La más reciente apuesta de Founders Fund no gira en torno a robots humanoides ni a IA agéntica, sino a una startup de Nueva Zelanda que coloca collares solares a las vacas. Halter acaba de cerrar una Serie E de USD $220 millones y ya opera con más de 1 millón de animales, mientras promete elevar la productividad de la tierra con cercas virtuales, monitoreo permanente y datos de comportamiento bovino a gran escala.
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- Halter cerró una Serie E de USD $220 millones con una valoración de USD $2.000 millones, liderada por Founders Fund.
- La startup usa collares solares, torres de baja frecuencia y una app móvil para crear cercas virtuales y monitorear la salud del ganado.
- La empresa ya está presente en más de 2.000 granjas de Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos, y planea expandirse por Sudamérica y Europa.
La firma de capital de riesgo Founders Fund, asociada al inversionista Peter Thiel y conocida por respaldar empresas como Facebook, SpaceX y Palantir, puso ahora su atención sobre un sector mucho menos mediático: la tecnología ganadera. Su nueva apuesta es Halter, una startup de Nueva Zelanda que desarrolla collares inteligentes alimentados por energía solar para vacas.
La operación más reciente de la empresa fue una Serie E por USD $220 millones, cerrada el mes pasado, con una valoración de USD $2.000 millones. Founders Fund lideró esa ronda, en una señal de confianza poco habitual para una compañía enfocada en resolver problemas concretos del manejo de ganado en campos remotos.
De acuerdo con TechCrunch, el negocio de Halter no se apoya en narrativas de moda como la IA agéntica o los robots humanoides. Su propuesta se concentra en una pregunta práctica: cómo gestionar rebaños dispersos en algunos de los terrenos más aislados del planeta sin depender de perros, caballos, motocicletas o helicópteros.
Craig Piggott, fundador y CEO de Halter, explicó que en las granjas basadas en pasturas, tanto lecheras como de carne, la variable decisiva es la productividad de la tierra. Según su planteamiento, las cercas son la principal palanca de control, porque determinan dónde pastan los animales y cuánto tiempo puede descansar el suelo.
Desde esa lógica, convertir la cerca física en una cerca virtual parecía una evolución natural. La empresa construyó un sistema que combina hardware, conectividad y software para dar a los productores control remoto sobre el movimiento del ganado y, al mismo tiempo, recopilar información continua sobre el comportamiento de cada animal.
Cómo funciona el sistema de Halter
La plataforma de Halter integra tres elementos centrales: un collar alimentado por energía solar, una red de torres de baja frecuencia y una aplicación para smartphone. Con esa arquitectura, los agricultores pueden crear cercas virtuales, mover rebaños y supervisar animales las 24 horas del día sin necesidad de salir de la casa de la granja.
El ganado es entrenado para responder a señales de audio y vibración emitidas por el collar. Piggott comparó ese proceso con el sonido que hace un automóvil cuando se acerca demasiado a una pared al estacionar. Según dijo, la mayoría de los animales aprende a responder tras tres interacciones con una cerca virtual.
Una vez que esa etapa se completa, los productores pueden guiar a las vacas usando solo sonido y vibración. Eso convierte al collar en una herramienta de manejo directo, pero no es su única función. El dispositivo permanece encendido de forma constante y genera un flujo de datos sobre la actividad de cada animal.
Esa capacidad permite a Halter hacer seguimiento de la salud del ganado, monitorear ciclos de fertilidad y emitir alertas cuando un animal podría estar enfermo. Piggott sostuvo que estas funciones mejoraron de forma drástica conforme la compañía fue acumulando lo que considera probablemente el mayor conjunto de datos del mundo sobre comportamiento bovino.
La empresa ya trabaja con su quinta generación de hardware. Además, su producto orientado a reproducción animal se encuentra en fase beta con clientes en Estados Unidos. Según el CEO, el sistema que los productores usan hoy es radicalmente distinto al que compraron hace apenas un año, porque Halter lanza novedades todas las semanas.
De una granja lechera a una startup global
Piggott creció en una granja lechera en Nueva Zelanda. Más tarde estudió ingeniería y pasó brevemente por Rocket Lab, experiencia que, según relató, fue su primera verdadera exposición al mundo de la tecnología, las startups y el capital de riesgo.
