Por Angel Di Matteo   𝕏 @shadowargel

Mientras la inteligencia artificial concentra titulares y financiamiento, en la industria cripto crece la duda sobre si el capital se está yendo para siempre. Haseeb Qureshi, socio gerente de Dragonfly, asegura que esa lectura confunde productos distintos: la IA masiva se apalanca en niveles gratuitos, pero en cripto no existe un Bitcoin gratis”. Para él, lo que se ve hoy es una corrección de mercado y un ciclo más, con las stablecoins como señal de utilidad en expansión.

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  • Haseeb Qureshi de Dragonfly rechazó que cripto “pierda” frente a la IA: dijo que la comparación parte de productos con modelos de adopción distintos.
  • Defendió la tracción de las stablecoins: afirmó que la oferta crece cerca de 50% interanual y lo calificó como crecimiento exponencial.
  • Dragonfly anunció un fondo de USD $650 millones y Qureshi sostuvo que el letargo es “capitalismo haciendo su trabajo”, tras años de sobrefinanciamiento.

 

La inteligencia artificial se ha convertido en el imán del capital de riesgo y de los titulares, y esa realidad ha abierto una pregunta incómoda dentro del ecosistema cripto: ¿la industria ya perdió su “momento ChatGPT”? En el circuito de inversores y fundadores, la duda suele venir acompañada de una preocupación mayor, la posibilidad de que el financiamiento se esté desplazando de forma permanente hacia la IA.

Haseeb Qureshi, socio gerente de la firma de capital de riesgo cripto Dragonfly, niega de lleno esa lectura. En una entrevista para el medio CoinDesk durante NEARCON 2026, en San Francisco, el inversionista sostuvo que comparar la explosión de adopción de herramientas de IA con la trayectoria de las criptomonedas no solo es impreciso, sino que confunde la naturaleza de ambos productos.

Su argumento central parte del modelo de consumo. Qureshi afirmó que menos del 1% de los usuarios de IA paga por el servicio, lo que implica que el 99% opera en niveles gratuitos. “La criptomoneda no tiene un nivel gratuito”, remarcó, y lo aterrizó en una frase que resume su crítica: “No hay Bitcoin gratis. No hay Ethereum gratis”.

Desde su perspectiva, el hecho de que aproximadamente el 80% de los estadounidenses haya probado alguna herramienta de IA, frente a un 15% que ha poseído criptomonedas, no prueba derrota. Al contrario, lo describe como un “fenómeno de mercado masivo” para un producto financiero y tecnológico que exige exposición económica real y que, por diseño, no se distribuye mediante una capa gratuita.

Adopción y utilidad: por qué Qureshi cree que la comparación con la IA está mal planteada

La narrativa del “momento ChatGPT” suele asumir que la adopción rápida de consumidores es el indicador definitivo de éxito tecnológico. Qureshi cuestiona ese supuesto cuando se aplica a cripto. A su juicio, la IA se difunde como software de consumo con acceso inmediato, mientras que cripto se enfrenta a fricciones distintas: compra, custodia, riesgo de precio y aprendizaje de herramientas.

En ese marco, el inversionista propone medir la industria con otra vara: utilidad global sostenida, especialmente en pagos. Para lectores nuevos, esta distinción es clave. En cripto conviven activos volátiles como BTC y ETH con instrumentos diseñados para estabilidad de precio, como las stablecoins, que buscan mantener paridad con una moneda fiduciaria y se usan para transferencias y liquidación.

Qureshi señaló que las stablecoins han crecido de forma constante al margen de las oscilaciones del mercado. Según dijo, la oferta de stablecoins viene aumentando alrededor de 50% año contra año. “Eso es un crecimiento exponencial”, afirmó, usando ese desempeño como evidencia de que los fundamentos de uso no se han roto aunque el ánimo del mercado se enfríe.

