Por Canuto  

El Banco de Pagos Internacionales encendió las alarmas sobre el auge de la inteligencia artificial. Su informe sostiene que una decepción en los retornos de la IA podría activar una corrección más rápida y disruptiva que crisis previas, debido a la alta concentración del financiamiento y al peso creciente de intermediarios financieros no bancarios.
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  • El BIS ubicó a la IA entre los tres principales puntos de presión de la economía global, junto con la inflación y la deuda soberana.
  • El organismo advirtió que gran parte del financiamiento fluye por fondos de cobertura, crédito privado y otros actores con menor supervisión regulatoria.
  • Si la IA no genera los retornos esperados, el actual boom de inversión podría convertirse en un ciclo prolongado de subinversión y tensión macroeconómica.


El Banco de Pagos Internacionales, conocido como BIS por sus siglas en inglés, advirtió que una corrección severa en la inteligencia artificial podría tener efectos comparables a los de la crisis financiera global de 2008. El organismo ve una combinación delicada entre euforia inversora, estructuras de financiamiento poco transparentes y una interconexión financiera capaz de acelerar cualquier ajuste.

La alerta aparece en su informe anual publicado el 28 de junio, donde la IA fue identificada como uno de los tres grandes puntos de presión para la economía mundial. Los otros dos focos señalados fueron la inflación y las presiones derivadas de la deuda soberana.

Para lectores menos familiarizados con el BIS, se trata de una institución que agrupa a bancos centrales y suele evaluar riesgos sistémicos antes de que estos se materialicen por completo. Por eso, sus advertencias suelen ser leídas con atención por reguladores, bancos, gestores de fondos y participantes de los mercados globales.

El mensaje central del informe no es que la IA carezca de potencial económico, sino que el patrón actual de financiamiento podría amplificar daños si los retornos no cumplen las expectativas. Ese riesgo aumenta porque buena parte del capital se ha concentrado en pocos actores y en vehículos financieros menos supervisados.

En paralelo, la valorización de las acciones tecnológicas y la renovada confianza en la renta variable han elevado el nivel de exposición de empresas y hogares a este ciclo. Si el entusiasmo se revierte, el impacto podría sentirse no solo en los mercados bursátiles, sino también en el crédito, la inversión corporativa y el crecimiento económico.

Un auge de inversión enorme, pero con bases que preocupan

El informe del BIS parte de una realidad evidente: las grandes tecnológicas seguirán destinando sumas masivas al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial durante los próximos años. Esa tendencia responde al aumento de la demanda de poder computacional, centros de datos, chips especializados, redes y sistemas energéticos.

La consultora McKinsey estimó que para 2030 se necesitarán cerca de USD $6,7 billones en gastos de capital acumulados a escala global. De ese total, USD $5,2 billones corresponderían a centros de datos habilitados para IA y USD $1,5 billones a infraestructura tradicional de tecnología de la información.

La misma proyección apunta a que la capacidad global de centros de datos podría casi triplicarse hacia 2030. Además, alrededor del 70% de esa demanda estaría impulsada por cargas de trabajo asociadas con inteligencia artificial.

Estas cifras ayudan a explicar por qué el mercado ha premiado a empresas ligadas a chips, nube, software e infraestructura digital. Sin embargo, también explican por qué una desilusión en materia de rentabilidad podría generar una reacción en cadena más fuerte que en ciclos tecnológicos anteriores.

El BIS sostiene que, cuanto más incorporado esté el gasto en IA dentro de los presupuestos corporativos, las proyecciones de ganancias y las narrativas de crecimiento, mayor será la sensibilidad del sistema ante una caída de valoraciones. En otras palabras, no se trata solo de una moda bursátil, sino de un eje que ya influye en decisiones reales de inversión.

El foco del BIS: fondos no bancarios y riesgo de contagio rápido

Una de las preocupaciones más marcadas del informe es la ruta del dinero que alimenta el boom de la IA. Según el BIS, gran parte de esos flujos ha pasado por fondos de cobertura, vehículos de crédito privado y otros intermediarios financieros no bancarios, conocidos como NBFIs.

Estos actores suelen operar con una supervisión regulatoria menor a la que enfrentan los bancos tradicionales. Esa diferencia importa porque, en un cambio brusco del sentimiento de mercado, la falta de transparencia y los riesgos de liquidez pueden amplificar las pérdidas con rapidez.

El BIS lleva varios años advirtiendo sobre el crecimiento de este segmento, al que muchas veces se describe como “banca en la sombra”. A su juicio, una parte importante de los riesgos financieros globales se ha desplazado desde los bancos hacia fondos de inversión, hedge funds, private equity y prestamistas no bancarios.

Tras la crisis de 2008, los bancos reforzaron capital y balances, pero eso no eliminó el riesgo sistémico, sino que lo redistribuyó. El problema actual es que el apalancamiento y la fragilidad de liquidez pueden estar más dispersos y, por ello, resultar más difíciles de detectar para reguladores y autoridades monetarias.

Zhang Tao, principal representante del BIS para Asia y el Pacífico, resumió esta preocupación con una advertencia directa. Según dijo, la velocidad de una corrección podría ser mucho más rápida que en episodios anteriores de crisis bancaria.

