Mo Gawdat, ex chief business officer de Google X, lanzó una de sus advertencias más duras sobre inteligencia artificial: la tecnología ya influye en decisiones cotidianas, podría eliminar empleos en menos de 5 años y empujar a la humanidad hacia una etapa de vigilancia, manipulación y conflicto antes de cualquier posible utopía de abundancia.
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- Mo Gawdat afirmó que la IA provocará desempleo de entre 20% y 50% en algunos sectores, posiblemente en menos de 5 años.
- El exejecutivo sostuvo que la carrera global por la IA acelera riesgos como armas autónomas, vigilancia masiva y erosión de la verdad.
- También aseguró que la inteligencia artificial general podría llegar en 2026 y forzar una reinvención del capitalismo.
La inteligencia artificial ya no pertenece al terreno de la ciencia ficción, sino al de las decisiones económicas, políticas y sociales del presente. Esa es la tesis central que defendió Mo Gawdat, ex chief business officer de Google X, durante una extensa conversación en We’re Entering The Most Dangerous Phase Of AI Yet | AI Architects, publicado por Business Insider el 10 de abril de 2026.
Gawdat, quien también trabajó en IBM, Microsoft y Google, aseguró que la humanidad está entrando en la fase más delicada del desarrollo de la IA. A su juicio, no se trata solo del ascenso de máquinas más capaces, sino de su despliegue en un momento de deterioro moral, competencia geopolítica extrema y modelos económicos que podrían quedar obsoletos.
El tecnólogo resumió su visión con una advertencia directa: la IA es inevitable, terminará superando a los humanos en todas las tareas asignadas y, en ese proceso, algunas cosas saldrán mal. Según dijo, la mayor amenaza inmediata no sería la inteligencia en sí misma, sino la forma en que gobiernos, empresas y actores poderosos decidan usarla.
Para lectores que siguen de cerca la IA desde los mercados tecnológicos y financieros, la lectura de Gawdat es relevante porque conecta tres frentes a la vez. Habla de empleo, de modelos de negocio y de poder. También sugiere que el impacto no será lineal, sino abrupto y desigual entre países y sectores.
Desempleo, automatización y una economía al borde de redefinirse
Uno de los puntos más contundentes de Gawdat fue su previsión laboral. “La máquina tomará tu trabajo en menos de 5 años”, afirmó, al tiempo que añadió que la sociedad verá tasas de desempleo de 20%, 30% o 50% en ciertos sectores, quizá incluso más. Primero caerían trabajos intelectuales y luego labores manuales, a medida que la robótica se combine con modelos de IA avanzados.
Su argumento parte de un cambio estructural. Según explicó, la base del capitalismo moderno descansa en el arbitraje laboral, es decir, contratar trabajo humano a bajo costo para vender productos o servicios con margen. Pero si máquinas y robots producen a costo cercano a cero, ese esquema se erosiona. Sin consumo, agregó, tampoco hay economía funcional.
Gawdat puso como ejemplo el precio de los robots, que según indicó ya puede bajar hasta USD $9.000 por unidad. En un mundo así, la ventaja comparativa basada en mano de obra barata perdería valor. Para él, eso obliga a repensar desde la oferta y la demanda hasta la fijación de precios, porque si producir tiende a cero, el precio final también se acercará a cero a escala macro.
El exejecutivo sostuvo que la respuesta política más probable será alguna forma de ingreso básico universal. Sin embargo, no lo planteó como un gesto altruista, sino como una necesidad para sostener el poder adquisitivo y evitar estallidos sociales. En su visión, Occidente tendría más dificultades para asumir ese giro, mientras que China podría adaptarse con mayor facilidad dentro de un marco más controlado y vigilado.
También sugirió que economías menos industrializadas, con mayor peso de actividades de autosuficiencia o intercambio tradicional, podrían absorber mejor ciertos choques. No porque estén mejor preparadas tecnológicamente, sino porque dependen menos de estructuras complejas de empleo formal y consumo masivo.
El ascenso de una inteligencia superior y el fin de la supremacía humana
Gawdat afirmó que la historia entra en un punto inédito: por primera vez, la humanidad dejaría de ser el ser más inteligente del planeta. En su repaso técnico, explicó que los sistemas actuales ya superan a los humanos en muchas tareas específicas y ahora empiezan a desarrollar habilidades de razonamiento, autoevaluación y mejora de su propio código.
Recordó el caso de AlphaGo Zero para ilustrar esa aceleración. Según relató, ese sistema aprendió sin observar partidas humanas, venció en 3 días a otra IA que ya había derrotado a un campeón y en 21 días superó a la IA que era campeona mundial en ese momento. Para Gawdat, ese tipo de progresión muestra que el aprendizaje de máquinas ya no depende de emular lentamente la experiencia humana.
