Por Canuto  

El estrecho de Ormuz se convirtió en la primera gran prueba del alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, con versiones opuestas sobre su reapertura, señales de tráfico limitado y nuevos planes iraníes para cobrar peajes en criptomonedas a los petroleros.
***

  • Trump habló de una reapertura completa del estrecho, pero Irán planteó un paso coordinado y bajo control militar.
  • Reportes desde Irán y medios internacionales apuntan a cupos de apenas una docena de barcos diarios, muy por debajo del promedio previo a la guerra.
  • Teherán también avanzaría con un cobro de hasta USD $1 por barril, pagado en criptomonedas, para usar la ruta por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial.


El estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles para el comercio energético global, se ha convertido en el primer foco de tensión del alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán. Aunque Donald Trump presentó el acuerdo como una reapertura total de la ruta marítima, las autoridades iraníes describieron un esquema mucho más restringido y sometido a coordinación con sus Fuerzas Armadas.

La discrepancia no es menor. Por ese corredor de apenas 21 millas de ancho pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial, de modo que cualquier ambigüedad sobre su funcionamiento tiene impacto inmediato en navieras, aseguradoras y mercados financieros. La tregua arrancó el miércoles, pero en cuestión de horas aparecieron versiones encontradas sobre cuántos barcos podrían cruzar y bajo qué condiciones.

Según la cobertura de Yahoo Finance, el problema escaló cuando la agencia semioficial iraní Fars aseguró que el tráfico de petroleros estaba “detenido” a causa de los ataques continuos de Israel en Líbano. Casi al mismo tiempo, The Wall Street Journal informó que Irán habría dicho a mediadores que limitaría el tránsito a alrededor de una docena de embarcaciones por día, una cifra muy inferior a los más de 130 buques diarios que cruzaban antes de la guerra.

Para un público menos familiarizado con la zona, conviene recordar que Ormuz es un cuello de botella decisivo para Asia, Europa y buena parte de la infraestructura global del crudo y el gas. Por eso, incluso una reapertura parcial puede ser insuficiente para normalizar las cadenas logísticas o devolver la calma al mercado.

Versiones enfrentadas sobre la reapertura

La Casa Blanca rechazó de inmediato la idea de una paralización del tránsito. En una rueda de prensa celebrada el miércoles, la secretaria de prensa Karoline Leavitt calificó de falsas las afirmaciones de Fars y sostuvo que cualquier cierre del estrecho sería “completamente inaceptable”. También expresó que Estados Unidos respalda la posición de Israel de que Líbano no forma parte de este alto el fuego.

Trump, por su parte, había anunciado durante la noche que el acuerdo contemplaba una reapertura “completa” del paso marítimo. Añadió además que Estados Unidos ayudaría con la acumulación de tráfico en el estrecho “para asegurarse de que todo vaya bien”, aunque posteriormente Leavitt no dio detalles sobre si eso implicaría presencia de buques de guerra estadounidenses cerca de instalaciones militares iraníes.

Del lado iraní, el lenguaje fue más restrictivo desde el inicio. La declaración del Consejo Supremo de Seguridad Nacional prometió “paso seguro”, pero solo “en coordinación con las Fuerzas Armadas de Irán”. Esa redacción fue interpretada como una continuación del esquema vigente durante la guerra, en el que Teherán mantenía la capacidad de decidir qué barcos podían pasar y cuáles no.

Un alto funcionario iraní reforzó esa visión en declaraciones a Reuters, al describir la reapertura como “limitada, bajo el control de Irán”. En otras palabras, la tregua no habría significado una restauración plena de la libre navegación, sino una modalidad administrada por Teherán y condicionada por el contexto militar regional.

Tráfico aún muy por debajo de niveles normales

Las primeras señales sobre movimiento marítimo tampoco despejaron la incertidumbre. El servicio independiente MarineTraffic reportó “señales tempranas de actividad de buques” tras el anuncio del alto el fuego. Sin embargo, ese repunte inicial quedó opacado por nuevas informaciones sobre topes de tránsito y restricciones operativas.

