Nvidia comenzó a enviar sus chips H200 a China bajo un nuevo esquema de licencias de Estados Unidos, pero no incorporó ingresos de ese mercado a su próxima previsión. Mientras Europa anuncia hasta EUR €30.000 millones para siete gigafactorías de inteligencia artificial, la empresa mantiene una posición dominante que deja al descubierto la distancia entre la soberanía tecnológica prometida y la dependencia de sus proveedores.
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- Los primeros envíos de procesadores H200 a China representaron menos del 1% de los USD $89.000 millones trimestrales de Nvidia en centros de datos.
- La compañía proyecta USD $108.000 millones para el trimestre actual sin asumir ingresos de computación en centros de datos procedentes de China.
- Europa licita hasta siete gigafactorías de IA por EUR €30.000 millones, aunque solo cerca de EUR €1.000 millones de fondos públicos están comprometidos.
Nvidia comenzó a enviar sus primeros procesadores H200 a China bajo un nuevo esquema de licencias de Estados Unidos, pero el impacto inicial sobre sus cuentas fue marginal. Los chips salieron durante el trimestre que terminó el 26 de julio y representaron menos del 1% de los USD $89.000 millones que la compañía registró en ingresos trimestrales de centros de datos.
La señal más relevante, sin embargo, aparece en la previsión para el periodo actual: Nvidia espera alcanzar USD $108.000 millones y no incluye ningún ingreso de computación en centros de datos procedente de China. La decisión muestra que la empresa mantiene una expectativa de crecimiento considerable incluso al dejar fuera de sus cálculos a la segunda economía del mundo.
China queda fuera de la previsión
La ausencia de China en la guía financiera no significa que Nvidia haya abandonado por completo ese mercado, porque los primeros H200 ya comenzaron a cruzar la frontera bajo el nuevo marco de licencias estadounidense. Sí indica que la compañía no considera esas ventas suficientemente previsibles o relevantes como para incorporarlas a una proyección trimestral que ya alcanza una cifra extraordinaria.
Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, sostuvo que las restricciones también están limitando el crecimiento potencial de la empresa. Según sus declaraciones, "el crecimiento sin restricciones sería mucho mayor", una frase que coloca la demanda real por encima de la expansión que la compañía ha comunicado a sus inversionistas.
La empresa ha guiado un crecimiento aproximado de 70% para 2028, aunque Huang sugirió que la demanda subyacente se encuentra bastante por encima de ese nivel. La combinación resulta significativa para el mercado de inteligencia artificial: Nvidia puede operar con restricciones comerciales severas, excluir ingresos chinos de su pronóstico y aun así sostener una guía de USD $108.000 millones para el trimestre actual.
La lectura financiera también revela el peso de un único proveedor dentro de la infraestructura global de IA. Si una compañía puede prescindir temporalmente de un mercado gigantesco sin abandonar una guía de USD $108.000 millones, su capacidad de fijar condiciones frente a clientes, gobiernos y fabricantes queda expuesta con una claridad poco habitual.
Europa apuesta por edificios que todavía no financia
La respuesta europea se concentra en la construcción de hasta siete gigafactorías de inteligencia artificial, una iniciativa cuyo costo total podría llegar a EUR €30.000 millones. La Comisión Europea plantea distribuir aproximadamente EUR €10.000 millones entre fondos públicos y EUR €20.000 millones de inversión privada, aunque la parte estatal todavía no cuenta con todo el respaldo financiero necesario.
De acuerdo con la información publicada por The Next Web, solo cerca de EUR €1.000 millones del componente público están comprometidos por ahora. El resto dependerá del próximo presupuesto de largo plazo de la Unión Europea, y un funcionario de la Comisión evitó anticipar deliberadamente cómo se completará esa financiación.
El calendario añade otra capa de incertidumbre al proyecto. La construcción está prevista para comenzar a principios de 2027, mientras que los primeros sitios podrían entrar en operación hacia mediados de 2028, de modo que la capacidad anunciada todavía depende de decisiones presupuestarias, licitaciones y años de ejecución.
Cada instalación debería albergar al menos 100.000 chips avanzados, pero esos procesadores tendrían que adquirirse en el mercado abierto a Nvidia o a los proveedores disponibles. La paradoja es evidente: Europa busca reforzar su soberanía computacional mediante nuevos edificios, aunque el componente central de esos edificios seguiría dependiendo de una empresa estadounidense que ya proyecta una demanda extraordinaria.
El costo de la dependencia tecnológica
La escala de la inversión europea cambia cuando se compara con el ritmo de ventas de Nvidia. La compañía registra aproximadamente USD $1.000 millones diarios en ingresos de centros de datos, por lo que los fondos públicos firmemente comprometidos para las siete gigafactorías equivalen, en términos aproximados, a un solo día de ventas de su principal proveedor potencial.
Ese contraste no invalida la necesidad de invertir en infraestructura europea, pero sí permite medir la distancia entre el anuncio político y la capacidad industrial que se pretende construir. Un proyecto de EUR €30.000 millones puede ser relevante para Europa y, al mismo tiempo, representar una suma relativamente pequeña frente al flujo de ingresos de la empresa que suministraría buena parte de los aceleradores.
Además, Nvidia habría comunicado a sus clientes que los precios de determinados servidores podrían subir más de 15% a partir de comienzos del próximo año. Para los compradores europeos, la advertencia llega antes de que las gigafactorías estén construidas y aumenta el riesgo de que el costo de equiparlas avance en la dirección contraria a la que esperan los gobiernos.
La publicación de The Next Web interpreta esta situación como un problema de poder de negociación y cuestiona la idea de que alquilar el mismo silicio desde una dirección europea constituya soberanía tecnológica plena. Bajo esa lectura, trasladar la infraestructura a Europa no elimina automáticamente la dependencia de los chips, de los precios ni de la empresa que controla una parte decisiva de la oferta.
Una negociación con plazos y riesgos
El caso de los H200 resume una tensión central del mercado de inteligencia artificial: las restricciones pueden reducir el acceso a determinados países, pero también consolidar el valor estratégico de los productos que siguen disponibles. Nvidia pierde visibilidad sobre los ingresos de centros de datos en China, aunque conserva suficiente demanda global para proyectar USD $108.000 millones en el trimestre actual.
Europa enfrenta una tensión diferente, vinculada con la velocidad de la inversión. Sus autoridades han abierto la licitación para hasta siete gigafactorías y han calculado una movilización total de EUR €30.000 millones, pero todavía deben asegurar una parte sustancial del dinero público antes de que el plan pueda convertirse en capacidad operativa.
La compra de al menos 100.000 chips avanzados por sitio también expone una dependencia que el discurso de soberanía no resuelve por sí solo. Mientras los edificios podrían comenzar a levantarse en 2027 y los primeros centros operarían en 2028, Nvidia ya describe una demanda subyacente muy elevada y prepara posibles aumentos superiores al 15% en los servidores.
Por ahora, la ventaja de negociación permanece del lado del fabricante de chips: puede reducir sus expectativas sobre China sin renunciar a una expansión robusta, mientras Europa diseña instalaciones futuras con financiación pública incompleta y componentes que no produce. La pregunta no es únicamente cuántos centros de IA construirá Europa, sino cuánto control tendrá sobre la tecnología, los precios y el suministro cuando finalmente estén listos.
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