Las stablecoins ya no son un producto marginal del ecosistema cripto. Su expansión como rieles de pago globales obliga a bancos, fintech y reguladores a replantear cómo supervisan transacciones en tiempo real, especialmente cuando los marcos heredados de cumplimiento siguen operando con lógica de otra era.
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- Bloomberg Intelligence estima que los flujos con stablecoins llegaron a USD $2,9 billones en 2025 y podrían escalar a USD $56,6 billones para 2030.
- TRM Labs indicó que las stablecoins concentraron el 86 % de los flujos ilícitos de criptomonedas en 2025, equivalentes a unos USD $141.000 millones.
- La nota sostiene que wallets, emisores y pagos con stablecoins deben someterse a controles AML y de sanciones equivalentes a los de los sistemas financieros tradicionales.
Las stablecoins están dejando atrás su imagen de herramienta de nicho dentro del ecosistema cripto. Hoy empiezan a perfilarse como parte de la infraestructura principal de pagos, con volúmenes que ya compiten con redes financieras tradicionales y con casos de uso que van mucho más allá del trading.
Ese avance, sin embargo, no ha venido acompañado por una actualización equivalente en los sistemas de cumplimiento. La consecuencia es una brecha operativa entre adopción y supervisión, un terreno que, según la publicación original de GlobalData, está siendo aprovechado por actores ilícitos con creciente eficacia.
En términos simples, el problema no es solo que las stablecoins crezcan. El problema es que muchas instituciones aún las siguen tratando como una excepción separada, cuando en la práctica ya funcionan como otro canal de pago dentro del sistema financiero global.
Bloomberg Intelligence estima que los flujos con stablecoins alcanzaron USD $2,9 billones en 2025. Además, las proyecciones citadas anticipan que los pagos globales mediante stablecoins podrían llegar a USD $56,6 billones para 2030, una escala que obliga a pensar en estos activos como rieles de liquidación y no solo como instrumentos digitales.
La falsa separación entre pagos cripto y pagos tradicionales
Uno de los puntos centrales del análisis es que muchas instituciones calculan mal el riesgo al asumir que los pagos con stablecoins son fundamentalmente distintos de una transferencia bancaria, un pago ACH o una operación con tarjeta. Esa visión lleva a usar herramientas de monitoreo aisladas, con equipos y flujos de trabajo separados.
Según el texto original, esa separación es cada vez menos sostenible. Muchas transferencias con stablecoins ya incluyen datos estructurados y se alinean de forma creciente con estándares como ISO 20022, lo que las vuelve funcionalmente comparables con otras formas de pago ampliamente utilizadas en la banca y el comercio.
Cuando una entidad mantiene controles por carriles separados, crea silos de información. Eso reduce la visibilidad global, complica la comparación de alertas y aumenta la posibilidad de que señales importantes pasen inadvertidas en medio de plataformas que no se comunican bien entre sí.
Desde la óptica regulatoria, esa fragmentación también es un problema. Los reguladores esperan metodologías coherentes a través de los distintos tipos de pago, pero un sistema donde las stablecoins se analizan aparte dificulta alcanzar ese estándar y obliga a los equipos a reconciliar alertas contradictorias de varias fuentes.
La tesis del artículo es directa: un pago sigue siendo un pago. Por eso, tratar las stablecoins como una categoría ajena puede abrir brechas precisamente en el punto donde el control unificado resulta más importante.
La velocidad de liquidación cambia por completo la lógica del riesgo
Otro factor crítico es el tiempo. Las stablecoins permiten liquidación casi instantánea y continua, sin los márgenes que ofrecen los sistemas tradicionales cuando operan por lotes o dentro de ventanas horarias definidas. Esa característica reduce de forma drástica el espacio para evaluar riesgos antes de que los fondos cambien de manos.
En un sistema on-chain, una vez que la transacción queda confirmada, por lo general es irreversible. Bajo ese esquema, los modelos clásicos de monitoreo antes y después del pago pierden eficacia, porque la evaluación ya no puede depender de revisiones posteriores ni de procesos manuales demorados.
El desafío se parece al de los pagos instantáneos, pero con una escala global y activa las 24 horas. De acuerdo con el análisis, el control tiene que ocurrir en línea y en el momento exacto en que se origina la operación. Cualquier demora puede dejar a la institución expuesta.
La nota menciona además que incumplir requisitos de tiempo real puede resultar costoso. Cita el mandato de liquidación en 10 segundos de la Unión Europea bajo el Reglamento de Pagos Instantáneos y señala que las sanciones esperadas podrían alinearse con multas del nivel de PSD2.
Entre los ejemplos mencionados aparecen Alemania, con sanciones entre EUR €200.000 y EUR €500.000 por incumplimientos de SLA, y Francia, donde las multas pueden llegar hasta EUR €100 millones. El mensaje es claro: ya no basta con tener sistemas rápidos, también deben tomar decisiones de cumplimiento sin introducir fricción innecesaria.
Las wallets deben tratarse como cuentas financieras
La publicación también identifica un punto ciego recurrente en la manera en que las instituciones abordan las wallets digitales. En los pagos con stablecoins, el dinero se mueve directamente entre wallets, pero eso no elimina las obligaciones en materia de sanciones, prevención de lavado y debida diligencia.
