Por Canuto  

Uber y Rivian anunciaron una alianza que podría alcanzar USD $1.250 millones para construir miles de robotaxis basados en el futuro SUV R2. El acuerdo abre una nueva fase en la carrera por la movilidad autónoma, pero también expone retos técnicos, industriales y operativos que ambas compañías deberán superar antes de 2028.

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  • Uber invertirá USD $300 millones en Rivian y espera comprar 10.000 robotaxis R2 autónomos antes de un lanzamiento en 2028.
  • El acuerdo contempla la opción de adquirir hasta 40.000 vehículos adicionales desde 2030 y expandirse a 25 ciudades para finales de 2031.
  • Rivian aún no produce el R2, no ha desplegado un sistema de robotaxi y planea fabricar estos vehículos en una planta de Georgia que sigue en construcción.

 


Uber y Rivian anunciaron una alianza para desarrollar miles de robotaxis basados en el próximo SUV eléctrico R2 de Rivian, en un acuerdo cuyo valor potencial podría llegar hasta USD $1.250 millones.

La operación incluye una inversión inicial de Uber por USD $300 millones en Rivian y el compromiso esperado de adquirir 10.000 unidades totalmente autónomas antes de un lanzamiento previsto en San Francisco y Miami para 2028.

La noticia coloca a Rivian en una posición relevante dentro de una industria donde varias compañías compiten por capturar el negocio de la movilidad autónoma. También refuerza la estrategia de Uber de apoyarse en fabricantes y desarrolladores especializados tras haber abandonado hace años la construcción de una división propia de conducción autónoma.

Según informó TechCrunch, Uber además conservará la opción de comprar hasta 40.000 SUV R2 autónomos adicionales a partir de 2030. Ambas empresas dijeron que prevén desplegar la flota en 25 ciudades de Estados Unidos, Canadá y Europa para finales de 2031, y precisaron que los vehículos estarán disponibles exclusivamente dentro de la red de Uber.

Desde una perspectiva de mercado, el anuncio sugiere que la competencia por robotaxis ya no gira solo en torno al software. Ahora también depende de la capacidad de fabricar vehículos a escala, integrar sensores avanzados, completar aprobaciones regulatorias y demostrar seguridad operativa en entornos urbanos complejos.

Una oportunidad grande, pero con riesgos evidentes

Aunque el acuerdo puede resultar lucrativo para Rivian, el camino está lleno de obstáculos. La empresa todavía no ha iniciado la producción del SUV R2 y había indicado que la fabricación se espera para junio. Eso significa que la base física del programa de robotaxis aún no existe comercialmente.

El reto no termina ahí. Rivian tampoco ha probado ni desplegado todavía un sistema de conducción autónoma diseñado específicamente para operaciones de robotaxi. Esa diferencia es clave, porque un servicio comercial sin conductor requiere capacidades superiores a las funciones avanzadas de asistencia al conductor que hoy ofrecen muchos fabricantes.

A esto se suma un factor industrial importante. El robotaxi se supone que será construido en la planta de Rivian en Georgia, una instalación que todavía está en construcción. En otras palabras, la compañía debe avanzar al mismo tiempo en vehículo, software autónomo y capacidad fabril, tres tareas costosas y técnicamente exigentes.

Para Uber, el acuerdo también implica riesgo. La empresa apuesta por una hoja de ruta que depende del cumplimiento de hitos que aún no han sido validados en el mundo real a gran escala. Si hay retrasos en la producción, en la integración tecnológica o en la preparación regulatoria, el cronograma previsto podría moverse.

La autonomía se volvió prioridad central para Rivian

Pese a esas dificultades, Rivian y su fundador y CEO, RJ Scaringe, han mostrado una fuerte determinación por convertir la conducción automatizada en una prioridad estratégica. Durante el evento inaugural Autonomy & AI Day de la compañía en diciembre, Scaringe ya había insinuado que este trabajo abría la puerta para que la startup persiguiera oportunidades dentro del espacio del ride-share.

Ese enfoque no es nuevo. En 2021, Scaringe impulsó la decisión de abandonar el marco anterior, basado en reglas, que Rivian utilizaba para asistencia al conductor. En su lugar, la empresa adoptó una estrategia AI-first, apoyada en modelos de lenguaje grande para entrenar al sistema en tareas de percepción y navegación del entorno.

