La administración Trump impulsa una subasta eléctrica de emergencia para acelerar nuevas plantas de “carga base” que alimenten el boom de centros de datos e IA, pero el plan enfrenta una realidad incómoda: construir gas, carbón o nuclear hoy toma años, cuesta mucho más y choca con cuellos de botella en turbinas, permisos y mano de obra.
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- La Casa Blanca pide una subasta eléctrica de emergencia para contratos de 15 años que incentiven nueva capacidad y reduzcan la volatilidad de precios.
- El plan prioriza carbón, gas y nuclear como generación de carga base y excluye renovables, según una hoja informativa de la administración.
- El mercado de turbinas y los permisos frenan al gas: los plazos promedio subieron de 3,5 a 5 años (2023-2025) y el costo de ciclo combinado aumentó 49%.
⚡️ Crisis en la energía: Trump impulsa una subasta eléctrica de emergencia.
Busca acelerar la construcción de plantas de "carga base" para enfrentar la creciente demanda de IA y centros de datos.
Gas, carbón y nuclear son las opciones priorizadas, excluyendo renovables.… pic.twitter.com/SN9IFncG7I
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) January 17, 2026
La administración del presidente Donald Trump intensificó esta semana su estrategia para enfrentar el encarecimiento de la electricidad en Estados Unidos, en un contexto de fuerte crecimiento de demanda por centros de datos, nuevas fábricas y la electrificación de la economía. Según reportó Bloomberg, funcionarios de alto nivel promovieron el viernes una subasta eléctrica de emergencia con la que buscan acelerar la construcción de grandes plantas de generación y, con ello, moderar facturas que describen como “disparadas”.
La propuesta, sin embargo, trae consigo una tensión central. El tipo de infraestructura que la Casa Blanca quiere priorizar se construye con dificultad creciente. Incluso cuando exista la voluntad política, los plazos, los permisos y la disponibilidad de equipos clave están imponiendo límites que podrían chocar con la urgencia que impone el auge de la inteligencia artificial.
El caso es relevante para el ecosistema tecnológico y financiero porque la expansión de la IA depende de energía abundante y estable. Los grandes modelos y la computación de alto desempeño se concentran en centros de datos que consumen electricidad de manera continua. Esa realidad ya está reconfigurando decisiones de inversión, costos operativos y estrategias de ubicación para empresas digitales.
La apuesta por “carga base” y el mensaje contra renovables
De acuerdo con Bloomberg, durante un evento a pocos pasos de la Casa Blanca, el Secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, defendió la necesidad de construir plantas de “carga base” para sostener el suministro. “Tenemos que construir plantas de energía de carga base para mantener las luces encendidas, mantener nuestros hogares cálidos y impulsar nuestra economía”, declaró.
Ese concepto, según una hoja informativa citada por la misma fuente, se traduce en tres tecnologías específicas: carbón, gas natural y nuclear. El detalle no es menor. La visión descrita por funcionarios excluye explícitamente la energía renovable como eje de la solución, pese a que en otras regiones del país la expansión solar y eólica ha sido parte de la estrategia para sumar nueva capacidad.
La discusión se da en un momento en el que múltiples actores reconocen que la red eléctrica necesita más oferta. Al mismo tiempo, persisten diferencias partidistas. Bloomberg explicó que muchos líderes demócratas se han opuesto a nueva infraestructura de combustibles fósiles, mientras que diversos republicanos han criticado subsidios que incentivan nuevos proyectos solares y eólicos.
El planteamiento de “carga base” busca estabilidad, pero también abre un debate sobre velocidad y costo. Las energías que la administración privilegia suelen requerir obras de gran escala y largos procesos de planificación. Eso contrasta con la premisa de contener tarifas en el corto plazo, justo cuando crece el consumo por la economía digital.
Construir carbón o nuclear: una tarea que casi no se está haciendo
La dificultad de ejecutar el plan se aprecia con claridad en dos de las tecnologías preferidas por la administración. Bloomberg señaló que en Estados Unidos nadie ha construido una planta de carbón en más de una década, un indicador de cómo cambió la inversión y la regulación en el sector.
En el frente nuclear, el panorama tampoco luce simple. La misma fuente reportó que ningún desarrollador ha anunciado planes para proyectos nucleares a gran escala después de que el último reactor nuevo registrara retrasos de años y sobrecostos por miles de millones de dólares. Ese historial se convirtió en un factor que inhibe nuevas apuestas de gran tamaño.
Para los lectores que siguen la intersección entre IA, mercados y energía, el punto clave es que la disponibilidad de electricidad no depende solo de la demanda. Depende de la capacidad real de construir activos físicos, con ingeniería, cadenas de suministro y permisos. Y en carbón y nuclear, los precedentes recientes no muestran un pipeline robusto que pueda escalar rápido.