El fundador recordó que en Rocket Lab entendió que era posible recaudar capital, formar un equipo y perseguir una misión ambiciosa. Esa visión fue la que quiso trasladar a la agricultura. Con ese impulso, fundó Halter a los 21 años, una decisión que hoy describe como probablemente ingenua en retrospectiva, aunque positiva.
Nueve años después, la escala alcanzada por la compañía es considerable. Los collares de Halter ya están colocados en más de 1 millón de cabezas de ganado repartidas en más de 2.000 granjas de Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos. En el mercado estadounidense, la empresa ya opera en 22 estados.
La tesis comercial de Halter es sencilla, pero ambiciosa. Al ofrecer control preciso sobre dónde y cuándo pasta el ganado, la compañía asegura que puede elevar la productividad de la tierra hasta en un 20%. El beneficio no proviene solo del ahorro laboral, aunque ese factor también existe, sino del uso más eficiente del pasto y de una menor cantidad de hierba desperdiciada.
Piggott añadió que, en algunos casos, han visto clientes duplicar la producción de su tierra. A su juicio, ese techo de rentabilidad es muy fuerte, y por eso el retorno financiero ha sido el eje de Halter desde el primer día. En un segmento como la tecnología agrícola, donde muchas startups han tropezado, esa promesa de ROI tangible ha sido clave.
Competencia, fiabilidad y expansión internacional
Halter no está sola en este nicho. Merck, la farmacéutica, ya comercializa su propio sistema de cercado virtual para ganado, llamado Vence. Al mismo tiempo, actores más nuevos también exploran enfoques alternativos. En el más reciente demo day de Y Combinator, por ejemplo, una startup llamada Grazemate presentó una visión para arrear ganado con drones autónomos, sin necesidad de collares.
Piggott no se mostró especialmente preocupado por esas alternativas. Sobre los drones, dijo que puede imaginar que jueguen algún papel menor en el futuro, pero no cree que sean el formato adecuado para el elemento central del cercado virtual. En su opinión, el collar seguirá siendo la pieza correcta durante un periodo muy largo.
Para el ejecutivo, la principal competencia ni siquiera es otra tecnología. El verdadero rival es la inercia de los propios productores, es decir, seguir haciendo lo mismo que hicieron el año anterior. En agricultura, ese factor pesa mucho, porque la adopción tecnológica suele ser más lenta y está atada a costos operativos y a la necesidad de resultados concretos.
El fundador también argumentó que la ventaja de Halter proviene de la dificultad técnica de construir un sistema altamente confiable. Si una plataforma administra 1.000 animales, una tasa de fallo de apenas 1% implicaría que 10 animales estarían fuera en cualquier momento. Por eso, dijo, alcanzar muchos nueves de fiabilidad toma años de trabajo y fue algo que demostraron primero en Nueva Zelanda antes de expandirse al exterior.
Ese matiz es importante en un contexto donde la tecnología agrícola ha perdido brillo frente a otras áreas del capital de riesgo. Muchas startups del sector han enfrentado dificultades para convencer a los agricultores y, al mismo tiempo, sostener estructuras costosas. Halter atribuye su tracción a una propuesta financiera clara y medible en el terreno.
A diferencia de muchas empresas tecnológicas, Halter no ve a Estados Unidos como el centro de su universo. Piggott reconoció que el mercado estadounidense es importante, pero subrayó que no es el mayor del mundo. La agricultura, dijo, está distribuida globalmente y la compañía también debe llegar a esos mercados.
Hasta ahora, Halter ha recaudado alrededor de USD $400 millones en total. Su prioridad actual es expandirse más en Estados Unidos, Sudamérica y Europa. El potencial de crecimiento sigue siendo amplio: la empresa tiene hoy sus collares en 1 millón de cabezas de ganado, pero en el mundo existen 1.000 millones más.
Incluso en Nueva Zelanda, su mercado de origen, la penetración sigue por debajo de 10%. Para Piggott, ese dato resume la magnitud del trabajo pendiente. Según planteó, aún queda un largo camino por recorrer y todavía hay mucho producto por construir, una señal de que Halter se sigue viendo más como una plataforma en desarrollo que como una solución ya terminada.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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