La idea central es que una dirección de wallet funciona como un punto final financiero, del mismo modo que lo hace una cuenta bancaria. Por ello, debe someterse a controles de sanciones y a evaluaciones relacionadas con actividad ilícita, especialmente cuando forma parte de flujos transfronterizos o de alto volumen.
En Estados Unidos, el artículo indica que la GENIUS Act establece el primer marco federal para las stablecoins de pago. Bajo ese esquema, los emisores quedarían bajo supervisión bancaria federal y tendrían que cumplir plenamente con normas BSA, AML y de sanciones, incluida la diligencia debida del cliente.
Fuera de Estados Unidos, la dirección regulatoria luce similar. La Unión Europea avanza con MiCA, junto con directivas AML y el Reglamento sobre Transferencia de Fondos. El Reino Unido sigue los estándares del GAFI mientras termina reglas específicas para stablecoins.
En la región del CCG, los reguladores suelen incluir las stablecoins dentro de regímenes AML, aunque algunas jurisdicciones, como Arabia Saudita, todavía no las reconocen como legales y exploran alternativas respaldadas por bancos centrales. El principio común, sostiene el texto, es que el riesgo de sanciones no desaparece por operar sobre blockchain.
Una brecha creciente entre instituciones avanzadas y rezagadas
No todas las entidades financieras están respondiendo igual. El análisis señala que grandes bancos globales y fintech de primera línea ya invierten con fuerza en infraestructura de cumplimiento de nueva generación, capaz de unificar controles entre rieles fiduciarios y digitales.
Esas plataformas, según se describe, permiten procesar transacciones en tiempo real e incorporar análisis de riesgo a nivel de wallet dentro de sistemas centrales AML. La ventaja es operativa y estratégica, porque reconocen que las stablecoins son una extensión del ecosistema de pagos y no un mundo aparte.
En contraste, muchas instituciones regionales o medianas aún dependen de sistemas heredados. Esas plataformas fueron diseñadas para procesamiento por lotes y formatos de pago convencionales, por lo que suelen carecer de la flexibilidad y velocidad necesarias para operaciones sobre blockchain.
El resultado es una brecha creciente de cumplimiento y funcionalidad. Esa diferencia importa porque las redes criminales suelen identificar primero los puntos débiles del sistema financiero, y las entidades con marcos fragmentados pueden terminar convertidas en canales preferidos para actividades ilícitas.
TRM Labs estimó que las stablecoins representaron el 86 % de los flujos ilícitos de criptomonedas en 2025, unos USD $141.000 millones. La explicación, según el análisis citado, combina su estabilidad de precio con las lagunas presentes en sistemas heredados de monitoreo.
Del monitoreo cripto aislado al control integral de pagos
La respuesta que propone la industria pasa por cambiar de enfoque. En vez de construir un paradigma completamente nuevo para cripto, el planteamiento consiste en extender controles de pago ya probados hacia estos nuevos canales, integrándolos dentro de la infraestructura principal de cumplimiento.
Eso implica revisar las transacciones en el momento de su originación, sin importar el riel utilizado. También exige incorporar el análisis de wallets y contrapartes a los sistemas AML centrales, en lugar de derivarlos a soluciones periféricas con baja interoperabilidad.
Otro elemento clave es unificar la gestión de casos y los flujos de alertas en todos los tipos de pago. Cuando cada carril produce sus propias señales y expedientes, el seguimiento se vuelve más lento, más costoso y más vulnerable a errores de interpretación.
El artículo remarca que los primeros intentos para abordar el riesgo de criptoactivos se apoyaron en herramientas independientes y proveedores especializados. Aunque esas soluciones ofrecieron visibilidad inicial, también añadieron complejidad y fragmentación, lo que ahora impulsa a muchas instituciones a consolidar capacidades.
Un cambio estructural con impacto en banca, pagos e IA
La conclusión de fondo es que las stablecoins no representan una moda pasajera. El texto las presenta como una evolución estructural en la forma en que se mueve el dinero, al combinar la velocidad de las transferencias bancarias con la eficiencia operativa de redes digitales basadas en blockchain.
Ese crecimiento ya no depende solo de empresas nativas del sector cripto. También involucra a bancos, proveedores de pagos y sistemas automatizados. En ese último frente aparece un elemento que puede acelerar aún más la demanda: el comercio agéntico.
La nota explica que los pagos agénticos, es decir, aquellos realizados por agentes de IA en nombre de una persona, se liquidan mediante stablecoins y rieles blockchain. Con base en estimaciones atribuidas a Deloitte, la IA agéntica podría influir en cerca del 30 % del valor global de las transacciones de comercio electrónico para 2030, equivalentes a unos USD $17,5 billones.
Si esa previsión se materializa, las instituciones capaces de procesar pagos en segundos y con cumplimiento integrado podrían ver un crecimiento relevante. A la inversa, quienes sigan tratando a las stablecoins como un experimento lateral corren el riesgo de subestimar tanto su escala como su perfil de riesgo.
En definitiva, la advertencia es menos tecnológica que institucional. La tecnología cambia, pero los riesgos de sanciones, lavado y supervisión siguen existiendo. La diferencia es que ahora deben gestionarse sobre rieles digitales que operan sin pausa y con ventanas de decisión casi inexistentes.
Chris Ostrowski, Head of Product Management de FinScan, una solución de Innovative Systems, resume esa visión al plantear que las stablecoins deben recibir el mismo nivel de control, monitoreo y supervisión que cualquier otro tipo de transacción dentro del sistema financiero moderno.
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