En otras palabras, para él la historia relevante no es si cripto “compite” con la IA en fascinación mediática, sino si sigue construyendo rieles útiles para mover valor. Bajo esa óptica, la baja de entusiasmo en ciertos segmentos no invalida la expansión de casos de uso concretos, como pagos internacionales y flujo de dólares tokenizados.

Capital de riesgo: la migración hacia IA como señal de mercado, no como sentencia

Qureshi reconoció que el dinero del capital de riesgo sí se ha desplazado hacia la IA. Sin embargo, lo interpretó como una dinámica típica de mercado. “El dinero es un indicador adelantado”, dijo, y agregó que las personas responden al dinero más que a “la realidad en el terreno”. Su lectura es que la reasignación de capital no necesariamente describe el estado real de la adopción.

También puso en perspectiva el tamaño del sector cripto. Aun tras múltiples caídas, afirmó que se mantiene como una clase de activos de USD $2 billones. En paralelo, subrayó un contraste operativo con gigantes de IA como OpenAI: mientras algunas empresas del sector emplean miles de personas, muchos proyectos cripto escalan con equipos reducidos.

“No tenemos ninguna compañía de 9.000 personas como OpenAI, y eso es algo bueno”, sostuvo. En su visión, cripto es una tecnología de alto apalancamiento. Eso significa que puede construir sistemas de alcance global sin necesitar estructuras corporativas enormes, un punto que usa para defender que el ecosistema no debe medirse por el mismo patrón de expansión de nómina que el software centralizado.

El inversionista describió el momento actual como una corrección tras años de sobrefinanciamiento. Dijo que, en la medida en que hubo “demasiadas personas construyendo demasiadas cosas” en cripto, el mercado está ajustando. Para Qureshi, no es una condena, sino “el capitalismo haciendo su trabajo”, con menos proyectos sostenidos solo por abundancia de capital.

Dragonfly y el fondo de USD $650 millones: “el mejor momento para duplicar”

En ese contexto, Dragonfly anunció recientemente un fondo de USD $650 millones. Para algunos observadores, el movimiento luce audaz en un mercado que atraviesa un periodo de letargo. Qureshi lo defendió desde la lógica contracíclica, una estrategia común en venture capital: invertir cuando el optimismo general cae y las valoraciones se comprimen.

“Ese es el mejor momento para duplicar”, dijo. Su razonamiento apunta a la disciplina de entrada. Si una firma levanta capital y lo despliega cuando “los precios son altos”, el margen de error se reduce y el riesgo de pagar demasiado por activos o participaciones aumenta. En cambio, periodos de enfriamiento pueden abrir mejores condiciones para inversiones a largo plazo.

Cuando se le preguntó si algo “existencial” cambió en cripto en los últimos cuatro meses, Qureshi fue directo: “¿Cambiaron tanto los fundamentos de la industria? No”. La afirmación busca separar la narrativa diaria de precios, titulares o flujos de inversión, del desarrollo real de infraestructura y usos en cadena.

En la práctica, esa postura no niega la volatilidad ni los cambios de apetito del mercado. Más bien sostiene que los ciclos son parte estructural de una industria que mezcla innovación tecnológica con activos negociables. Y sugiere que las firmas que sobreviven suelen hacerlo porque mantienen horizontes de inversión más largos que los del sentimiento del momento.

Cripto e IA: intersección posible, pero lejos de “salvar” el impulso

Qureshi dijo que Dragonfly explora inversiones en la intersección entre cripto e IA, pero advirtió contra la idea de que la IA vaya a “revivir” el impulso cripto. “¿La IA va a salvar las criptomonedas? No”, afirmó. También señaló que el escenario de agentes de IA usando criptomonedas “está muy lejos” y que podría tomar años.

En su diagnóstico, el ecosistema cripto tiene un reflejo recurrente: adherirse a cualquier tendencia tecnológica ascendente. Describió ese patrón con ejemplos: si los chatbots se vuelven lo más atractivo, aparecen “chatbots con tokens”; si los agentes son la moda, surge la promesa de que se puede “comprar la capa uno para agentes”. Su recomendación como inversionista fue clara: “solo tienes que desacelerar”.

