El oro volvió a subir y recuperó terreno sobre USD $4.500 por onza en medio de la quinta semana de guerra con Irán, mientras los mercados intentan medir cuánto durará el conflicto, qué impacto tendrá sobre la inflación y si los bancos centrales terminarán endureciendo aún más su política monetaria.
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- El oro al contado subió 0,9% hasta USD $4.533,09 por onza en Londres, tras avanzar por segundo día consecutivo.
- La escalada militar en Oriente Medio y el alza del petróleo refuerzan temores de inflación y presionan las expectativas sobre tasas de interés.
- Gestores de fondos de Wall Street advierten que los mercados podrían estar subestimando el riesgo de una desaceleración económica.
El oro encontró apoyo cerca de USD $4.500 por onza y avanzó por segunda jornada consecutiva, en un mercado que sigue atento a la evolución de la guerra con Irán y a sus efectos sobre la inflación global. El movimiento sugiere que parte de los inversionistas volvió a entrar tras la corrección reciente, aprovechando precios más bajos después de varias semanas de presión.
Durante la sesión, el lingote llegó a subir hasta 1,3% y se negoció por encima de la cota de USD $4.500 la onza. Esa resiliencia llamó la atención porque ocurrió en paralelo a un aumento sostenido en los precios del petróleo, un factor que suele alimentar nuevas preocupaciones inflacionarias y alterar las expectativas sobre política monetaria.
De acuerdo con Bloomberg, los compradores en las caídas ayudaron a sostener el precio del metal mientras el mercado espera más claridad sobre la duración del conflicto en Oriente Medio. La lectura de fondo es relevante porque el oro suele funcionar como activo de resguardo, pero su comportamiento también depende de variables como los rendimientos de los bonos, la liquidez y la trayectoria esperada de las tasas de interés.
Para quienes siguen los mercados desde el ecosistema cripto, el contexto no es ajeno. Al igual que Bitcoin y otros activos sensibles al ciclo macroeconómico, el oro también reacciona a la combinación de guerra, inflación, dólar fuerte, tasas elevadas y percepción de riesgo. Cuando estas fuerzas chocan entre sí, los repuntes de corto plazo pueden convivir con tendencias más débiles en horizontes más amplios.
El conflicto eleva la tensión y complica el panorama macro
La guerra entró en su quinta semana con nuevas señales de escalada. La participación de los hutíes respaldados por Irán durante el fin de semana fue interpretada como un factor adicional de tensión, al igual que la llegada de más tropas estadounidenses a la región. En paralelo, varios actores regionales intentan explorar una salida diplomática.
Pakistán, Egipto, Arabia Saudita y Turquía se reunieron para buscar una vía que permita contener el conflicto. Sin embargo, los hechos sobre el terreno apuntaron en la dirección contraria. Irán atacó fundiciones de aluminio en Bahréin y en Emiratos Árabes Unidos, mientras partes de Teherán quedaron sin electricidad tras ataques con misiles israelíes.
Ese cuadro ha incrementado el temor a una guerra prolongada. Si el conflicto se extiende y sigue afectando a la energía y a la actividad industrial, los bancos centrales podrían enfrentar más presión para subir las tasas de interés con el fin de contener la inflación. Para el oro, ese escenario es ambiguo, porque el metal se beneficia del miedo geopolítico, pero suele verse presionado por tasas más altas y rendimientos más atractivos en otros instrumentos.
Además, el deterioro del entorno ha coincidido con una contracción de la liquidez en los mercados financieros en general. Esa combinación ha empujado al oro cerca de 14% a la baja desde que comenzó la guerra a finales de febrero, pese a que el contexto geopolítico en teoría favorecería la búsqueda de refugio.
Del sobreventa al rebote técnico
La caída acumulada llevó a varios indicadores del oro a territorio de sobreventa la semana pasada. Ese tipo de señal técnica suele ser observado por operadores de corto plazo, ya que puede anticipar una estabilización o un rebote si aparecen compradores dispuestos a tomar posiciones a precios más bajos.
Eso fue precisamente lo que comenzó a verse en las últimas jornadas. Los precios lograron estabilizarse y romper una racha de tres semanas consecutivas de descensos. Aunque el movimiento no despeja las dudas de fondo, sí sugiere que el mercado está reevaluando si la corrección reciente fue excesiva frente al entorno global.
En Londres, el oro al contado subió 0,9% hasta USD $4.533,09 la onza a las 10:53 a.m. La plata también acompañó el repunte y avanzó 1,9% hasta USD $71,11 la onza. El platino y el paladio igualmente registraron subidas, en una sesión donde el Bloomberg Dollar Spot Index ganó 0,1%.