El matiz es importante porque el BIS no afirma que la estructura sea idéntica a la de 2008. Lo que sí plantea es que un reajuste del riesgo por tasas de interés más altas o por retornos insatisfactorios en IA podría provocar interrupciones en mercados de crédito comparables en severidad, aunque por canales distintos.

Paralelos con burbujas históricas y peligro de sobreinversión

El organismo ubicó el ciclo actual de la IA dentro de una secuencia histórica de grandes olas de inversión en tecnologías transformadoras. Entre los paralelos mencionados están la construcción de canales en la década de 1830, el boom ferroviario británico de la década de 1840, la electrificación de fines de la década de 1920 y la burbuja puntocom de los años noventa.

En cada uno de esos casos, la velocidad del capital superó en algún momento la capacidad de generar retornos sostenibles. El resultado fue una corrección brusca, seguida por años de ajuste, consolidación o menor inversión.

El BIS cree que la competencia feroz entre desarrolladores de IA y proveedores de servicios de nube puede reproducir esa lógica. Cuando múltiples empresas persiguen escala y dominancia al mismo tiempo, el sistema tiende a sostener niveles de gasto que luego resultan difíciles de justificar con beneficios reales.

Ese fenómeno se agrava si surgen esquemas de “financiamiento circular”, una expresión usada en el propio informe. Se trata de arreglos en los que fabricantes de chips y proveedores de nube adquieren participaciones en laboratorios de IA o pequeños operadores, que después se comprometen a comprar chips o capacidad computacional durante varios años.

La inquietud del BIS es que esas obligaciones pueden quedar poco divulgadas y permitir que un mismo activo o expectativa de flujo de caja sea repercutido varias veces dentro del sistema. En un entorno alcista eso puede pasar inadvertido, pero en una caída podría actuar como multiplicador del daño.

Desde un ángulo económico más amplio, el riesgo no termina en los mercados financieros. Si las inversiones en IA no producen retornos aceptables, muchas corporaciones podrían postergar grandes decisiones de gasto de capital y transformar el auge actual en un largo período de subinversión.

Mercados, hogares y bancos centrales frente a un entorno frágil

La advertencia del BIS llega en un momento en que los mercados accionarios siguen acumulando ganancias y el apetito por riesgo ha regresado con fuerza. Eso eleva el contraste entre precios optimistas en bolsa y la incertidumbre sobre cuándo, y cuánto, monetizarán realmente las apuestas en IA.

El organismo considera que una caída importante en acciones tecnológicas tendría hoy consecuencias macroeconómicas mayores que en episodios históricos comparables. La razón es que el gasto vinculado a IA ya está incorporado en presupuestos corporativos, estimaciones de beneficios y proyecciones generales de crecimiento.

También hay un componente social que amplifica la sensibilidad del sistema. Según el BIS, los hogares tienen ahora más exposición a los mercados bursátiles que en décadas anteriores, por lo que una corrección detonada por el sector tecnológico podría traducirse con más facilidad en menor consumo y deterioro de confianza.

Pablo Hernández de Cos, gerente general del BIS, conectó este escenario con la fragilidad macroeconómica global. Señaló que el shock inflacionario de 2022 sigue muy presente en la mente de los actores económicos, lo que aumenta la probabilidad de que una nueva interrupción en cadenas de suministro vuelva a desanclar expectativas de inflación.

Ese comentario sugiere que una crisis asociada con IA no tendría por qué limitarse al precio de unas pocas acciones. Si coincidiera con tensiones inflacionarias, costos de financiamiento elevados y debilidad en el crédito, podría obligar a bancos centrales y reguladores a actuar en un entorno mucho más complejo.

Qué observar ahora en el ciclo de la IA

El informe fue publicado antes del simposio anual de Sintra organizado por el Banco Central Europeo, donde se debatirán muchos de estos mismos riesgos entre responsables de políticas públicas. La discusión apunta a cómo mantener la innovación sin dejar que el financiamiento opaco se convierta en una amenaza para la estabilidad.

En lo inmediato, el BIS sugiere vigilar si las ganancias corporativas derivadas de la IA logran respaldar el volumen reciente de inversión. Ese punto es clave porque, mientras los beneficios reales no sean suficientemente visibles, buena parte del optimismo seguirá sostenido por expectativas.

Otro factor decisivo será si el gasto de capital puede mantenerse en los niveles actuales sin deteriorar balances o márgenes de forma persistente. Si las empresas empiezan a recortar inversiones por falta de retorno, el mercado podría reinterpretar rápidamente todo el ciclo.

El tercer elemento señalado por el organismo es la transparencia en torno a las fuentes de financiamiento no bancarias que han impulsado el crecimiento de la IA. Para el BIS, bancos y reguladores deben mejorar su capacidad para mapear exposiciones, interconexiones y riesgos de liquidez en esos canales.

La conclusión de fondo es que el problema no reside en la IA como tecnología, sino en cómo se está financiando su expansión. Cuanto más se retrasen las reformas de supervisión fiscal y financiera, advirtió el organismo citado por Cryptopolitan, más caótico podría ser cualquier ajuste posterior del mercado.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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