La promesa de que la inteligencia artificial elevaría la productividad en las oficinas choca con una realidad más incómoda: una gran parte de los empleados no solo desconfía de estas herramientas, sino que directamente las evita. Una nueva encuesta global sugiere que la resistencia a la IA corporativa ya tiene un costo medible para las empresas.
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- Más del 54% de los trabajadores evitó usar herramientas de IA de su empresa en los últimos 30 días y prefirió hacer el trabajo manualmente.
- Otro 33% no ha usado IA en absoluto, lo que lleva el rechazo o la evasión activa a cerca de 8 de cada 10 empleados corporativos.
- La fricción tecnológica ya equivale a 51 días laborables perdidos al año por trabajador, mientras persiste una fuerte brecha de confianza entre ejecutivos y plantillas.
La narrativa dominante sobre la inteligencia artificial en el trabajo ha insistido durante meses en una idea simple: las empresas están desplegando herramientas cada vez más potentes y los empleados las están incorporando a sus rutinas para producir más en menos tiempo. Sin embargo, nuevos datos apuntan a una realidad mucho menos lineal.
En lugar de una adopción masiva y fluida, empieza a emerger un patrón de resistencia silenciosa. Muchos trabajadores de oficina no están acelerando con IA, sino tomando distancia. Algunos la evitan por completo. Otros prefieren rehacer tareas a mano antes que delegarlas a un sistema que no terminan de confiar.
La señal más clara proviene del quinto informe anual State of Digital Adoption, elaborado por WalkMe, filial de SAP, a partir de una encuesta global a 3.750 ejecutivos y empleados en 14 países. El estudio concluye que más del 54% de los trabajadores evitó las herramientas de IA de su empresa en los últimos 30 días y completó el trabajo manualmente en su lugar.
A ese grupo se suma otro 33% que no ha utilizado IA en absoluto. En conjunto, eso implica que cerca de ocho de cada 10 trabajadores de empresa están evitando o rechazando activamente la tecnología que sus empleadores despliegan en medio de inversiones récord en transformación digital.
El contraste con el gasto corporativo es fuerte. Según el informe, los presupuestos promedio de transformación digital aumentaron un 38% interanual hasta USD $54.200.000. Aun así, el 40% de ese gasto rindió por debajo de lo esperado debido a fallos de adopción.
Una brecha profunda entre directivos y trabajadores
El informe sugiere que el problema no es solo técnico. También es cultural, organizacional y de percepción. Los ejecutivos creen estar entregando herramientas útiles y listas para operar, pero los empleados describen una experiencia muy distinta.
Solo el 9% de los trabajadores dice confiar en la IA para decisiones complejas y críticas para el negocio. Entre ejecutivos, ese porcentaje sube al 61%. La diferencia, de 52 puntos, revela una brecha de confianza difícil de ignorar.
El desacople también aparece al evaluar si las compañías están ofreciendo herramientas adecuadas. El 88% de los ejecutivos sostiene que sí. Apenas el 21% de los trabajadores coincide. Son 67 puntos de diferencia en la percepción de algo tan básico como la utilidad del entorno tecnológico.
Dan Adika, CEO y cofundador de WalkMe, dijo que al hablar con CIOs suele hacer una pregunta simple: cuántas personas están usando realmente la IA para trabajo significativo. Su respuesta fue tajante. Las cifras están por debajo del 10%.
Para describir el problema, Adika recurrió a una metáfora que también apareció en otra entrevista con Brad Brown, responsable global de Tecnología e Innovación Fiscal de KPMG en Estados Unidos. La IA, dijeron ambos por separado, se parece a un Ferrari o a un auto de Fórmula 1: una máquina muy poderosa que sirve de poco si no hay un conductor capaz de usarla.
Adika fue más lejos. Explicó que en muchos casos ni siquiera basta con tener acceso a la herramienta. Puede faltar el combustible, que sería el contexto. Puede faltar la habilidad para conducir, que sería el prompting. Y en otros casos tampoco existen las carreteras necesarias, porque no hay API ni servidor MCP para completar tareas complejas de forma útil.
