos recuerdan que los centros de datos podrían representar una amenaza seria para los objetivos climáticos legalmente vinculantes. Perkins condicionó ese riesgo a la ausencia de salvaguardas adecuadas, por lo que su posición deja abierta la posibilidad de crecimiento, aunque bajo reglas más estrictas sobre energía, agua y efectos locales.
La sequía de verano vuelve más visible esa discusión en el territorio británico. Las autoridades ambientales han informado que casi tres cuartas partes de Inglaterra se encuentran en situación de sequía tras un periodo seco, mientras las comunidades cercanas a los proyectos observan con inquietud que instalaciones de gran valor económico puedan competir por recursos esenciales durante periodos de escasez.
El Gobierno defiende la expansión tecnológica
El Gobierno no ha cedido ante la exigencia de una pausa. Un alto funcionario del Partido Laborista dijo a POLITICO que una moratoria sería un desastre para el empleo y la seguridad nacional, porque podría trasladar la inversión al extranjero y dejar a Gran Bretaña dependiendo de capacidad informática foránea para manejar datos sensibles de salud y defensa.
El mismo funcionario rechazó, sin embargo, la idea de que el respaldo oficial constituya un cheque en blanco para las grandes empresas tecnológicas. Según su posición, los desarrolladores deben utilizar energía limpia, gestionar el agua de manera responsable e invertir en las comunidades anfitrionas, condiciones que buscan combinar el crecimiento de la infraestructura con compromisos ambientales y beneficios locales.
Polanski no llegó a plantear una moratoria completa para todo tipo de instalación, sino que concentró su propuesta en frenar los grandes centros de datos y permitir proyectos pequeños vinculados con sus comunidades inmediatas. Esa diferencia mantiene abierta una zona de negociación, aunque el conflicto principal sigue siendo quién debe asumir los costos de la expansión digital cuando el agua, la energía y el espacio urbano son limitados.
La disputa británica forma parte de una reacción internacional más amplia contra los centros de datos asociados con la estrategia de crecimiento de la inteligencia artificial. Según Cryptopolitan, Estados Unidos ha registrado pausas y moratorias desde Nueva York hasta Texas, pero el malestar allí se concentra principalmente en las facturas de energía de los hogares, mientras que en el Reino Unido predominan las preocupaciones ambientales y locales.
Un debate que puede afectar la política tecnológica
Neil Ross, de Public First, explicó a POLITICO que la oposición británica todavía es más favorable que la estadounidense y que sus motivos se relacionan sobre todo con impactos locales y ambientales. En Estados Unidos, agregó, la reacción pública se ha conectado con el costo de la electricidad, una diferencia que puede determinar cómo evolucionan las respuestas políticas en cada país.
La presión estadounidense ya ha producido medidas de pausa en distintos estados y también consecuencias electorales. Un memorando del Comité Senatorial Republicano Nacional advirtió a las empresas de inteligencia artificial que la reacción negativa estaba perjudicando al senador Jon Husted en Ohio, según el reporte citado, lo que muestra que la infraestructura tecnológica puede convertirse en un asunto de campaña cuando sus costos se trasladan a los consumidores.
James Meadway, del centro de análisis Verdant, sostuvo que los Verdes encontraron un tema que coincide con el estado de ánimo público y que podría atraer nuevos votantes. La observación sugiere que la discusión no se limita a la planificación de dos proyectos, pues también puede fortalecer una agenda política que vincule la protección ambiental con la desconfianza hacia los beneficios concentrados de la economía digital.
El Gobierno británico tendrá que equilibrar la promesa de empleo, autonomía informática y capacidad para procesar datos con las demandas de comunidades que temen perder acceso estable al agua o asumir mayores costos energéticos. Por ahora, Polanski busca que esa evaluación ocurra antes de aprobar nuevos desarrollos, mientras el debate sobre los límites materiales de la inteligencia artificial gana espacio en el Reino Unido.
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