La advertencia apunta a un riesgo conocido para el público universitario y técnico: confundir narrativa con fundamento. En ciclos anteriores, proyectos que se montan sobre tendencias pueden captar atención y capital sin que exista un producto sólido. Qureshi no descarta convergencias reales, pero pide prudencia ante empaques de marketing que intentan convertir cualquier avance de IA en tesis automática de inversión cripto.

Aun así, su postura no es anti-IA. Más bien coloca los tiempos en perspectiva. Para que agentes autónomos transaccionen con cripto de forma significativa, hacen falta avances técnicos, integración con infraestructura de pagos y, sobre todo, adopción que vaya más allá de pruebas. En ese lapso, el mercado puede seguir rotando capital sin que ello implique que una tecnología “eliminó” a la otra.

“Capitulación” ante Wall Street y el debate sobre para quién es Bitcoin

Otra narrativa reciente sostiene que la industria cripto habría “capitulado” al convertirse en herramienta de Wall Street. Qureshi rechazó esa lectura con dureza: “Creo que eso es estúpido”. Su argumento se apoya en el principio de neutralidad de redes abiertas como Bitcoin, donde el acceso a la misma infraestructura no depende de quién sea el usuario.

“El punto de Bitcoin es que abarca el uso de todos de la misma tecnología. El uso de nadie afecta a los demás”, afirmó. La idea se entiende mejor con un paralelo: si una red es verdaderamente abierta, que un actor institucional participe no impide que individuos también lo hagan. La propiedad emergente es la coexistencia, no la exclusión.

Este debate suele activarse cuando instrumentos tradicionales acercan más capital a cripto o cuando empresas financieras adoptan infraestructura Blockchain. Para algunos, eso “traiciona” el espíritu original; para otros, acelera la madurez del mercado. Qureshi se alinea con el segundo grupo, pero no desde un argumento político, sino desde el diseño: una red pública se define por reglas y consenso, no por la identidad de sus participantes.

La consecuencia práctica de ese enfoque es que la discusión debería centrarse en preservar apertura, resistencia a censura y accesibilidad, más que en vigilar qué tipo de actor entra. En la visión de Qureshi, el uso institucional no niega el uso individual, y el éxito no requiere una pureza ideológica, sino mantener propiedades técnicas que habiliten competencia y participación global.

Ciclos, fatiga y horizontes cortos: la explicación del pesimismo

Qureshi atribuyó buena parte del pesimismo a un rasgo cultural del sector: horizontes de tiempo demasiado cortos. “Las personas en criptomonedas tienen patológicamente horizontes de tiempo cortos”, dijo, y lo conectó con un hecho repetido: los precios han caído muchas veces. Para él, la fatiga del ciclo pesa tanto como cualquier métrica de adopción.

En los últimos años, la industria ha oscilado entre impulsos y retrocesos. Qureshi aludió a subidas impulsadas por ETF y a caídas inducidas por tarifas, dentro de un patrón de volatilidad que ya supera una década. Su punto es que esa dinámica no es nueva, y por sí sola no implica que la utilidad desaparezca.

“La idea de que porque los precios bajaron, nadie va a usar más stablecoins… absurdo”, dijo. Con esa frase remarca su tesis de fondo: el precio de mercado puede moverse por expectativas y liquidez, mientras que el uso de herramientas como stablecoins puede seguir creciendo por razones funcionales, como pagos, cobertura y transferencia eficiente de valor.

Según el recuento presentado en la entrevista, Qureshi concluyó que la historia del momento no es la IA reemplazando a cripto ni una decadencia inevitable. Es, más bien, un ciclo que exige paciencia. “Relájate”, resumió. “No es una catástrofe”.


Artículo escrito con ayuda de un redactor de contenido de IA, editado por Angel Di Matteo / DiarioBitcoin

Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

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