La lógica detrás de esa transición es que el sistema pueda aprender a partir de los datos recogidos por la flota y aumentar gradualmente su nivel de autonomía. En la práctica, Rivian busca construir una plataforma que mejore con el tiempo gracias a la experiencia acumulada por sus vehículos y a capacidades de procesamiento cada vez más robustas.

El resultado de ese trabajo es la Rivian Autonomy Platform, presentada en 2024 en los vehículos R1 de segunda generación del fabricante. Esa plataforma sirve como base del plan de la empresa para pasar de conducción manos libres en ciertas autopistas a una función de navegación punto a punto que automatice los controles durante todo el trayecto.

Del manos libres al nivel L4 personal

Rivian ha descrito una ruta de evolución escalonada, pero todavía no asegura que sus funciones actuales equivalgan a conducción completamente autónoma. La propia compañía reconoce que, por capaces que resulten estas herramientas, aún no se trata de sistemas en los que jamás se espere que un conductor retome el control.

Su meta final es llegar a un sistema manos libres y ojos libres mediante una actualización de hardware. Ese paquete incluiría un sensor lidar y una computadora de autonomía capaz de procesar 5.000 millones de píxeles por segundo. Según los planes revelados por la empresa, ese hardware mejorado aparecerá en una versión del SUV R2 a finales de 2026.

Más adelante, Rivian quiere ofrecer lo que denomina “L4 personal”, una referencia al nivel de automatización de la Sociedad de Ingenieros Automotrices en el que un vehículo puede operar en un área determinada sin intervención humana. Ese concepto fue presentado durante el evento de autonomía de la compañía y constituye una pieza central de su ambición a largo plazo.

Scaringe insistió recientemente en esa prioridad durante su participación en SXSW 2026. Allí afirmó que el camino para llegar a funciones manos libres y ojos libres en 2027 es el proyecto en el que la compañía está gastando más dinero que en cualquier otra cosa.

El ejecutivo también se mostró optimista sobre la velocidad del progreso tecnológico. Según dijo, si alguien usara el avance de los últimos cinco años en autonomía para proyectar los próximos cinco, estaría muy equivocado, porque la tasa de progreso hacia adelante sería muy distinta de la observada hacia atrás. En su opinión, en este caso el pasado no es un buen predictor del futuro.

Uber amplía su mosaico de alianzas en robotaxis

La asociación con Rivian no surge de forma aislada. Uber ya viene construyendo una red amplia de acuerdos con compañías del sector de robotaxis y conducción autónoma. La empresa ha señalado que mantiene colaboraciones con más de 25 compañías dedicadas a estas áreas alrededor del mundo.

Entre sus movimientos recientes figura el acuerdo anunciado el año pasado con Lucid Motors y la empresa de tecnología de vehículos autónomos Nuro. En ese caso, el objetivo es fabricar robotaxis basados en el SUV Gravity de Lucid, con un despliegue comercial esperado para finales de este año en San Francisco.

La alianza más visible de Uber hasta ahora ha sido con Waymo. Ese acuerdo contempla que los robotaxis de la compañía propiedad de Alphabet operen dentro de la aplicación de Uber en Austin y Atlanta, una fórmula que le permite a Uber expandir su oferta sin asumir por sí sola todos los costos y riesgos de desarrollo.

Además, Uber tiene acuerdos con Motional y Baidu, y es inversionista mayoritario en la startup británica Wayve. Visto en conjunto, este portafolio muestra que la compañía no quiere depender de una sola apuesta tecnológica, sino mantener varias vías abiertas mientras madura el mercado de la autonomía comercial.

Para los inversionistas y observadores del sector, el pacto con Rivian es relevante por dos motivos. Por un lado, confirma que Uber sigue decidido a convertir su plataforma en el principal canal de distribución para servicios autónomos. Por otro, eleva la presión sobre Rivian para demostrar que puede transformar una visión ambiciosa en una operación real y escalable.

Si todo avanza según lo previsto, la alianza podría darle a Rivian un nuevo motor de crecimiento más allá de la venta tradicional de vehículos eléctricos. Pero si fallan la producción del R2, la ejecución de la planta en Georgia o la maduración del software autónomo, el proyecto podría convertirse en un recordatorio de lo difícil que sigue siendo llevar los robotaxis del discurso a las calles.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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