Una técnica basada en las variaciones gravitacionales de tres orbitadores de la NASA sugiere que el manto del hemisferio sur de Marte podría ser entre 200 y 400 °C más caliente que el del norte. La diferencia podría estar relacionada con material parcialmente fundido y ofrece nuevas pistas sobre la evolución geológica del planeta.
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- El manto bajo el hemisferio sur de Marte sería entre 200 y 400 °C más caliente que el del norte.
- El hallazgo surgió del análisis de cambios sutiles en la velocidad orbital de tres naves de la NASA.
- La anomalía podría aportar pistas sobre la estructura interna y la evolución geológica de Marte, aunque su origen aún no está resuelto.
Marte podría tener un interior mucho menos uniforme de lo que suponían algunos modelos planetarios. Una investigación encabezada por Alexander Berne sugiere que el manto bajo el hemisferio sur del planeta puede ser entre 200 y 400 grados Celsius más caliente que el situado bajo el norte. De acuerdo con los resultados, esa diferencia también podría permitir la existencia de material parcialmente fundido en el interior marciano.
El resultado profundiza la conocida división entre las dos grandes regiones de Marte. Mientras el hemisferio norte está dominado por llanuras bajas y relativamente aplanadas, el sur presenta altiplanos más elevados, antiguos y cubiertos de cráteres. La investigación fue publicada en agosto de 2026 en Nature y vincula esa dicotomía superficial con una posible diferencia profunda de temperatura.
Una diferencia interna que desafía los modelos habituales
Los modelos del interior de los cuerpos planetarios suelen partir de una estructura relativamente uniforme. Sin embargo, los impactos, la composición de la corteza y la forma en que se libera el calor pueden producir desequilibrios persistentes entre distintas regiones.
El estudio encontró que los cambios gravitacionales experimentados por varias naves en órbita no coinciden con lo esperado para un Marte perfectamente simétrico. En lugar de mostrar una distribución homogénea, los datos apuntan a una estructura interior en la que el sur conserva considerablemente más calor que el norte.
Para llegar a esa conclusión, Berne y sus colegas analizaron información de archivo de Mars Global Surveyor, Mars Odyssey y Mars Reconnaissance Orbiter, tres misiones de la NASA que estudiaron Marte desde órbita. El equipo buscó cambios sutiles en la velocidad orbital de las naves, ya que esas variaciones pueden revelar diferencias en el campo gravitacional y ayudar a inferir cómo está distribuido el material dentro del planeta.
El análisis utilizó una técnica denominada tomografía de mareas, que incorpora la influencia gravitacional variable del Sol sobre Marte mientras el planeta recorre su órbita. Al combinar ese efecto con las alteraciones orbitales observadas, los investigadores construyeron un modelo de la estructura interna y de la temperatura del planeta sin depender exclusivamente de mediciones directas bajo la superficie.
Causas de movimientos recientes
(a) Confirmado: el estudio atribuye la diferencia térmica a las inferencias obtenidas mediante la tomografía de mareas y los datos orbitales de tres misiones. Los resultados indican que el interior austral podría ser entre 200 y 400 °C más caliente que el septentrional.
(b) Plausible: esa anomalía podría estar relacionada con la dicotomía entre las tierras altas del sur y las llanuras del norte, así como con diferencias en el grosor y la composición de la corteza. No obstante, el estudio no establece de forma definitiva que un impacto antiguo haya causado directamente la separación térmica.
El calor del sur conecta varias piezas del misterio marciano
Según el modelo, el manto situado bajo el hemisferio sur podría estar entre 200 y 400 °C más caliente que el manto del norte. El extremo superior de esa diferencia equivale aproximadamente a 750 °F, y una temperatura tan elevada podría mantener parcialmente fundido parte del material profundo.
La presencia de material parcialmente fundido tendría posibles consecuencias para la circulación interna y la historia volcánica de Marte. Sin embargo, se trata de una interpretación del modelo y no de una observación directa de magma bajo la superficie.
La anomalía también podría ayudar a interpretar otras características conocidas del planeta, como sus señales sísmicas y magnéticas. Estas conexiones siguen siendo hipótesis de trabajo: la diferencia térmica no demuestra por sí sola el origen de todas las estructuras observadas en Marte.
Marte no posee hoy un campo magnético global, aunque las rocas de algunas regiones conservan señales de un antiguo campo planetario. La relación entre esas huellas magnéticas y la distribución actual del calor interno requiere estudios adicionales.
La superficie de Marte ya mostraba una división extrema
La diferencia de temperatura no aparece aislada de la geografía marciana. La superficie del planeta está marcada por una fuerte dicotomía entre el norte y el sur: las llanuras septentrionales se encuentran a menor altitud, mientras que los altiplanos meridionales son más elevados, antiguos y densamente cubiertos de cráteres.
Una de las explicaciones propuestas para esa división sostiene que un impacto gigantesco ocurrido en la historia temprana de Marte pudo excavar las tierras bajas del norte. Otra posibilidad atribuye un papel importante a procesos internos, como diferencias en la composición, el grosor de la corteza o la circulación del manto.
La nueva investigación no determina de manera definitiva cuál de esos escenarios explica la dicotomía ni si el origen de la diferencia superficial coincide con el de la anomalía térmica. Su aporte principal es mostrar que la división entre ambos hemisferios podría extenderse hasta las capas profundas del planeta.
Misiones futuras podrían poner a prueba la hipótesis
La explicación basada en una corteza meridional más gruesa podría someterse a nuevas pruebas mediante mapas gravitacionales de mayor resolución y observaciones sísmicas adicionales. Esos datos permitirían comprobar si la anomalía corresponde a una distribución persistente de calor o a estructuras localizadas bajo la superficie.
A medida que se obtengan más datos gravitacionales, los investigadores podrán reconstruir con mayor detalle la estructura tridimensional de Marte. Esas inferencias podrían orientar futuras misiones y ayudar a seleccionar regiones donde la geología conserve evidencias sobre agua, volcanismo o condiciones pasadas de habitabilidad.
La tomografía de mareas también podría aplicarse a otros cuerpos del sistema solar. Su utilidad radica en que permite extraer información sobre el interior a partir de cambios gravitacionales y orbitales, una alternativa valiosa cuando una misión no puede perforar ni acceder directamente a las capas profundas.
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