El costo real de una IA que no se integra
Más allá del discurso sobre innovación, la falta de adopción ya está golpeando métricas concretas. WalkMe estimó que los trabajadores pierden el equivalente a 51 días laborables al año por fricción tecnológica. Eso representa casi dos meses completos y un aumento del 42% frente a 2025.
Traducido al ritmo semanal, la pérdida asciende a 7,9 horas por semana. La cifra importa aún más al compararla con otro dato citado en el reportaje original. Economistas de Goldman Sachs informaron esta semana que los trabajadores que usan correctamente la IA ahorran entre 40 y 60 minutos por día.
La comparación es llamativa. La productividad que la IA puede añadir cuando se usa bien resulta casi simétrica con la productividad que se destruye cuando la implementación falla o cuando los empleados no consiguen integrarla a su trabajo.
Ese punto conecta con una discusión más amplia en mercados y tecnología. La IA ya no se evalúa solo por su capacidad técnica, sino por su retorno real en ambientes de producción. En otras palabras, el valor no depende solo del modelo, sino de su adopción, su gobernanza y su encaje con flujos de trabajo humanos.
Steve Hanke, economista de Johns Hopkins, expresó un escepticismo similar en declaraciones recogidas por Fortune. Según dijo, la IA no cumplió con las expectativas que prometían saltos drásticos en productividad y crecimiento económico. A su juicio, si la tecnología ya estuviera entregando lo prometido, las cifras agregadas de productividad serían mucho más altas.
Su lectura coincide parcialmente con el diagnóstico operativo de WalkMe. No porque la IA sea inútil, sino porque su uso efectivo sigue siendo limitado, irregular y muy dependiente del contexto y la experiencia del usuario.
Entre la IA en la sombra y la desvinculación silenciosa
Durante la primera oleada de entusiasmo por la IA generativa, muchas empresas descubrieron el fenómeno de la llamada IA en la sombra. Empleados usaban ChatGPT, Claude u otras herramientas con cuentas personales para resolver tareas diarias sin aprobación formal del departamento de TI.
Un estudio del MIT publicado el año pasado había encontrado que empleados de más del 90% de las empresas usaban cuentas personales de chatbots para trabajo diario. Eso ocurría incluso cuando solo el 40% de esas empresas tenía suscripciones oficiales a modelos de lenguaje de gran escala.
Ahora, el fenómeno no ha desaparecido, pero convive con una capa distinta y más preocupante: trabajadores que no están esquivando las reglas para usar IA por fuera del sistema, sino que directamente no la están usando. No por falta de acceso necesariamente, sino por desconfianza, miedo o desencanto.
Según el informe, el 78% de los ejecutivos quiere sancionar el uso de IA en la sombra. Sin embargo, solo el 21% de los trabajadores dice haber recibido alguna advertencia sobre la política de IA de su empresa. Además, el 34% ni siquiera sabe qué herramientas están aprobadas por su empleador.
La contradicción es clara. Muchas empresas amenazan con castigar un comportamiento que nunca explicaron con claridad. Aun así, el 62% de esos mismos ejecutivos reconoce en privado que el riesgo de la IA en la sombra no autorizada está sobredimensionado en comparación con el riesgo de no aprovechar la IA en absoluto.
Keith Kirkpatrick, vicepresidente y director de investigación de flujos de trabajo digitales de software empresarial en The Futurum Group, dijo que el uso de IA en la sombra no debería penalizarse automáticamente. En su opinión, suele ser una señal de que existen brechas sistémicas de eficiencia, rendimiento y gobernanza en las herramientas aprobadas.
Adika describió la nueva dinámica como una forma de orgullo profesional mezclado con resistencia. Dijo que muchos trabajadores no van a dejar que un bot tome el control y siempre encontrarán defectos en la herramienta frente a su propio desempeño. La descripción recuerda al quiet quitting, el fenómeno popularizado durante la pandemia, donde los empleados dejan de ir más allá de lo exigido sin renunciar formalmente.