Incluso con cierta mejora en los últimos días, el flujo sigue muy por debajo de los más de 130 barcos que atravesaban el estrecho en una jornada promedio antes del conflicto. Esa brecha sugiere que la reapertura, si se consolida, estaría lejos de representar una vuelta a la normalidad.

MarineTraffic indicó además que “cientos de buques permanecen en la región” y están, en los hechos, varados. Esa acumulación de embarcaciones no solo refleja el miedo a nuevos ataques, sino también la dificultad para coordinar seguros, tripulaciones y ventanas de paso en un corredor cuya seguridad sigue en discusión.

El vicepresidente JD Vance ya había definido el acuerdo como “una tregua frágil”, y Ormuz parece confirmar esa lectura. Más allá del cese de hostilidades formal, el mercado necesita certezas operativas y no solo declaraciones diplomáticas.

Peajes en criptomonedas y control de facto

A la disputa sobre el tránsito se suma otra cuestión con posibles implicaciones para energía y activos digitales. El Financial Times informó que Irán avanza con planes para cobrar a los armadores una tarifa de hasta USD $1 por barril de petróleo por el uso del estrecho, con pago en criptomonedas.

La combinación de peajes y cripto introduce una dimensión novedosa en una crisis ya compleja. No se trata solo de seguridad marítima o geopolítica regional, sino también del posible uso de infraestructura cripto como mecanismo de cobro en una ruta estratégica para el comercio global.

Capital Economics resumió el punto central en una nota publicada el miércoles al señalar que, para los mercados, la cuestión más crítica sigue siendo el estatus del estrecho de Ormuz. Sus analistas estimaron que esos cargos podrían tener un efecto modesto sobre los precios mundiales de la energía, aunque en la práctica podrían equivaler a una “nacionalización parcial de facto” de la ruta marítima.

Raymond James, por su parte, advirtió que los detalles específicos de la reapertura serán clave para responder a una pregunta más amplia: “¿dónde podría desmoronarse esto?”. La inquietud apunta a que un esquema de control selectivo y pagos extraordinarios termine erosionando rápidamente los términos del alto el fuego.

Navieras y mercados siguen en modo de cautela

Dentro de la industria energética y naviera, el tono dominante sigue siendo de prudencia. Alan Gelder, vicepresidente sénior de Wood Mackenzie, escribió el miércoles que los buques cargados de petróleo tienen todos los incentivos para transitar Ormuz tan rápido como lo permitan los seguros y las garantías de seguridad, pero advirtió que aún no está claro qué ritmo de cruces puede alcanzarse con seguridad.

Gelder agregó que, por ahora, el tráfico en el golfo Pérsico podría funcionar bajo una lógica logística de “justo a tiempo”. El objetivo sería evitar que los barcos queden atrapados si se reanudan las hostilidades, un escenario que sigue siendo considerado plausible pese al acuerdo anunciado por Washington.

Mohamed El-Erian, principal asesor económico de Allianz, comentó en redes sociales que probablemente los transportistas estén “mucho más inclinados a sacar de allí nuestro equipo y a nuestros colegas que a enviarlos”. Esa frase resume el dilema del sector: la prioridad inmediata es reducir exposición, no expandir operaciones.

La consecuencia es un mercado que no parece dispuesto a ignorar lo que ocurra en Irán, aun con una tregua formal en pie. Tras otra jornada de fuertes oscilaciones bursátiles, varios observadores concluyeron que la atención sobre Ormuz seguirá siendo un factor dominante para precios de energía, inflación y sentimiento inversor.

Terry Haines, de Pangaea Policy, definió esta situación como “la nueva normalidad, con acuerdo o sin acuerdo”. La frase sugiere que el alto el fuego puede haber reducido temporalmente la intensidad del conflicto, pero no eliminó la fragilidad estructural de una ruta marítima crucial para la economía mundial.

Por ahora, el verdadero alcance de la reapertura del estrecho de Ormuz sigue sin resolverse. Entre cupos reducidos, control militar iraní, barcos varados y planes de cobro en criptomonedas, la primera prueba de la tregua dejó claro que la estabilidad en la región continúa siendo provisional y que los mercados seguirán pendientes de cada movimiento.


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

Suscríbete a nuestro boletín