Charles Bennett y Gilles Brassard recibieron el Premio ACM A.M. Turing por un trabajo que ayudó a fundar la teoría de la información cuántica, una disciplina clave para la computación y la criptografía del futuro. Su historia comienza con una conversación en el mar en 1979 y llega hasta la actual carrera multimillonaria por construir computadoras cuánticas.
***
- Charles Bennett y Gilles Brassard fueron reconocidos con el Premio Turing, considerado el Nobel de la informática.
- Su colaboración dio origen a BB84, base histórica de la criptografía cuántica moderna.
- Ambos investigadores siguen activos y su legado está ligado al avance de la computación cuántica y el futuro internet cuántico.
🌟💻 El Premio Turing reconoce a Charles Bennett y Gilles Brassard por sus revolucionarias contribuciones a la computación cuántica.
Su trabajo en 1979 dio origen a BB84, base de la criptografía cuántica moderna.
Ambos siguen activos en la investigación, influyendo en el… pic.twitter.com/c6o9DJQ9pf
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) March 18, 2026
Charles Bennett y Gilles Brassard, dos nombres centrales en la historia de la información cuántica, fueron distinguidos con el Premio ACM A.M. Turing por contribuciones que ayudaron a llevar la informática hacia una nueva etapa. El reconocimiento llega en un momento en que gigantes tecnológicos como Google, Microsoft e IBM, junto con varias startups bien financiadas, compiten por desarrollar computadoras cuánticas y anunciar avances en una tecnología que promete transformar la industria.
Hoy resulta común escuchar que el futuro de la computación pasará por el mundo cuántico. Sin embargo, en 1979 esa idea parecía remota. Fue en ese contexto cuando Bennett y Brassard coincidieron en una conferencia en Puerto Rico y sostuvieron una conversación improvisada en el Océano Atlántico, un episodio que terminaría abriendo paso a una rama entera del conocimiento.
El premio otorgado por la ACM, considerado el equivalente al Nobel dentro de la informática, reconoce justamente ese giro conceptual. Según explicó la cobertura de A Quantum Leap for the Turing Award, las aportaciones de ambos científicos cambiaron la relación entre física e información y convirtieron lo que antes se veía como una molestia técnica en una poderosa herramienta computacional.
De la física como problema a la física como solución
Hasta finales de los años setenta, existía una separación clara entre la ciencia de la información y la física cuántica. La segunda había revolucionado la comprensión del universo desde comienzos del siglo XX, pero la informática operaba esencialmente bajo parámetros clásicos. El único contacto importante con lo cuántico aparecía en los microchips, donde el comportamiento de los electrones debía ser controlado para que los transistores funcionaran correctamente.
Bennett recordó que, entre las décadas de 1950 y 1980, muchos investigadores veían los efectos cuánticos como una fuente de ruido. En su visión, la mecánica cuántica era algo que había que tolerar para fabricar transistores, no un terreno fértil para crear nuevas formas de computación o comunicación. Esa percepción cambiaría de forma radical con las ideas que él y Brassard comenzaron a explorar.
Su trabajo introdujo métodos como el lanzamiento de moneda cuántica y el uso del entrelazamiento cuántico. Con ello, demostraron que los rasgos extraños de la física cuántica podían aprovecharse para resolver problemas de información, en lugar de limitarse a ser obstáculos de laboratorio. Esa relectura conceptual es una de las bases de la teoría de la información cuántica.
Yannis Ioannidis, presidente de la ACM, resumió esa transformación al afirmar que Bennett y Brassard cambiaron de forma fundamental la comprensión de la información misma. Esa frase condensa el verdadero alcance del premio. No se trata solo de una mejora técnica, sino de una redefinición del marco teórico desde el cual la informática entiende qué es la información y cómo puede manipularse.
La conversación en el Atlántico que dio origen a BB84
En el verano de 1979, Bennett atravesaba una etapa incierta en su carrera. Había ingresado a IBM en 1973, pero llevaba un tiempo considerable alejado de la publicación académica. Una de sus obsesiones intelectuales provenía de una idea de su antiguo compañero universitario Steven Weisner, quien sostenía que una forma cuántica de criptografía podría permitir dinero digital imposible de falsificar.
Ese detalle resulta especialmente llamativo por su anticipación histórica. Según el relato, Weisner ya imaginaba algo similar a las criptomonedas a finales de los años sesenta. Cuando Bennett supo que en aquella conferencia estaba presente Gilles Brassard, un criptógrafo que acababa de completar una disertación sobre criptografía de clave pública, decidió buscarlo incluso en medio del mar.
Brassard recordó la escena con humor. Contó que estaba nadando en la playa cuando un desconocido se le acercó para decirle que un amigo suyo había descubierto cómo usar la mecánica cuántica para crear billetes bancarios a partir de la nada. Agregó que, si la conversación hubiera ocurrido en tierra firme, habría salido corriendo, pero que en el océano estaba atrapado y escuchó por cortesía.
Lejos de terminar en una anécdota excéntrica, esa charla derivó en una colaboración decisiva. Ambos científicos terminaron publicando una teoría conocida como BB84, considerada una de las piedras fundacionales de la criptografía cuántica. En esencia, ofrecía una alternativa a la criptografía clásica de clave pública y mostraba que el mundo cuántico podía ser fuente de soluciones de seguridad inéditas.