La relación entre oro y dólar sigue siendo una pieza importante del rompecabezas. Un billete verde más fuerte suele restar atractivo a las materias primas cotizadas en esa moneda. Sin embargo, en etapas de fuerte tensión geopolítica o de cambios bruscos en las expectativas económicas, esa correlación puede debilitarse temporalmente.
Tasas, desaceleración y rendimientos del Tesoro
Uno de los puntos centrales para entender el comportamiento del oro es el debate sobre las tasas de interés. El mercado ha ido reduciendo las expectativas de recortes, en parte por el impacto inflacionario del conflicto y del encarecimiento del petróleo. Si las tasas se mantienen altas por más tiempo, el costo de oportunidad de mantener oro aumenta, ya que el metal no paga rendimiento.
No obstante, ese no es el único escenario posible. Algunos de los mayores gestores de fondos de Wall Street consideran que los mercados financieros están subestimando el riesgo de una desaceleración económica más fuerte. Si la economía pierde impulso con rapidez, los rendimientos de los bonos del Tesoro podrían caer, aun cuando el conflicto siga abierto.
Un descenso en esos rendimientos cambiaría la ecuación para el oro. Con retornos más bajos en la deuda estadounidense, mantener lingotes sería relativamente más atractivo. Esa es una de las razones por las que el metal sigue captando atención, incluso después de haber retrocedido con fuerza desde los máximos históricos que alcanzó en enero.
En otras palabras, el mercado del oro está atrapado entre dos fuerzas. Por un lado, la inflación y la posibilidad de tasas más altas presionan el precio. Por el otro, la amenaza de una desaceleración severa y de menores rendimientos soberanos podría devolverle impulso. Esa tensión explica buena parte de la volatilidad reciente.
Compras de bancos centrales y la excepción de Turquía
En los últimos dos años, uno de los pilares más sólidos del repunte del oro ha sido la fuerte demanda de bancos centrales. Esa tendencia ayudó a sostener al lingote incluso en momentos de endurecimiento monetario, porque aportó un flujo constante de compras por parte de instituciones que buscan diversificar reservas y reducir exposición a otros activos.
Sin embargo, el conflicto también dejó una excepción relevante. Más de dos semanas después del inicio de la guerra, el banco central de Turquía fue en contra de esa corriente al vender e intercambiar alrededor de 60 toneladas de oro, por un valor superior a USD $8.000 millones. Ese movimiento introdujo un factor adicional de presión en un mercado ya sensible por la caída de la liquidez.
La decisión turca no necesariamente invalida la tendencia estructural de compras oficiales, pero sí muestra que las necesidades internas de algunos países pueden alterar el flujo en momentos críticos. En contextos de estrés geopolítico y financiero, los bancos centrales no siempre actúan en bloque ni con el mismo objetivo táctico.
Ese matiz es importante para evitar lecturas simplistas. El oro conserva una narrativa estratégica favorable entre instituciones soberanas, pero sus movimientos diarios y semanales siguen dependiendo de factores más inmediatos, como el conflicto, la inflación, el petróleo y la respuesta de la política monetaria.
Visión de mercado y señales para los inversionistas
Marc Loeffert, operador de Heraeus Precious Metals, resumió el tono cauteloso del mercado en una nota. Según indicó, aunque las oscilaciones de precio a muy corto plazo pueden estar dictadas por anuncios de política exterior de Estados Unidos, la tendencia de corto plazo sigue pareciendo bajista, mientras el precio se consolida tras su ascenso dramático hasta máximos históricos en enero.
Esa observación ayuda a separar el ruido inmediato de la estructura de tendencia. Un rebote técnico o una recuperación puntual no implican por sí solos un cambio definitivo de ciclo. Para que el oro consolide una mejora más firme, los inversionistas probablemente querrán ver señales más claras sobre inflación, tasas, crecimiento y evolución del conflicto.
Por ahora, el mercado sigue reaccionando a titulares cruzados. La guerra alimenta la demanda de refugio, pero al mismo tiempo fortalece argumentos para una política monetaria restrictiva. En ese equilibrio inestable, el oro ha logrado recuperar la zona de USD $4.500 por onza, aunque todavía enfrenta un entorno macro complejo y altamente volátil.
La evolución de las próximas semanas será clave. Si la escalada militar se intensifica, la volatilidad podría profundizarse en materias primas, divisas y bonos. Si, en cambio, gana fuerza el temor a una desaceleración mundial, el oro podría encontrar un respaldo adicional por la vía de menores rendimientos y una renovada búsqueda de protección.
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