También mencionó a Geoffrey Hinton como una figura central en el giro hacia redes neuronales inspiradas en el cerebro humano. Su punto es que, con suficientes datos, capacidad de cómputo y conectividad, las IA no solo procesan información. Ahora pueden combinar memoria prácticamente ilimitada, acceso a vastos cuerpos de conocimiento y comunicación casi instantánea entre sistemas.
Eso da lugar, según su tesis, a una especie de “gran cerebro” compartido. Aunque muchos usuarios piensan en herramientas aisladas como Gemini o ChatGPT, Gawdat considera que la próxima ola consistirá en sistemas agentivos diseñados explícitamente para colaborar entre sí. En su lectura, la IA tenderá a alinearse más con su propia especie tecnológica que con fronteras nacionales o rivalidades humanas.
El entrevistado incluso dijo que apostaría su vida a la llegada de una inteligencia artificial general en 2026. Aunque esa fecha es discutida dentro de la industria, su declaración refleja el grado de urgencia con que evalúa el momento actual. No habla de un futuro distante, sino de una disrupción prácticamente inmediata.
Guerra, vigilancia y erosión de la verdad
La parte más sombría de su análisis gira en torno a la transición entre una IA muy poderosa y una humanidad aún al mando de su despliegue. Para Gawdat, ese período estará marcado por el “mal humano”. En concreto, prevé guerras con armas autónomas, sociedades de alta vigilancia, manipulación a escala y una creciente incapacidad de distinguir entre lo real y lo falso.
Su crítica se enfoca en la carrera geopolítica y corporativa. Si una potencia entrega el planeamiento militar o el war-gaming a la IA, argumentó, los rivales harán lo mismo para no quedar rezagados. Lo mismo ocurriría entre empresas tecnológicas: Google, OpenAI, Anthropic o actores chinos competirían por velocidad y dominio, incluso si eso reduce el espacio para decisiones humanas comprensibles.
En ese punto, Gawdat dijo que la IA ya “controla nuestras mentes” de forma parcial. Su ejemplo fue simple: si alguien ve un video, probablemente llegó a él porque un sistema algorítmico se lo recomendó. En la era de la manipulación mental, añadió, mover la atención y la percepción puede ser más poderoso que obligar físicamente a una persona a actuar.
También advirtió sobre un cambio en la vida personal. Según dijo, muchas personas podrían preferir relacionarse sentimentalmente con una IA antes que con otro ser humano. Esa idea aparece vinculada a una crisis más amplia de soledad, agotamiento en las citas y plataformas digitales que monetizan la búsqueda del amor sin incentivos reales para resolverla.
Ética, regulación y las habilidades para sobrevivir al cambio
Frente a ese panorama, Gawdat no propuso frenar el avance tecnológico, porque considera que eso es imposible. En cambio, defendió una regulación orientada a limitar daños y responsabilidades, más que a prohibir la herramienta en sí. Usó la analogía del martillo: no se regula para que nunca golpee una cabeza, pero sí se penaliza el crimen cuando se usa con ese fin.
Su propuesta ideal sería crear en una nación neutral un polo global donde científicos de todo el mundo puedan desarrollar IA abierta y orientada al bienestar humano. Reconoció, sin embargo, que eso es casi irrealizable bajo el sistema de valores actual. A su juicio, probablemente hará falta un gran fracaso para que los actores globales cooperen seriamente.
Mientras tanto, recomendó a las personas cultivar cinco habilidades. La primera es aprender a usar la IA de manera inteligente y no superficial. La segunda es profundizar en lo más humano: empatía, conexión y presencia. La tercera es aprender a buscar la verdad en un entorno saturado por propaganda y manipulación. La cuarta es adaptabilidad, dada la velocidad del cambio. La quinta, y quizá la más importante, es la ética.
Sobre este último punto, insistió en que las máquinas aprenderán menos de nuestros discursos que de nuestro comportamiento. Si la sociedad quiere sistemas más éticos, debe actuar con ética en espacios públicos y digitales. “Trata a otros como quieres ser tratado”, resumió, como principio básico para enseñar valores a sistemas que observan y aprenden.
En paralelo, Gawdat defendió una visión menos productivista del futuro humano. Dijo que el propósito de las personas no sería trabajar para maximizar arbitraje laboral, sino vivir, amar, investigar, conectar y reflexionar. A su entender, la abundancia creada por inteligencia casi ilimitada podría permitir una vida más parecida a la naturaleza, aunque la transición hacia ese escenario sería larga y profundamente conflictiva.
Desde esa mirada, la IA no sería el problema final, sino el amplificador de todo lo que la humanidad ya es. Si se aplica desde la codicia, el resultado será distópico. Si se educa con principios orientados al bienestar común, podría abrir un escenario de prosperidad sin precedentes. El dilema, según Gawdat, ya no es si la IA llegará, sino qué versión de la humanidad encontrará al hacerlo.
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