Un legado que supera a la carrera actual por las computadoras cuánticas
Aunque hoy la computación cuántica ocupa titulares y presupuestos de miles de millones, Bennett y Brassard procuran matizar la relación entre su trabajo inicial y la actual carrera industrial. Ambos señalan que no fueron los inventores directos de la computadora cuántica. Más bien, sus ideas ayudaron a construir el terreno intelectual sobre el cual ese campo pudo crecer.
Bennett mencionó una conferencia de 1981 en el MIT, en la que Richard Feynman planteó que, dado que la naturaleza es cuántica, algunas tareas computacionales probablemente tendrían que ejecutarse en computadoras cuánticas. También atribuyó un papel clave al físico David Deutsch, cuyas ideas fueron centrales en el desarrollo temprano de la computación cuántica como disciplina.
Brassard fue aún más explícito al decir que la computación cuántica fue inventada de manera independiente a ellos, aunque después se unieron a ese esfuerzo. También afirmó haber sido la primera persona en diseñar un circuito cuántico para realizar teletransportación cuántica, una de las nociones más célebres y llamativas del repertorio cuántico moderno.
La teletransportación cuántica sigue en fase experimental, pero ya forma parte del imaginario científico y tecnológico del sector. Brassard ha sostenido que algún día podría alimentar el internet cuántico, una red basada en principios físicos distintos a los del internet actual y con implicaciones profundas para la comunicación segura.
Criptografía, internet cuántico y una advertencia para el futuro
Además de sus aportes teóricos, ambos investigadores han mantenido una presencia activa en el debate científico. Bennett se ha destacado como uno de los grandes divulgadores de la ciencia cuántica. En una de sus metáforas más conocidas, comparó la información cuántica con la información de un sueño, porque intentar describirlo a otra persona altera el propio recuerdo y hace que se pierda parte de su contenido original.
La imagen es útil para lectores nuevos en el tema. En la mecánica cuántica, observar o medir un sistema puede modificarlo. Ese principio es clave para entender por qué la criptografía cuántica tiene un potencial tan fuerte. Si un intruso intenta interceptar cierta información, su intervención puede dejar huellas detectables.
Por su parte, Brassard se ha concentrado en advertir que las futuras computadoras cuánticas romperán algún día los esquemas de criptografía clásica de clave pública. Esa posibilidad preocupa desde hace años a gobiernos, empresas tecnológicas y actores del sector financiero. En consecuencia, el desarrollo de la criptografía cuántica y de alternativas resistentes a ataques cuánticos gana relevancia estratégica.
Ese cruce entre ciencia básica, seguridad digital y poder computacional explica por qué el legado de ambos rebasa el ámbito académico. Sus teorías no solo influyeron sobre la investigación. También inciden en discusiones actuales sobre protección de datos, comunicaciones seguras y el rediseño de la infraestructura digital global.
Dos pioneros aún en activo
El reconocimiento del Premio Turing también destaca por llegar a dos científicos que siguen plenamente vinculados a la actividad académica y de investigación. Bennett, de 83 años, continúa trabajando en IBM. Según el relato, durante la entrevista estaba comiendo algo en su oficina del Watson Center, en Yorktown Heights, donde todos lo llaman “Charley”.
Brassard, de 70 años, ha sido profesor en la Université de Montréal durante 46 años y todavía enseña allí. Esa continuidad subraya que no se trata de figuras retiradas cuya obra quedó solo en los archivos, sino de investigadores que siguen influyendo de forma directa en nuevas generaciones y en la evolución del campo.
Su vigencia también se refleja en un detalle material y simbólico. Bennett conserva en su oficina el mecanismo original que él y Brassard utilizaron para probar la eficacia de su primera teoría criptográfica cuántica. Lejos de parecerse a las enormes instalaciones criogénicas de empresas como Google o Microsoft, el aparato luce como una construcción improvisada con piezas de laboratorio escolar y una de las primeras PCs de IBM.
Ese contraste resume buena parte de la historia. La revolución cuántica que hoy moviliza inversiones gigantescas comenzó con intuiciones teóricas, curiosidad intelectual y montajes experimentales modestos. La distancia entre aquel prototipo y los sistemas actuales da una idea del salto que ha dado el campo en pocas décadas.
Una pieza de museo que no fue aceptada
El cierre de esta historia también ofrece una ironía acorde con el tema. Bennett contó que intentaron donar ese equipo al Museo Nacional de Criptología, ubicado junto al edificio de la NSA. La institución rechazó la propuesta por una razón singular: solo trabaja con técnicas criptográficas obsoletas.
Para Bennett, esa respuesta fue casi un elogio. Dijo que escucharla fue música para sus oídos. La frase ilustra bien el significado de su trayectoria junto a Brassard. Lo que desarrollaron hace décadas no ha quedado viejo. Al contrario, permanece entrelazado con el ADN del presente y del futuro de la computación cuántica.
En una industria tecnológica donde muchos anuncios se miden por su impacto inmediato en el mercado, el reconocimiento a Bennett y Brassard recuerda que las grandes transformaciones suelen comenzar con ideas que en su momento parecen improbables. En este caso, una conversación improbable en el Atlántico ayudó a cambiar el destino de la informática.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.
Suscríbete a nuestro boletín
Artículos Relacionados
Bitcoin
Estudio revela que Bitcoin resiste fallas masivas de cables submarinos, pero no ataques dirigidos
Bitcoin
Estudio revela reutilización masiva de claves entre Bitcoin, Ethereum y otras redes
Noticias
Apple lanza su primera actualización de seguridad en segundo plano para corregir una falla en Safari
Empresas