Así, el gas natural aparece como la alternativa “más viable” dentro del menú impulsado por la Casa Blanca. Aun así, el gas enfrenta fricciones propias, y esas fricciones se están agravando, según los datos citados en el reporte.
El gas enfrenta plazos más largos, costos más altos y escasez de turbinas
Bloomberg informó que el tiempo necesario para poner en operación una planta de gas en Estados Unidos está aumentando. De acuerdo con BloombergNEF, los plazos promedio crecieron desde 3,5 años hasta 5 años entre 2023 y 2025. Para una política que busca resultados rápidos, ese dato funciona como un recordatorio de los límites operativos del sector.
El costo también se ha movido en contra. BloombergNEF, citado por la nota, indicó que construir una planta de gas de ciclo combinado, considerada la opción más eficiente dentro del gas, aumentó alrededor de 49% en el mismo período. Esta combinación de mayor plazo y mayor costo reduce el impacto inmediato de cualquier iniciativa de expansión.
El analista de Evercore, Nicholas Amicucci, resumió el problema en términos de restricciones concretas. “El mercado de turbinas y las personas que realmente construyen estas cosas son los principales límites”, afirmó, según Bloomberg. Luego agregó otra capa crítica para el calendario: “La ubicación y los permisos son un desastre”.
La nota explicó que el salto en consumo de centros de datos, nuevas fábricas y la electrificación en general disparó la demanda por turbinas que generan electricidad quemando gas natural. Eso alimentó una competencia intensa. Empresas tecnológicas, servicios públicos y desarrolladores buscan asegurar un número limitado de turbinas disponibles.
Como evidencia del cuello de botella, Bloomberg citó al fabricante GE Vernova. La compañía habría comunicado que está agotada hasta 2028 y que ya toma pedidos para 2029. El mercado bursátil reaccionó al impulso: las acciones de GE Vernova subieron 6,1% el viernes, según el mismo reporte.
PJM, la subasta de emergencia y el rol de estados de ambos partidos
El componente institucional del plan se centra en PJM Interconnection LLC, descrito por Bloomberg como el operador de red eléctrica más grande de Estados Unidos. Burgum y el Secretario de Energía, Chris Wright, participaron del impulso político. Ambos, indicó la nota, actúan como presidente y vicepresidente del Consejo Nacional de Dominio Energético del presidente Donald Trump.
Según Bloomberg, los secretarios se unieron el viernes a gobernadores republicanos y demócratas de 13 estados para emitir una “declaración de principios”. El objetivo fue instar a PJM a organizar una subasta de electricidad al por mayor de emergencia más adelante este año.
El mecanismo descrito busca atender, al menos en parte, el problema de riesgo y financiamiento. La subasta permitiría a empresas tecnológicas que construyen grandes centros de datos pujar por contratos de 15 años vinculados a nueva capacidad de generación. La expectativa, según el reporte, es que eso ayude a asegurar suministros y reduzca la volatilidad de precios.
En otras palabras, el plan intenta crear una señal de largo plazo que vuelva financiables proyectos que, sin contratos firmes, podrían quedar en pausa. Para el mercado, los contratos largos suelen reducir incertidumbre. Sin embargo, no eliminan los problemas de construcción, permisos o disponibilidad de equipos, que son precisamente los cuellos de botella destacados por el reporte.
La crítica: incluir energía limpia también como recurso de capacidad
La exclusión de renovables no pasó sin respuesta. Bloomberg citó a Rob Gramlich, presidente de Grid Strategies y ex economista senior en PJM, quien sostuvo que la subasta debería incluir energía limpia. Su argumento se enfocó en el valor de capacidad de ciertos recursos.
Gramlich señaló que opciones como el viento offshore y las baterías pueden ofrecer el mismo valor de capacidad que plantas de gas, y recordó que ninguna fuente está disponible cada segundo del año. “El mercado debería incluir todos los recursos con el crédito que merecen”, dijo, de acuerdo con Bloomberg.
El reporte cerró con un contraste político claro. De regreso en la Casa Blanca, el gobernador saliente de Virginia, Glenn Youngkin, y secretarios del gabinete de Trump rechazaron en gran medida a las renovables como alternativa. “Las renovables no van a lograrlo”, declaró Youngkin, según Bloomberg. Luego reforzó su postura: “Necesitamos plantas de gas. Necesitamos nuclear. Necesitamos todo. Lo necesitamos ahora”.
El debate seguirá abierto porque el problema central no es solo tecnológico. También es de tiempos industriales. En pleno auge de la IA, el sistema eléctrico enfrenta una carrera contra el reloj, y las decisiones sobre qué construir, cómo financiarlo y qué incluir en el mercado podrían definir costos y competitividad en los próximos años.
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