Temor al reemplazo, falta de apoyo y un problema de capacitación
El rechazo no ocurre en el vacío. También está influido por la percepción de riesgo laboral. El informe recuerda que el 90% de los trabajadores sigue prefiriendo a los humanos para trabajo de misión crítica, según el estudio del MIT citado en el reportaje.
Al mismo tiempo, anuncios recientes de despidos en grandes compañías tecnológicas han intensificado la ansiedad. Oracle anunció recortes de decenas de miles de trabajadores, tras un anuncio similar de Block. Parte de los críticos interpreta esos movimientos como AI washing, es decir, usar la IA como justificación conveniente para ajustes de plantilla mientras se alimenta una narrativa favorable para el mercado.
Adika reconoció que los empleados perciben una amenaza real, aunque no necesariamente en la forma en que se comunica. A su juicio, llegará un periodo de transición marcado por incertidumbre, miedo y despidos. Pero también sostuvo que la idea de un reemplazo masivo e inmediato todavía no se está materializando en la práctica.
De hecho, señaló que no ve a ningún CEO de un banco o una aseguradora despidiendo mañana a enormes cantidades de personal porque, sencillamente, alguien tiene que seguir haciendo el trabajo. En su visión, ese choque entre narrativa y realidad producirá un problema mayor cuando las promesas de sustitución total no se cumplan al ritmo esperado.
Brown, desde KPMG, dijo que su firma ya intenta cerrar la brecha clasificando a su fuerza laboral en builders, makers y power users. La meta es crear trayectorias profesionales e incentivos claros para que más empleados desarrollen capacidades reales de IA.
Su idea central es relevante: el problema no es solo de inteligencia ni de formación tradicional. También depende del pensamiento crítico, del criterio humano y de disponer de un espacio seguro para experimentar sin temor a equivocarse. Según su lectura, los empleados con más riesgo no son necesariamente los menos técnicos, sino los que no reciben apoyo, ruta ni incentivo para intentarlo.
Ese punto se ve reforzado por otro dato del informe. Un tercio de la fuerza laboral empresarial nunca ha usado herramientas de IA y, además, reporta los niveles más bajos de apoyo, la menor formación y la mayor ansiedad ante la disrupción. WalkMe sugiere que no se trata simplemente de resistencia. En muchos casos, son trabajadores a los que la transformación ni siquiera ha logrado alcanzar.
La IA sí puede ahorrar tiempo, pero exige criterio
Incluso voces escépticas admiten que el valor de la IA puede aparecer cuando se usa con objetivos claros. Hanke dijo que cambió de postura al comprobar el tiempo que podía ahorrar una vez entendió para qué quería usar estas herramientas.
Explicó que para él la IA funciona como otro asistente de investigación. En vez de depender de procesos manuales que podrían consumir una semana, ahora puede resolver en aproximadamente una hora tareas para las que antes habría necesitado apoyo adicional.
Su matiz fue importante. No basta con encender el sistema. Hay que saber para qué sirve, qué pedirle y cómo estructurar el pedido. También hay que conocer lo suficiente el tema como para detectar errores, alucinaciones o respuestas pobres.
Esa trayectoria, de prohibición total a escepticismo cauteloso y luego a uso diario, se parece a la que están recorriendo muchos profesionales. El problema para las empresas es que no todos sus empleados tienen ese mismo nivel de experiencia de dominio, ni el acompañamiento necesario para llegar ahí.
Brown cerró con una visión optimista, aunque condicionada. A su juicio, las organizaciones ganadoras serán aquellas que logren que su fuerza laboral aproveche de forma efectiva las capacidades de la IA. Una plantilla que ignore la IA tendrá dificultades. Pero un entorno excesivamente orientado a la automatización, sin valorar el aporte humano, también enfrentará problemas.
En esa tensión parece estar el punto central de esta etapa. La IA corporativa no fracasa necesariamente por falta de potencia, sino porque muchas empresas todavía no resuelven cuándo debe actuar el humano, cuándo el agente y cómo debe funcionar el traspaso entre ambos. Justamente ahí, según Adika, es donde vive la confianza.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
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